90 aniversario de la II República española

Tal día como hoy 14 de abril 90 años atrás, las élites sobre todo militares instauraron la II República española. Y todavía en los tiempos hodiernos, debido a un olvido y falseamiento total de la historia, o, peor aún, a sus espurias intenciones, algunos abanderan la instauración de una III República española.

Éstos defienden aquella II República, que de facto fue oligárquica, clasista, antirural, estatal, capitalista, militarista, colonialista, nacionalista española, terrateniente, industrialista, patriarcal, demagógica, adoctrinadora, totalitaria, y, en consecuencia, represiva, torturadora, aculturadora, ecocida, policiaca, sanguinaria y genocida.

Félix Rodrigo Mora la calificó con gran sagacidad como la “república del máuser”, en alusión a su herramienta “democrática” predilecta, el fusil alemán máuser, originalmente Königliche Waffen Schmieden, también utilizado “democráticamente” por los nazis. En su profusamente documentado libro Investigación sobre la II república española, 1931-1936 expone algunas de las incontables carnicerías que se acometieron durante dicho periodo histórico.

En 1931 el nuevo Ministro de la guerra, el aciago Manuel Azaña, abalado por los principales generales del ejército, se lanzó a reformar y mejorar las imperialistas fuerzas armadas españolas. Con vistas a ello, la semana siguiente de instaurarse la República, el 22 de abril, publicó un decreto que obligaba a todos los jefes y oficiales militares a prometer fidelidad a ésta, por medio del siguiente juramento: “prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, obedecer sus leyes y defenderla con las armas”.

Y así lo hicieron. Comenzaron el mismo verano de 1931, cuando la República tenía apenas unos meses, ametrallando a cientos de trabajadores agrarios e industriales de Andalucía. Luego, en 1933 con Azaña en el gobierno, fueron cientos los asesinados y miles los torturados. El general Francisco Franco Bahamonde realizó “en servicio y fidelidad a la República” sucesivas matanzas a las órdenes de los gobiernos republicanos, tanto contra los loables revolucionarios asturianos de 1934, como en sus misiones colonialistas en Marruecos; hecho que demuestra la continuidad fáctica entre la II República y la dictadura franquista. Empero, el periodo más trágico fue el del Frente Popular (coalición de izquierdas), entre febrero y julio de 1936, cuando las fuerzas represivas, en primer lugar la militarizada Guardia civil, vejaron, lesionaron, torturaron y asesinaron a miles de personas de las clases populares. En especial machacaron a las gentes rurales, quienes intentaron, de forma loable pero desorganizada e insuficiente, recuperar algunos de los bienes comunales expoliados por el Estado desde 1812; aunque ésta práctica infame fue, desde al menos el siglo XIV, llevada a cabo por las sucesivas élites militares y políticas.

En todo este proceso terrorista-fascista republicano participó orgullosamente la izquierda (incluido el anarquismo), quien todavía reivindica la II República. Por un lado formaron parte de varios gobiernos republicanos, verbigracia el socialista Azaña o el anarquista Juan García Oliver; por otro, todos los partidos y sindicatos de izquierda (Partido Comunista de España, PSOE, CNT, UGT, etc.) apoyaron la República directa e indirectamente. Si bien es lógico, ya que en los demás países hicieron lo mismo; o, incluso genocidios aún más dramáticos, como en la Unión Soviética, Camboya, China, Argelia, etc.

En la actualidad han cambiado poco las cosas, y en ciertos aspectos a peor. Ante todo la manipulación, adoctrinamiento, aculturación y destrucción del sujeto es mucho más grave. Ahora las élites poderhabientes hacen y deshacen a su antojo, pues han constituido sociedades de seres dóciles, mansos y serviles que tragan con todo. Ergo si las élites españolas se lo proponen, lanzarán una campaña propagandística similar a la covidiana e instaurarán la III República española con mayoría absoluta.

Sin embargo, resulta perentorio recordar que alrededor de la mitad de los Estados actuales del planeta son repúblicas. Las cuales podemos dividir de la siguiente manera: repúblicas islamofascistas (Irán, Pakistán, Mauritania, etc.); repúblicas comunistas totalitarias (China, Corea del Norte, Venezuela, etc.); repúblicas imperialistas parlamentarias (con EEUU a la cabeza, más Rusia, Francia, Brasil, Alemania, etc.); y el resto son repúblicas parlamentarias de segunda y tercera fila, pero igual de tiránicas y antihumanas (México, Sudáfrica, Kazajistán, Filipinas, etc.).

De modo que mientras un Estado, sea monárquico o republicano, imponga su poder y dominio sobre una sociedad, el pueblo está perdido. Le gente está y estará en manos de los poderosos, sometidos a su capricho. Por tanto, la única vía transformadora consiste en establecer sociedades basadas en el autogobierno y autodefensa asamblearias, sin Estado, donde el poder se ejerce de abajo arriba por medio de asambleas locales omnisoberanas.

En suma, apoyar la II República española, o una futura III República, es apoyar al Estado nación militarista capitalista imperialista español. Es más de lo mismo…

José Maenza

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Libres antes que felices

La ideología de izquierda está hoy más que nunca hundida y certifica que más que un instrumento para mejorar la vida de la gente ha sido, es y será el más terrible de los artefactos ideológicos para confundir y deshumanizar a las clases populares. La bandera del eudemonismo (o el felicismo) ha sido enarbolada con orgullo durante décadas incluso siglos, bajo el pretexto de la felicidad como meta vital. Sin ir más lejos el ya caducado Arnaldo Otegi, líder de la Izquierda Abertzale, espetó hace 5 años en una conferencia que “Los seres humanos venimos al mundo a ser felices. La izquierda no puede abandonar este discurso”. Mismo mensaje que lanzara en su día el aparentemente celebre político Pepe Mújica y otros tantos adalides y salvadores de trabajadores que han querido inculcar ese horrible horizonte en las mentes de las gentes. Nada más mesiánico, religioso, que la felicidad como fin.

Debe decirse que el ser humano viene a la vida a vivir, a vivir todas las vicisitudes que la vida le interpone, la felicidad tanto como la infelicidad, el dolor tanto como el gozo, la alegría o la tristeza, la salud o la enfermedad. Recurriremos al Euskera, la patria de los vascos, esa que falsamente enarbolan cabecillas postmodernos y antivascos como Arnaldo Otegi, para realizar una aproximación etimológica a la cuestión de la felicidad. En Euskera, a la felicidad se la conoce como zorion, cuando felicitamos decimos zorionak. Zori quiere decir suerte y on significa bueno o positivo, por lo que zorion viene a ser fortuna, felicidad o buena suerte. Por el contrario zoritxar o zorigaitz significa desgracia o mala suerte, ya que txar o gaitz hacen referencia a lo malo o negativo. También contamos con la palabra zorte, que viene a significar algo similar a zori, en tanto que las escasas posibilidades de que acontezca un determinado suceso, tanto en el sentido positivo como en el negativo. Siendo esto así, la posibilidades de gozar de estados parciales de felicidad/desgracia son escasos y puntuales respecto al amplio conjunto de momentos que componen la vida del ser humano medio, independientemente de que vivamos la vida con valentía y alegría, sobreponiéndonos a las dificultades y a los quehaceres mundanos.

Por tanto, zori hace referencia a fenómenos impredecibles, los mismos que conlleva el acto de vivir. De este modo, podemos concluir que vivir es una suerte, que el vivir está impregnado del azar, de múltiples posibilidades, que la vida no está determinada y que en ella nos toparemos con la felicidad tanto como con la desgracia. Y es así porque la existencia, igual que la propia condición humana, es bipartida. Tener como meta la felicidad es una utopía irrealizable e inalcanzable ya que es ajena a la propia condición de la vida, y en las únicas condiciones en las que puede lograrse, es bajo la instauración del ganado estabulado, en un ambiente inerte, pasivo, de esclavitud del Ser e ilimitado abastecimiento de pienso. Dotar de pienso (alimentación), redil (vivienda), amaestramiento (educación) y salubridad (sanidad), es el programa político de todos los ávidos de poder.

Se le debe decir a Otegi en particular y a todos los políticos-funcionarios y demás trepas engaña-masas en general, que rechazamos su religión eudemonista, que la vida es combate y que estamos tan dispuestos al goce, a la alegría, a la salud y a la felicidad como al dolor, a la tristeza, a la enfermedad y a la infelicidad. Porque es ese el camino que nos muestra la vida y que por mucho que uno se empecine en negarla, es esta así de cruda y compleja.

Gka