Editorial Nº6, 25-06-2021

La censura del poder constituido y la falta de voluntad por conocer por parte de la mayoría evidencian la gran crisis que vive occidente. La sociedad actual se retrata en el engaño. Un cúmulo de mentiras y falsedades aplastan la posibilidad de acercarse a la verdad, y así vivimos la crisis sanitaria, con ‘el tapa bocas’ y los oídos expuestos a la propaganda. El sistema vigente acalla con todas sus armas la escasa disidencia. Se prodiga el sistema sanitario sin poner en duda el más mínimo perjuicio que supone y se hostiga a quienes contradicen la versión oficial. En medio del gran teatro esas contradicciones desenmascaran el golpe, de cuyo ruido ya estamos saturados, más aún, cuando su ciencia se escuda en la fe.

La ciencia avanza por el espíritu científico empeñado en falsar o validar hipótesis. Sabemos que muchas de las afirmaciones de la versión oficial sobre el Covid 19 han sido refutadas, no han podido demostrarse o caen en graves contradicciones. La gran complejidad del asunto y, sobre todo, el miedo inducido junto a la propaganda y extrema censura han impedido conocer la realidad. Existen contradicciones en el plano científico, epidémico o técnico, pero también en el político, social, demográfico o económico. Son contradicciones de dimensión histórica que descubren la descomposición de la sociedad moderna y la deriva de un sistema en decadencia que, pese a su retórica sanitaria, deterioran la salud de las personas.

Todas esas contradicciones obligan a pensar, a dudar y a seguir buscando, pero, para la religión de Estado, lo principal es que el individuo no piense, no piense por sí y, para ello, se anula toda contradicción. Nadie en su sano juicio defenderá que vivimos con libertad de conciencia, libertad a aún más ultrajada durante el último año. En parte, la base de todo gobierno despótico es eliminar las contradicciones, porque son imprescindibles para pensar. Por ello, todo el discurso del poder ha ocultado la realidad y ha seguido construyendo ficciones covidianas a partir del dogma. Ese es el verdadero plano de su religión política y científica, que nadie piense, que no existan contradicciones a pesar del sinsentido de sus palabras. Eliminadas las contradicciones de la esfera pública se refuerza su fanatismo ideológico. Desde luego, es más fácil obedecer órdenes que reflexionar, tal es la ideología colaboracionista, que se asienta en no dudar, cuando la duda es condición necesaria para la búsqueda de conocimiento. En su ideario la doctrina va por delante.

El poder constituido cuenta con tres pilares principales de adoctrinamiento para defender sus intereses y extender el gran consenso social sobre el ‘Estado asistencialista’. El primero es el aparato educativo, encargado de aleccionar durante la infancia y la juventud.  El segundo, unido al anterior, la caterva de intelectuales que, en su mayoría, desdeña la verdad y aspira a enriquecerse, sin más fin trascendente que su currículum. Y, por último, ese poder se apoya en un eficaz aparato de comunicación.

Los ciudadanos sufrimos la omnipresente maquinaria mediática, conducida por mercenarios sin escrúpulos y tertulianos de partido. Ellos han agredido y humillado a la mínima objeción, sin permitir la discusión pública sobre los argumentos no oficiales; han denigrado la duda sobre la epidemia, la duda sobre las medidas, la duda sobre la vacuna… ¿Cuál es el miedo a esas dudas? ¿Cuál es el miedo a un debate público? Les horroriza un mínimo de libertad de conciencia y, por ello, atropellan el principio fundamental de la ética periodística: contrastar. En su defecto censuran, ridiculizan, atacan o estigmatizan cualquier persona que contradiga su creencia con argumentos. Este sistema mediático ha implantado una nueva inquisición y su cruzada persigue un ideario de fe que, por su estructura vertical, prohíbe la libre difusión de ideas.

Aunque han quedado en el cuarto oscuro para la mayoría, los argumentos de Biólogos por la Verdad merecen divulgación. Pese a que rechazamos su posición de élite científica, han aportado a la discusión argumentos controvertidos que, de conocerse y estudiarse por la sociedad civil, provocarían, con seguridad, algo más de desobediencia contra las medidas inmorales y contraproducentes. En su “Informe de revisión científica”[1] exponen aseveraciones y falsan las tesis oficialistas en unos cuantos puntos que sintetizamos: los virus son el origen de la vida y, por tanto, la teoría del contagio es contraria a la biología; el virus SARS CoV 2 es un virus quimera artificial, su origen es un laboratorio; el presunto aislamiento del virus SARS CoV 2 es un fraude científico, no se han conseguido cultivos, ni se han demostrado que sus receptores estén en vías respiratorias. “En el 99,73 % de los casos ni es una enfermedad respiratoria, ni es aguda, ni severa”, en consecuencia, las mascarillas son una medida inútil y perjudicial.

El informe también denuncia que la PCR, herramienta de medición del virus, lógicamente no sirve, ni puede demostrar el contagio, solamente detecta (una secuencia genética minúscula) de retrovirus endógenos de un catarro común; la variación de ciclos en la prueba es inaceptable, pues con esa arbitrariedad los resultados alcanzan un 70% de positivos en personas sin síntomas. Una persona sin síntomas es una persona sana. Finalmente, el documento advierte de los posibles efectos adversos de la inyección, ya que supone un experimento que puede causar graves problemas de autoinmunidad, infertilidad o degeneración neuronal.

El Estado ha utilizado todos estos mecanismos para sostener el artificio. Ha conseguido que la gente reciba con entusiasmo la llamada vacuna. En la Eurocopa, el gran escaparate mediático del momento, la inoculación es parte del show y representa nuestra salvación. ¡Qué paradoja! Siguen haciéndonos creer que su lucha es contra la enfermedad cuando todas sus pésimas consecuencias se están reflejando paulatinamente y otras muchas están por llegar. Los efectos psicológicos del miedo y confinamiento estremecen, ya que, cada vez más jóvenes encuentran en el suicidio la respuesta a su ansiedad e incertidumbre. El individuo está cada vez más debilitado y deprimido y, para muchos, la pulsión por la muerte supera con mucho su deseo de vivir. ¿cómo explicar los más de 30 intentos de suicidio semanales entre jóvenes, sabiendo que solamente se trata de las cifras registradas y que los intentos de quitarse la vida van en aumento?

La salud de la mente determina la salud física y viceversa. Las patologías se incrementan por multitud de factores asociadas al sistema y sus estructuras de poderes fácticos y a la desaparición de la comunidad popular; a la falta de vida relacional, de amor, de afecto, de erótica, de alegría, en definitiva, de todo sentido en la vida. La gran crisis demográfica de unas sociedades hiper-urbanizadas agrava la situación. El sistema interviene en este agotamiento social y del individuo, insiste en llevar a la muerte nuestra civilización. Si la iatrogenia es la enfermedad producida por un tratamiento médico, la sistemogenia, en analogía, es la enfermedad producida por el sistema. La iatrogenia directa contra personas mayores y el debilitamiento de toda la población se debe calificar de sistemogenia. Vivimos en esta realidad catapultada por el ente estatal: distanciamiento, confinamientos, mascarillas, medicalización…  todo lo cual se torna en desánimo, ansiedad, tristeza, abatimiento…

Si tal golpe político, sanitario, militar de dimensión mundial se ha aceptado sin resistencia es porque las poblaciones están lo suficientemente aleccionadas y vuelcan su esperanza en este sistema, sin reparar en su lógica sistemogénica. Los sistemas político y sanitario continúan legitimados, producto de un consenso de políticas socialdemócratas de décadas pasadas. De momento, para la gran mayoría, el sistema sanitario se presenta como la solución a la crisis. Pero ¿por qué creer en soluciones desde el sistema, el Estado o el modelo cuando son los principales causantes de la agonía de occidente? Si concibiéramos que la sanidad es estatal y no pública (o mejor dicho comunitaria) no confiaríamos tanto en ella. Lo cierto es que el sistema sanitario no es gratuito, supone un gasto enorme resuelto por los impuestos a la población, innegablemente insostenible y su estructura es directamente responsable de un empeoramiento de la salud de las personas.

Ese sistema de salud con un enfoque popular, de asistencia primaria y sin tal aparato funcionarial y de especialistas, probablemente, sería más eficaz. Pero hay que convencerse y convencer, no hay soluciones parciales para una crisis de civilización, lo que implica imaginar una sociedad radicalmente diferente a la actual, de profundas bases axiológicas y de deseo por la verdad, lo que obliga a la libertad ―de conciencia―, a la voluntad de trascendencia y mejora personal y, fundamentalmente, al empeño por la convivencia entre iguales. El individuo debe recuperar la responsabilidad sobre su propia salud; debe olvidarse de ser paciente y pasar a la acción, ser consciente de lo venidero, del momento histórico. Aprovechar la circunstancia donde se aviva el conflicto entre las instituciones y la población, que debe de salir de la anomia si quiere otra cosa que no sea su propia aniquilación.

Con ese fin, se convoca el ‘V encuentro de Transformación Integral’ y con ese fin de reflexionar sobre todo ello nació Amor y Falcata. Hace más de un año del anuncio de la pandemia, de las restricciones sociales y de medidas que vivimos con miedo, perplejidad y confusión, pero que enfrentamos con valor y escepticismo. Ha sido tal el engaño que se ha vuelto complicado alcanzar un mínimo de verdad, ahora bien, ya se van desmontando una cantidad de falacias institucionales. Porque una mentira extendida, repetida innumerables veces y creída con fe no se convierte en verdad. De acuerdo con el axioma cristiano: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, ¿hará la mentira que amemos nuestra propia cárcel? Nunca sabremos con absoluta certeza, pero somos conscientes del engaño y del daño del sistema, de la sistemogenia en curso que padecemos, capitaneada por los medios de masas y sus montajes. Contra su desprecio por la verdad y su sistema pernicioso por el cual agoniza occidente proyectamos la Revolución Integral. ¡Únete!

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[1] Biólogos por la verdad. “Informe de revisión científica Covid-19”. https://biologosporlaverdad.es/informe-covid-19/

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