Editorial Nº 5, 25-05-2021

Recientemente se ha dado por terminado un periodo de 6 meses de Estado de alarma comandado por el cuarto poder mediático, sus estadísticas, sus correlaciones interesadas y su instrumental de apoyo: expertólogos, PCRs y vacunas. La persona media se está cabreando y no es para menos. 6 meses de encierro perimetral (tras la reclusión domiciliaria) junto con el toque de queda nocturno (además del bozal obligatorio y la prohibición de juntarse en grupos de más de 4-6 personas), componen un cóctel ideal para fomentar un forzado distanciamiento social, virtualización de las relaciones y aislamiento del individuo por la vía del miedo a sus iguales.

Mientras los adscritos a la casta privilegiada se vanaglorian en la sombra de viajes, fiestas, cenas, puros y copas; sus fieles seguidores ensalzan el cumplimiento a rajatabla de la Ley y rajan de quien no la cumple. La supuesta contagiosidad estacional se la llevará el calor tardo-primaveral pero la gente común seguiremos comiendo mierda y CO2 en tanto que los “ajustes estructurales” se fraguan en la trastienda de esa pérfida labor de la casta política. Uno de ellos es Pablo Iglesias, que tras su orquestado auto-atentado y su planificada auto-inmolación electoral, deja su “trabajo” después de haber mentido, robado y enriqueciéndose a manos llenas con sus colegas, mientras entregaba su alma por ese maquiavélico fin de “mejorar la vida de las clases más desfavorecidas”. El conjunto de la casta a la que este señor pertenece, deberá dar cuentas en juicio sumarísimo al ente popular, deberá responder ante la Falcata por apropiación indebida de la soberanía popular.

Entretanto, los gerifaltes de lo que llaman España han derivado a Bruselas El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia siendo este “un proyecto de País que traza la hoja de ruta para la modernización de la economía española, la recuperación del crecimiento económico y la creación de empleo, para la reconstrucción económica sólida, inclusiva y resiliente tras la crisis de la COVID”. En este tocho de casi 400 páginas, que solo se leerán los que reciben un sueldo por ello, se detallan las líneas estratégicas para poder optar al desembolso millonario de los fondos de la Unión Europea (140.000 millones de euros al parecer).

Vivimos un nuevo proceso de ajustes cuyo objetivo invariable es mantener el statu quo e incrementar el poder de la casta dominante por la vía del sometimiento de la plebe. El caso es que debido a la finitud de los territorios y sus recursos, su conquista, explotación y extracción es cada vez más costosa y, por tanto, los artefactos que propician la transferencia de la riqueza de los pueblos y sus gentes a la casta dominante necesitan ser permanentemente perfeccionados.

Es evidente que la civilización industrial ha generado durante sus escasos 200 años de pujanza, una burbuja de movilidad y producción a remolque de la explotación de pozos de hidrocarburos (petróleo y gas natural además del carbón aunque en menor medida). Estos pozos con fondo (mal que les pese a algunos) han sido un firme aliado del desarrollo del ente estatal-capitalista gracias a la asequible disposición de carburante para su transporte y potencial conversión en energía. Sin embargo, cada vez es más costoso extraerlo, por lo que la unidad de energía que se produce es cada vez más cara y, en consecuencia, la búsqueda de nuevos pozos se está abandonando, mientras los existentes cada vez rinden menos. Todo esto a pesar de que, como industria estratégica que es, ha sido y seguirá siendo hiper-subvencionada con los impuestos de las clases populares.

Debemos reiterar que toda la barbarie de la que es capaz el capitalismo esclavista no podría desarrollarse si no fuera por la apropiación legal vía impuestos de la riqueza de la gente común. Todo gran sistema de explotación se encumbra en el par violencia-impuestos, es decir, la imposición de un sistema de apropiación bajo la amenaza del monopolio de las armas, tras la cortina de la legalidad y su sistema judicial. Toda estructura poder tiende al acaparamiento y a la concentración, a beneficiarse directa e indirectamente de las ganancias que le otorga el Estado para apropiarse la riqueza sustraída vía impuestos. Sin esto, el ejército, la policía, la judicatura, la gran empresa transnacional o el poder mediático serían puras caricaturas de lo que son hoy y las infraestructuras estratégicas que los sostienen (autopistas, líneas de altas tensión, oleoductos, acueductos, minas, puertos, aeropuertos, parques eólicos y granjas solares, líneas de ferrocarril, presas y canales, etc.) serían simplemente inexistentes.

Por poner un ejemplo, se estima que el precio de las placas solares ha bajado un 97% en los últimos 40 años, porcentaje que en un 60% se debe a la inversión estatal, es decir, a los impuestos sobre los bienes, el consumo y la renta de las personas. Podríamos decir lo mismo del fracking para la extracción de hidrocarburos (o de cualquier otro proceso de extracción de materias primas) y de la construcción de cualquiera de las infraestructuras anteriormente mencionadas. Liberalismo y proteccionismo, progresismo y conservadurismo, son así, dos caras del más férreo estatalismo, el que invierte más o menos, según el momento y la coyuntura en “servicios sociales” o en “infraestructuras estratégicas”.

La máquina militar recaudatoria canaliza la riqueza extraída vía impuestos a los subordinados, hacia la industria que provee las infraestructuras materiales y mentales mediante contratos y subvenciones que sostienen la gran farsa del parlamentarismo, o el gobierno de los pocos sobre los muchos. En el caso del precio final de los hidrocarburos, más de un 50% son impuestos y un porcentaje significativo del resto, subvenciones. Así cada unidad de combustible se paga prácticamente dos veces, lo que hace que la casta que controla la provisión acapare ese beneficio e incremente exponencialmente su poder.

En gran medida, la barbarie de destrucción de los ecosistemas naturales y sociales es producto de la versatilidad de los hidrocarburos (especialmente la del petróleo), y esto lo saben perfectamente los “gestores” del poder. La extracción de materias primas minerales tiene también los días contados (recordemos la finitud del planeta) ya que necesita reponer una ingente cantidad de componentes para esa mastodóntica industria en declive, desde los semiconductores (o microchips) para la electrónica, los derivados del plástico para el envoltorio, los conductores como el cobre o la plata, el coltán o el litio para las baterías que almacenan la electricidad.

La fiesta se está acabando señores y señoras y la gestión de la transición tiene dos vías paralelas: forzar la reducción de la población mediante estrategias neo-malthusianas (esta ya está muy avanzada aunque todavía falta neutralizar la África subsahariana) y la disminución del consumo de hidrocarburos (derivados del petróleo) para que este quede disponible para los sectores estratégicos de gestión: ejército, policía y servicios asociados de control de la población y el territorio. La “Operación Coronavirus” ha sido un claro ejemplo de ambas estrategias. Por un lado la tasa de nacimientos se ha desmoronado drásticamente y por otro se ha puesto freno al consumo no esencial a la empresa minorista con el fin de reorganizar la producción. Las élites saben que no hay tiempo y que las crecientes tasas demográficas y de consumo mundial llevarían a un colapso abrupto que afectaría a sus intereses.

Ante esta situación de potencial escasez, los diferentes estados productores están planteándose limitar las exportaciones para proteger a sus industrias y a su población de las subidas de precios que se están produciendo, es decir, priorizar “lo de casa” y en segundo término “hacer negocio fuera”. Una paradoja proteccionista-liberal que busca sostener el status de la élite mandante y sus estructuras de apoyo, antes que priorizar el negocio y su beneficio asociado a cualquier precio.

Sin embargo, la mayor escasez a la que se enfrenta el poder constituido es la escasez de mano de obra y la calidad de esta, debido a la profunda crisis demográfica en ciernes y al descontrolado descenso de la calidad del sujeto. Todo lo repetitivo se vuelve virtual. La obediencia a la que es sometida la población durante el proceso productivo, la aniquilación de la creatividad va llevar a una seria encrucijada donde el control mediante la robótica es solo un espejismo de una sociedad infantilizada y hedonista en clara decadencia. La materia prima más esencial es el ser humano, sin él la sociedad no tiene futuro, menos aún su sistema productivo. La crisis demográfica agravada con la “Operación coronavirus” continuará ampliándose y solo una negación absoluta y de raíz de sus causas ideológico-psicológicas podrá revertir la situación. La solución será convivencial, amorosa, relacional, afectuosa y experiencial.

Entre tanto, en el presente siglo XXI hemos vivido ya dos grandes burbujas, la primera la burbuja de Internet o las “punto com” a inicios de siglo, la segunda la burbuja de las hipotecas basura (vinculada a la vivienda) allá por 2008 y ahora vamos a entrar en la tercera, la burbuja de las energías renovables. Cabe decir que estas burbujas son producto de la avaricia del par Estado-capital, obsesionado con incrementar los índices de producción para aumentar su poder y sus beneficios, acto desesperado de derroche fruto de la voluntad de poder desenfrenada. El problema es que cada vez hay menos que derrochar y que esta dinámica tiene serias papeletas de encaminarnos inevitablemente a un colapso civilizatorio.

La nueva burbuja consistirá en electrificar y digitalizar masivamente como si no hubiera mañana. Es decir, virtualizar la existencia de manera ficticia soportándola sobre costosos sistemas electrificados. La movilidad mundial de personas y mercancías es la mayor derrochadora de energía y debe ser drásticamente reconfigurada y reducida, para ajustar el consumo a unos niveles de producción acordes a la disponibilidad de hidrocarburos. La “movilidad digital” se implementará mediante las ciudades-jaula, las grandes metrópolis hiper-vigiladas donde se implantará la vida como servicio, donde los Estados-corporación lo poseerán todo y la gente común no poseerá nada, pero podrá hacer uso de servicios de movilidad según cumpla con los “requerimientos” establecidos.

Lo quieren electrificar todo, por esto el masivo despliegue de macro-parques eólicos y macro-granjas fotovoltaicas, aunque saben perfectamente que es altamente ineficiente convertir toda la energía solar y eólica en energía eléctrica y que, además, no todos los servicios pueden mantenerse con electricidad (actualmente en occidente solo entre el 20 y 25% de la energía consumida es eléctrica). Los hidrocarburos incrementarán su precio y se reservan para “servicios indispensables” como son los tractores para la producción de alimentos a gran escala, la industria estratégica y en especial la industria militar, junto con el movimiento de mercancías, y solo secundariamente para quien se los pueda pagar. Viajar va a resultar cada vez más caro, mientras el costoso vehículo privado será de facto suprimido y solo unos pocos privilegiados podrán disponer del coche eléctrico, junto con el ejército, la policía y el resto de altos mandos y cargos intermedios de la sociedad. Las subidas de impuestos a los carburantes, los peajes, las subvenciones estatales para la compra de vehículos eléctricos, etc. son mecanismos para acelerar esta transición, este reajuste en los hábitos de consumo.

En estas, la gente común deberá “racionalizar” el uso cotidiano de la electricidad para lo cual entrará en vigor a partir del 1 de junio un nuevo sistema de tarificación basado una sola tarifa compuesta por una división horaria en tres tramos (punta, llano y valle) que, por supuesto, estarán sujetos a una tarificación distinta que irán de mayor a menor coste: horario reducido (entre las 08:00 y las 10:00 de la mañana, las 14:00 y las 18:00 o entre las 22:00 y 24:00 horas), horario superreducido (entre las 00:00 de la noche y las 08:00 de la mañana) y el horario normal el resto de horas. Así se impondrán nuevos hábitos de vida según se pueda gastar más o menos electricidad.

Ante el dilema de la virtualidad y la movilidad en el presente siglo, debemos optar por un retorno a la Comarca, a la comarca como medida humana de las relaciones fraternales en el territorio y como medida afectuosa por el cuidado del territorio a través de una relaciones de movilidad sostenibles. Volver a vivir la comarca, volver a poner en el centro las relaciones vecinales, la soberanía política y económica de la comarca, producir desde y para la comarca, adueñarse y relanzar los usos y aprovechamientos del Comunal, así como la producción sostenible de energía y materias primas. Debemos ajustar nuestro consumo de manera virtuosa y sostenible en el tiempo, tanto para los ecosistemas naturales como para la diversidad de las relaciones culturales de buena vecindad.

Pensar la comarca significa pensar las relaciones dentro de la comarca, pensar en la sostenibilidad de la comarca y en las relaciones de producción que deben darse en ella. En la comarca, nadie es más que nadie en la planificación y ordenación de las directrices generales de la economía, por lo que el concejo abierto cobra una importancia determinante, y no solo él sino todo el sistema de democracia directa basado en la red de asambleas comarcales. Para garantizar la libertad es necesaria la igualdad en el acto productivo, en el acto de producir la democracia, la economía y el conjunto de la convivencia vecinal. Es por esto que el concejo otorga la voz, el voto y la participación directa en todos sus organismos deliberativos y decisorios y solo así es posible neutralizar el poder de la casta dominante mediante el reparto del poder entre los sin poder.

Este mes se han cumplido 10 años del advenimiento del Movimiento 15M, que estalló en las plazas aquel 15 de mayo de 2011. La euforia con la que se tomaron las plazas y se implantaron las asambleas en los centros neurálgicos de pueblos y ciudades contrastó con la falta de orientación de un movimiento popular que lo quería todo, pero que sucumbió ante la debilidad de su posición. La falta de una cosmovisión unificadora y de una estrategia de intervención social hizo decaer pronto al movimiento, mientras en las cloacas del CNI se orquestaba una salida ordenada y parlamentaria ante la ingobernabilidad latente de las plazas. Así se han gestado históricamente las organizaciones de referencia que recogen el descontento popular para enclaustrarlo en las bancadas del parlamento y los debates de televisión. Podemos rápidamente se convirtió en una nueva casta de gobernantes producto de la estrategia de contrainsurgencia de los servicios secretos estatales y el 15M, un intento espontáneo de subvertir el orden de representación y usurpación de la soberanía popular mediante la instauración de la democracia directa en las plazas.

Para el próximo estallido deberemos estar pertrechos de una cosmovisión liberadora, sólidas fraternidades y un programa estratégico que permita orientar el descontento popular hacia la consolidación de un proyecto basado en la máxima del nadie es más que nadie. Entre tanto, los camarillas de las organizaciones ideológicamente coincidentes con el poder establecido intentarán encauzar las reivindicaciones hacia su terreno según la máxima de las organizaciones de masas neomarxistas que ya tuvieron un protagonismo esencial en el levantamiento de hace 10 años. La ideología de todo ese conglomerado de afectos al poder está hoy bien integrada en la casta gobernante, enésima versión de la dictadura en nombre del bien común.

Los contundentes lemas “¡Que se vayan todos!” en las protestas en Argentina en 2001 o el “Nadie nos representa” del 2011 en el 15M deberán tornarse realidad cuando quienes lancen estas consignas tengan la capacidad moral y operativa de despachar a la casta dominante, juzgarla por procedimientos de justicia popular y establecer un régimen de democracia directa donde cada quien se represente a sí mismo sin delegar en ninguna camarilla su soberanía.

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Alma dormida

La memoria que dejó el 15 M, aquel acontecimiento en el que algunos se levantaron o más bien se asentaron en la Puerta del Sol de Madrid para manifestar el descontento ante la situación socioeconómica del país, me ha generado otro recuerdo, una copla de Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida/avive el seso y despierte..” En esta y en otras coplas del gran poeta se asientan muchas de las cuestiones horadadas a fuego lento en el sentir de cada ser humano que estuvo, está y, aun sin querer, estará vinculado a los cambios que estamos viviendo desde aquel momento. Tal vez aquellos días que vivimos hace 10 años ya anunciaban el acontecimiento de hoy y, por qué no, la actualidad retumbará como recuerdo de almas que duermen o están despiertos en un futuro aledaño.

Fue tan rápido el surgimiento de aquello que durante los primeros días se desconocía la dimensión de lo que estaba sucediendo en  la festividad de Madrid, el día de San Isidro, el patrón de los labradores. Los noticiarios, aquellos que parecían tener las llaves de la oficialidad, de manifestar la realidad, comentaban que algunas personas se habían instalado con tiendas de campaña o sentado simplemente en el suelo de una plaza emblemática de Madrid, la Puerta del Sol. Y cada vez eran más y había reuniones de personas muy diferentes que hablaban sobre los problemas de la realidad  y en los medios de comunicación no había una cobertura partidista, probablemente porque no había por allí ni políticos, ni banqueros, ni intelectuales, ni artistas ni toreros. Ni un solo futbolista, ni nadie que saliera en la televisión. Solo gente que se parecía a nuestro vecino o a aquellas personas que te encuentras en el vagón de metro, porque no nos engañemos, aunque había hippies y alternativos, también encontrábamos a gente prototípica de un voto más centrista o conservador, y eso desconcertaba al principio, pero luego aliviaba, porque convertía el acontecimiento en una certeza, la de “estar juntos, siendo diferentes”.

A toro pasado, cada uno se embucha las consecuencias de aquel movimiento. Si rememoramos el modus operandi de los principales actores debemos remitirnos a aquella organización llamada Democracia Real Ya, que fue la detonadora de la creación de una acción que después se trasladaría a las plazas públicas del resto de ciudades y pueblos de nuestro país y de otros países de la UE. En este momento actual habría que preguntarse cuánto de espontaneidad hubo en aquello y cuánto de precesión y estrategia, por parte de aquellos que se beneficiaron.

No fue tan espontáneo como nos hicieron creer. Madrid era una ciudad hipersaturada de manifestaciones, concentraciones, marchas de trabajadores de todos los sectores (mineros, agricultores, ganaderos, joyeros, médicos, policías, educadores ¿cuántas profesiones existen que tengan cabida en un ministerio?) reivindicaciones y acampadas. Además, hay que recordar que era una ciudad que años antes había vivido una tragedia humana, el 11 M, –escogida y sentenciada, no fue aleatoria-  y que ya en ese momento, había experimentado un sentimiento colectivo, de dolor, sí, pero ya tenía en su memoria una experiencia de unión profunda que, históricamente, tampoco había sido la primera. Y de los trenes a la plaza, en un período de 7 años, casi una octava para proyectar una fuerza conjunta. Los trenes, símbolo universal del devenir de la vida, facilitaron una pausa para pensar, para detener un porcentaje de protagonismo a los votados en la supuesta democracia en la que vivíamos y ceder asiento a los verdaderos seres que habitan la tierra. Por un instante, por unos días, el ser humano era más humano, y eso calaba en el inconsciente colectivo como el agua del mar es capaz de ahondar en la arena, y hasta cambiar el paisaje si es necesario. Pero también podía ser un contrincante para aquellos que adoraban el sistema vigente, un actor que se presentaba sin ser invitado a una fiesta donde unos pocos disfrutaban y unos muchos servían.  Detrás había organizaciones que propiciaron lo que después se consideró un hito que abanderaron algunos como estandartes y adalides de un pueblo resurgido y que se enfrentaba, por fin, a un sistema opresor, el ogro que todo se lo come, el capitalismo –que en boca de comunistas podía sonar igual que una carcajada sin gracia- blandiendo pancartas que reclamaban un sistema democrático basado en asambleas y consensos, provocando que los ciudadanos se reunieron para pensar sobre el sistema que nos regía, para sentirse partidario y participativo de manera activa en decisiones que atañen a cualquiera.

Muchas cosas en Madrid pasan en el mes de mayo, habría que consultar a los astros,  pero claramente la sociedad fue viéndose afectada por lo que estaba sucediendo: muchos se mantuvieron al margen, pasivos y aceptantes de lo que los telediarios comentaban, pero se notaba cierta ola de “aires nuevos que auspiciaban una nueva energía”, parecía que aquello volvía a dotar a los habitantes de una conciencia de voluntarios, de seres con voluntad de acción, en pro de una mejor vida, de una manera de ser y estar más felices, y muchos se pasaban por la Puerta del Sol, lugar de uvas, encuentros, despedidas y kilómetro cero. Esa era la sensación, una oportunidad nueva, un partir de cero, como el kilometraje de las carreteras españolas, sin ser ombligo ni modelo de nada. Hospitalidad al poder.

El 15 de mayo se había convertido en pocos días en una confluencia del espacio-tiempo, en un movimiento que caracterizaría a las gentes en protagonistas, finalmente, de su propio modelo de vida, de ser decisores de cómo queremos vivir, dejando a un lado la política, tal y como la conocíamos, con un sistema de representantes que ya empezaban a adolecer de un anacronismo intelectual y burgués que ya dejaba ver el artificio teatral – corrupto, sombrío y satánico, en ese orden- en el que se había convertido y no conseguía que el público, es decir, los votantes, confiaran en el espectáculo como antes, aunque seguían haciéndolo.

En los medios de comunicación la cobertura era máxima. El proceso se había contagiado a Barcelona, Sevilla, a La Coruña, por todo el país e incluso se veían asambleas en pequeños municipios; parecía como si el ser humano hubiese despertado de un letargo y tomara las riendas de su sueño, dejando que la cooperación y el consenso asumieran un primer valor, el valor prioritario y esencial, por encima del yo soy de izquierdas o yo soy de derechas, tan manidos y que tantos festines de conflictos han alimentado a vete tú a saber quién.

Una vez más,cuán presto se va el placer/cómo después de acordado/da dolor, vuelve a cantar Manrique. Se han cumplido 10 años de aquello. Y, sin embargo, ¿quién se pregunta por qué San Isidro es patrono de Madrid? Me veo en la obligación de hacerlo, porque hay un peculiar paralelismo en todo esto. Isidro era un labrador que nació en un avanzado siglo XI y que, a pesar de ser denunciado por sus compañeros por vago, el patrono fue a ver si era verdad y descubrió que era un santo. Sí, mientras rezaba –algo que sus compañeros confundían con la inutilidad, por ignorancia y falta de espíritu, seguramente- los ángeles araban con sus bueyes, y además, tanto él como su mujer, la que hoy conocemos como Santa María de la Cabeza, fueron protagonistas de una devoción sincera y humilde. Después de muertos, ya podemos imaginar la historia: cuerpos incorruptos, milagros, lo típico. Y es que así se concibió inicialmente el movimiento del 15 de mayo, como un milagro incorrupto, angelical, inocente y puro.

Pasados unos meses y con el devenir de los acontecimientos, fue siendo exprimido y drenado social y políticamente. Fue controlado, como lo fueron los primeros cristianos, por un grupo que se erigió como representante de la disidencia y la indignación, y quiso vender la moto de cambiar el sistema desde dentro del sistema, cuando hoy en día sabemos que eso es imposible y que los cambios van por otro lado. En un corto período de tiempo dejamos de ver asambleas en barrios, pueblos y municipios porque fueron sustituidos por los mítines de un partido político que, curiosamente, había hecho suyo el lema de un conocido ex presidente estadounidense. Y alguno llegó a la presidencia de nuestro país.

Hoy aquello parece que fue mucho más lejano en el tiempo, pero creo que si San Isidro y Santa María de la Cabeza hubieran vivido en Madrid en estos tiempos habrían rezado por todos nosotros, mientras muchos que iban a los mítines de aquellos que se quedaron con la energía buena del 15 M les habrían denunciado por inútiles. Y ellos, tranquilamente, habrían entendido que en Madrid hay de todo, y que cada uno tiene su proceso y que la conciencia está donde el alma despierta. Vuelvo a nuestro poeta, ahora, “los ríos que van a dar a la mar/que es el morir”. Qué de cosas cambiarían si todos leyésemos a Don Jorge Manrique.

Nuestro poeta, que sabía muy el poder igualatorio de la muerte, me recuerda en algunos versos cuán confundido está aquel que habla de lucha de clases, porque está vendiendo una fisión. Ahora percibo con claridad que mencionar al pueblo es como tocar la fibra sensible a aquel que se siente parte de un estrato castigado y castigable de la sociedad, siempre la víctima, y siempre dependiendo de un Estado que todo lo puede, pero ojo, que esto fue y es una trampa intelectual. Hemos aprendido muchas cosas en estos años, aunque no todos han asistido a clase, y no todos se han enterado de la lección. Puede que ya sea tarde para algunos.

Hablemos de humanidad, y no de pueblo. Hablemos de conciencia, y no de política. El cambio no viene de que el Estado se gestione de otra manera, el cambio ya se ha dado, y solo aquel que está dispuesto a arriesgar, a pagar el coste, podrá hablar de Humanidad. El resto, puede que se encuentre todavía sentado con una pancarta en la mano.

Cristina Migallón Gallego

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Breve crítica fraternal a “Biólogos por la verdad”

En primer lugar, he de reconocerle a este colectivo su esfuerzo por desentrañar la verdad, la valentía con la que han decidido dignificar el debate libre y enfrentarse al discurso oficial, que ya ha supuesto la ruina profesional de varios disidentes con el mismo, y la buena voluntad (eso pienso) que les mueve.


Sin embargo, la crítica es oportuna y necesaria, si de lo que se trata es de avanzar hacia la comprensión y superación del fenómeno “Covid-19”.


El debate es siempre enriquecedor, y el descontento popular a raíz de la pandemia debe servir para terminar con la sociedad de las “multitudes mudas”. Para que desconectemos de los medios de comunicación, que han demostrado un flagrante desinterés por la búsqueda de la verdad, se han desvelado como inquisidores implacables y han impuesto un mensaje férreamente unilateral. Pero también para que las clases populares tomen la palabra sin la necesidad de credenciales y sin restricción en su discurso.


Debemos diferenciarnos de los poderhabientes, responsables de la situación pandémica, no solo en nuestros argumentos, sino también en nuestro escrupuloso respeto por la libertad de expresión. La voz debe volver al pueblo, y no solo para quienes disponen de formación académica, sino también para quienes se aproximan a la realidad desde la experiencia, la intuición o el ingenio, y también para quienes no.


Por esto me resulta inaceptable que este colectivo, en su “Informe de revisión científica Covid-19”, anuncie dirigirse “a las organizaciones colegiales, a las autoridades sanitarias y al público general”. Estos últimos destinatarios, las clases populares, son así rebajados a la categoría de espectadores, de silenciosos oyentes de un nuevo monopolio informativo en clave disidente.


Por si no lo dejaran suficientemente claro, continúan lamentándose de “la falta de presencia de los representantes oficiales de nuestra profesión ante la sociedad” y de “constatar que durante toda esta pandemia nuestra profesión no ha llevado el liderazgo en un asunto como ha sido esta crisis”, por lo que se marcan como objetivo “despertar a nuestra profesión para que tome ese liderazgo”.


Si bien es importante y esperanzador que el discurso oficial tenga una respuesta en términos científicos, es intolerable que se use su mismo argumento para acallar a aquellas gentes que se revuelven contra él descontentas y se las devuelva a su butaca de asistentes mudos. Este argumento al que me refiero, el de la “autoridad”, es el que han blandido medios de comunicación y parlamentarios desde el principio, para quienes no ha hecho falta más explicación para sus desmanes que la invocación a “los expertos”.


Esto, extrapolable al resto de colectivos que dicen combatir “por la verdad”, no debería aceptarse bajo ningún concepto. No, porque es contrario a toda noción de libertad, democracia y, también, de verdad, pues siempre es sacrificada cuando una minoría acapara la totalidad del discurso.


Además, pensar que la cuestión del coronavirus es exclusivamente (siquiera principalmente) biológica, es un error garrafal. Sus motivaciones son múltiples y, por tanto, debe explicarse desde todos sus componentes: demográfico, político, económico, energético, sanitario, biopolítico, etcétera. Aún con todo, comprenderlo en su totalidad es de una complejidad colosal, algo para lo que los especialistas, precisamente, están menos preparados, pues tienden a ser menos aptos para una visión de conjunto.


Desmontarla argumentalmente, como digo, no será suficiente para terminar con la “plandemia”, puesto que ha sido gestada desde una multitud de causas. Es la necesidad del sistema de poder (Estado y gran capitalismo, principalmente) la que nos ha situado en el punto actual, y por tanto este solo podrá ser sobrepasado mediante la superación de aquel y la construcción popular de una nueva realidad.


Elevar la voz con el fin de persuadir a las instituciones para que enmienden su “error” es estéril, inocente e irreal, puesto que, incluso arrinconados ideológicamente, seguirán adelante con su gestión de la pandemia. Esto es así porque no lo hacen por “ignorancia”, “corrupción” o “desorganización”, sino que es una necesidad para quienes quieren mantener el poder y tienen abiertos todos los frentes que he mencionado anteriormente (demográfico, político, económico, etc.).


Para terminar, me gustaría apuntar que la solución pasa por la organización popular, y de ello es condición, en primer lugar, construirse como sujeto apto para tal fin. Arrodillarse ante una minoría, cualquiera que sea, es indigno, antidemocrático, no libre e inútil, puesto que esperar a que alguien resuelva nuestros problemas nunca será una solución. Así pues, animo a quienes se encuentren preocupados por el momento en el que viven a que reflexionen desde sí mismos, a que convivan y se organicen y a que debatan en condiciones de igualdad y libertad de expresión.


Por lo que respecta a “Biólogos por la verdad”, agradezco la redacción del documento al que hago referencia, de gran utilidad por lo demás, y les animo a que “con” el pueblo, y no “sin” ni “para”, continúen con su muy valiosa labor didáctica.


Fdo: Un biólogo que reniega del poder y sus instituciones y apuesta por una Transformación Integral junto al pueblo.

Diego Martínez Urruchi

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Mi primer parto. Bienvenida a la vida

A día de hoy son escasos los testimonios de mujeres que han dado a luz en casa, a pesar de que era lo habitual hasta no hace muchos años. Cierto es que existe aún gente, ya mayor, que recuerda el nacimiento en casa de algún hermano o lo que le contaron acerca del suyo propio. Sobre todo en los pueblos, donde las propias mujeres más mayores cuentan cómo parieron en casa, con la compañía de su madre o abuela; a la vez que rememoran cuando por primera vez los partos se llevaron a cabo en el hospital, práctica habitual y casi incuestionable hoy en día en el Estado español.

Se ha extendido la idea de que parir en el hospital es mucho más seguro, tanto para la mujer como para el bebé. Sin embargo, son muchos los testimonios de mujeres y hombres que cuentan la violencia obstétrica a la que fueron sometidos, desde tratarlos como verdaderos ignorantes hasta la obligación sistemática postural, conductual e incluso respiratoria hacia la mujer durante el trabajo de parto. Por no mencionar los procedimientos para con los bebés, totalmente innecesarios y altamente intrusivos e incluso traumáticos. Con la finalidad de abordar todas estas cuestiones, en breve publicaré otro texto al respecto, esta vez más analítico y reflexivo.

Siendo consciente de muchos de esos inconvenientes, al enterarme de que estaba embarazada, enseguida tome la decisión, junto con mi pareja, de que cuando llegara el día de mi alumbramiento lo viviría en el calor y seguridad de mi hogar. De ahí que comparta el siguiente relato de mi experiencia,[1]  a fin de que sirva de ejemploy para demostrar que sí se puede parir en casa, que no nos tienen que enseñar ni cómo ni dónde ni con quién parimos. Estamos hechas para parir.

Jueves, dieciocho de marzo de 2021,

Esa mañana la viví como la de los días anteriores; teniendo en mente que salía de cuentas el veinte de marzo. No dejaba de notar sensaciones nuevas en mi cuerpo cada día que pasaba, y pensaba, ¿será hoy el día? La mayor parte de mis pensamientos durante todo el día eran cómo y cuándo sería el parto. Poder ver su cara, acariciarla y tenerla entre mis brazos.

Inesperadamente, sobre las cinco de la tarde comencé a notar pequeñas molestias en el vientre que me obligaban a interrumpir mi marcha durante mi paseo diario con el perro. Empero, como no duraban mucho y el dolor no era intenso, decidí seguir caminando y terminar mi ruta, aunque fuera con pequeños parones de vez en cuando.

Al llegar a casa las molestias seguían estando presentes, y al tocarme ese día lavarme el pelo, pensé que el agua caliente ayudaría a calmar mi vientre. Efectivamente la ducha templada nos sentó bien a ambas. Adelina parecía haberse calmado en sus movimientos y los dolores habían cesado también, dándome un pequeño respiro; el cual no duró mucho, ya que a los 5 minutos comenzaron de nuevo, esta vez un poco más molestos, pero igualmente soportables con tranquilidad. Serían ya las siete y media de la tarde.

Todo siguió así hasta la hora de cenar. Alrededor de las ocho y cuarto empecé a pensar que quizá fueran las famosas contracciones preparatorias. Los dolores eran más bien parecidos a un calambre intenso, pero de nuevo, seguían siendo llevaderos. Lo único que me impedían era el cenar sin pausa, ya que cada vez que me daban tenía que apartar el plato y moverme un poco, sin encontrar una postura adecuada.

Fue en ese momento cuando mi pareja se percató que probablemente fueran muy seguidas, con lo que comencé a contar el tiempo entre contracción y contracción. En efecto, ya eran cada diez minutos, aumentando poco a poco en intensidad. Estuvimos así más o menos una hora, hora y media. Entretanto contactamos con el comadrón, describiéndole la situación. Le transmitimos nuestra tranquilidad, pero a la vez nuestro desconocimiento sobre lo que estaba sucediendo. De modo que aquel concluyó que tendría trabajo de parto esa misma noche. Ambos nos quedamos sorprendidos, y preguntándonos si sería cierto, quizá se estaba equivocando…

Mientras tanto las contracciones seguían su curso. Como predijo Pedro, el comadrón, eran cada vez más intensas y más seguidas. Ya nos hicimos a la idea de que iba a ser esa misma noche. No obstante, pensando que duraría unas ocho horas en total todo el proceso, decidimos que no era necesario que Pedro se acercara todavía a casa, puesto que todo iba muy bien y nos encontrábamos relajados.

Sobre las nueve y media más o menos las contracciones empezaron a ser cada dos, tres minutos. Éstas eran ya más serias. Me obligaban a agacharme al suelo, y respirar, aunque aún era consciente de lo que estaba sucediendo a mi alrededor cuando las experimentaba. Entre contracción y contracción seguía a José, mi querido compañero, por todos lados, observando cómo preparaba todo el ambiente con esmero; tal y como le había descrito que me gustaría que fuera, cada detalle estaba presente. Luz tenue, la cama pegada a la pared para dejar espacio a la piscina de parto, en caso que quisiera usarla, el plástico protector encima de la cama y los empapadores, temperatura cálida y agradable. Todo estaba dispuesto para la llegada de Adelina, sólo faltaba que ella diera el primer empujón.

Después de observar y perseguir a José hasta que terminó de preparar la habitación, decidimos quedarnos en el salón un rato. Volvimos a llamar a Pedro, quien valoró que ya era mejor que fuese viniendo, pues eran dos horas y media de viaje, por lo que llegaría sobre las doce de la noche.

Inocentemente pusimos una película, imaginando que esos dolores se alargarían durante horas. Pero con las siguientes contracciones ya me tenía que tirar, literalmente, al suelo y ponerme a cuatro patas, por lo que decidimos quitar la película y poner un poco de música. Recuerdo estar escuchando la canción Dime ramo verde, la cual me produjo un estado de calma y serenidad por un instante. Después de escucharla creo que dos veces, mi percepción de la realidad se volvió algo borrosa, por lo que algunos de mis recuerdos a partir de ese momento no se adecúan a una sucesión del todo lógica.

Con cada contracción recuerdo sujetarme fuertemente a la funda del sofá y respirar cada vez con más fuerza, soltando algún que otro grito y palabrota. En alguna contracción me di cuenta que José se ponía en el suelo conmigo, observando silenciosamente, lo que me hizo sentir acompañada y tranquila.

No sé en qué momento exactamente sucedió, pero decidí ir a la habitación e intentar relajarme en el ambiente que tan maravillosamente fue preparado, con la compañía de José, tan silencioso y presente al mismo tiempo. Una vez en la habitación me dejé llevar por mi instinto, intentando pensar lo menos posible, olvidando todo lo que había leído y lo que me habían contado.

En una de las contracciones, éstas ya tan intensas y dolorosas que no las puedo comparar con nada que había experimentado previamente en mi vida, comprobé que abrazando a mi compañero sentía que tenía más fuerza, que podía soportarlo un poco más y durante más tiempo.

Lo siguiente que viene a mi memoria es estar entre los brazos de José, ambos tumbados en la cama, sujetando fuertemente su brazo con cada contracción. Y segundos después sentí unas ganas tremendas de empujar. No recuerdo en qué momento se cambió de posición, pero en ese instante vi a José de rodillas en el borde de la cama, sujetando mi mano, en silencio. Comencé a empujar y la única sensación que tenía es que me iba a defecar encima, que todos esos empujones eran debidos a ello y empecé a pensar que no iba a aguantar, que no soportaría ese dolor durante ocho horas. Recuerdo gimotear entre contracción y contracción, diciendo en voz alta que no podía con ello, y gritar con tanta fuerza durante la contracción que parecía que me iba a escuchar todo el pueblo. La respuesta de José fue: “lo estás haciendo muy bien, está yendo todo muy rápido”.

Momentos después decidí ponerme de pie y agarrarme fuertemente a él. Me toqué y comprobé que la cabeza estaba a punto de salir. Me di cuenta que Adelina estaba más cerca de lo que me había imaginado y empujé absolutamente con todas mis fuerzas, desde lo más profundo de mi ser. En ese instante recuerdo el haber pensado que ese es el momento “crítico” del que tanto me habían hablado, el momento que sale o sale, que sientes que te partes en dos. Comprobé que José estaba preparado para cogerla y entonces di el último gran empujón; noté como salió su cabecita y seguidamente su cuerpo sin apenas apretar ya.

En ese instante desapareció toda sensación de dolor, estaba en un estado de éxtasis que únicamente me permitía admirar y observar ese ser tan perfecto a luz de mis ojos. Me tumbé en la cama de nuevo, dándome cuenta de la poca energía restante. La necesaria para sostenerla entre mis brazos. ¡Por fin! La espera mereció la pena, el viaje en un solo cuerpo terminó, iniciando así su propio sendero, siempre unidas. Experimenté la conexión de la primera mirada entre madre e hija, sus primeras pulsaciones en sintonía con las mías, notar sus movimientos, ya no dentro sino fuera de mí comenzando así su camino, su vida, su persona. Mano a mano.

Adelina vino al mundo a las doce menos cuarto del día dieciocho de marzo, con toda la tranquilidad posible; con la única compañía de las dos personas que más la van a querer en su vida, su madre y su padre. Su primer aliento fue entre los brazos de su padre, sin lloros ni separaciones tempranas ni traumáticas. Pude experimentar el contacto piel con piel, durante todo el tiempo que quise, que fue toda la noche seguida. El cordón umbilical lo cortamos cuando a nosotros nos pareció oportuno, y fue la mano de José la que sujetaba la tijera.

Al final el comadrón llegó sobre las doce, justo a tiempo para ayudarme con el nacimiento de la placenta, aunque ya no me quedaban apenas fuerzas para empujar. Salió en unos minutos y pudimos aprender cómo era; así como la importancia y la manera de comprobar que no se hubiera quedado ningún trozo dentro del útero.

Después de dar de mamar a Adelina por primera vez, nos tumbamos los tres en la cama dejando atrás la mejor noche de mi vida.

Sandra de Miguel Möller

ColectivoAmor y Falcata

www.amoryfalcata.com

amoryfalcata@riseup.net


[1] Otra mujer que narró su experiencia de parto en casa fue Silvia Tomás Gálvez (https://revolucionintegral.org/index.php/item/445-nuestro-parto). Así mismo, María Bueno González contó su no tan buen experiencia de parto en el hospital (https://www.elpartoesnuestro.es/relatos/me-parto-con-mi-parto). Animo a toda mujer a contar su experiencia y opinión al respecto, a fin de ir haciéndonos dueñas, las mujeres del pueblo, paso a paso de una experiencia tan sublime.

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Sr. Ministro Garzón

Corría la década de los sesenta. España comenzaba  una etapa desarrollista, se iniciaba la actividad industrial, la ciudad atraía a la mano  de obra del campo, se iniciaba la construcción de grandes barriadas obreras en las afueras, también de grandes núcleos de chabolas. España era recorrida por una inmensa actividad fabril, se aumentaban los sueldos, se compraban los primeros electrodomésticos, se cogían las primeras vacaciones….y sobre todo se compraba el primer coche…..El “600”.

Entonces el nieto, se enteró de la noticia. En seguida se acordó de su abuelo. Qué feliz lo haría cuando se la contara. Le venían a la mente, esas noches en el pueblo, delante de una chimenea, toda la familia alrededor de ella. Contando historias del pasado. Añorando los viejos tiempos, todo lo que se había perdido y que ojalá volvieran.

Corriendo por la nueva barriada, con la respiración entrecortada, entrando como un vendaval en la casa ,el nieto dice: ¡Abuelo, Abuelo, los rusos están en Madrid!

El Abuelo tras el impacto emocional ,a duras penas consigue sentarse en una” butaca” para no caerse al suelo. Después de recuperarse un poco le dice a su nieto: ¡Niño¡ ve al trastero y coge la caja que hay en el fondo que hay que sacar las banderas y las ropas de miliciano que hay que ayudarles  en la toma de Madrid.

¡Abuelo, Abuelo,que no han venido a hacer la Revolución, sino a jugar un partido de futbol![1]

 Le contesta el nieto.

¡Desde aquel día el Abuelo, no volvió, a contar historias de los viejos tiempos!

Este “chascarrillo popular”, viene a cuento, es más, está de máxima actualidad, ya que muchos españoles piensan que: !Por fin los comunistas han llegado al gobierno!.Y más en concreto el Sr. Garzón! A partir de ahora se resuelven los problemas de las españoles!

Vamos a ver si los deseos coinciden con la realidad. Analicemos tres de sus actuaciones recientes:

  • Ley de Juego.
  • Nevada sobre Madrid. Barrios sin Luz.
  • Bases Norteamericanas en España.
  • Ley del Juego.

Entre los múltiples problemas que padece la sociedad española, ha aparecido uno nuevo. Como si fueran hongos, han empezado a proliferar “casas de apuestas” por todas partes, en todos los pueblos, enfrente de Colegios e Institutos, en barrios obreros….en plena crisis económica….cuando el personal es más vulnerable, pues ante la inseguridad de no saber cómo llegar a final de mes, ante la inseguridad de tu puesto de trabajo…..solución: implantación de “casas de apuestas”. Con los consiguientes efectos negativos que ello conlleva: ruina económica, destrucción familiar, ludopatía y envolviéndolo todo, haciéndole creer a la gente, que los problemas se resuelven a través de los juegos de azar (adoctrinamiento).

Esta actividad está controlada por el Ministerio de Consumo del Sr. Garzón. Y este se compromete, ante las asociaciones de barrio, a buscar una solución a este problema.

Después de un plazo prudencial, presenta sus conclusiones:

  • Ha observado que durante el covid-19,ha disminuido los clientes a las “casas de apuestas”.
  • Ha logrado que solo se haga publicidad de dichas casas a partir de las 20h.
  • !Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos.!
  • Nevada sobre Madrid.

Este invierno ha caído la mayor nevada del siglo sobre Madrid. Destapando las deficiencias que tiene una gran ciudad ante cualquier hecho inesperado. Madrid estuvo casi paralizado una semana por la gran cantidad de nieve caída. Estando barrios enteros sin luz. Sobre todo los más pobres. Durante ese tiempo  las compañías eléctricas suben el precio de la luz y ante la opinión pública se justifican que: solo aquellos que no pagan los recibos de la luz, son los que no tienen luz.

Esta actividad esta controlada, por el Ministerio de Consumo, del Sr. Garzón. Este se compromete a buscar una solución a este problema. Y después de un tiempo prudencial presenta sus conclusiones:

  • Ha puesto ante el “organismo pertinente”, si la subida de la luz es legal o no.
  • Va a obligar, a las compañías eléctricas, que redacten los recibos de la luz de forma comprensible para el común de los mortales.
  • !Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos!
  • Bases Norteamericanas en España.

Una de las características principales del Partido Comunista era: su frontal oposición a las bases Norteamericanas en territorio español. Y se realiza anualmente  un clásico: la Marcha a Rota en contra de las bases. Que hasta hace poco tiempo y de forma anual convocaba a cientos de personas por las tierras de Cádiz en protesta por dichas bases.

Pero de buenas a primeras, en una televisión de ámbito nacional, realiza unas declaraciones, en las que afirma que como andaluz y como comunista, pienso yo, es bueno mantener las bases norteamericanas en Rota y Morón debido a los “PUESTOS DE TRABAJO QUE GENERAN”.

Esto no es ya una bajada de pantalones, es un desnudarse completo, quedarte a la intemperie, ser una marioneta total….perfil idóneo a sueldo de las elites globalistas… o sea obedecer, obedecer y obedecer.

¿Que generan puestos de trabajo? Rota Y Morón están entre el 25-30%de paro, como el resto de la provincia de Cádiz.

¿Que generan riqueza?. ¿Para quién? Que los norteamericanos al manejar más dinero consumen más en Rota y Morón. Si. Pero también es verdad que un alquiler en esta zona está al mismo nivel que el de una gran ciudad. Las que entran por las que salen.

!Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos!

La pregunta lógica es: ¿Pero existen comunistas en la actualidad? Respondiendo honestamente puedo garantizar que: en el gobierno actual NO. En las grandes ciudades: QUIZÁS quede alguno. En los pueblos de España: ALGUNOS MÁS.

¿Qué le ha pasado al comunismo, que siendo la fuerza hegemónica en la lucha contra Franco, actualmente apenas existe.?

Nos tenemos que retrotraer a Gramsci, con su elaboración del “Compromiso Histórico”, que básicamente decía:

  • Hay que pactar con la burguesía, para llegar al Socialismo
  • Y a través de la vía parlamentaria.

El giro ideológico se concreta en un viaje de defender la Revolución Rusa  a la Socialdemocracia Actual. Incluyendo un cambio de nombre de Partido comunista Italiano a Partido Democrático de Izquierda. Pasando de ser el partido más votado en Italia en los ochenta (Berlinguer y el Eurocomunismo) a su actual desaparición o la Berlusconizacion de la política Italiana.

Este mismo proceso de degeneración le ha pasado al Partido Comunista de España. Empezó siendo la fuerza hegemónica en la lucha contra Franco. Pactó con los franquistas la Transición del 78.En las primeras elecciones le hacía sombra al partido socialista. Pero cada día, se tenía que derechizarse más y más. Y empezó a perder fuerza electoral. Se hizo eurocomunista. Más pérdida electoral. Montan Izquierda Unida. Se avergüenzan de su nombre: Comunista. Fracaso tras fracaso. Es absorbido  por Unidos(as) Podemos. En las próximas elecciones está abocado a su desaparición. En forma resumida, esta es, su triste historia.

Hay que recordar que al Partido Comunista Francés, ha recorrido el mismo camino, hasta su total desaparición o insignificancia política.

Todo esto es en función de su degradación ideológica. Pero: ¿Cómo afecta esta degradación ideológica a nivel personal?

Muy simple. Imaginemos al Sr. Garzón recién nombrado ministro. Le cambia la vida, como de la noche al día. De entrada tiene a su disposición permanente, las veinticuatro horas del día, un chófer y un coche. No se tiene que preocupar, por el trabajo del mes siguiente, pues para eso también tiene un equipo de colaboradores, las veinticuatro horas del día, que lo van llevando de la mano.

No se tiene que preocupar por las comidas, por las averías de cualquier índole, no tiene problemas para llegar a final de mes, donde va le abren la puerta, sus hijos perfectamente escolarizados y atendidos, en cualquier reunión, todo gira alrededor de él…

Su vida, se ha separado de la vida real. Su visión de la realidad está deformada. Lo han encapsulado en una burbuja. Difícilmente podrá resolver problemas reales.

Me gustaría pincharle su burbuja. Por hacerle un favor. Y la única forma que se me ocurre hacerlo es de la siguiente forma: A través de una iniciativa popular, en la que cada uno exprese su opinión sobre él, a ser posible con una o dos frases sin faltarle el respeto. Por ejemplo:

  • Sr. Garzón usted es el tonto útil del Capital.
  • Sr. Garzón, es usted fuerte con los débiles pero débil con los fuertes.
  • Sr. Garzón, es usted un esquirol de la clase obrera.
  • Sr. Garzón, los auténticos Comunistas se estarán revolviendo en sus tumbas.
  • Sr. Garzón es usted un vendido, por treinta monedas de plata.

Y así sucesivamente. Si esta iniciativa tuviera éxito y llegara a un mínimo de cien frases, me comprometo mediante carta certificada hacérsela llegar al señor Garzón para que “tome tierra” y bajarlo de su nube.

Llamadme loco. Pero que bien me he quedado al escribir todo lo anterior.

                                                                Jorge Martín González


[1] En junio del 1964 se disputó la final de Copa de Selecciones Europeas entre España y Rusia en Madrid. Ganando España con el célebre cabezazo de Marcelino.