Editorial Nº 7 25-07-2021

El DGP (Diagnóstico Genético Preimplantacional) es un método probado para determinar el sexo del futuro bebé. Si bien únicamente es legal llevarlo a cabo en EEUU y Ucrania.

Por lo visto el Gobierno de Ucrania, desde hace años, mantiene una legislación en materia de reproducción asistida muy abierta para “explorar las causas de la infertilidad”. Sin embargo, de las causas de infertilidad no se hacen estudios muy elaborados, ni tampoco se dedican grandes recursos.

En cambio, en dicho país se está promocionando, entre otros, un tipo particular de transhumanismo; uno mediante el cual los padres pueden elegir el sexo de su bebé. Una de las empresas que ofrece este “servicio” es CITIUS, donde afirman que “cumplir tu ilusión es nuestro trabajo”.[1]

Parece que hoy en día son más importantes los caprichos y deseos individuales, en este caso de los padres, que cualquier principio ético o moral. No importa el cómo ni el por qué, solo pagar dinero para conseguir lo que se desea.

Tampoco importa el verdadero problema que enfrentamos: una catástrofe demográfica que parece poner en peligro el mismo futuro de la humanidad.

Obviamente debe haber libertad de decisión para que las parejas y las mujeres que quieran traer una nueva vida al mundo puedan hacerlo, valorando su situación y sus anhelos. Pero ¿es la solución elegir al antojo de cada uno el sexo del bebé? Hay cosas que el ser humano no debería manipular ni controlar, y una de ellas es elegir a la carta el aspecto que tendrá su futuro hijo o hija.

Además, dicha empresa ucraniana se anuncia en su página web también en castellano, igual que en inglés, hecho que muestra la variedad internacional de su clientela. Aunque este capricho, y en parte el uso de la reproducción asistida convencional, sólo se lo pueden permitir aquellas personas adineradas. Con que este proceso no viene a solucionar ningún problema, sino que es un servicio de lujo más del que disfrutarán unos pocos.

Todas estas propuestas transhumanistas anuncian el mundo distópico narrado por Huxley en Un mundo feliz, donde los bebés nacen artificialmente en granjas de humanos, donde el eros y la familia han desaparecido. Donde todo es Estado y no existe el Pueblo.

Uno de los argumentos más utilizados para defender la reproducción asistida y, en consecuencia, la selección de sexo, es la excusa de luchar contra la ansiedad y la depresión de quienes no pueden tener hijos. Es cierto que no poder tenerlos destroza emocionalmente a hombres y mujeres, pero no es argumento suficiente. De hecho la depresión y la ansiedad son patologías específicas del siglo XXI. Así mismo, son padecidas principalmente por mujeres, y las causas son diversas.

Algunas de las principales causas son: el trabajo asalariado esclavista, donde las mismas empresas prohíben la maternidad; la vida urbana en las ciudades, que enferma física y psicológicamente; el sistema sanitario iatrogénico y la hipermedicalización, en especial los psicofármacos; la destructividad del sistema educativo y universitario, pues más de la mitad de las féminas acuden a la universidad; la ideología feminista y feminazi, instauradora de la guerra de sexos, etc.

Desde los medios de comunicación, desde el Estado y desde la gran empresa capitalista se nos vende que estamos asistiendo a la “revolución de las mujeres”; en el Estado español sobre todo a manos del partido fascista Podemos. En cambio, la realidad es que las mujeres están más depresivas que nunca, enganchadas a los antidepresivos, fuman y beben cada vez más, tiene menos relaciones sexuales placenteras (ya no saben si buscan un hombre, un medio-hombre, un afeminado, un macho o un corderito), se avergüenzan de su cuerpo y sus facciones femeninas, se vuelven progresivamente más reaccionarias y estatólatras, etc. Por eso las élites poderhabientes y sus aduladores aplauden que aumente el número de féminas con poder y dinero, de directivas, de altas funcionarias, de militares, de policías, de empresarias, de manipuladoras mediáticas, de deportistas de élite, etc.

Otros que están de enhorabuena son las asociaciones y fanáticos LGTBI, quienes, desde su habitual victimismo y estadolatría, celebran la aprobación del Consejo de Ministros de la próxima nueva Ley trans.[2]

Como es lógico, desde esta ideología de género se apoya la reproducción asistida, pues va en la línea de su obsesión por la manipulación y artificialización de la vida humana.

Resulta absurdo que si un niño de cuatro años un día verbaliza que es una niña, se tome en serio. Las niñas y niños no tienen lo suficientemente desarrollada su conciencia para diferenciar y juzgar sobre asuntos de sexualidad, y mucho menos de género, ya que no saben aún las diferencias entre niñas y/o niños, pene y/o vagina, masculino y/o femenino. En todo caso serían más capaces cuando maduran sexualmente, las niñas entorno a los doce años y los niños algo más tarde. Aunque con ciertas reservas, ya que la adolescencia es un periodo convulso, donde la persona empieza a ver cuál es su papel y su sitio en la vida.

Además, algo así solo se podría plantear cuando existiera de veras la libertad de conciencia; nunca en una sociedad como la actual, en la cual todo es adoctrinamiento, manipulación y amaestramiento.

Sin duda hay que tratar con amor, respeto y paciencia al niño o niña cuando expresa cualquier pensamiento o duda, pero eso no quiere decir que haya que tomarle al pie de la letra, dado que todavía no sabe explicarse. Simplemente tienen un deseo ilimitado por aprender qué es la vida, pues su camino por ella acaba de empezar.

Otro “avance” legislativo que las élites están pergeñando es la Reforma a la Ley de Seguridad Nacional de 2015. Evidentemente el Estado está sacando todo el provecho posible a esta plandemia coronavírica; está avanzado procedimientos, normas y leyes cada vez más totalitarias y aniquiladoras de lo humano.

Dicha reforma supone la implantación de medidas marciales y despóticas si el Estado español decide que es “necesario debido a una emergencia”. Por supuesto, aquel se reserva la libertad de juzgar qué es una situación de emergencia; y las medidas que se plantean van desde la confiscación forzosa de los bienes particulares hasta el reclutamiento obligatorio de los jóvenes mayores de edad. Si bien, como hemos podido observar, gracias a su gran poder y habilidad adoctrinadora, son capaces de tomar cualquier medida draconiana sobre la marcha, aunque sea inconstitucional (como el reciente confinamiento según el mismo Tribunal constitucional).

Es decir, tomarán cualquier tipo de medidas cuando convenga a sus intereses, en especial en coyunturas de crisis social. Verbigracia, crisis como las que están aconteciendo en los últimos meses en Sudamérica y el Caribe (Chile, Venezuela, Colombia, Cuba, etc.), donde Estados de izquierdas y derechas han sacado el Ejército a las calles y han realizado diversas matanzas de ciudadanos.

No obstante, mientras esos terribles sucesos acontecían allende los mares, en Europa continuaba la campaña de manipulación coronavírica y la vacunación. Eso sí, al mismo tiempo nos intentan entretener con grandes dosis de nacionalismo, esta vez por medio del deporte de masas.

Acaba de finalizar la Eurocopa de fútbol, por lo que nos hemos tenido que tragar el habitual adoctrinamiento nacionalista español. Pero resulta perentorio denunciar que esto significa una constante agresión y aculturación de todos los Pueblos ibéricos, incluido el Castellano.

Aunque también se debe destacar la presencia en dicha competición del discurso “antirracista”, o más bien racista antiblanco. Una ideología reaccionaria importada de EEUU.

Y, por si no hubiéramos tenido suficiente, justo ahora comienzan los Juegos Olímpicos. Una nueva ocasión para que nos aleccionen en el fervor por el Estado español. Mas la obra de Enrique Álvarez Carrillo Nacionalismo y revolución. El Estado nación y el Paradigma de la Revolución Integral, puede servir de remedio eficaz para inmunizarnos ante este terrible virus nacionalista. El cual, obviamente, asimismo contribuye en la artificialización de nuestra vida. Las élites se han valido del nacionalismo español para eliminar casi por completo nuestra cultura, nuestras raíces y nuestra historia, la de los Pueblos peninsulares. Ergo ahora somos seres sin identidad propia, sin alma.

Por último, es necesario denunciar el gran impulso que las minorías poderhabientes, el Estado y la gran empresa, están otorgando al deporte femenino, también en parte con fines nacionalistas. A ciertas personas ingenuas quizá les sorprenda la cantidad de horas televisivas que se le está dedicando a dicho deporte, igual que las ayudas y subvenciones que está recibiendo.

Pero dichas personas solo tienen que observar la estrategia decididamente feminista del Estado español en los últimos 20 años; propulsada tanto con gobiernos de izquierdas como de derechas. Una prueba más de que las estrategias de Estado están por encima de los partidos políticos.

Así pues, la artificialización de la vida es un hecho patente, así como las muertes silenciosas que ocurren todos los días alrededor nuestro (por ejemplo, más de 10 suicidios diarios en el Estado español). Mas en realidad todos estamos muertos, somos muertos vivientes; puesto que, como se dijo, vivimos sin alma.

Necesitamos recuperar nuestra individualidad, hombres y mujeres, a la vez que rechazar al Estado. Necesitamos rescatar nuestra historia y lo positivo de nuestra cultura, a la vez que volver a ser Pueblo.

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[1] Página web de la empresa CITIUS: https://clinicacitius.com/seleccion-de-sexo/?gclid=Cj0KCQjwwLKFBhDPARIsAPzPi-LlFJFZPUHiAi8OAbdIfZjbuJX6tatN-Hicuel_GMPs41-B-MkhSbcaAu3tEALw_wcB

[2] Véase: https://elpais.com/sociedad/2021-07-04/menores-trans-el-primer-paso-de-una-carrera-de-fondo-yo-soy-una-nina-pero-tengo-pene.html. Ana Valenzuela, presidenta de Chrysallys, Asociación de Familias de Menores Trans, explica que por un lado se sienten satisfechos por los avances y por otro consideran necesario que éstos crezcan. También es madre de una niña que ahora tiene 10 años e hizo el tránsito social a su identidad de género a los cuatro.

Conflicto y convivencia

En cualquier ser real o sistema natural, dinámico, dialéctico y complejo intrínsecamente, el conflicto existe per se. Se precisa para multitud de procesos autotransformadores. Surge un problema, el cual, a través de la capacidad innata de dicho ente, en la mayoría de los casos supera, y por ende se fortalece; verbigracia una enfermedad. Esto nos ocurre a nivel individual ante cualquier cuestión o problema que nos encontramos en la vida diaria, donde se nos presenta un conflicto, pensamos una solución si es posible, e, idealmente, aprendemos.

La pretensión de evitar a toda costa el conflicto es utópica y dañina. El epicureísmo abrazó esta idea con aciagas consecuencias, igual que todo el resto de ideologías que huyen del sufrimiento inherente y constitutivo de lo real. Aceptarlo como parte de la vida es fundamental. Tanto a nivel personal como colectivo, el conflicto es no solo inevitable, sino sano e imprescindible.

En un sentido colectivo, al evitarlo se acaban constituyendo colectivos gregarios y sectarios, aniquiladores de la libertad individual. De modo que lo preciso es promover el debate constructivo, basado en el respeto, la cortesía y la cordialidad, pero sin buscar siempre el acuerdo. Si éste no surge, hay que aceptar las diferencias y la diversidad, mas premiando el espíritu convivencial entre los iguales.

Lo vemos en las amistades, parejas, familias y demás formas naturales de convivencia. Los conflictos emergen, sobre todo en las dificultades, pero al superarlas juntos fortalece al conjunto, igual que a los individuos como tales. La ideología hobbesiana de todos contra todos nos está haciendo olvidar esto. La causa de ello es el empeño de las élites en que la gente común viva en un continuo enfrentamiento interpersonal para que su sistema jerárquico de poder se perpetúe ad infinitum.

Si un conflicto rompe radicalmente con lo anterior, por ejemplo acaba con una relación de pareja, esto no significa el fin de la convivencia. Es preciso convertirse en una persona con templanza, amor, compasión, humildad, así como capacidad para perdonar las ofensas y ver lo positivo. Aunque no se pudiera continuar dicha relación como anteriormente era, existen otras vías distintas de hacerlo. Verbigracia se puede continuar siendo amigos.

Tenemos, la gente común, que esforzarnos al máximo por mantenernos juntos todo lo posible y trabajar por erigir una sociedad convivencial opuesta a la actual. Sobre todo aquellos conscientes de la muy grave situación en la que nos encontramos, y, más aún, quienes pretendemos una revolución integral.

Como es obvio, a quienes estamos a favor de la revolución también nos afecta esa situación generalizada de enfrentamiento interpersonal. Con que debemos evitar cualquier enfrentamiento a causa de temas secundarios o de poca importancia; aceptar el conflicto de ideas y evitar el personal.

Ergo entre quienes apoyamos la revolución integral hay que incorporar, además de contenidos y enfoques políticos, un aprendizaje de comportamiento individual y colectivo, de autoconstrucción del sujeto para capacitarnos en lo convivencial con introducción de normas de convivencia que nos permita cumplir las tareas que nos fijemos; porque, en caso contrario, nos estamos boicoteando a nosotros mismos.

Con que hay que aceptar los conflictos, adversidades y tribulaciones internas y externas como parte de la vida; igual que debemos afrontarlos con fortaleza, templanza y decisión, sabiendo que se resuelvan o no, lo importante es perseguir nuestras metas, ser fieles a nuestros valores y cultivar los bienes espirituales, ante todo el par dialéctico libertad-convivencia, libertad junto al otro.

José Maenza

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Así no…

Estaba yo, el otro día, viendo por la tele cómo el “pueblo” se manifestaba contra la proliferación de la energías renovables. Me la prometía muy feliz, la gente estaba “hartándose” del gobierno, pedían voz y voto en la elaboración y planificación, pedían no ser expulsados de las tierras… pero al final de todas las consignas siempre había una “coletilla”, que se repetía en todos los sitios, Andalucía, Galicia, Aragón… y era: “no estamos en contra de las energías alternativas… pero así no”.

Pero la gota que desbordó el vaso fue aquí, en mi pueblo, en una conversación entre el alcalde (PSE) y un dirigente de Podemos. Estaban discutiendo sobre la proliferación de torres eléctricas debido al exceso de plantas solares cuando uno decía (PSE): “cuando hemos llegado al Ayuntamiento vosotros (Podemos) ya habíais aprobado la línea 402”. Y le contestaba (Podemos): “vale, pero ahora podemos hacerlo bien con la Transición Ecológica”. O sea, las mismas consignas: “No estamos en contra de las energías alternativas… pero así no”.

La situación evidencia, muy a las claras, esa “estatolatría” que practica la izquierda hacia el Estado, esa nueva “religión líquida”, superadaptable a los intereses del Capital a través del Estado, de esa “fe ciega”  en que el Estado es el redistribuidor  de la riqueza y por lo tanto necesario para lograr una sociedad más justa. Esto me recuerda a Felipe González y la OTAN con su histórico eslogan: “OTAN de entrada NO”.

Vemos el paralelismo: ”No estamos en contra de las energías alternativas…pero así no.”

En esencia es: ”Sí… pero no.”Estoy de acuerdo… pero déjame participar.”

Y con la OTAN, ya tenemos una experiencia histórica. Tenemos las consecuencias: decían que no entrábamos en la estructura militar. ¿En cuántas guerras ha participado España, desde entonces? En todas: Irak, Afganistán, Libia, Siria… y en las que no sabemos.

A qué nos lleva este posicionamiento ante las energías alternativas: pues a lo mismo. A la famosa -Agenda Globalista- “vente y trinca”. No tendremos nada… pero seremos felices. A la que la izquierda y derecha rinden pleitesía.

Vamos a hablar de los coches eléctricos como alternativa a los coches de gasolina-gasoil. De forma inconsciente nos han metido en la cabeza que es una solución alternativa. Y por lo tanto es una energía alternativa.

Desde la Revolución Industrial todo el desarrollo del capitalismo se ha basado en dos energías: las Fósiles carbón-petróleo  y la electricidad.

Qué casualidad que la propiedad de estas energías hayan estado siempre en manos de unos pocos, dando lugar a la creación de grandes monopolios.

El carbón ya lo desechó el capital por antieconómico y para  ser moderno, como antiecológico. Ahora también el capital desecha el petróleo por antieconómico, pues sabe que el pico máximo de producción ya se ha alcanzado. Le queda poco recorrido. Prueba de ello es que todos los grandes del petróleo están invirtiendo en Salud–Medicina-Alimentación.

¿Qué hacer con la industria del automóvil, bastante potente? La mantenemos, simplemente cambiando el combustible gasolina por electricidad.

¿Ha cambiado algo? Veamos:

  • La propiedad de los medios de producción siguen en manos de una minoría, siguen existiendo los monopolios.
  • ¿Contaminación? Comprendo que un coche eléctrico emite menos gases que uno de gasolina. Pero esa no es toda la contaminación. Todas las últimas guerras se han producido por el robo de las materias primas del petróleo.
  • ¿Quién soporta en la actualidad la producción de energía eléctrica? Todavía el petróleo, gas natural, energía nuclear, solar y eólica. Todas contaminantes en su origen.
  • Tanto la solar, como la eólica, como las baterías de los coches tienen en común una cosa: los metales raros. Productos muy apreciados por las nuevas tecnologías y los nuevos causantes de las guerras y golpes de estados, sobre todo en los países pobres. Que se lo pregunten al pueblo boliviano.

Entonces, ¿qué aportan los coches eléctricos? Realmente nada importante. Solo la oportunidad a los creyentes de esa “nueva religión líquida” (estatolatría), esos creyentes progres de izquierda, también de la derecha, de pavonearse, de estar a la moda, poder comprarse un coche más caro, permitiendo indirectamente una subida de los precios de los coches y a la vez presumir de ser ecologistas y antisistema. Una auténtica comida de tarro.

En definitiva, como los eslóganes anteriores: ”No pero…sí.” ”Sí pero… no.” ”De entrada… no.”

Pero con un buen marketing, con un buen envoltorio y de colores bonitos… te lo compro.

Ahora estos nuevos creyentes estarán contentísimos, pues su Santísima Trinidad- Gobierno-Estado-Capital, les ha subido el precio de la luz un 43%, pero ellos ofrecen este sacrificio en aras del bien común y encima diciendo: “qué bueno es el Gobierno que nos ha rebajado el IVA de la luz hasta el 10%”.

Una cosa tengo clara: Así no… vamos a ninguna parte.

Jorge Martin González

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Mensaje de aliento para la participación en el V Encuentro por la Transformación Integral

Este verano ha sido convocada la quinta edición del Encuentro por la Transformación Integral, en un momento en el que el hundimiento de la sociedad moderna es cada vez más latente, mientras los poderes constituidos tratan a la desesperada de introducir los ajustes pertinentes para garantizar la gobernabilidad de las próximas décadas. Una vez que se ha desplegado la operación Coronavirus, comenzamos a palpar sus verdaderas consecuencias, habiéndose acelerado la degradación del conjunto de los dispositivos que conforman la vida y la ascensión de los métodos de control de las multitudes.

Nuestra receta permanecerá inmutable ante las circunstancias: amor a nuestros iguales y falcata a quienes ostentan y desean ostentar el poder. Así debe ser el encuentro, un espacio para el amor y la convivencia entre iguales, donde nadie es más que nadie, a la vez que lugar de conjura y organización de las falcatas para hacer frente al poder constituido. No queremos ser tibios, ni rebajar nuestros ideales. Tanto nuestros ideales como nuestras metas son excelsas y estamos construyendo una posición frente a las ideologías posmodernas que tratan de diluir el pensamiento y la acción revolucionaria para hacer gobernable a la disidencia.

Estos últimos años se ha venido fraguando una orientación ideológica con la que surcar la sociedad líquida posmoderna de hoy. Mediante los libros, los artículos, los vídeos, los encuentros, las amistades, las complicidades, los grupos de trabajo, las acciones reforestadoras, las elecciones de vida, etc. y sobre todo, con la firme y valiente determinación de personas individuales, hemos venido definiendo nuestra posición. Debemos de continuar avanzando y seguir organizando esta posición.

El proceso de autoconstrucción es un camino permanente de desarrollo de la virtud, el individual en tanto que sujetos con voluntad y el colectivo en tanto que aspiración a la soberanía popular. Antes, durante y después del Encuentro debemos esforzarnos en el desarrollo del factor consciente, ser autoexigentes y comprometernos con metas que nos ayuden a consolidar nuestra posición. La ética y el compromiso individual es lo determinante. Todo ello con la oportunidad que nos brinda el Encuentro para incrementar nuestra potencia a través del acto de convivir, debatir, trabajar y disfrutar juntos.

Amor y falcata nació al calor del IV Encuentro y en estos meses hemos hecho humildes aportaciones al conjunto de ideas que conforman la Transformación Integral, mediante artículos, algunos vídeos y las editoriales que se han ido publicando mensualmente en nuestro blog. Seguimos trabajando y nuestro camino continúa en el próximo encuentro. Así pues y mediante esta breve nota os queremos animar a asistir al V Encuentro por la Transformación Integral.

Más información: https://revolucionintegral.org/index.php/item/565-programa-e-inscripciones

Elijo vida

Mi abuelo se suicidó.

Nunca llegué a conocer al hombre que nos dejó en herencia un puñado de preguntas sin resolver, algún que otro trauma intergeneracional y, en mi caso, un notable parecido físico, o al menos eso muestra la única fotografía que nos ha llegado del hombre que nos abandonó dos veces.

Mi abuelo acabó con su desnortada vida ahorcándose en una encina. Descanse en paz.

El suicidio esconde la muerte debajo de la alfombra. Es la muerte de la que no se habla. Ni ‘le ha llegado su hora’, ni ‘se van los mejores’; tampoco se le puede echar la culpa al tabaco o al médico que lo mató. Porque el suicidio esconde el fracaso de una vida, y la vida, es el único “derecho” que nos ha sido concedido en el momento de nacer. La vida es un regalo que solo debería dejar de usarse hasta que nos sea arrebatado.

Una sociedad en la que sus individuos no defienden sus derechos es una sociedad suicida. Para muchos, la vida se ha convertido en un regalo que se deja guardado en el fondo de un cajón por miedo a que se rompa, delegando en otros todas las decisiones que le atañen; para muchos, la vida es un juguete más, pues la reducen a la vacua diversión que proporciona un juguete maltratado y prematuramente roto.

Muchos son los que no soportan el peso de la vida ni su constante requerimiento de una agotadora lucha por mantenerla con dignidad, encauzarla con libertad y dotarla de sentido.

En las cajetillas de cigarrillos hay advertencias que podrían emplearse en las partidas de nacimiento. Mensajes como ‘la soledad provoca suicidios’; ‘el trabajo asalariado provoca suicidios’; ‘la ausencia de erotismo provoca suicidios’; ‘la tecnología provoca suicidios’; ‘el consumo de alcohol y drogas provoca suicidios’; ‘el consumo de antisicóticos para prevenir el suicidio provoca suicidios’… Pero no lo hacen.

Igual que las familias prefieren ocultar el suicidio de un familiar, la sociedad esconde que cada vez son más lo que deciden acabar con su vida. El suicidio es el fracaso del individuo, del matrimonio, de la familia; la tasa de suicidios en aumento muestra el fracaso de una sociedad que se desangra lentamente porque se ha cortado las venas, una sociedad que ha ingerido una sobredosis de fármacos, una sociedad que ha decidido saltar al vacío al aferrarse a un sistema que, por odioso e inhumano, está colapsando.

Mientras muchos de sus miembros acaban con su vida, nuestra civilización se está suicidando. La búsqueda de la felicidad nos ha puesto tan tristes que hemos dejado de tener hijos; la negación de la muerte nos ha empujado a despreocuparnos del mantenimiento de nuestra propia salud; nuestra falta de autoestima como pueblo ha dejado abiertas las puertas de Europa para que los integrantes de esos otros pueblos que valoran más sus vidas recojan nuestros despojos y nos incineren en la pira funeraria de los olvidados de la historia, porque absolutamente nadie quiere hablar del vecino que se ha suicidado.

Podría ofrecer datos estadísticos del número de suicidios, pero no sería fácil distinguir entre suicidio y muerte por “accidente”[1]. ¿No es un suicida el que se estrella con su moto hasta arriba de cocaína? ¿No es un suicida el que deja morir a su madre en un hospital? ¿No es un suicida aquél que no educa a sus hijos? ¿No es una suicida la adolescente que vomita después de cada comida o se autolesiona el antebrazo? ¿No es un suicida el que se pone la vacuna, sabiendo lo que ya sabemos a estas alturas de la película? ¿No es un suicida el que renuncia a la realidad para sumergirse en los videojuegos? ¿No se suicida un emigrante? ¿No es un suicida el que decide no tener hijos? Son tantas las formas de suicidio en nuestro decadente mundo que las autoridades no se esfuerzan siquiera en poner redes antisuicidio como las que decoran los grises edificios de los obreros industriales chinos.

Sustituiré las estadísticas por un caso concreto. Hace unos días, un exdeportista de élite decidió acabar con su vida lanzándose a las vías del tren para ser arrollado por el convoy. Tenía 46 años. Muchos periodistas deportivos se indignaron cuando un medio de comunicación se saltó la autocensura habitual mostrando la palabra ‘suicidio’ en el titular de la noticia. ¡Un guapo exfutbolista con un sueldo muy elevado por ser directivo de un club no debería suicidarse! Pero si este hombre, preferido de los dioses, ha acabado con su vida, ¿por qué no lo hará también la cajera del supermercado o el joven que ha dejado de cobrar el ERTE?

Solo la vida puede prevenir la muerte. Solo el eros, el erotismo, puede arruinar el reinado del thánatos, de la pulsión de muerte que acecha nuestra sociedad moribunda. La recuperación urgente y animosa de las ganas de vivir conseguirá hacer frente a la destrucción planificada del sujeto que han emprendido con éxito los poderes establecidos.

Espantaremos la muerte como el que espanta las moscas (con fuerza y despreocupados), porque la muerte destruye todo lo que hemos hecho en la vida, y todo lo que estaba por hacer. Construyamos, ya, un nuevo individuo y una nueva sociedad exultante de vida, futuro, belleza y alegría.

¿O prefieres la muerte?

Antonio Hidalgo Diego

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[1] La cifra de suicidios en España en 2019 fue de 7,6 por cada 100.000 habitantes, unos 10 suicidios al día, más del doble que el de muertes por accidente de tráfico. Fue la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años, aunque casi la mitad de los que se quitaron la vida tenían entre 40 y 59 años de edad. Tres de cada cuatro suicidas fueron hombres, tal vez porque tienen más éxito en sus tentativas; los intentos de suicidio de las mujeres triplican los de los varones. El Confidencial, 9/9/2019. Un total de 1.343 personas se suicidaron en España en el primer semestre de 2020. El suicidio es la primera causa de ‘muerte externa’. Infocop Online, 7/1/2021, basado en datos del INE.