Al calor de la idea de Transformación Integral nace ‘Amor y falcata’. Como equipo de redacción autónomo que somos, sólo nos representamos a nosotros mismos, con la firme voluntad de disipar la niebla que cubre el camino hacia el amanecer de un mundo liberado de las lacras del presente.

Amor y falcata son nuestro emblema y nuestras herramientas. El primero guía nuestra conducta en contraposición a la insociabilidad, el odio entre iguales, la soledad y la atomización que reinan en nuestro día a día. La segunda, arma ibérica que fue el terror del imperialismo romano, representa el símbolo de combate por la libertad, en un tiempo en que se encuentra proscrita.

Nuestros motivos son tan arcanos como la misma humanidad, y así lo muestran aquellos en quienes nos inspiramos: los pueblos ibéricos que jamás aceptaron la esclavitud romana; los bagaudas y su valentía al enfrentarse al todopoderoso estado romano; los revolucionarios de la Alta Edad Media y la brillante sociedad a la que dio a luz, instituyendo realidades como: el comunal, el concejo abierto y sus milicias concejiles. Igualmente, el movimiento obrero, que supo unirse y protegerse con tenacidad y contundencia; entre muchos otros.

Asimismo, aunque la Transformación Integral aún se halle huérfana de manifiesto, que sintetice lo que esta significa, apuntamos una serie de puntos en común, un conjunto de metas de mutuo acuerdo.

Por un lado, apostamos por la vía de la transformación total de la sociedad, no reformista sino revolucionaria. El reformismo, entendido como un pacto o cooperación con las instituciones del poder para lograr medidas en beneficio de la gente común, se ha mostrado ineficaz, hasta el punto de que sus acciones, a menudo involuntariamente, desembocan en el fortalecimiento del sistema de poder vigente.

La libertad, como fin en sí mismo, es uno de nuestros objetivos principales. Su significado es complejo y difícil de definir, pero entendemos que debe realizarse en sus múltiples vertientes, aquellas como la libertad política, de conciencia, económica, erótica y sexual, etc. Apostamos además por su fusión con la voluntad de amor y convivencia, lo que la despoja de su posible carácter egoísta e individualista, para que puedan coexistir sin hacerse antagónicos. A tenor de esta misma, imaginamos una sociedad en la que el compañerismo, el servicio y ayuda mutua, la solidaridad, el respeto interpersonal o la cortesía gocen de un alto valor.

Creemos igualmente en la necesidad de verdad, no interpretada como palabra divina inamovible, sino como una tendencia a la objetividad, una intención de desvelar lo que es cierto, aun cuando esto sea difícil de aceptar. Al mismo tiempo que como impositivo ético, esto es, ser honesto para con uno mismo y los demás. Para ello confiamos en el saber experiencial, desdeñando los dogmatismos e ideologías solamente válidos a nivel teórico. Además, son fuente de múltiples disputas y enfrentamientos, y su única finalidad es acrecentar la autoafirmación y el egotismo, a la vez que otorgar gran poder e influencia a los “sabios” y “expertos”.

El individuo y su autoconstrucción como categorías centrales. La sociedad la forman individuos, y de su naturaleza depende esta. De este modo, es fundamental el profundo examen de uno mismo y el esfuerzo por nuestra mejora personal, incorporando valores como la convivencialidad, la capacidad de esfuerzo y sacrificio, la valentía, la inteligencia, la fortaleza,

la combatividad, entre otras. En relación con esto, rechazamos la vigente imposición de las ideologías que buscan a toda costa el placer, la felicidad o que se aterrorizan ante el dolor, ya que dan lugar a personalidades frágiles, inseguras, poco comprometidas, cobardes, insociables… en definitiva, no aptas para discutir el poder constituido y proyectar una nueva realidad.

No aceptamos la especialización profunda del panorama actual, sino que pretendemos la integralidad. No creemos en una sociedad de expertos, sino por un mundo con individuos capacitados para todas las dimensiones del existir (política, económica, artística, social, lúdica, educativa, sanitaria, etc.); si bien todos tenemos dones y preferencias que de forma natural hemos de desarrollar.

De la misma manera, aunque no solo, apostamos por la opción del regreso al mundo rural, ya que lo concebimos como el sustrato en que mejor pueden aplicarse principios como la democracia real, en lugar de la representativa, la convivencialidad, la autogestión, etc. La ruralidad popular tradicional es para nosotros un referente histórico, aunque no por ello carente de errores. De sus aciertos y errores aprenderemos a fin de reconstruir el mundo rural y el natural.

En suma, pretendemos que ‘Amor y falcata’ contribuya a esclarecer el momento actual y espolee su transformación, así como a establecer lazos entre quienes se plantan valientemente y se atreven a imaginar un futuro mejor y concebido desde la base de la sociedad. De modo que aquí estamos, en esta situación de incertidumbre, abatimiento y desesperanza, que, sin embargo, interpretamos como el mejor de los momentos. Aquel que extraerá lo mejor de nosotros mismos, que abrirá las puertas a un cambio profundo y que exigirá el más épico de nuestros actuares… es el momento del heroísmo. Vivámoslo con conciencia, amor y esperanza, y entreguémonos al combate.