Editorial Nº 9, 25-09-2021

Otro mes ha transcurrido repleto de sucesos a resaltar: la salida de las potencias invasoras de Afganistán, la explosión del precio de la luz, la no-Diada en Cataluña, etc.

Aunque lo que no nos debe sorprender son las continuas mentiras y manipulaciones que inventan las minorías poderhabientes y repiten como loros sus lacayos de turno. Tanto los funcionarios y los parásitos subvencionados del Estado, como los mercenarios a sueldo de las grandes empresas y consorcios capitalistas; verbigracia periodistas, artistas, científicos, intelectuales, escritores, etc.

El tema de Afganistán es alucinante. Ahí tenemos a toda la izquierda en el poder, PSOE y Unidas Podemos, aplaudiendo a los “héroes” del Ejército español por sus acciones imperialistas. Su militarismo, igual que su amor por las policías y la guardia civil, no puede quedar más expuesto. En esto son idénticas izquierda y derecha; ambos fascismos hermanados.

Recordemos que la configuración actual de Afganistán como país es una invención del Imperio británico, lo mismo que Pakistán. Desde el siglo XIX las potencias occidentales han conseguido imponer su presencia imperialista en esa zona de Asia central, y la invasión de EEUU en 2001, con la inestimable ayuda de otras naciones de la OTAN como el Estado español, es más de lo mismo.

Empero, entre otras, existe una diferencia fundamental. En el siglo XIX las potencias europeas necesitaban Ejércitos masivos, con vistas a expandir su poder, competir entre ellas y aumentar sus colonias. Y fue el Estado republicano francés, gracias a la Revolución francesa, quien primero expandió el Estado para afrontar tales retos imperialistas.[1]

Napoleón llegó a comandar un Ejército de un millón y medio de soldados, cuando en los siglos anteriores los ejércitos monárquicos franceses no superaban los 200.000 hombres. Para lograrlo implementó la instauración del patriarcado con el llamado Código Civil Napoleónico de 1804; mediante el cual las mujeres se quedaban en casa a tener y criar a los hijos-soldado para el Imperio, mientras que los hombres tenían que ir a la guerra a morir por la “patria”.

Mas los tiempos han cambiado. En 1974 el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU a cargo de Henry Kissinger elaboró el llamado Informe Kissinger, o  Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses de ultramar. Este documento indica que en dicho contexto histórico a las élites poderhabientes les interesaba una biopolítica antinatalista, y por ende impulsar el feminismo y la ideología de género, al tiempo que alentaba la “guerra de sexos” (la vieja estrategia de divide et impera).

Así pues en 1979 la ONU realiza la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, y comienza una serie de Conferencias Mundiales sobre la Mujer, hasta llegar a la más importante en 1995, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing. Y, obviamente, como se ha comprobado con la “plandemia” del coronavirus, lo que deciden los Estados se implanta en toda la sociedad. En el Estado español se inició en 2004 con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

En consecuencia, los Estados, y sus ejércitos, patriarcales del siglo XIX han dejado paso a los Estados, y sus ejércitos, feministas o “feminazis” del siglo XXI. Quien albergue dudas al respecto puede realizar una visita turístico-cultural conjunta al Ministerio de Igualdad y al Ministerio de Defensa, que están el uno al lado del otro, en Madrid (capital del Estado).

Si bien lo más descollante de todo es que este feminismo imperialista hodierno es islamófilo; es decir, adorador del islam. El feminismo en Europa, así como la izquierda, no hace sino apoyar las estrategias geopolíticas de las potencias occidentales, aliadas con el imperialismo islámico desde inicios del siglo XX.

A dichas potencias les ha dado lo mismo aliarse y utilizar a Estados sunitas (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc.), chiitas (Irán, Irak, etc.) o a “proxis” (grupos terroristas islámicos como ISIS, Al Qaeda, etc.). De la misma forma que al feminismo no le importa que el islam sea una religión patriarcal, misógina y feminicida. Incluso se ha atrevido a comparar la situación de la mujer en el régimen musulmán talibán con la del Estado español.

Así mismo, al igual que hiciera el Imperio británico con el tráfico de opio en el siglo XIX, EEUU se lanzó a convertir Afganistán en el primer productor de opio-heroína del mundo (hoy día produce hasta el 90 por ciento). Con la excusa de la guerra contra la Unión Soviética, en 1980 se introdujo en esta región para controlarla junto a los muyahidines, predecesores de los talibanes. Más tarde, al perder el control, invadió directamente Afganistán en 2001; multiplicando cientos de veces la producción de esa terrible droga.[2]

Y dicha invasión se justificó a través de otra gran mentira, el “ataque a las Torres gemelas”, o los atentados del 11 de septiembre de 2001; de los cuales se acaba de cumplir el 20 aniversario.

Un atentado de “falsa bandera” que EEUU llevó a cabo gracias a la inestimable ayuda del imperialismo islámico personificado en la familia de los Saud. Por cierto, amigos íntimos del rey emérito Juan Carlos I; así como de Unidas Podemos, pues el régimen fascista de Arabia Saudí es el mayor comprador de armas del Estado español, de ahí que en el pasado año 2020 el gobierno conjunto de PSOE y Unidas Podemos hayan logrado el récord de autorizaciones de ventas de armas con 22.544,8 millones de euros.[3]

Empero, el 11 de septiembre también se celebra la Diada o Día Nacional de Cataluña. Los nacionalistas catalanes rememoran la derrota sufrida ante las tropas borbónicas ese mismo día de 1714; el momento en que su “independencia” desapareció. La celebración de una derrota es algo asombroso; aunque es comprensible que las élites nacionalistas catalanas celebren ese día, pues a partir de ese momento dichas élites pasarían a formar parte del Estado borbónico español, a estar a su servicio y vivir estupendamente.

En la última década de fervor nacionalista (si bien todo muy superficial y patético) las minorías poderhabientes catalanas han manipulado a quienes se han dejado embaucar por el cuento independentista. En cambio, una vez las élites estatales españolas decidieron impulsar la plandemia coronavírica, se acabó el independentismo.

Las televisiones, y en particular TV3 como instrumento encargado de movilizar a las masas indepes, dejaron el tema de lado ya que no interesaba, de momento. Así que el pasado año 2020 la Diada pasó desapercibida, cuando había llegado a juntar a millones de personas. Y este año más de lo mismo, demostrando su insignificancia.

Lo perentorio es que rechacemos el concepto de nación, dado que está casi inexorablemente ligado al Estado. La liberación de los Pueblos y las gentes no pasa por constituir una nación ni un Estado propio; esto sería más de lo mismo.

Desde Amor y falcata, y desde otros sectores (no muchos, y esperemos que sean muchos más), se apuesta por lo contrario, por la creación de sociedades horizontales, comunales, convivenciales, morales, con democracia directa y milicias concejiles. Esta sí es una verdadera solución a la aculturación y la erradicación de los Pueblos peninsulares (incluidos el Pueblo catalán y el castellano) llevada a cabo desde el Estado español y la Unión Europea.

Otra engaño similar al atentado del 11 S fue el crimen de Estado de 1981 sobre el “aceite de colza”. En torno al cual, tras cumplirse su 40 aniversario, en el último mes se han vertido gran cantidad de mentiras y tergiversaciones.

En realidad, como demostró el periodista Andreas Faber-Kaiser en su libro Pacto de silencio, lo que ocurrió fue un envenenamiento masivo que acabó con la vida de un millar de personas y afectó gravemente a otras 20.000. Y, según parece, todo tenía relación con la gran empresa farmacéutica Bayer (a las órdenes del Estado-Ejército alemán), y con las Fuerzas armadas de EEUU, bajo el paraguas cómplice del Estado español.

Tampoco las denuncias sobre la “epidemia” del doctor Antonio Muro sirvieron de nada; el Estado español las encubrió.[4] Es más, curiosamente, ambos, el doctor Muro y el periodista Faber-Kaiser que luchaban por la verdad, murieron en extrañas circunstancias.

Para concluir, hablemos acerca de otra sarta de mentiras, hipocresías y manipulaciones. Y otra vez, cómo no, PSOE y Unidas Podemos son la vanguardia de la reacción; los que realizan el trabajo sucio del Estado.

Porque la izquierda feminista en el poder se está encargando no solo de matar iatrogénicamente con esta plandemia a miles de personas, sobre todo ancianos con el fin de aliviar las arcas del Estado, sino que además están imponiendo un estado de pobreza generalizado, empezando por las innecesarias medidas “anti-covid” que implantaron.

La primera gran indecencia ha sido la explosión del precio de la luz.[5] Pero esto está provocando una escalada inflacionaria, que repercutirá tanto en los precios energéticos, de las materias primas, los préstamos y deudas hipotecarias, de la comida y los bienes de consumo básicos, de la vivienda y alquiler, y del resto de bienes de consumo.

Sin embargo, esto provocará una mayor recaudación estatal, tanto del Estado español como de la Unión Europea. De modo que la izquierda y el feminismo celebran que sus amos estén contentos; lo mismo les suben el sueldo y les conceden más privilegios si cabe.

DESCARGAR PDF


[1] Una expansión del Estado que sigue aumentando, para alegría del político socialista Josep Borrell: “[Esta amenaza sanitaria] pondrá de relieve el papel del Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia; ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario, porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia. Aumentará la presencia del Estado. Será de forma permanente.

https://www.vozpopuli.com/opinion/borell-estado-totalitario-psoe-podemos_0_1344167095.html

[2] Véase este artículo de Alfred W. Mcoy: https://www.theguardian.com/news/2018/jan/09/how-the-heroin-trade-explains-the-us-uk-failure-in-afghanistan. Lo mismo que su documentada y valiente obra The politics of heroin. CIA complicity en the global drug trade.

[3] Lo recoge por ejemplo: https://elpais.com/espana/2020-12-22/record-de-autorizaciones-de-ventas-de-armas-22545-millones-en-el-primer-semestre-de-este-ano.html.

[4] Véase El Minotauro en Alcàsser: crimen sádico, voluntad de poder y feminismo de estado, otra valiente obra, del compañero Antonio Hidalgo Diego.

[5] Así lo expresaba Alberto Garzón, actual Ministro de Consumo, hace unos años: “Miles de familias no podrán mantener sus casas a temperaturas adecuadas, lo que repercutirá gravemente en la salud de los que menos tienen. Ningún Gobierno decente debería tolerarlo.”     

https://www.elmundo.es/f5/comparte/2021/01/08/5ff83805fdddff9a2b8b462f.html

Sin categoría

Culpa, Venganza, Perdón

El cine se ha utilizado como herramienta del poder para adoctrinar a las masas. Esta ha sido, y no otra, su principal función y razón de ser. Productores, directores, guionistas y actores han formado parte del clero adoctrinador de la modernidad, una casta sacerdotal que usaba como reclamo para atrapar a los incautos la belleza de sus imágenes y el encanto de sus historias, burda manipulación de los sentimientos del pasivo espectador que acudía al tocólogo de emociones previo pago de una entrada que le aseguraba ser sermoneado para creerse más culto y mejor ciudadano.


Hoy es prácticamente imposible ver una buena película. El cine actual se ha desprendido de su bonito envoltorio de luces de neón y belleza de postín para mostrarse tal cual es, pura propaganda. Hace ya tres décadas era casi imposible ver películas de cierta calidad como Teniente Corrupto (1992), una oscura y controvertida película dirigida por Abel Ferrara y extraordinariamente protagonizada por Harvey Keitel. Tan bueno fue el resultado del filme que la industria del celuloide tuvo que lanzar una reposición en 2009 para enterrarlo en el olvido: la película Teniente Corrupto de Werner Herzog, protagonizada por un vergonzoso Nicolas Cage, es más mala que la quina.


El cine es cosa del pasado, y en su funeral admito que soy uno de esos incautos que ha malgastado a saber cuántas horas de su vida delante de una pantalla, reducido a triste receptor de la ingeniería social de Hollywood. Hace ya un tiempo que decidí, igual que el cura del Quijote, realizar un donoso escrutinio de todas esas obras que me han secado los sesos; y si el Licenciado Pedro Pérez salvó del fuego a la novela Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, yo haré lo propio con el Teniente Corrupto de Abel Ferrara, una peli tan cruda y realista, como trascendente.


El teniente, corrupto hasta el paroxismo, no tiene nombre. Es un policía de Nueva York casado y con hijos, que se pasa el día y la noche fuera de casa, bebiendo y tomando todo tipo de drogas en compañía de prostitutas. En medio de una irreversible crisis personal, el teniente trabaja en la investigación del asalto a la iglesia católica del barrio, un acto vandálico en el que los agresores destrozaron el templo, se entregaron a todo tipo de sacrilegios y violaron y torturaron a una joven monja de origen irlandés. El policía solo necesita reunir las pruebas suficientes para incriminar a los culpables, pues todo el barrio conoce la identidad de los jóvenes autores de la brutal agresión, antiguos alumnos de la joven a la que violaron. Mientras avanza la investigación, se acelera también la caída al abismo del antihéroe, entregado en cuerpo y alma a su propia autodestrucción, un proceso aniquilador que no pasa por alto la ludopatía. En las series finales de béisbol se empaña en apostar su dinero, y el de sus colegas, a la improbable victoria de los Mets, y dobla la apuesta tras cada derrota sin disponer del capital suficiente para hacerse cargo de la enorme deuda contraída con la mafia.


La ‘culpa’, según la teología, es ‘el pecado o transgresión voluntaria de la ley de Dios’. El teniente se siente tan culpable por su vida disoluta como deberían sentirse los delincuentes a los que investiga, así que mientras se autodestruye por puro arrepentimiento poniendo en serio peligro su vida timando a la mafia y consumiendo estupefacientes, propone a la joven novicia “tomarse la justicia por su mano” y matar a los violadores, en vez de detenerlos. Pero la monja se opone a esta propuesta de venganza con gran entereza y paz de espíritu, asegurando haber perdonado ya a sus torturadores. El teniente pretendía redimirse a sí mismo cometiendo un asesinato que vengara el honor de otra persona, depositando su propia culpa en unos jóvenes camellos de poca monta que habían cometido un crimen mesurablemente más aberrante que los desmanes habituales del funcionario.


¿Cuántas ideologías líquidas y terapias modernas pretenden liberarnos de nuestra culpa encerrando nuestro ego en una burbuja solipsista y depositando la responsabilidad de nuestros actos en otras personas, desde nuestros padres a nuestra expareja, pasando por aquellos jefes y profesores que nos hicieron la vida imposible o por misteriosos traumas intergeneracionales acontecidos siglos ha? La culpa es el resultado de un yerro personal que implica una responsabilidad individual, un doloroso aviso que nos recuerda que no hemos actuado correctamente, que nos hemos equivocado, y que por nuestras decisiones hay otras personas que han salido malparadas. Así que la culpa no es buena ni es mala, convive con nosotros, y es tan humana como el dolor, la muerte, el miedo y la enfermedad. La culpa es un mecanismo necesario que ayuda a regular el comportamiento humano. Un mundo liberado de toda culpa sería muy guay y muy New age, pero también daría paso a una sociedad de psicópatas reincidentes.

Tan nocivo es renunciar a la responsabilidad de nuestros actos como asumir la culpa de los crímenes que han cometido otros. Igual que no debemos cargar con las consecuencias del comportamiento de las personas que nos rodean, tampoco debemos caer en la trampa del autoodio que tanto fomentan las instituciones de poder, sus intelectuales a sueldo, medios de comunicación y grupos de presión. Ser europeo no me convierte en imperialista; ser “blanco” no implica ser racista; vivir en el siglo XXI no me hace responsable del llamado cambio climático; y que sea hombre no significa que sea machista. La culpa no debe ser desviada a otras personas, ni diluirse en un colectivo. No soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, como aseguraba la escuela sociológica de Chicago; no vivo en un país disfuncional porque Colón descubriera América; ni soy un solitario mamarracho con baja autoestima por vivir en una sociedad homófoba y heteropatriarcal. Como dijo Karl Jaspers, ‘solo es criminal el individuo’ [1]. Que cada palo aguante su vela, y que cada hijo de vecina asuma la responsabilidad de sus malos actos tratando de no volver a cometerlos.


Pero somos humanos, imperfectos, así que cometemos errores y dañamos a otras personas. El teniente corrupto de Abel Ferrara es una exagerada caricatura de todos nosotros, el reflejo perverso que no queremos ver en el espejo. Porque no somos seres de luz, y el mal es una elección que muchas veces escogemos, por comodidad, por ignorancia, por codicia, por error, por imitación, por costumbre, por lujuria, porque obedecemos órdenes, por envidia, porque sí. El dolor que infligimos a los demás no desaparece con una disculpa, sino que es un daño irreversible que solo fingimos camuflar, como el que pone un parche en una rueda pinchada. La culpa que arrastramos será más llevadera cuando asumamos la responsabilidad de redimir nuestras faltas. La ‘redención’, según la RAE, consiste en ‘rescatar, sacar de la esclavitud al cautivo mediante precio’ (primera acepción). La culpa nos esclaviza en cumplimiento de una condena cósmica que nos recuerda a todas horas que tenemos un cadáver enterrado en el jardín de nuestra azotea. Solo la consciencia de nuestros malos actos y el compromiso personal de no volver a cometerlos puede pagar el precio de nuestra culpa y liberarnos.


Una sociedad egocéntrica, maquiavélica y desespiritualizada como la que hemos consentido edificar no favorece, precisamente, la asunción de responsabilidades. Cada día soportamos todo tipo de injusticias por las que no obtenemos ningún tipo de reparación. Recibimos los golpes, nos sentimos impotentes, nos llenamos de rabia. Friedrich Nietzsche escribió en La genealogía de la moral (1887): «Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro (…) La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción… Todo esto se vuelve contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la mala conciencia». Muchos se deprimen, algunos se suicidan, otros se evaden de una realidad cada vez más difícil de soportar; la mayoría se rinde. Nietzsche nos propone desahogar las frustraciones que nos ocasionan los abusos que recibimos descargando nuestra ira en aquellos que son más débiles que nosotros, en nuestros iguales o en las personas con que las que convivimos. Frente a la actitud católica de la monja de poner la otra mejilla mientras estaba siendo vejada, la no menos católica respuesta del teniente: iniciar una larga marcha hacia la autodestrucción agobiado por el peso de la culpa. Todas ellas son pésimas soluciones.


El teniente, desesperado por sus patéticas circunstancias, despierta de su martirio autoimpuesto y pretende descargar su culpa vengando a una chica que representa toda la pureza de la que el policía adolece; el protagonista cree que el individuo puede vencer a la injusticia mediante la práctica de la venganza. ¿Cuántas veces habré fantaseado con matar con mis propias manos a determinados psicópatas que salen en televisión? ¿El “placer” de practicar la violencia contra los malvados nos hace libres? ¿Cuántas películas de Hollywood han glorificado la sed de venganza, como Harry el sucio, Kill Bill o Django desencadenado?


Los filósofos estoicos estaban convencidos de que la venganza nos enferma, y el perdón nos cura. Séneca abogaba por el uso de la razón y no dejarse arrastrar por la servidumbre de la ira; Epicteto rechazaba el derecho de venganza, también el de las instituciones del Estado; Marco Aurelio apostaba por la comprensión de las faltas del prójimo. Así que el perdón (la clementia latina) no es un invento judeo-cristiano, sino que estaba muy presente en la Antigüedad, tal y como ha argumentado Charles L. Griswold[2]. Entregarse a la venganza es dejarse dominar por las pasiones: perdemos el control de nuestros actos, nos rebajamos a la altura de quien nos ha ofendido y demostramos que hemos sido incapaces de asumir un dolor que nos ha acabado destruyendo, en vez de hacernos más fuertes. La venganza no enmienda el daño que nos han infligido, ni puede resucitar a los muertos. La venganza no puede reparar lo irreparable. Saber perdonar no nos convierte en personas débiles, sino en individuos autoconstruidos y seguros de nosotros mismos.


Después de tocar fondo al masturbarse en la calle delante de dos adolescentes a las que coacciona enseñando su placa, el teniente visita la destrozada iglesia y recibe la aparición de Jesucristo, al que suplica perdón por sus pecados y acaba besando los pies. Tras esta revelación, tal vez provocada por el consumo de alucinógenos, el teniente corrupto decide redimirse a sí mismo con un sorprendente acto de generosidad: se dirige al antro en el que malviven los dos jóvenes violadores y, lejos de acabar con sus vidas tal y como el espectador espera, los secuestra, les entrega una buena suma de dinero y los mete en un autocar que les va a trasladar a la otra punta del país con la condición de que no vuelvan a pisar Nueva York y empiecen una nueva vida más edificante y mejor. En la siguiente escena, el redimido policía cae abatido por los disparos de la mafia.


Nunca sabremos si los dos jóvenes violadores consiguieron redimirse y dejar atrás su vida de odio y de violencia. Probablemente se gastarían el dinero en armas, en drogas o en regresar a la ciudad para seguir haciendo de las suyas. Nunca lo sabremos, porque es un relato de ficción. En todo caso, ¿quién era el teniente corrupto para redimir a nadie? Podría haber empleado sus energías en rehabilitarse a sí mismo, enderezar su vida desnortada y dar amor a su familia. Porque el verdadero acto de amor de esta historia lo protagonizó la joven monja que tuvo la entereza de perdonar a sus agresores demostrando más valentía en otorgar el perdón que en la defensa de su integridad.


«Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica» (Lucas, 6:29). Este versículo evangélico, probablemente falseado por la Iglesia romana, es una auténtica aberración. Saber perdonar las faltas de los que nos ofenden no significa abandonarse al masoquismo. Permanecer pasivo ante las ofensas es aceptar la moral del esclavo, justificar la injusticia, colaborar con el abusador y desprenderse de la dignidad humana. La religiosa irlandesa de la película de Ferrara debió luchar con todas sus fuerzas para evitar ser violentada por los dos adolescentes, pelear hasta la muerte o hasta causar la muerte a sus agresores. Tan legítimo es el derecho de defensa, como innecesario el de venganza. Las guerras son tan despreciables como convenientes cuando estamos siendo ultrajados. «Las armas son instrumentos de mal agüero y la guerra es un asunto peligroso (…) Las armas solo deben usarse cuando no existe otro remedio», El arte de la guerra de Sun Tzu.


A todas, todos y todes aquellos que me habéis censurado este verano por argumentar la perversidad del feminismo de Estado; a todos los libreros que no queréis vender mi libro porque molesta al poder establecido; a todos los que me habéis impedido hacer actos públicos por no ser políticamente correcto; a los que habéis censurado mis contenidos en las redes sociales; a los que han hecho libelos difamatorios contra mi persona de forma anónima; a los que me habéis insultado por no compartir vuestras ideas (que son las del poder); a los que me habéis ordenado censurar mis textos; a todos vosotros, yo os perdono. Pero tened bien presente que no soy como la monja de Teniente corrupto: sé defenderme y os haré frente. Responderé a cada una de vuestras agresiones con la contundencia de mis textos y mis argumentos, y estoy dispuesto a entablar una lucha encarnizada cada vez que no respetéis mi libertad de conciencia y de expresión.


Os comprendo. Sé que tenéis vuestras razones. Unos lo hacéis por ignorancia, otros por dinero, otros por pura intransigencia. No quiero convenceros de nada, ¡pensad como os dé la gana!, podéis seguir siendo unos fascistas posmodernos, de esos que reprimen sin dar la cara. Cuando recapacitéis y dejéis de ser censores quedaréis redimidos, y juntos podremos aprender a convivir y a trabajar por el bien común.

DESCARGAR PDF


[1] La pregunta por la culpa. De la responsabilidad política de Alemania (1946).

[2] Ancient Forgiveness. Classical, Judaic and Christian (2012).

La paja, el grano y la afinidad. Nuestra respuesta a la Asociación Amarauna

Tras los acontecimientos vividos con la Asociación Amarauna de Ziordia, desde el equipo de redacción Amor y Falcata lanzamos una reflexión al movimiento de Transformación Integral que invite a dar un paso más; un avance en su crecimiento, como acción-reflexión, y en pos de una evolución integral colectiva.

A toro pasado, en frío, las cosas se suelen ver con distancia y con mayor objetividad, por lo que decidimos dejar que el V Encuentro por la TI tuviera lugar; y, después, daríamos paso a un texto que pudiera ofrecer un análisis constructivo y enhebrado desde la realidad del asunto en una visión panorámica. Además, hemos de tener en cuenta que entre nuestras líneas –combativas y literarias, filosóficas y trascendentes, populares e historiológicas, periodísticas y liberadoras- contamos con Antonio Hidalgo, uno de los protagonistas del suceso que, en nuestra opinión, sirvió de excusa para establecer una fisión con el movimiento TI o RI.

Consideramos, en primer lugar, que lo ocurrido nos ha llevado a realizar una toma de conciencia muy positiva, en tanto que movimiento colectivo plural y heterogéneo, ya que nos ha obligado a revisar nuestros principios políticos, ideológicos, morales y éticos.

Hemos de decir al respecto que es lamentable la pérdida de compañeros debido a este o cualquier conflicto, y que, tal vez, era inevitable, puesto que el movimiento RI resulta incompatible con aquellos que censuran la libertad de expresión, permiten dicha censura o simplemente la obvian.

Nosotros entendemos que lo importante es ser coherentes, tanto para con uno mismo como por medio de nuestro comportamiento para con el resto de personas; y para ello hemos de establecer un único lugar de encuentro para nuestro pensamiento, nuestra palabra y nuestra obra. Si no, seríamos un grupo de personas que viajan en un barco sin rumbo, sin dirección y sin capacidad para sobrevivir.

Amarauna estableció en un comunicado[1] que no aceptaba el pensamiento esgrimido por Antonio Hidalgo en un texto y un vídeo titulados Mujeres, hombres y viceversa,[2] y proponía como condición sine qua non que nuestro colaborador asistiera al V Encuentro después de haber sustituido los fragmentos del texto que ellos habían señalado como inadecuados por otros que les resultaran menos ofensivos y acordes a su ideología. Así pues, vetaban su asistencia implícitamente, pues él nunca aceptaría ir al Encuentro sobre la base de su obligada autocensura.

Resulta incoherente que se proponga la censura como un acto de tolerancia, ya sea por una ideología afín al feminismo imperante o por cualquier otro tipo de creencia. ¿Dónde está la libertad que se defiende en una mano, si con la otra tapo la boca de aquel que expresa algo que no me gusta?

No deja de ser sorprendente cómo en ciertos chats de Telegram se diera un debate sobre algo que nos parecía evidente: el fanatismo no puede ser acogedor nunca.

Desgraciadamente, para cuando se organizó el V Encuentro en otro emplazamiento, se había separado el grano de la paja; es decir, aquellos que querían entender lo incomprensible e incoherente, acabaron desligándose del Encuentro el pasado mes de agosto.

Puede que esto sea cuestión de afinidad, o de afinar las cuerdas de quienes integran el movimiento TI, o de permitir que algunos desafinemos de vez en cuando, como seres humanos que somos. Lo que sí es evidente es que ha sido una experiencia depuradora, ya que todos hemos tenido que preguntarnos con qué estamos de acuerdo, qué estamos dispuestos a entender y tolerar desde el movimiento RI, y, por supuesto, qué precedente establecemos que sirva como referencia si nos encontramos más veces con el desencuentro vivido con Amarauna.

Obviamente, siempre estaremos abiertos a acoger a cualquier compañero que en el debate que tuvo lugar el pasado verano decidieron marcharse. Ni un chat ni una red social son los lugares adecuados para debatir, aunque sí lo son para el desencuentro.

El movimiento Revolución Integral ya sabe, ahora lo sabe, que establecerá puentes con todos aquellos que respeten la libertad del ser humano en su integridad; y, desde luego, en su libertad de expresión. Será la única manera de crecer en la afinidad, como una base nutridora que permita el entendimiento de todas las gentes populares que somos grano y paja, al mismo tiempo, y sin que eso importe demasiado, mientras haya lugar para el encuentro.

DESCARGAR PDF


[1] Véase: https://www.revolucionintegral.org/index.php/item/581-segundo-comunicado-de-amarauna

[2] Véase: https://amoryfalcata.com/2021/06/25/mujeres-hombres-y-viceversa/

Reflexiones sobre el comunicado de Amarauna

A principios de julio, Amarauna recibe el artículo “mujeres, hombres y viceversa” de Antonio Hidalgo publicado el 29 de junio en la web de RI. Se trata el tema en asamblea y algunas personas del grupo manifiestan su dolor ante lo expuesto en dicho artículo y vídeo. Se ven atacadas tanto ellas como un movimiento social al que están ligadas, el feminismo.

El articulo de Antonio está publicado en la web RI, en el blog Amor y Falcata y en varios sitios más, por tanto está al alcance de cualquiera. El hecho de que Amarauna “recibe el articulo”, es raro. Pues induce a pensar que alguien lo mandó con malas intenciones. Un articulo puede producir acuerdo o desacuerdo, y si es fuerte cualquiera de estas opciones: la necesidad perentoria de expresar el acuerdo o el desacuerdo, mediante un fuerte combate (debate) argumental. Por esto me sorprende que produzca dolor. Para mi es fácil comprender el dolor físico. El dolor emocional producto de una lectura me cuesta más. Se ven atacados, pero no se defienden.

La asamblea de Amarauna quiere cuidar ese dolor. Por eso, se decide solicitar a la organización del encuentro de RI ese cuidado. Primeramente, se solicita tener una reunión y desde RI se nos propone una reunión informal, ya que 2 personas de su grupo se pasan por Amarauna. Se decide hacer esa reunión, quizá luego para hacer otra formal.

Cuando uno tiene un dolor, la reacción normal es curarlo, lo más rápido posible, para que desaparezca ese dolor. Pero no, se decide solicitar de RI ese cuidado. O sea, que sea otro el que te cure el dolor. Delegar en otro tu poder. Nunca tomar las riendas de tu propia vida. Eso provoca riesgo, esfuerzo, combate, incertidumbre… mejor que lo resuelva otro. Esto se llama victimismo. En este párrafo ya empieza a aparecer el neo lenguaje.

En esa reunión informal el 17 de julio, parte de las personas de Amarauna que acuden a esa reunión lanzan posibles propuestas a título personal, entre ellas la de subir un texto de nuestra parte a la web de RI, la reescritura del artículo sin atacar a nadie, que no viniese Antonio al encuentro o juntarnos con Antonio para hablarlo. Tras la reunión, tenemos la sensación de que es muy complicado ponerse en contacto con el grupo que gestiona o decide sobre los contenidos que se publican en la web de RI y continuamos con la necesidad de sentir empatía desde RI a este dolor, causado por los insultos y desprecios de alguien que ha estado en este espacio y forma parte de RI.

Ninguna de las propuestas que llevasteis a la reunión informal la habéis realizado, y, sin embargo, hay una propuesta totalmente inaceptable, que raya la ofensa. ¿Quién es, o se cree Amarauna, para impedir, vetar, prohibir… la asistencia de una persona a una reunión de RI? Eso es censura, fascismo, no libertad de expresión… empero sentís la necesidad de nuestra empatía hacia vosotros. Otra vez de victimas. Toda victima solo quiere que le den la razón. Así no tiene que luchar y enfrentarse a la realidad. Pues eso es doloroso. Aquí también aparece el neolenguaje. Solo el espacio Amarauna no es nada. Sera más o menos bonito. Pero el valor se lo dan las personas que viven allí. Por más que leo y releo el artículo de Antonio no veo por ninguna parte los insultos o desprecios.

El 21 de julio, al continuar incomodos para realizar el encuentro y queriendo resolver cuanto antes, decidimos haceros una propuesta formal. Esta consiste en la petición de que ese artículo y video se retire de la web de RI, y se pueda transformar en otro artículo que tenga las mismas posiciones ideológicas, sin entrar en el insulto y los desprecios. De esa manera, desde Amarauna se podría sentir que RI es sensible y tiene el anhelo de cuidar nuestros valores.

Hacéis una propuesta formal. Mas todo tiene que hacerlo la RI. Vosotros no os mancháis las manos. Sois seres superiores. Sois los ofendidos, las victimas. Tenemos que retirar el artículo o transformarlo en otro que cumpla vuestras condiciones. Sois unos totalitarios. Pero con un barniz que apesta. Ya que de esta forma podríais sentir que la RI es sensible a vuestros valores. Yo, Yo, Yo… los valores de la RI os la traen floja. Hay que plegarse a vuestras ideas. Pura ideología de fascista.

Aunque en este tema, feminismo, anti-patriarcado, los discursos de RI y de la mayoría de la asamblea de Amarauna sean diferentes, respetamos vuestras ideas y desde ese respeto queremos acogeros.

Nunca se ha pretendido que ese artículo no se difunda, ahí no entramos… tan solo, que dos colectivos que desean caminar juntos en lo que coinciden, puedan sentir el respeto y el cuidado mutuo en lo que nos diferencia. De ahí esa petición.

No respetáis nuestras ideas, pues queréis que las cambiemos según vuestro criterio. A eso lo llamáis “acogeros”. Maldito neolenguaje. Solo estaba pactado la utilización del espacio Amarauna y RI, son dos colectivos diferentes con algunas cosas en común. Amarauna es un colectivo de personas que gestiona un espacio de acuerdo con sus ideas. La RI es un colectivo que intenta comprender la realidad actual desde muchos puntos de vista y desde la practica-teoría formar a las personas para un posible cambio personal y social. Nosotros nunca hemos censurado vuestro actuar. Si lo necesitáramos hacer lo debatiríamos públicamente, nunca os impondríamos nuestras condiciones. Vuestra petición es un inmenso error.

Lo más paradójico es que nadie en concreto conoce esos posibles “ataques u ofensas”, por lo menos públicamente. Con lo que no dais opción a resolverlo. Dado que todo lo tratáis a nivel “emocional”, solo queda plegarse a vuestros “sentimientos”. Habéis creado una situación muy pedagógica, para entender lo que es el Posmodernismo en su variante Feminista.

El Modernismo es la entronización de la razón ante las creencias. Muerte de Dios. El hombre les roba el fuego a los dioses y comienza el progreso de la humanidad. Prometeo. Como el sueño de la razón crea monstruos, con el paso de los tiempos quién mejor refleja la situación es Sísifo, que es condenado a subir rodando una piedra a la cumbre de una montaña y cuando estaba a punto de conseguirlo se le cae y vuelta a empezar…

Esta etapa de la Humanidad por lo menos tenía valores: esfuerzo, solidaridad, búsqueda del sentido de la vida, épica, etc.

Aunque llega la Postmodernidad y declaran: “Nuestros antepasados eran tontos, si no vamos a conseguir nunca la subida a la montaña, dejemos de intentarlo”. Vivamos solo el presente. Ni el pasado ni el futuro importan. Solo importa el aquí y el ahora. Ganemos dinero, cuida tu salud y consérvate joven. Que no te importe nada. Pensar es malo. Por lo tanto todo da igual, no hay esperanza, no hay épica ni ética… te adaptas a un ser esclavo, sin voluntad, perfecto para el Capitalismo. El Homo Sentimentalis-Egoísta-Individualista-Veleta.

Por esto, quien mejor define nuestro mundo es el mito de Narciso. El ser enamorado de sí mismo, que no mira al mundo exterior. Esto solo puede traer decadencia personal y social. Nuestro mundo actual.

De modo que aprendamos, puesto que es la única forma de avanzar.  

Jorge Martín González