O Camiño entre bosques de paisanos

Termino el Camino, el del Norte. De Ribadeo a Santiago, ocho etapas en siete días de peregrinación por la Galicia rural. Al camino físico de esfuerzo y fatiga a cada paso, inevitablemente, se vincula otro interior, el que tiene que ver con propia conciencia y el discurrir de los pensamientos. Así, mi mente ha caminado entre pensamientos, y es que caminar incita al correr de muchas reflexiones. Algunas las asocio al paisaje, a la belleza que se contempla por aquellos lugares; otras las relaciono directamente con quienes han cuidado, habitado y dado vida a aquellos montes,y cuya historia ha sido deformada.

Los siete días he visto plantaciones de eucalipto. El primer día distinguí ese olor intenso de grandes extensiones de forestación de este árbol procedente de Oceanía. La subida al monte dejando atrás el mar Cantábrico y el ruido de talas permite levantar la vista y ver hectáreas y hectáreas de cultivo de eucalipto en las alturas y las faldas de las montañas. La especie invasiva llegó a Galicia a mediados del siglo XIX y su plantación se ha convertido en una constante de los campos gallegos, hoy constituye una inversión a corto o medio plazo y de seguro rendimiento[1], lo cual pone en riesgo la pluviosidad, amenaza fauna y flora de la región, erosiona los suelos y altera el ecosistema.

En Lourenza (Lugo) una paisana me da cobijo en su tienda con el paso de una tormenta. Pese a la lluvia torrencial,“ya no llueve como antes”, comenta; y ambos encontramos algunas razones en las explotaciones de eucalipto. Cuenta que hay quienes ven en estas forestaciones una fuente de provecho en sus propiedades de monte. Incluso hay concejos que todavía tienen monte como propiedad comunal y,en concesión a Ence (productora de celulosa de eucalipto), rentabilizan esa propiedad con beneficios que se reparten entre vecinos. La disputa medioambiental real, activa y práctica la proponen as Brigadas deseucaliptizadoras[2] que en también en el diálogo con propietarios pretenden preserva el bosque autóctono.

No hace mucho tiempo apareció la Lei de Recuperación de Terra Agraria de Galicia que puso fecha de inicio al veto de esta especie donde hasta ahora no la había. Previa a su entrada en vigor hubo gente que taló y plantó eucalipto en sus fincas para asegurarse el negocio. Ya que la ley no es la práctica, esta no asegura su efectividad. Las lógicas agrarias de hoy responden a las lógicas industriales desarrollistas y de rentabilidad, lo cual entra en conflicto con la humedad de los suelos, su biodiversidad, la permanencia de los terrenos boscosos y, por tanto, con el régimen de lluvias.

Desde un principio la plantación del eucalipto se explica por la implantación forzada de la propiedad privada en el campo y la acumulación de capital mediante la madera. Resulta paradójico que las instituciones pretendan conservar el rural gallego cuando ellas mismas lo destruyeron, como se estudia con rigor y numerosa documentación en O atraso politico do nacionalismo autonomista galego,de Félix Rodrigo Mora. El Estado liberal español, constituido en 1812, presionó para el cambio en la Galicia rural, que resistió casi 200 años más a las embestidas modernizadoras. Al despotismo estatal desarrollista se oponían las gentes con su cosmovisión de formas de organización horizontal y ayuda mutua; aunque parezca increíble,aquellas personas y, en conjunto, aquellas comunidades de montes veían en el dinero un elemento negativo.[3]

El constitucionalismo decimonónico se propuso acabar con esa cosmovisión que le impedía alcanzar sus intereses, para ello había que echar abajo las formas de propiedad comunal, la actividad silvopastoril y el concejo abierto. La Ley de Desamortización Civil de 1855 impuesta, entre otras medidas como la carga tributaria a la economía de subsistencia, creó las condiciones para la actividad mercantil y la monetización dela producción agroganadera. Todo ello supuso el declive del autoabastecimiento y la industrial rural,consecuencias que demuestran que el atraso social, político, ético, convivencial,económico y ecológico vino con el aparato estatal. La escasez solo surgió con el dominio del Estado tras las guerras carlistas (segunda mitad del s. XIX).Ya en el siglo XX, el franquismo, en su fiebre industrialista y desarrollista, aceleró el proceso de destrucción del campo gallego promoviendo su vaciamiento. El progresismo del régimen parlamentarista lo terminó de arruinar de la mano de la UE. Actualmente, las plantaciones de eucalipto son un claro efecto de ese “éxito” del Estado y capital desarrollista. Contradictoriamente, los ingresos monetarios por estas explotaciones se estiman una de las razones del menoscabo medioambiental o la escasez de recursos para el mañana.

La aridez de estas plantaciones contrasta con la fecundidad y verdor del bosque autóctono. Los caminos de Lourenza a Villalba, y también en adelante, se descubren sendas de muchísimo encanto por su vegetación y frondosidad. Donde no hay eucalipto, donde no hay molinos eólicos o donde no hay una gran autopista se contemplan imágenes de cuento con robledal o carballo, algunos fresnos y castaños majestuosos alternados conprados. También se entreven abedules y algún alcornoque. Los acebos y los helechos adornan los pasajes entre lindes, y el musgo cubre las cortezas de una verdosa capa de gran elegancia y esplendor.  A los lados de los senderos el ganado pasta o descansa disperso sobre el forraje. En el paso por las aldeas las construcciones embellecen los términos de estos concellos, las casas de piedra, casi siempre en compañía de un hórreo, componen cuadros de excelente armonía que toman vida con los lugareños en sus quehaceres.

La fascinación de estos lugares cautiva y evidencia la fealdad de la ciudad. Si tuviera que elegir un solo lugar de extraordinaria belleza por donde caminé escogería la entrada al bosque donde se halla la capilla de San Alberte, a orillas del río Parga. Recuerdo la emoción que me produjo ese lugar, lugar sagrado para los antepasados. Allí ubicaron la ermita para mayor emotividad y trascendencia del espacio en conexión con la calma y el brillo del entorno natural. Las fuentes que he consultado clasifican su construcción como gótica, fechada su inicio en el s. XIII. Sin embargo, su efecto visual equilibrado y las figuras eróticas inducen a pensar que esa nave se acerca más al románico amoroso[4]. Aunque muchos canecillos[5] que adornan la cornisa están deteriorados, en alguno se aprecia el cuerpo desnudo de una mujer que muestra sus genitales, un signo de dignificación de la sexualidad femenina. Probablemente se trate de un templo iniciado por el eremitismo popular y de continuación gótica. En cualquier caso,un monumento extraordinario construido por aquellos pobladores.

Ellos, junto a las generaciones posteriores,moldearon el paisaje y esos bosques según sus necesidades y cosmovisión, por arraigo, por saber que pertenecían a ese sitio y creían en su destino, era su camino de vida en común. Actualmente―comenta la mujer―la gente joven no tiene arraigo y pocos mozos están dispuestos a trabajar en labores agrarias o ganaderas, en el campo o en la construcción, donde se necesita gente. Pese a ello, aún hay paisanos con raíces descendientes de esa Galicia antaña y rural que por motivos de grandeza se negó a modernizarse. No es casualidad que fuera la región más tardíamente modernizada de toda Europa Occidental. Resistió por convicción con una forma de organización social, de libertad y convivencia.

A la calidad y al valor moral de esos hombres y de esas mujeres que integraban esas sociedades, hay que sumar el valor y la calidad de sus logros económicos, entre los que se encuentran la extraordinaria fertilidad de los suelos. El monte era su vida y “el monte su única fuente de recursos para su subsistencia, por ello los ancestros dejaron testimonios de su paso por el monte a través de sus lugares de enterramiento”[6]. Esos antepasados inspiran a las comunidades de monte que hoy perduran y viven de la autogestión en los montes comunales. Comunidades, con mucho en su contra,que intentan buscar un equilibrio entre tradición y modernidad[7].

Unos paisanos, generaciones de ayer y hoy, que proporcionan un ejemplo de explotación tradicional del monte comunal. Ellos demuestran que el cuidado de los bosques,cuando de este se vive, se hace con sentido común, con sentido integral, con sentido histórico y de trascendencia. Ante la gran crisis de civilización y del individuo,la degradación de los suelos y enfermedad de los árboles,una de las soluciones de futuro será habitar los bosques. Hay mucho por caminar en ese camino en común. Primero aprender de estos antepasados lo que esté al alcance y, seguidamente, recuperar el comunal y el sentido de convivencia.Unos pocos paisanos van por delante.

Javier Pérez


[1] El eucalipto genera de media unos 1000 euros por hectárea y año. Eva González (5 de agosto 2021). ElConfidencial.com. Recuperado de:https://www.elconfidencial.com/medioambiente/naturaleza/2021-08-05/eucalipto-galicia-moratoria-plantaciones_2975880/

[2] http://verdegaia.org/brigadas/as-brigadas

[3] Félix Rodrigo Mora (27 de mayo de 2011). La otra historia del mundo rural. En https://vimeo.com/24452852#_=_

[4] Félix Rodrigo Mora estudia este arte románico rural, popular y concejil en Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural. El régimen concejil, los trabajo y los meses, el románico erótico. Madrid: Potlatch, 2012.

[5] Canecillo: Miembro voladizo sobre el que se asienta una cornisa o alero. También, ménsula o modillón. Recuperado de https://www.romanicoennavarra.info/diccio123.htm  y https://josefranciscoescribanomaenza.wordpress.com/2015/09/22/elementos-principales-de-la-arquitectura-y-decoracion-romanica/

[6] Rafael Quintía. “Comuneiros. Cen anos de vida e loita polo monte de Salcedo” é unha produción da Sociedade Antropolóxica Galega (SAGA) en colaboración coa Comunidade de Montes Salcedo.https://www.youtube.com/watch?v=jz77SHB_KxA

[7] Diana Toucedo. En todas as mans. 2015 https://dianatoucedo.com/projects/en-todas-as-mans-2/Disponible: https://www.feelmakers.com/es/videos/12503/en-todas-las-manos

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