Editorial Nº 7 25-07-2021

El DGP (Diagnóstico Genético Preimplantacional) es un método probado para determinar el sexo del futuro bebé. Si bien únicamente es legal llevarlo a cabo en EEUU y Ucrania.

Por lo visto el Gobierno de Ucrania, desde hace años, mantiene una legislación en materia de reproducción asistida muy abierta para “explorar las causas de la infertilidad”. Sin embargo, de las causas de infertilidad no se hacen estudios muy elaborados, ni tampoco se dedican grandes recursos.

En cambio, en dicho país se está promocionando, entre otros, un tipo particular de transhumanismo; uno mediante el cual los padres pueden elegir el sexo de su bebé. Una de las empresas que ofrece este “servicio” es CITIUS, donde afirman que “cumplir tu ilusión es nuestro trabajo”.[1]

Parece que hoy en día son más importantes los caprichos y deseos individuales, en este caso de los padres, que cualquier principio ético o moral. No importa el cómo ni el por qué, solo pagar dinero para conseguir lo que se desea.

Tampoco importa el verdadero problema que enfrentamos: una catástrofe demográfica que parece poner en peligro el mismo futuro de la humanidad.

Obviamente debe haber libertad de decisión para que las parejas y las mujeres que quieran traer una nueva vida al mundo puedan hacerlo, valorando su situación y sus anhelos. Pero ¿es la solución elegir al antojo de cada uno el sexo del bebé? Hay cosas que el ser humano no debería manipular ni controlar, y una de ellas es elegir a la carta el aspecto que tendrá su futuro hijo o hija.

Además, dicha empresa ucraniana se anuncia en su página web también en castellano, igual que en inglés, hecho que muestra la variedad internacional de su clientela. Aunque este capricho, y en parte el uso de la reproducción asistida convencional, sólo se lo pueden permitir aquellas personas adineradas. Con que este proceso no viene a solucionar ningún problema, sino que es un servicio de lujo más del que disfrutarán unos pocos.

Todas estas propuestas transhumanistas anuncian el mundo distópico narrado por Huxley en Un mundo feliz, donde los bebés nacen artificialmente en granjas de humanos, donde el eros y la familia han desaparecido. Donde todo es Estado y no existe el Pueblo.

Uno de los argumentos más utilizados para defender la reproducción asistida y, en consecuencia, la selección de sexo, es la excusa de luchar contra la ansiedad y la depresión de quienes no pueden tener hijos. Es cierto que no poder tenerlos destroza emocionalmente a hombres y mujeres, pero no es argumento suficiente. De hecho la depresión y la ansiedad son patologías específicas del siglo XXI. Así mismo, son padecidas principalmente por mujeres, y las causas son diversas.

Algunas de las principales causas son: el trabajo asalariado esclavista, donde las mismas empresas prohíben la maternidad; la vida urbana en las ciudades, que enferma física y psicológicamente; el sistema sanitario iatrogénico y la hipermedicalización, en especial los psicofármacos; la destructividad del sistema educativo y universitario, pues más de la mitad de las féminas acuden a la universidad; la ideología feminista y feminazi, instauradora de la guerra de sexos, etc.

Desde los medios de comunicación, desde el Estado y desde la gran empresa capitalista se nos vende que estamos asistiendo a la “revolución de las mujeres”; en el Estado español sobre todo a manos del partido fascista Podemos. En cambio, la realidad es que las mujeres están más depresivas que nunca, enganchadas a los antidepresivos, fuman y beben cada vez más, tiene menos relaciones sexuales placenteras (ya no saben si buscan un hombre, un medio-hombre, un afeminado, un macho o un corderito), se avergüenzan de su cuerpo y sus facciones femeninas, se vuelven progresivamente más reaccionarias y estatólatras, etc. Por eso las élites poderhabientes y sus aduladores aplauden que aumente el número de féminas con poder y dinero, de directivas, de altas funcionarias, de militares, de policías, de empresarias, de manipuladoras mediáticas, de deportistas de élite, etc.

Otros que están de enhorabuena son las asociaciones y fanáticos LGTBI, quienes, desde su habitual victimismo y estadolatría, celebran la aprobación del Consejo de Ministros de la próxima nueva Ley trans.[2]

Como es lógico, desde esta ideología de género se apoya la reproducción asistida, pues va en la línea de su obsesión por la manipulación y artificialización de la vida humana.

Resulta absurdo que si un niño de cuatro años un día verbaliza que es una niña, se tome en serio. Las niñas y niños no tienen lo suficientemente desarrollada su conciencia para diferenciar y juzgar sobre asuntos de sexualidad, y mucho menos de género, ya que no saben aún las diferencias entre niñas y/o niños, pene y/o vagina, masculino y/o femenino. En todo caso serían más capaces cuando maduran sexualmente, las niñas entorno a los doce años y los niños algo más tarde. Aunque con ciertas reservas, ya que la adolescencia es un periodo convulso, donde la persona empieza a ver cuál es su papel y su sitio en la vida.

Además, algo así solo se podría plantear cuando existiera de veras la libertad de conciencia; nunca en una sociedad como la actual, en la cual todo es adoctrinamiento, manipulación y amaestramiento.

Sin duda hay que tratar con amor, respeto y paciencia al niño o niña cuando expresa cualquier pensamiento o duda, pero eso no quiere decir que haya que tomarle al pie de la letra, dado que todavía no sabe explicarse. Simplemente tienen un deseo ilimitado por aprender qué es la vida, pues su camino por ella acaba de empezar.

Otro “avance” legislativo que las élites están pergeñando es la Reforma a la Ley de Seguridad Nacional de 2015. Evidentemente el Estado está sacando todo el provecho posible a esta plandemia coronavírica; está avanzado procedimientos, normas y leyes cada vez más totalitarias y aniquiladoras de lo humano.

Dicha reforma supone la implantación de medidas marciales y despóticas si el Estado español decide que es “necesario debido a una emergencia”. Por supuesto, aquel se reserva la libertad de juzgar qué es una situación de emergencia; y las medidas que se plantean van desde la confiscación forzosa de los bienes particulares hasta el reclutamiento obligatorio de los jóvenes mayores de edad. Si bien, como hemos podido observar, gracias a su gran poder y habilidad adoctrinadora, son capaces de tomar cualquier medida draconiana sobre la marcha, aunque sea inconstitucional (como el reciente confinamiento según el mismo Tribunal constitucional).

Es decir, tomarán cualquier tipo de medidas cuando convenga a sus intereses, en especial en coyunturas de crisis social. Verbigracia, crisis como las que están aconteciendo en los últimos meses en Sudamérica y el Caribe (Chile, Venezuela, Colombia, Cuba, etc.), donde Estados de izquierdas y derechas han sacado el Ejército a las calles y han realizado diversas matanzas de ciudadanos.

No obstante, mientras esos terribles sucesos acontecían allende los mares, en Europa continuaba la campaña de manipulación coronavírica y la vacunación. Eso sí, al mismo tiempo nos intentan entretener con grandes dosis de nacionalismo, esta vez por medio del deporte de masas.

Acaba de finalizar la Eurocopa de fútbol, por lo que nos hemos tenido que tragar el habitual adoctrinamiento nacionalista español. Pero resulta perentorio denunciar que esto significa una constante agresión y aculturación de todos los Pueblos ibéricos, incluido el Castellano.

Aunque también se debe destacar la presencia en dicha competición del discurso “antirracista”, o más bien racista antiblanco. Una ideología reaccionaria importada de EEUU.

Y, por si no hubiéramos tenido suficiente, justo ahora comienzan los Juegos Olímpicos. Una nueva ocasión para que nos aleccionen en el fervor por el Estado español. Mas la obra de Enrique Álvarez Carrillo Nacionalismo y revolución. El Estado nación y el Paradigma de la Revolución Integral, puede servir de remedio eficaz para inmunizarnos ante este terrible virus nacionalista. El cual, obviamente, asimismo contribuye en la artificialización de nuestra vida. Las élites se han valido del nacionalismo español para eliminar casi por completo nuestra cultura, nuestras raíces y nuestra historia, la de los Pueblos peninsulares. Ergo ahora somos seres sin identidad propia, sin alma.

Por último, es necesario denunciar el gran impulso que las minorías poderhabientes, el Estado y la gran empresa, están otorgando al deporte femenino, también en parte con fines nacionalistas. A ciertas personas ingenuas quizá les sorprenda la cantidad de horas televisivas que se le está dedicando a dicho deporte, igual que las ayudas y subvenciones que está recibiendo.

Pero dichas personas solo tienen que observar la estrategia decididamente feminista del Estado español en los últimos 20 años; propulsada tanto con gobiernos de izquierdas como de derechas. Una prueba más de que las estrategias de Estado están por encima de los partidos políticos.

Así pues, la artificialización de la vida es un hecho patente, así como las muertes silenciosas que ocurren todos los días alrededor nuestro (por ejemplo, más de 10 suicidios diarios en el Estado español). Mas en realidad todos estamos muertos, somos muertos vivientes; puesto que, como se dijo, vivimos sin alma.

Necesitamos recuperar nuestra individualidad, hombres y mujeres, a la vez que rechazar al Estado. Necesitamos rescatar nuestra historia y lo positivo de nuestra cultura, a la vez que volver a ser Pueblo.

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[1] Página web de la empresa CITIUS: https://clinicacitius.com/seleccion-de-sexo/?gclid=Cj0KCQjwwLKFBhDPARIsAPzPi-LlFJFZPUHiAi8OAbdIfZjbuJX6tatN-Hicuel_GMPs41-B-MkhSbcaAu3tEALw_wcB

[2] Véase: https://elpais.com/sociedad/2021-07-04/menores-trans-el-primer-paso-de-una-carrera-de-fondo-yo-soy-una-nina-pero-tengo-pene.html. Ana Valenzuela, presidenta de Chrysallys, Asociación de Familias de Menores Trans, explica que por un lado se sienten satisfechos por los avances y por otro consideran necesario que éstos crezcan. También es madre de una niña que ahora tiene 10 años e hizo el tránsito social a su identidad de género a los cuatro.

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