Editorial Nº 7 25-07-2021

El DGP (Diagnóstico Genético Preimplantacional) es un método probado para determinar el sexo del futuro bebé. Si bien únicamente es legal llevarlo a cabo en EEUU y Ucrania.

Por lo visto el Gobierno de Ucrania, desde hace años, mantiene una legislación en materia de reproducción asistida muy abierta para “explorar las causas de la infertilidad”. Sin embargo, de las causas de infertilidad no se hacen estudios muy elaborados, ni tampoco se dedican grandes recursos.

En cambio, en dicho país se está promocionando, entre otros, un tipo particular de transhumanismo; uno mediante el cual los padres pueden elegir el sexo de su bebé. Una de las empresas que ofrece este “servicio” es CITIUS, donde afirman que “cumplir tu ilusión es nuestro trabajo”.[1]

Parece que hoy en día son más importantes los caprichos y deseos individuales, en este caso de los padres, que cualquier principio ético o moral. No importa el cómo ni el por qué, solo pagar dinero para conseguir lo que se desea.

Tampoco importa el verdadero problema que enfrentamos: una catástrofe demográfica que parece poner en peligro el mismo futuro de la humanidad.

Obviamente debe haber libertad de decisión para que las parejas y las mujeres que quieran traer una nueva vida al mundo puedan hacerlo, valorando su situación y sus anhelos. Pero ¿es la solución elegir al antojo de cada uno el sexo del bebé? Hay cosas que el ser humano no debería manipular ni controlar, y una de ellas es elegir a la carta el aspecto que tendrá su futuro hijo o hija.

Además, dicha empresa ucraniana se anuncia en su página web también en castellano, igual que en inglés, hecho que muestra la variedad internacional de su clientela. Aunque este capricho, y en parte el uso de la reproducción asistida convencional, sólo se lo pueden permitir aquellas personas adineradas. Con que este proceso no viene a solucionar ningún problema, sino que es un servicio de lujo más del que disfrutarán unos pocos.

Todas estas propuestas transhumanistas anuncian el mundo distópico narrado por Huxley en Un mundo feliz, donde los bebés nacen artificialmente en granjas de humanos, donde el eros y la familia han desaparecido. Donde todo es Estado y no existe el Pueblo.

Uno de los argumentos más utilizados para defender la reproducción asistida y, en consecuencia, la selección de sexo, es la excusa de luchar contra la ansiedad y la depresión de quienes no pueden tener hijos. Es cierto que no poder tenerlos destroza emocionalmente a hombres y mujeres, pero no es argumento suficiente. De hecho la depresión y la ansiedad son patologías específicas del siglo XXI. Así mismo, son padecidas principalmente por mujeres, y las causas son diversas.

Algunas de las principales causas son: el trabajo asalariado esclavista, donde las mismas empresas prohíben la maternidad; la vida urbana en las ciudades, que enferma física y psicológicamente; el sistema sanitario iatrogénico y la hipermedicalización, en especial los psicofármacos; la destructividad del sistema educativo y universitario, pues más de la mitad de las féminas acuden a la universidad; la ideología feminista y feminazi, instauradora de la guerra de sexos, etc.

Desde los medios de comunicación, desde el Estado y desde la gran empresa capitalista se nos vende que estamos asistiendo a la “revolución de las mujeres”; en el Estado español sobre todo a manos del partido fascista Podemos. En cambio, la realidad es que las mujeres están más depresivas que nunca, enganchadas a los antidepresivos, fuman y beben cada vez más, tiene menos relaciones sexuales placenteras (ya no saben si buscan un hombre, un medio-hombre, un afeminado, un macho o un corderito), se avergüenzan de su cuerpo y sus facciones femeninas, se vuelven progresivamente más reaccionarias y estatólatras, etc. Por eso las élites poderhabientes y sus aduladores aplauden que aumente el número de féminas con poder y dinero, de directivas, de altas funcionarias, de militares, de policías, de empresarias, de manipuladoras mediáticas, de deportistas de élite, etc.

Otros que están de enhorabuena son las asociaciones y fanáticos LGTBI, quienes, desde su habitual victimismo y estadolatría, celebran la aprobación del Consejo de Ministros de la próxima nueva Ley trans.[2]

Como es lógico, desde esta ideología de género se apoya la reproducción asistida, pues va en la línea de su obsesión por la manipulación y artificialización de la vida humana.

Resulta absurdo que si un niño de cuatro años un día verbaliza que es una niña, se tome en serio. Las niñas y niños no tienen lo suficientemente desarrollada su conciencia para diferenciar y juzgar sobre asuntos de sexualidad, y mucho menos de género, ya que no saben aún las diferencias entre niñas y/o niños, pene y/o vagina, masculino y/o femenino. En todo caso serían más capaces cuando maduran sexualmente, las niñas entorno a los doce años y los niños algo más tarde. Aunque con ciertas reservas, ya que la adolescencia es un periodo convulso, donde la persona empieza a ver cuál es su papel y su sitio en la vida.

Además, algo así solo se podría plantear cuando existiera de veras la libertad de conciencia; nunca en una sociedad como la actual, en la cual todo es adoctrinamiento, manipulación y amaestramiento.

Sin duda hay que tratar con amor, respeto y paciencia al niño o niña cuando expresa cualquier pensamiento o duda, pero eso no quiere decir que haya que tomarle al pie de la letra, dado que todavía no sabe explicarse. Simplemente tienen un deseo ilimitado por aprender qué es la vida, pues su camino por ella acaba de empezar.

Otro “avance” legislativo que las élites están pergeñando es la Reforma a la Ley de Seguridad Nacional de 2015. Evidentemente el Estado está sacando todo el provecho posible a esta plandemia coronavírica; está avanzado procedimientos, normas y leyes cada vez más totalitarias y aniquiladoras de lo humano.

Dicha reforma supone la implantación de medidas marciales y despóticas si el Estado español decide que es “necesario debido a una emergencia”. Por supuesto, aquel se reserva la libertad de juzgar qué es una situación de emergencia; y las medidas que se plantean van desde la confiscación forzosa de los bienes particulares hasta el reclutamiento obligatorio de los jóvenes mayores de edad. Si bien, como hemos podido observar, gracias a su gran poder y habilidad adoctrinadora, son capaces de tomar cualquier medida draconiana sobre la marcha, aunque sea inconstitucional (como el reciente confinamiento según el mismo Tribunal constitucional).

Es decir, tomarán cualquier tipo de medidas cuando convenga a sus intereses, en especial en coyunturas de crisis social. Verbigracia, crisis como las que están aconteciendo en los últimos meses en Sudamérica y el Caribe (Chile, Venezuela, Colombia, Cuba, etc.), donde Estados de izquierdas y derechas han sacado el Ejército a las calles y han realizado diversas matanzas de ciudadanos.

No obstante, mientras esos terribles sucesos acontecían allende los mares, en Europa continuaba la campaña de manipulación coronavírica y la vacunación. Eso sí, al mismo tiempo nos intentan entretener con grandes dosis de nacionalismo, esta vez por medio del deporte de masas.

Acaba de finalizar la Eurocopa de fútbol, por lo que nos hemos tenido que tragar el habitual adoctrinamiento nacionalista español. Pero resulta perentorio denunciar que esto significa una constante agresión y aculturación de todos los Pueblos ibéricos, incluido el Castellano.

Aunque también se debe destacar la presencia en dicha competición del discurso “antirracista”, o más bien racista antiblanco. Una ideología reaccionaria importada de EEUU.

Y, por si no hubiéramos tenido suficiente, justo ahora comienzan los Juegos Olímpicos. Una nueva ocasión para que nos aleccionen en el fervor por el Estado español. Mas la obra de Enrique Álvarez Carrillo Nacionalismo y revolución. El Estado nación y el Paradigma de la Revolución Integral, puede servir de remedio eficaz para inmunizarnos ante este terrible virus nacionalista. El cual, obviamente, asimismo contribuye en la artificialización de nuestra vida. Las élites se han valido del nacionalismo español para eliminar casi por completo nuestra cultura, nuestras raíces y nuestra historia, la de los Pueblos peninsulares. Ergo ahora somos seres sin identidad propia, sin alma.

Por último, es necesario denunciar el gran impulso que las minorías poderhabientes, el Estado y la gran empresa, están otorgando al deporte femenino, también en parte con fines nacionalistas. A ciertas personas ingenuas quizá les sorprenda la cantidad de horas televisivas que se le está dedicando a dicho deporte, igual que las ayudas y subvenciones que está recibiendo.

Pero dichas personas solo tienen que observar la estrategia decididamente feminista del Estado español en los últimos 20 años; propulsada tanto con gobiernos de izquierdas como de derechas. Una prueba más de que las estrategias de Estado están por encima de los partidos políticos.

Así pues, la artificialización de la vida es un hecho patente, así como las muertes silenciosas que ocurren todos los días alrededor nuestro (por ejemplo, más de 10 suicidios diarios en el Estado español). Mas en realidad todos estamos muertos, somos muertos vivientes; puesto que, como se dijo, vivimos sin alma.

Necesitamos recuperar nuestra individualidad, hombres y mujeres, a la vez que rechazar al Estado. Necesitamos rescatar nuestra historia y lo positivo de nuestra cultura, a la vez que volver a ser Pueblo.

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[1] Página web de la empresa CITIUS: https://clinicacitius.com/seleccion-de-sexo/?gclid=Cj0KCQjwwLKFBhDPARIsAPzPi-LlFJFZPUHiAi8OAbdIfZjbuJX6tatN-Hicuel_GMPs41-B-MkhSbcaAu3tEALw_wcB

[2] Véase: https://elpais.com/sociedad/2021-07-04/menores-trans-el-primer-paso-de-una-carrera-de-fondo-yo-soy-una-nina-pero-tengo-pene.html. Ana Valenzuela, presidenta de Chrysallys, Asociación de Familias de Menores Trans, explica que por un lado se sienten satisfechos por los avances y por otro consideran necesario que éstos crezcan. También es madre de una niña que ahora tiene 10 años e hizo el tránsito social a su identidad de género a los cuatro.

Conflicto y convivencia

En cualquier ser real o sistema natural, dinámico, dialéctico y complejo intrínsecamente, el conflicto existe per se. Se precisa para multitud de procesos autotransformadores. Surge un problema, el cual, a través de la capacidad innata de dicho ente, en la mayoría de los casos supera, y por ende se fortalece; verbigracia una enfermedad. Esto nos ocurre a nivel individual ante cualquier cuestión o problema que nos encontramos en la vida diaria, donde se nos presenta un conflicto, pensamos una solución si es posible, e, idealmente, aprendemos.

La pretensión de evitar a toda costa el conflicto es utópica y dañina. El epicureísmo abrazó esta idea con aciagas consecuencias, igual que todo el resto de ideologías que huyen del sufrimiento inherente y constitutivo de lo real. Aceptarlo como parte de la vida es fundamental. Tanto a nivel personal como colectivo, el conflicto es no solo inevitable, sino sano e imprescindible.

En un sentido colectivo, al evitarlo se acaban constituyendo colectivos gregarios y sectarios, aniquiladores de la libertad individual. De modo que lo preciso es promover el debate constructivo, basado en el respeto, la cortesía y la cordialidad, pero sin buscar siempre el acuerdo. Si éste no surge, hay que aceptar las diferencias y la diversidad, mas premiando el espíritu convivencial entre los iguales.

Lo vemos en las amistades, parejas, familias y demás formas naturales de convivencia. Los conflictos emergen, sobre todo en las dificultades, pero al superarlas juntos fortalece al conjunto, igual que a los individuos como tales. La ideología hobbesiana de todos contra todos nos está haciendo olvidar esto. La causa de ello es el empeño de las élites en que la gente común viva en un continuo enfrentamiento interpersonal para que su sistema jerárquico de poder se perpetúe ad infinitum.

Si un conflicto rompe radicalmente con lo anterior, por ejemplo acaba con una relación de pareja, esto no significa el fin de la convivencia. Es preciso convertirse en una persona con templanza, amor, compasión, humildad, así como capacidad para perdonar las ofensas y ver lo positivo. Aunque no se pudiera continuar dicha relación como anteriormente era, existen otras vías distintas de hacerlo. Verbigracia se puede continuar siendo amigos.

Tenemos, la gente común, que esforzarnos al máximo por mantenernos juntos todo lo posible y trabajar por erigir una sociedad convivencial opuesta a la actual. Sobre todo aquellos conscientes de la muy grave situación en la que nos encontramos, y, más aún, quienes pretendemos una revolución integral.

Como es obvio, a quienes estamos a favor de la revolución también nos afecta esa situación generalizada de enfrentamiento interpersonal. Con que debemos evitar cualquier enfrentamiento a causa de temas secundarios o de poca importancia; aceptar el conflicto de ideas y evitar el personal.

Ergo entre quienes apoyamos la revolución integral hay que incorporar, además de contenidos y enfoques políticos, un aprendizaje de comportamiento individual y colectivo, de autoconstrucción del sujeto para capacitarnos en lo convivencial con introducción de normas de convivencia que nos permita cumplir las tareas que nos fijemos; porque, en caso contrario, nos estamos boicoteando a nosotros mismos.

Con que hay que aceptar los conflictos, adversidades y tribulaciones internas y externas como parte de la vida; igual que debemos afrontarlos con fortaleza, templanza y decisión, sabiendo que se resuelvan o no, lo importante es perseguir nuestras metas, ser fieles a nuestros valores y cultivar los bienes espirituales, ante todo el par dialéctico libertad-convivencia, libertad junto al otro.

José Maenza

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Así no…

Estaba yo, el otro día, viendo por la tele cómo el “pueblo” se manifestaba contra la proliferación de la energías renovables. Me la prometía muy feliz, la gente estaba “hartándose” del gobierno, pedían voz y voto en la elaboración y planificación, pedían no ser expulsados de las tierras… pero al final de todas las consignas siempre había una “coletilla”, que se repetía en todos los sitios, Andalucía, Galicia, Aragón… y era: “no estamos en contra de las energías alternativas… pero así no”.

Pero la gota que desbordó el vaso fue aquí, en mi pueblo, en una conversación entre el alcalde (PSE) y un dirigente de Podemos. Estaban discutiendo sobre la proliferación de torres eléctricas debido al exceso de plantas solares cuando uno decía (PSE): “cuando hemos llegado al Ayuntamiento vosotros (Podemos) ya habíais aprobado la línea 402”. Y le contestaba (Podemos): “vale, pero ahora podemos hacerlo bien con la Transición Ecológica”. O sea, las mismas consignas: “No estamos en contra de las energías alternativas… pero así no”.

La situación evidencia, muy a las claras, esa “estatolatría” que practica la izquierda hacia el Estado, esa nueva “religión líquida”, superadaptable a los intereses del Capital a través del Estado, de esa “fe ciega”  en que el Estado es el redistribuidor  de la riqueza y por lo tanto necesario para lograr una sociedad más justa. Esto me recuerda a Felipe González y la OTAN con su histórico eslogan: “OTAN de entrada NO”.

Vemos el paralelismo: ”No estamos en contra de las energías alternativas…pero así no.”

En esencia es: ”Sí… pero no.”Estoy de acuerdo… pero déjame participar.”

Y con la OTAN, ya tenemos una experiencia histórica. Tenemos las consecuencias: decían que no entrábamos en la estructura militar. ¿En cuántas guerras ha participado España, desde entonces? En todas: Irak, Afganistán, Libia, Siria… y en las que no sabemos.

A qué nos lleva este posicionamiento ante las energías alternativas: pues a lo mismo. A la famosa -Agenda Globalista- “vente y trinca”. No tendremos nada… pero seremos felices. A la que la izquierda y derecha rinden pleitesía.

Vamos a hablar de los coches eléctricos como alternativa a los coches de gasolina-gasoil. De forma inconsciente nos han metido en la cabeza que es una solución alternativa. Y por lo tanto es una energía alternativa.

Desde la Revolución Industrial todo el desarrollo del capitalismo se ha basado en dos energías: las Fósiles carbón-petróleo  y la electricidad.

Qué casualidad que la propiedad de estas energías hayan estado siempre en manos de unos pocos, dando lugar a la creación de grandes monopolios.

El carbón ya lo desechó el capital por antieconómico y para  ser moderno, como antiecológico. Ahora también el capital desecha el petróleo por antieconómico, pues sabe que el pico máximo de producción ya se ha alcanzado. Le queda poco recorrido. Prueba de ello es que todos los grandes del petróleo están invirtiendo en Salud–Medicina-Alimentación.

¿Qué hacer con la industria del automóvil, bastante potente? La mantenemos, simplemente cambiando el combustible gasolina por electricidad.

¿Ha cambiado algo? Veamos:

  • La propiedad de los medios de producción siguen en manos de una minoría, siguen existiendo los monopolios.
  • ¿Contaminación? Comprendo que un coche eléctrico emite menos gases que uno de gasolina. Pero esa no es toda la contaminación. Todas las últimas guerras se han producido por el robo de las materias primas del petróleo.
  • ¿Quién soporta en la actualidad la producción de energía eléctrica? Todavía el petróleo, gas natural, energía nuclear, solar y eólica. Todas contaminantes en su origen.
  • Tanto la solar, como la eólica, como las baterías de los coches tienen en común una cosa: los metales raros. Productos muy apreciados por las nuevas tecnologías y los nuevos causantes de las guerras y golpes de estados, sobre todo en los países pobres. Que se lo pregunten al pueblo boliviano.

Entonces, ¿qué aportan los coches eléctricos? Realmente nada importante. Solo la oportunidad a los creyentes de esa “nueva religión líquida” (estatolatría), esos creyentes progres de izquierda, también de la derecha, de pavonearse, de estar a la moda, poder comprarse un coche más caro, permitiendo indirectamente una subida de los precios de los coches y a la vez presumir de ser ecologistas y antisistema. Una auténtica comida de tarro.

En definitiva, como los eslóganes anteriores: ”No pero…sí.” ”Sí pero… no.” ”De entrada… no.”

Pero con un buen marketing, con un buen envoltorio y de colores bonitos… te lo compro.

Ahora estos nuevos creyentes estarán contentísimos, pues su Santísima Trinidad- Gobierno-Estado-Capital, les ha subido el precio de la luz un 43%, pero ellos ofrecen este sacrificio en aras del bien común y encima diciendo: “qué bueno es el Gobierno que nos ha rebajado el IVA de la luz hasta el 10%”.

Una cosa tengo clara: Así no… vamos a ninguna parte.

Jorge Martin González

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Mensaje de aliento para la participación en el V Encuentro por la Transformación Integral

Este verano ha sido convocada la quinta edición del Encuentro por la Transformación Integral, en un momento en el que el hundimiento de la sociedad moderna es cada vez más latente, mientras los poderes constituidos tratan a la desesperada de introducir los ajustes pertinentes para garantizar la gobernabilidad de las próximas décadas. Una vez que se ha desplegado la operación Coronavirus, comenzamos a palpar sus verdaderas consecuencias, habiéndose acelerado la degradación del conjunto de los dispositivos que conforman la vida y la ascensión de los métodos de control de las multitudes.

Nuestra receta permanecerá inmutable ante las circunstancias: amor a nuestros iguales y falcata a quienes ostentan y desean ostentar el poder. Así debe ser el encuentro, un espacio para el amor y la convivencia entre iguales, donde nadie es más que nadie, a la vez que lugar de conjura y organización de las falcatas para hacer frente al poder constituido. No queremos ser tibios, ni rebajar nuestros ideales. Tanto nuestros ideales como nuestras metas son excelsas y estamos construyendo una posición frente a las ideologías posmodernas que tratan de diluir el pensamiento y la acción revolucionaria para hacer gobernable a la disidencia.

Estos últimos años se ha venido fraguando una orientación ideológica con la que surcar la sociedad líquida posmoderna de hoy. Mediante los libros, los artículos, los vídeos, los encuentros, las amistades, las complicidades, los grupos de trabajo, las acciones reforestadoras, las elecciones de vida, etc. y sobre todo, con la firme y valiente determinación de personas individuales, hemos venido definiendo nuestra posición. Debemos de continuar avanzando y seguir organizando esta posición.

El proceso de autoconstrucción es un camino permanente de desarrollo de la virtud, el individual en tanto que sujetos con voluntad y el colectivo en tanto que aspiración a la soberanía popular. Antes, durante y después del Encuentro debemos esforzarnos en el desarrollo del factor consciente, ser autoexigentes y comprometernos con metas que nos ayuden a consolidar nuestra posición. La ética y el compromiso individual es lo determinante. Todo ello con la oportunidad que nos brinda el Encuentro para incrementar nuestra potencia a través del acto de convivir, debatir, trabajar y disfrutar juntos.

Amor y falcata nació al calor del IV Encuentro y en estos meses hemos hecho humildes aportaciones al conjunto de ideas que conforman la Transformación Integral, mediante artículos, algunos vídeos y las editoriales que se han ido publicando mensualmente en nuestro blog. Seguimos trabajando y nuestro camino continúa en el próximo encuentro. Así pues y mediante esta breve nota os queremos animar a asistir al V Encuentro por la Transformación Integral.

Más información: https://revolucionintegral.org/index.php/item/565-programa-e-inscripciones

Elijo vida

Mi abuelo se suicidó.

Nunca llegué a conocer al hombre que nos dejó en herencia un puñado de preguntas sin resolver, algún que otro trauma intergeneracional y, en mi caso, un notable parecido físico, o al menos eso muestra la única fotografía que nos ha llegado del hombre que nos abandonó dos veces.

Mi abuelo acabó con su desnortada vida ahorcándose en una encina. Descanse en paz.

El suicidio esconde la muerte debajo de la alfombra. Es la muerte de la que no se habla. Ni ‘le ha llegado su hora’, ni ‘se van los mejores’; tampoco se le puede echar la culpa al tabaco o al médico que lo mató. Porque el suicidio esconde el fracaso de una vida, y la vida, es el único “derecho” que nos ha sido concedido en el momento de nacer. La vida es un regalo que solo debería dejar de usarse hasta que nos sea arrebatado.

Una sociedad en la que sus individuos no defienden sus derechos es una sociedad suicida. Para muchos, la vida se ha convertido en un regalo que se deja guardado en el fondo de un cajón por miedo a que se rompa, delegando en otros todas las decisiones que le atañen; para muchos, la vida es un juguete más, pues la reducen a la vacua diversión que proporciona un juguete maltratado y prematuramente roto.

Muchos son los que no soportan el peso de la vida ni su constante requerimiento de una agotadora lucha por mantenerla con dignidad, encauzarla con libertad y dotarla de sentido.

En las cajetillas de cigarrillos hay advertencias que podrían emplearse en las partidas de nacimiento. Mensajes como ‘la soledad provoca suicidios’; ‘el trabajo asalariado provoca suicidios’; ‘la ausencia de erotismo provoca suicidios’; ‘la tecnología provoca suicidios’; ‘el consumo de alcohol y drogas provoca suicidios’; ‘el consumo de antisicóticos para prevenir el suicidio provoca suicidios’… Pero no lo hacen.

Igual que las familias prefieren ocultar el suicidio de un familiar, la sociedad esconde que cada vez son más lo que deciden acabar con su vida. El suicidio es el fracaso del individuo, del matrimonio, de la familia; la tasa de suicidios en aumento muestra el fracaso de una sociedad que se desangra lentamente porque se ha cortado las venas, una sociedad que ha ingerido una sobredosis de fármacos, una sociedad que ha decidido saltar al vacío al aferrarse a un sistema que, por odioso e inhumano, está colapsando.

Mientras muchos de sus miembros acaban con su vida, nuestra civilización se está suicidando. La búsqueda de la felicidad nos ha puesto tan tristes que hemos dejado de tener hijos; la negación de la muerte nos ha empujado a despreocuparnos del mantenimiento de nuestra propia salud; nuestra falta de autoestima como pueblo ha dejado abiertas las puertas de Europa para que los integrantes de esos otros pueblos que valoran más sus vidas recojan nuestros despojos y nos incineren en la pira funeraria de los olvidados de la historia, porque absolutamente nadie quiere hablar del vecino que se ha suicidado.

Podría ofrecer datos estadísticos del número de suicidios, pero no sería fácil distinguir entre suicidio y muerte por “accidente”[1]. ¿No es un suicida el que se estrella con su moto hasta arriba de cocaína? ¿No es un suicida el que deja morir a su madre en un hospital? ¿No es un suicida aquél que no educa a sus hijos? ¿No es una suicida la adolescente que vomita después de cada comida o se autolesiona el antebrazo? ¿No es un suicida el que se pone la vacuna, sabiendo lo que ya sabemos a estas alturas de la película? ¿No es un suicida el que renuncia a la realidad para sumergirse en los videojuegos? ¿No se suicida un emigrante? ¿No es un suicida el que decide no tener hijos? Son tantas las formas de suicidio en nuestro decadente mundo que las autoridades no se esfuerzan siquiera en poner redes antisuicidio como las que decoran los grises edificios de los obreros industriales chinos.

Sustituiré las estadísticas por un caso concreto. Hace unos días, un exdeportista de élite decidió acabar con su vida lanzándose a las vías del tren para ser arrollado por el convoy. Tenía 46 años. Muchos periodistas deportivos se indignaron cuando un medio de comunicación se saltó la autocensura habitual mostrando la palabra ‘suicidio’ en el titular de la noticia. ¡Un guapo exfutbolista con un sueldo muy elevado por ser directivo de un club no debería suicidarse! Pero si este hombre, preferido de los dioses, ha acabado con su vida, ¿por qué no lo hará también la cajera del supermercado o el joven que ha dejado de cobrar el ERTE?

Solo la vida puede prevenir la muerte. Solo el eros, el erotismo, puede arruinar el reinado del thánatos, de la pulsión de muerte que acecha nuestra sociedad moribunda. La recuperación urgente y animosa de las ganas de vivir conseguirá hacer frente a la destrucción planificada del sujeto que han emprendido con éxito los poderes establecidos.

Espantaremos la muerte como el que espanta las moscas (con fuerza y despreocupados), porque la muerte destruye todo lo que hemos hecho en la vida, y todo lo que estaba por hacer. Construyamos, ya, un nuevo individuo y una nueva sociedad exultante de vida, futuro, belleza y alegría.

¿O prefieres la muerte?

Antonio Hidalgo Diego

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[1] La cifra de suicidios en España en 2019 fue de 7,6 por cada 100.000 habitantes, unos 10 suicidios al día, más del doble que el de muertes por accidente de tráfico. Fue la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años, aunque casi la mitad de los que se quitaron la vida tenían entre 40 y 59 años de edad. Tres de cada cuatro suicidas fueron hombres, tal vez porque tienen más éxito en sus tentativas; los intentos de suicidio de las mujeres triplican los de los varones. El Confidencial, 9/9/2019. Un total de 1.343 personas se suicidaron en España en el primer semestre de 2020. El suicidio es la primera causa de ‘muerte externa’. Infocop Online, 7/1/2021, basado en datos del INE.

Editorial Nº6, 25-06-2021

La censura del poder constituido y la falta de voluntad por conocer por parte de la mayoría evidencian la gran crisis que vive occidente. La sociedad actual se retrata en el engaño. Un cúmulo de mentiras y falsedades aplastan la posibilidad de acercarse a la verdad, y así vivimos la crisis sanitaria, con ‘el tapa bocas’ y los oídos expuestos a la propaganda. El sistema vigente acalla con todas sus armas la escasa disidencia. Se prodiga el sistema sanitario sin poner en duda el más mínimo perjuicio que supone y se hostiga a quienes contradicen la versión oficial. En medio del gran teatro esas contradicciones desenmascaran el golpe, de cuyo ruido ya estamos saturados, más aún, cuando su ciencia se escuda en la fe.

La ciencia avanza por el espíritu científico empeñado en falsar o validar hipótesis. Sabemos que muchas de las afirmaciones de la versión oficial sobre el Covid 19 han sido refutadas, no han podido demostrarse o caen en graves contradicciones. La gran complejidad del asunto y, sobre todo, el miedo inducido junto a la propaganda y extrema censura han impedido conocer la realidad. Existen contradicciones en el plano científico, epidémico o técnico, pero también en el político, social, demográfico o económico. Son contradicciones de dimensión histórica que descubren la descomposición de la sociedad moderna y la deriva de un sistema en decadencia que, pese a su retórica sanitaria, deterioran la salud de las personas.

Todas esas contradicciones obligan a pensar, a dudar y a seguir buscando, pero, para la religión de Estado, lo principal es que el individuo no piense, no piense por sí y, para ello, se anula toda contradicción. Nadie en su sano juicio defenderá que vivimos con libertad de conciencia, libertad a aún más ultrajada durante el último año. En parte, la base de todo gobierno despótico es eliminar las contradicciones, porque son imprescindibles para pensar. Por ello, todo el discurso del poder ha ocultado la realidad y ha seguido construyendo ficciones covidianas a partir del dogma. Ese es el verdadero plano de su religión política y científica, que nadie piense, que no existan contradicciones a pesar del sinsentido de sus palabras. Eliminadas las contradicciones de la esfera pública se refuerza su fanatismo ideológico. Desde luego, es más fácil obedecer órdenes que reflexionar, tal es la ideología colaboracionista, que se asienta en no dudar, cuando la duda es condición necesaria para la búsqueda de conocimiento. En su ideario la doctrina va por delante.

El poder constituido cuenta con tres pilares principales de adoctrinamiento para defender sus intereses y extender el gran consenso social sobre el ‘Estado asistencialista’. El primero es el aparato educativo, encargado de aleccionar durante la infancia y la juventud.  El segundo, unido al anterior, la caterva de intelectuales que, en su mayoría, desdeña la verdad y aspira a enriquecerse, sin más fin trascendente que su currículum. Y, por último, ese poder se apoya en un eficaz aparato de comunicación.

Los ciudadanos sufrimos la omnipresente maquinaria mediática, conducida por mercenarios sin escrúpulos y tertulianos de partido. Ellos han agredido y humillado a la mínima objeción, sin permitir la discusión pública sobre los argumentos no oficiales; han denigrado la duda sobre la epidemia, la duda sobre las medidas, la duda sobre la vacuna… ¿Cuál es el miedo a esas dudas? ¿Cuál es el miedo a un debate público? Les horroriza un mínimo de libertad de conciencia y, por ello, atropellan el principio fundamental de la ética periodística: contrastar. En su defecto censuran, ridiculizan, atacan o estigmatizan cualquier persona que contradiga su creencia con argumentos. Este sistema mediático ha implantado una nueva inquisición y su cruzada persigue un ideario de fe que, por su estructura vertical, prohíbe la libre difusión de ideas.

Aunque han quedado en el cuarto oscuro para la mayoría, los argumentos de Biólogos por la Verdad merecen divulgación. Pese a que rechazamos su posición de élite científica, han aportado a la discusión argumentos controvertidos que, de conocerse y estudiarse por la sociedad civil, provocarían, con seguridad, algo más de desobediencia contra las medidas inmorales y contraproducentes. En su “Informe de revisión científica”[1] exponen aseveraciones y falsan las tesis oficialistas en unos cuantos puntos que sintetizamos: los virus son el origen de la vida y, por tanto, la teoría del contagio es contraria a la biología; el virus SARS CoV 2 es un virus quimera artificial, su origen es un laboratorio; el presunto aislamiento del virus SARS CoV 2 es un fraude científico, no se han conseguido cultivos, ni se han demostrado que sus receptores estén en vías respiratorias. “En el 99,73 % de los casos ni es una enfermedad respiratoria, ni es aguda, ni severa”, en consecuencia, las mascarillas son una medida inútil y perjudicial.

El informe también denuncia que la PCR, herramienta de medición del virus, lógicamente no sirve, ni puede demostrar el contagio, solamente detecta (una secuencia genética minúscula) de retrovirus endógenos de un catarro común; la variación de ciclos en la prueba es inaceptable, pues con esa arbitrariedad los resultados alcanzan un 70% de positivos en personas sin síntomas. Una persona sin síntomas es una persona sana. Finalmente, el documento advierte de los posibles efectos adversos de la inyección, ya que supone un experimento que puede causar graves problemas de autoinmunidad, infertilidad o degeneración neuronal.

El Estado ha utilizado todos estos mecanismos para sostener el artificio. Ha conseguido que la gente reciba con entusiasmo la llamada vacuna. En la Eurocopa, el gran escaparate mediático del momento, la inoculación es parte del show y representa nuestra salvación. ¡Qué paradoja! Siguen haciéndonos creer que su lucha es contra la enfermedad cuando todas sus pésimas consecuencias se están reflejando paulatinamente y otras muchas están por llegar. Los efectos psicológicos del miedo y confinamiento estremecen, ya que, cada vez más jóvenes encuentran en el suicidio la respuesta a su ansiedad e incertidumbre. El individuo está cada vez más debilitado y deprimido y, para muchos, la pulsión por la muerte supera con mucho su deseo de vivir. ¿cómo explicar los más de 30 intentos de suicidio semanales entre jóvenes, sabiendo que solamente se trata de las cifras registradas y que los intentos de quitarse la vida van en aumento?

La salud de la mente determina la salud física y viceversa. Las patologías se incrementan por multitud de factores asociadas al sistema y sus estructuras de poderes fácticos y a la desaparición de la comunidad popular; a la falta de vida relacional, de amor, de afecto, de erótica, de alegría, en definitiva, de todo sentido en la vida. La gran crisis demográfica de unas sociedades hiper-urbanizadas agrava la situación. El sistema interviene en este agotamiento social y del individuo, insiste en llevar a la muerte nuestra civilización. Si la iatrogenia es la enfermedad producida por un tratamiento médico, la sistemogenia, en analogía, es la enfermedad producida por el sistema. La iatrogenia directa contra personas mayores y el debilitamiento de toda la población se debe calificar de sistemogenia. Vivimos en esta realidad catapultada por el ente estatal: distanciamiento, confinamientos, mascarillas, medicalización…  todo lo cual se torna en desánimo, ansiedad, tristeza, abatimiento…

Si tal golpe político, sanitario, militar de dimensión mundial se ha aceptado sin resistencia es porque las poblaciones están lo suficientemente aleccionadas y vuelcan su esperanza en este sistema, sin reparar en su lógica sistemogénica. Los sistemas político y sanitario continúan legitimados, producto de un consenso de políticas socialdemócratas de décadas pasadas. De momento, para la gran mayoría, el sistema sanitario se presenta como la solución a la crisis. Pero ¿por qué creer en soluciones desde el sistema, el Estado o el modelo cuando son los principales causantes de la agonía de occidente? Si concibiéramos que la sanidad es estatal y no pública (o mejor dicho comunitaria) no confiaríamos tanto en ella. Lo cierto es que el sistema sanitario no es gratuito, supone un gasto enorme resuelto por los impuestos a la población, innegablemente insostenible y su estructura es directamente responsable de un empeoramiento de la salud de las personas.

Ese sistema de salud con un enfoque popular, de asistencia primaria y sin tal aparato funcionarial y de especialistas, probablemente, sería más eficaz. Pero hay que convencerse y convencer, no hay soluciones parciales para una crisis de civilización, lo que implica imaginar una sociedad radicalmente diferente a la actual, de profundas bases axiológicas y de deseo por la verdad, lo que obliga a la libertad ―de conciencia―, a la voluntad de trascendencia y mejora personal y, fundamentalmente, al empeño por la convivencia entre iguales. El individuo debe recuperar la responsabilidad sobre su propia salud; debe olvidarse de ser paciente y pasar a la acción, ser consciente de lo venidero, del momento histórico. Aprovechar la circunstancia donde se aviva el conflicto entre las instituciones y la población, que debe de salir de la anomia si quiere otra cosa que no sea su propia aniquilación.

Con ese fin, se convoca el ‘V encuentro de Transformación Integral’ y con ese fin de reflexionar sobre todo ello nació Amor y Falcata. Hace más de un año del anuncio de la pandemia, de las restricciones sociales y de medidas que vivimos con miedo, perplejidad y confusión, pero que enfrentamos con valor y escepticismo. Ha sido tal el engaño que se ha vuelto complicado alcanzar un mínimo de verdad, ahora bien, ya se van desmontando una cantidad de falacias institucionales. Porque una mentira extendida, repetida innumerables veces y creída con fe no se convierte en verdad. De acuerdo con el axioma cristiano: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, ¿hará la mentira que amemos nuestra propia cárcel? Nunca sabremos con absoluta certeza, pero somos conscientes del engaño y del daño del sistema, de la sistemogenia en curso que padecemos, capitaneada por los medios de masas y sus montajes. Contra su desprecio por la verdad y su sistema pernicioso por el cual agoniza occidente proyectamos la Revolución Integral. ¡Únete!

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[1] Biólogos por la verdad. “Informe de revisión científica Covid-19”. https://biologosporlaverdad.es/informe-covid-19/

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¿Parto en casa o en el hospital?

A pesar de estar acostumbrados hoy en día a acudir al hospital cuando necesitamos la atención de un médico y/o especialista, la realidad es que el primer hospital estatal (que no público) en el Estado español es el Hospital Cantoblanco, inaugurado en 1917 por el rey Alfonso XIII (todo un proletario). Si bien el primer hospital moderno como los actuales es el Hospital la Paz de Madrid, inaugurado en 1964 por el General Francisco Franco (otro gran proletario).[1]

Al conocer sus orígenes resulta más sencillo comprender por qué el sistema sanitario estatal está tan jerarquizado, a imagen y semejanza de un cuerpo militar. Donde los altos mandos del Ministerio de Sanidad toman las decisiones e imponen leyes que, a su vez, los funcionarios de rango superior obligan a cumplir a los inferiores. Abajo del todo de esta pirámide se encuentran los pacientes, quienes han de acatar sus órdenes sin oponer resistencia alguna, pues deciden los “expertos”.

En el momento que una mujer declara a un médico el estado de embarazo, igual que cualquier otro “problema” sanitario, comienza un protocolo de seguimiento del mismo con la finalidad de hacer a la persona incapaz de decidir por sí misma y su futuro bebé, convirtiéndose en un sujeto pasivo y teledirigido.

En lugar de facilitar a la futura madre un desarrollo de su autoconfianza para con el embarazo y el parto, se instaura en ella la idea de que necesita que la enseñen absolutamente todo de sí misma y de su cuerpo, de su capacidad innata para parir. Así como la apabullan con un sin fin de posibles complicaciones que podrían surgir, sin reflexionar su origen, donde el miedo juega un papel decisivo.

Por ende, los partos hospitalarios continúan siendo la opción más común, aunque afortunadamente cada vez son más las mujeres embarazadas que deciden recibir la nueva vida en su hogar con la compañía de sus parejas y familia. Parece, además, que a raíz de la plandemia los índices de natalidad en el domicilio han aumentado;[2] a pesar de que el total de nacimientos ha disminuido debido a ésta.[3] O eso es lo que nos quieren hacer creer, ya que las cifras demográficas del Estado español y de todo el mundo llevan cayendo desde mucho antes del famoso coronavirus.[4]

El primer paso en un hospital cuando llega la parturienta es dejarla en una sala de trabajo de parto, donde la conectan a una serie de máquinas para controlar su tensión, el latido del bebé, etc. Además de esto, es habitual inyectar oxitocina, una hormona que produce el propio cuerpo humano si se respetan los ritmos naturales del parto, como cualquier mamífero. Sin embargo, se prefiere acelerar las contracciones de forma artificial y que el parto dure menos de lo que debería, provocando habitualmente lo contrario. Cuando la mujer ha dilatado lo establecido por el ginecólogo, las enfermeras, etc. la trasladan a la sala de parto, algunas veces totalmente sola, alejada de su pareja o seres queridos y, después del parto, a una habitación semiprivada.

Todos estos procedimientos causan en la futura mamá una sensación de inseguridad, ya que no se establece en un lugar determinado para todo el proceso del parto, sino que la van cambiando de lugar según los “protocolos”, sin darle oportunidad de decidir. A su vez, manipulan con frases como “la mujer puede disfrutar su parto sin dolor”, gracias a la famosa epidural. Procedimiento que ya casi ninguna mujer se atreve a rechazar, a pesar de vivir cada vez más bajo “el mando” de las mujeres. Con la connivencia y complicidad de las feministas y los partidos políticos de tinte izquierdista las embarazadas son tratadas como enfermas, necesitando la ayuda constante del Estado para afrontar su propio dolor. Porque el parto es maravilloso, pero también es doloroso; y no hay que tener miedo al dolor, sino ser capaces de afrontarlo y superarse.

La anestesia epidural o anestesia peridural consiste en la introducción de un anestésico local en el espacio epidural, de manera que las terminaciones nerviosas quedan bloqueadas a nivel de la médula ósea, concretamente a su salida. Esto hace que no se sienta absolutamente nada de cintura para abajo, provocando un cierto desconocimiento sobre el momento que ha de empujar para expulsar al bebé (reflejo de expulsión). La futura madre simplemente se abre de piernas, esperando que le saquen a su bebé de sus entrañas, para posteriormente ser presentado a la madre. No hay mayor despropósito que un especialista sea el que presenta el bebé a su madre y no al revés.

Como analiza Michel Odent en su libro El bebé es un mamífero, el proceso de parto es un acto involuntario que pone en marcha las estructuras instintivas del cerebro. Si bien es cierto que este médico se pierde en la espiritualidad y no investiga lo suficiente la parte racional, acierta cuando rechaza la idea comúnmente aceptada de que una mujer puede aprender a parir. Y es que no se puede ayudar activamente a una embarazada a parir. No se puede ayudar en un proceso involuntario. Solo se puede evitar perturbarla demasiado.

Un parto en casa, aunque efectivamente puede acarrear problemas, debería ser una decisión de los padres, en especial de la madre, pero siempre teniendo apoyo emocional de aquellos que crean que está tomando la decisión correcta. Puesto que el apoyo de alguien que no crea que sea una buena idea, no servirá de mucha ayuda.[5] Incluso puede interferir negativamente en el proceso de parto debido al miedo que transmita.

Por otro lado, hay que añadir que para llevar a cabo un parto en casa es habitual tener que pagar una cifra de mínimo 2000 euros, convirtiéndolo en un vasto negocio.[6] Otro ejemplo de la degradación actual, cuando todo está comercializado y se realiza por medio de mercenarios.

Por último, y para disipar dudas respecto a los posibles inconvenientes que pueden surgir en un parto en casa, hago referencia a un estudio realizado por la Asociación de Matronas del Parto en Casa, publicado en su página web www.elpartoesnuestro.es. El estudio que llevaron a cabo en Cataluña recoge la información de 750 embarazadas entre los años 2016-2018, y muestra cómo la mortalidad perinatal es de 1,3 por 1000; mientras que en los hospitales catalanes es de 4,9 por 1000. La mortalidad perinatal o muerte perinatal se refiere a la muerte del feto o recién nacido dentro del periodo perinatal, es decir, desde las 28 semanas de embarazo hasta la primera semana de vida (7 días).

En este sentido, otros datos concluyentes son los que aporta Michel Odent en El bebé es un mamífero: “Holanda… es el único país donde coinciden las tasas de “mortalidad perinatal” inferiores a 10 por 1000 y las tasas de mortalidad materna inferiores al 1 por 10.000 y unos porcentajes de cesáreas del orden del 6 por 100. Asimismo, es el único país altamente industrializado donde uno de cada tres bebés nace en casa, un bebé de cada tres nace en un pequeño centro llamado policlínica y solamente uno de cada tres en un servicio de obstetricia convencional.”

Estos datos demuestran no sólo que en el hospital puede haber más muertes, sino que, al haber complicaciones durante el embarazo y parto, es probable que con toda la instrumentalización de la que disponen los “expertos” no sean capaces de resolverlo.

En definitiva, tenemos que ser por nosotros mismos, mujeres y hombres, madres y padres, los que decidamos por nuestro futuro bebé. No podemos delegar en el Estado, en los médicos ni en los expertos nuestras responsabilidades y deberes; no somos seres incapaces. Nazcamos, vivamos y muramos por nosotros mismos, junto a nuestros iguales.

Sandra de Miguel Moller

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[1] Franco es quien instaura el pernicioso Sistema de la seguridad social en el territorio del Estado español, aunque muchos lo quieran ocultar. Proceso que encabeza su ministro y hombre de confianza Jesús Romeo Gorría, quien en 1963 impone, pues existía una dictadura política explicita, la primera Ley de Bases de la Seguridad Social; seguida en 1966 por la Ley General de la Seguridad Social. Sus orígenes se remontan al modelo alemán de 1883, creado a manos del general Otto von Bismarck, el “Canciller de Hierro”, ¿otro proletario?

[2] El coronavirus aumenta el interés por los partos en casa, noticia ensalzada por el conjunto de radio televisión española (RTVE), principal cadena al mando de las élites y el Estado. https://www.rtve.es/noticias/20210201/coronavirus-parir-casa/2071267.shtml

[3] Parece que no pueden ocultar por más tiempo que la demografía está cayendo en picado: https://elpais.com/sociedad/2021-06-17/la-pandemia-causa-la-mayor-crisis-demografica-en-espana-desde-la-guerra-civil.html

[4] Véase Erótica creadora de vida. Propuestas ante la crisis demográfica de Félix Rodrigo Mora, a fin de comprender la crisis demográfica que asola al planeta en su conjunto. A su vez, para más referencias sobre análisis del coronavirus y comprender la estrategia detrás de la falsa pandemia, consultar el artículo La política mundial y el coronavirus redactado por el compañero José F. E. Maenza; igual que Sé el mejor médico de ti mismo. Yatrogenia, coronavirus y pandemias de Félix Rodrigo Mora.

[5] En mi artículo Mi primer parto. Bienvenida a la vida describo cómo fue mi experiencia de parto en casa.

[6] En el Reino Unido, a pesar de sus carencias, al menos el costo de los partos en casa está cubierto por la Seguridad Social. Es más, incluso se recomienda para las embarazadas de bajo riesgo. Véase: https://www.abc.es/familia-padres-hijos/20141209/abci-nacer-casa-embarazada-201412051254.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

Mujeres, hombres y viceversa

LA ORTODOXIA FEMINISTA

El feminismo es una de las peores plagas que nos ha enviado Dios nuestro señor para castigarnos, y ese “Dios”, omnipotente y nada misericordioso, no es otro que el Estado.

El feminismo institucional es la religión política que con más insistencia está agrediendo nuestra maltrecha libertad de conciencia;un sistema de creencias fabricado en un laboratorio, como el coronavirus de Wuhan, y promocionado hasta la saciedad por el sistema de poder a través de los medios de comunicación, la publicidad comercial, el sistema educativo y la industria cultural. Ser feminista, hoy, es una obligación, igual que pagar impuestos.

El feminismo se hace realidad a través de leyes sexistas como la LIVG[1] o mediante la discriminación judicial que sufren los padres divorciados. El feminismo de Estado se riega cada año con millones de euros en subvenciones, sueldos públicos y prebendas de todo tipo[2] que enriquecen a todas aquellas tipas que comulgan con una ideología que fomenta el odio entre iguales, atenta contra la convivencia, impide el libre ejercicio de la maternidad y condena a las mujeres al infierno del salariado y el aborto.

El feminismo de Estado, esta religión líquida hecha a la medida de pijas que se odian a sí mismas, discrimina a los varones, pero anula a las mujeres, en tanto que se las obliga a dejar de serlo. Mujeres con gato y sin niño, mujeres con un mal trabajo y sin familia, mujeres solas, enfermas, recetadas con antidepresivos, sin vida erótica o lesbianas por la fuerza; mujeres que no quieren niños, odian a su padre y aman a los policías. El feminismo institucional ha construido un nuevo patriarcado en el que el Estado ejerce de pater familias, pues tutela y “protege” a la mitad de la población, mujeres a las que “empodera”, pues las considera débiles, apocada se incapaces de defenderse por sí mismas de esos terribles monstruos con testículos, pene y testosterona que las acechan a todas horas.

Pero hay dioses en los que resulta muy difícil creer, razón por la que la mayoría de las mujeres de Occidente no se consideran feministas[3]. Cada vez menos incautos creen en los cantos de sirena del invento de la Rockefeller Foundation. Obras como Feminicidio o autoconstrucción de la mujer. Volumen 1. Recuperando la historia de María del Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora (2012) o El Minotauro en Alcàsser. Crimen sádico, voluntad de poder y feminismo de Estado de Antonio Hidalgo Diego (2020) han derribado para siempre los templos ideológicos del feminismo, desenmascarando las verdaderas intenciones de aquellas que aseguran “defender a las mujeres”, las representan sin su permiso y se atreven a hablar en su nombre. El feminismo misógino de Simone de Beauvoir, santa patrona de la religión del odio, ha entrado ya en fase de putrefacción.  

En primer plano, Simone de Beauvoir, santa patrona del feminismo. En segundo plano, a la izquierda, una persona de la Fundación Rockefeller dándole instrucciones.

LA GUERRA DE SEXOS

La alemana de origen argentino Esther Margareta Katzen, conocida como Esther Vilar, médica, socióloga y psicóloga, publicó en 1971 la obra El varón domado (Grijalbo). El éxito de ventas de este ensayo enriqueció a Vilar, que aprovechó el tirón para completar su trilogía antifeminista con los títulos El varón polígamo (Plaza &Janés, 1975) y Modelo para un nuevo machismo (Mundo actual de ediciones, 1977). Las obras de Esther Vilar tuvieron una gran repercusión en una década en la que las ideas de Simone de Beauvoir, BettieFriedan, Shulamith Firestone, Kate Millett y del resto de feministas de la segunda ola ya habían penetrado en los ambientes académicos e intelectuales del desnortado Occidente. Los mismos Estados que subvencionaban las obras de las feministas, difundían en sus medios de comunicación el discurso “antifeminista” de Vilar. El varón domado llegó a ser uno de los libros de no ficción más vendidos en España en la década de los 70, razón por la que calaron bien hondo en el discurso popular ibérico expresiones como «chantaje emocional», practica manipulativa asociada por la socióloga al comportamiento femenino.

La tesis de la obra de Esther Vilar es que la mujer occidental no está oprimida por el conjunto de la población masculina, sino que, al contrario, las mujeres explotan económicamente a los hombres a través de la práctica del matrimonio. Las “armas de mujer” que usan las congéneres de Vilar son el uso regulado de las emociones y el condicionamiento a través del placer sexual. Las mujeres utilizan su cuerpo para conseguir todo aquello que desean de los varones: sexo a cambio de control[4]. El mito de la mujer como“sexo débil” ha sido creado, según Esther Vilar, por las propias féminas para ser protegidas física, emocional y económicamente por los hombres de su entorno afectivo; al mismo tiempo, las pérfidas y calculadoras mujeres han presentado a sus hijos y maridos como seres obsesionados con el sexo, reduciendo la masculinidad al deseo constante de consumar relaciones sexuales. Vilar compara a los hombres con el perro de Pávlov; las mujeres nos condicionan para que hagamos lo que ellas se proponen. Si las mascotas de Iván Petróvich Pávlov babearon por la comida, los hombres domados por Esther Vilar babeaban por el acceso a su vagina. Además del condicionamiento, la invención del amor romántico sería la otra elucubración femenina por excelencia. Atar con la alianza de boda a un buen partido proporciona a la mujer estabilidad financiera para toda la vida. Vilar presenta a las mujeres como expertas consumadas en regular sus emociones para despertar la empatía de los varones.

¿Qué solución propone Esther Vilar para acabar, de una vez por todas, con esta “tiranía de las mujeres”? Ninguna. Para la doctora germano-argentina las mujeres son así por naturaleza. 

Las controvertidas ideas que refleja El varón domado exasperaron a las feministas de la época. Vilar fue amenazada de muerte y llegó a recibir una paliza que le propinaron cuatro activistas del feminismo lesbiano en los baños de una biblioteca de la ciudad de Múnich. En un debate televisado en Estados Unidos en el programa The Tonight Show, la feminista Alice Schwarzer calificó a Esther Vilar de «sexista» y «fascista». Pero, ¿tanta diferencia existe entre el discurso feminista y las tesis de la obra de Vilar? La trilogía antifeminista está tan olvidada hoy en día, como aceptadas sus ideas en el imaginario colectivo europeo contemporáneo. Mientras que Beauvoir, Millett y Dworkin alentaba a sus lectoras a odiar sea sí mismas con la misma fuerza con la que debían odiar a los varones, Esther Vilar convoca a los hombres a que odien a las mujeres. Si Kate Millett afirmó que «El amor es el opio de las mujeres»,Vilar aseguró que «El amor coarta la libertad de los hombres». Gana el odio, muere el amor. Gana el enfrentamiento entre iguales (la lucha de sexos) y pierden las clases populares. Ganan las elites que nos enfrentan y confunden, las élites que nos anulan y nos explotan. Ambas facciones, feministas y Vilar, beben de las ideas de Friedrich Nietzsche. El amor que nos impulsa a cuidar, cooperar y ayudar a nuestros seres queridos, queda relegado por la voluntad de poder y la guerra de todos contra todos en pos del beneficio egoísta; el prójimo deja de ser visto como un igual para convertirse en un objeto al que someter[5]. Igual que el feminismo de la segunda ola considera que todos los varones son agresivos violadores, y las mujeres unas pobres víctimas indefensas, El varón domado invierte los mismos elementos cuando presenta a las féminas como pérfidas vividoras, y a los hombres como idiotas obsesionados con el sexo. Las semejanzas entre las obras de Esther Vilar y las de Simone de Beauvoir son tan evidentes que la propia Vilar llegó a declararse una orgullosa «feminista», ya que en sus libros «despreciaba a los hombres» y «ensalzaba a las mujeres»[6], con argumentos tan “empoderadores” como llorar para conseguir todo aquello que se proponen o mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.

La feminista Alice Schwarzer y Esther Vilar, dos caras de una misma moneda

UN FEMINISMO PARA HOMBRES

Al Estado español le preocupa mucho el bajísimo nivel de inglés que tienen sus contribuyentes. Una de las razones que tienen los dirigentes para empujarnos a dominar la lingua franca es que casi nadie consume la propaganda oficial anglosajona que inunda internet, y que muy pocos se han molestado en traducir al castellano o a otras lenguas ibéricas. Un buen ejemplo de este proselitismo yanqui es el “movimiento” MGTOW que, por fortuna, apenas está teniendo repercusión en nuestras tierras. Todo llegará, así que me propongo desenmascarar el MGTOW antes de que comience a tener una incidencia significativa entre los acomplejados hombres del siglo XXI.

MGTOW son las siglas en inglés de «Men Going Their Own Way» («Hombres que Siguen Su Propio Camino»), una nueva religión líquida creada ex profeso para hombres resentidos y solitarios que se oponen al feminismo y han tenido recientemente alguna mala experiencia relacional con una mujer. El Manifiesto MGTOW se difundió en la red a principios de la década del 2000 y su autor se desconoce. Al mismo tiempo que se iba popularizando el acrónimo, se fue conformando una «comunidad virtual» de hombres del ámbito anglosajón que han ido definiendo las características de este nuevo feminismo para hombres.

El MGTOW se caracteriza por culpar de todos los males que aquejan a los varones a un enemigo común: las mujeres en su conjunto. ¿Cuál es la solución? Alejarse de ellas e iniciar una nueva vida sin tener relaciones de pareja o sentimentales con ninguna mujer, aunque sin llegar a practicar la homosexualidad. Las relaciones de pareja solamente pueden beneficiar a la mujer; el matrimonio es poco más que el infierno en vida: «salva a un hombre y detén una boda», reza uno de sus lemas.

Otra de las características del MGTOW vendría a imitar lo que algunas feministas han denominado «sororidad»; al igual que las mujeres feministas, los hombres que van a su bola son, todos ellos, “seres de luz”, perfectos y sin mácula. Los varones MGTOW se agrupan en una comunidad masculina denominada «manosfera» (de man, «hombre» en inglés) en la que se reúnen, se cuentan sus penitas y rajan de lo malas que son las mujeres en esa especie de lavadero cibernético only men constituido en la plataforma de internet Reddit.

Pero la principal característica del MGTOW es la pasividad. Lejos de mejorarse a sí mismo para resultar más atractivo al público femenino, el hombre masculinista huye con su rabo entre las piernas, se aleja de las mujeres, se consagra al onanismo y se contenta con pagar los servicios sexuales de las prostitutas, al mismo tiempo que alaba las virtudes de la pornografía y las muñecas sexuales japonesas. Incluso algunos se atreven a defender con ascetismo el celibato masculino, llegando a presumir de no haber tenido jamás relaciones sexuales. ¿A qué se debe tanto miedo al sexo opuesto? A que las mujeres son presentadas como seres interesados que, lejos de convivir con un hombre por amor, lo hacen por dinero o por cualquier otro tipo de bien tangible[7]. Solo los hombres ricos, los muy guapos o los malotes podemos acceder con garantías al mercado sexual. Los MGTOW odian, tanto a las esquivas mujeres que solo los quieren como amigos (la famosa friendzone), como a los llamados «machos alfa», esa minoría de hombres listillos que acaparan a la mayoría de las mujeres. Algunos hombres MGTOW lamentan que se haya establecido en la actualidad una especie de «sociedad polígama», con relaciones de pareja poco duraderas, con una aristocracia masculina que no para de ligar con multitud de mujeres, y con cada vez más personas de ambos sexos que se quedan compuestos y sin pareja (los llamados singles en inglés), tanto mujeres que rechazan a la mayoría de los hombres por ser pobres, feos o buenas personas, como varones condenados al celibato forzoso por los requisitos de las cada vez más exigentes féminas. Según el club de los hombres resentidos, vivimos en una maldita «sociedad ginocentrista».

Hay que diferenciar entre la corriente MGTOW y el llamado movimiento por los derechos de los hombres. Ambos surgen como una reacción a los cambios sociales propiciados por el Estado y la gran empresa capitalista que se han instaurado a través de la promoción del feminismo institucional[8]. La diferencia fundamental entre ambas tendencias es que,mientras el segundo colectivo pretende acabar con las leyes sexistas para que los jueces sean más compasivos con los padres divorciados, los hombres que van a los suyo se rinden al Estado y aceptan con fingido orgullo su condición de «machos omega». Tampoco sería lícito comparar el MGTOW con los denominados «hombres herbívoros» del Japón, varones que, lejos de rechazar a las mujeres, sencillamente son personas condenadas a la soledad de las tecnologías por no haber conseguido encontrar pareja.Y es que los esforzados nipones consuman sus horas trabajando por un salario, sin tiempo ni energías para las relaciones sociales, el cultivo de la amistad, la práctica del ligoteo, las relaciones sexuales o la crianza de los vástagos.

Feminismo y MGTOW comparten, entre otras muchas cosas, el haber creado una neolengua repleta de neologismos en inglés. Muchos de ellos son tristes ejemplos de odio al prójimo, y de odio a uno mismo, como las palabras «mangina» (contracción de man, «hombre», y vagina; es decir, un hombre que no se comporta como tal); «betafag» (literalmente,«maricón beta») o «cuck» (diminutivo de cuckold, «cornudo»). Otros conceptos están relacionados con la resignación, como «incel» (contracción de «involuntary celebs», «célibes involuntarios»). Buena parte del vocabulario MGTOW es tristemente misógino: «sluthate» («odio a las zorras»); «bitchshield» («escudo de putas», o la manera que tienen las mujeres de defender sus supuestos privilegios); «pawning» (usar el atractivo para conseguir dinero o poder); «negging» (dañar la autoestima de una mujer por rencor o para que sea más accesible); el primario «goingcaveman» («ser un cavernícola») o el más elaborado «NAWALT» (acrónimo de Not All Women Are Like That, «No Todas las Mujeres Son Como Esas», es decir, que hay unas pocas mujeres que sí valen la pena, los llamados «unicornios», seres tan maravillosos como difíciles de encontrar). 

¡Encuentra al Unicornio!

POR UNA SOCIEDAD CONVIVENCIAL

Divide et impera. Mientras los dirigentes de todos los Estados del planeta se ponen de acuerdo para desarrollar sus planes estratégicos, en connivencia con los intereses de los accionistas de las grandes corporaciones transnacionales, las personas del pueblo, nosotros, aceptamos sus leyes, su fiscalidad opresiva y sus epidemias de bandera falsa, al mismo tiempo que nos atomizamos. Odiamos a los niños porque dan trabajo, odiamos a los ancianos porque el Estado ha decidido que no son productivos, odiamos a los hombres porque lo ordenan las feministas, nos odiamos a nosotros mismos porque no tenemos libertad y, desde hace unos años, los hombres del ámbito anglosajón han empezado a odiar a las mujeres al seguir las consignas MGTOW y similares. El resultado de toda esta arquitectura de ingeniería social es una sociedad degradada, enferma, solitaria, depresiva, suicida, agresivo-pasiva, adicta, improductiva y opresiva. El camino no puede ser otro que el de la desaparición étnica de los pueblos europeos. 

Admito que, tal vez, hemos reaccionado tarde. Admito que, tal vez, estemos tan degradados que sea ya imposible aprender a convivir con nuestros iguales, amarlos y respetarlos, estar dispuestos a ayudar a nuestro vecino, y estar dispuestos a dejar que éste nos ayude. Tal vez es una utopía, tal vez. Lo que está claro es que seguimos siendo seres humanos, así que debemos recuperar las formas naturales de convivencia social: la asamblea, la familia extensa y las relaciones de pareja estables heterosexuales. Debemos recuperar la autoestima y creer en nosotros mismos, cultivando la fuerza y la virtud personal; debemos admirar y desear a las personas del sexo opuesto; debemos respetar y aprender de nuestros mayores; y debemos volver a creer en el futuro a través de la recuperación de la vida erótica, el sexo reproductivo y la crianza amorosa de los hijos[9]. Todos estos son aspectos tan humanos, como revolucionarios hoy día. La construcción de una sociedad convivencial requiere pasar a la acción mediante la práctica de una revolución integral que acabe con la tiranía ideológica de las instituciones del Estado y la gran empresa capitalista. La edad del odio se está consumiendo:o nos extinguimos,  o nos enfrentamos a los poderosos para dejar de odiar a nuestros iguales y dar inicio a una nueva edad del amor.

Antonio Hidalgo Diego

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[1] El libro sagrado del Estado español es la Constitución de 1978. Pues bien, el mismo Estado ha decidido profanar el texto fundacional del Régimen al legislar normas que la ponen en entredicho. El artículo 14 de la Carta Magna reza: «Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». ¿Por qué la LIVG impone penas mayores a los hombres por la comisión de un mismo delito o permite a las mujeres realizar denuncias falsas con impunidad?

[2] Libremercado (7/3/2019) aporta una cifra de 150 millones de euros en subvenciones desde 2014 solo en España, aunque la cifra real es muy superior.

[3] Menos de una quinta parte de las mujeres jóvenes en Estados Unidos se considera feminista (el porcentaje de feministas entre las mujeres de más edad es todavía menor). BBC News, 17/2/2017.

[4] «La mujer doma al hombre con trucos traidores para hacerle un esclavo sumiso, y luego lo lanza a la vida hostil para que gane dinero. Como contraprestación pone la vagina a su disposición a intervalos regulares» (Vilar, 1971).

[5] «A diferencia de la mujer, el varón es hermoso, porque es un ser espiritual. Eso significa que el hombre tiene curiosidad (…). Que piensa (…). Que es creador (…). Que tiene sentimiento (…). Cuando una mujer lee un artículo político, es mucho más probable que esté intentando capturar a un estudiante de Políticas que interesándose por la suerte de los chinos, los israelitas o los sudafricanos. Si consulta en un diccionario el artículo dedicado a un filósofo griego, eso no quiere decir que se le haya despertado repentinamente el interés por la filosofía griega, sino que necesita alguna palabra para resolver un crucigrama» (Vilar, 1971).

[6] «Las mujeres explotan a los hombres y, sin embargo, los varones son robustos, inteligentes e imaginativos, mientras que las mujeres son débiles, tontas y carecen de fantasía» (Vilar, 1971). ¿Esto es «ensalzar» a la mujer?

[7] Una de las palabras que más citan en las redes los Hombres que Siguen Su Propio Camino es «hipergamia», o la práctica del matrimonio por estatus o dinero; el braguetazo de toda la vida, vaya. Una práctica materialista que ellos asocian al comportamiento femenino, igual que hizo Esther Vilar.

[8] Los varones occidentales somos hijos de superhombres a los que el conjunto de la sociedad idolatraba y traían el sustento a casa; pero el perfil actual es muy distinto, siendo el de un hombre con trabajo precario, divorciado, que solo puede ver a sus hijos los fines de semana y al que gratuitamente se le acusa de ser un agresor.

[9] Imprescindible la lectura de Erótica creadora de vida. Propuesta ante la crisis demográfica (Potlatch, 2019) de Félix Rodrigo Mora.

¿Felicidad? Para Séneca y para la revolución: por delante la virtud

El filósofo estoico, en su tratado De la felicidad[1], aborda el asunto en relación a las costumbres de sus contemporáneos y encamina a quienes obsesionados con su búsqueda viven descontentos. La felicidad representa una quimera común para los hombres de todos los tiempos y, paradójicamente, cuanto más la pretenden más parece alejarse. Tal obsesión, como único destino del ser humano, se torna en su contra, pues la existencia, aunque no determinada, está condicionada al azar y, por ello, muchos se derrumban o se encumbran según su suerte. En cambio, asegura Séneca, es feliz “un hombre que no se ensalza ni se abate por los cambios de la fortuna”,  ese que piensa que su único bien es la virtud  (p. 77).

La figura de Lucio Anneo Séneca (Córdoba 4 a. C – Roma 65 d. C.) resulta controvertida si, además de sus alabanzas a la virtud, a una vida sencilla y de dominio de sí, tenemos en cuenta que fue un hombre de Estado. Ofició de magistrado en el Imperio romano y como tutor y preceptor del príncipe Nerón durante su infancia y juventud. Fue su consejero y hasta cónsul en su gobierno, lo máximo a lo que podía aspirar cualquier noble. En el momento en que termina De la felicidad (58 d. C.) había alcanzado las cotas más altas de poder en Roma. Su excelente oratoria le propició un gran éxito y en esos cargos acumuló enormes riquezas en “extensos jardines”[2]. Se dice que se ganó las envidias de otros patricios y hasta del cruel emperador Nerón, quien realizó numerosas ejecuciones incluidas las de su madre y hermano. El tirano señaló al propio Séneca como conspirador y conminó su suicidio. El filósofo y pretor acabó sucumbiendo al poder que sirvió y ejerció. Pese a su funesto servicio al imperio, sus reflexiones y sentencias contienen gran valor moral.

Las enseñanzas del tratado De la felicidad gozan de absoluta actualidad, más cuando el autor asevera que muchas personas viven infelices “no porque carezcan de placeres, sino, precisamente, por causa de los placeres mismos”. Erróneamente, entonces, como hoy, se asociaba el placer a la felicidad. Séneca censura tal asociación. Confía en la fuerza del espíritu, esto es, confía en la virtud para prepararse a los vaivenes de la fortuna, lo cual, probablemente, le ayudó a afrontar su muerte con serenidad.

El tratadista defiende la virtud como fin en sí mismo e interroga a su interlocutor en contrapunto a sus ideas: “¿Por qué me nombras al placer? Yo busco el bien del hombre, no el vientre, que el de las bestias y las fieras es más grande” (p. 82). Sometido al placer, se pregunta, ¿quién será capaz de enfrentar el trabajo, el peligro, la pobreza u otras amenazas de la vida del hombre? De esas experiencias de dolor, sufrimiento o muerte aprendemos sobre la total y compleja condición humana. Plantear como su destino una mesa pródiga y un sinnúmero de placeres reduciría al ser humano a un ser indigno, incapaz de superar los obstáculos de la vida y la historia, o de arriesgarse por objetivos trascendentes.

Su precepto no contrapone la virtud a los placeres, sino a los vicios, como parece lógico. Pero acusa a quienes no saben que la maldad abunda en los placeres ni comprenden que, el alma, inclinada a estos, se derrumba en numerosos vicios. Quien se fascina por los placeres se debilita, incuestionablemente lastra sus fuerzas y se degenera. En cambio, con la virtud se pondera el placer sin cegarse, siempre que sean separados, ya que el embrión del bien tiene su origen en la virtud.

Cuando la virtud va por delante existe una satisfacción inalterable. No por la virtud faltará el placer –indica–, del cual se tendrá seguridad y dominio. En caso contrario, uno carecerá tanto de la virtud como del mismo placer. De colocar la virtud a expensas del placer, ese pobre carecerá de virtud y, a la larga, del placer, pues siendo su esclavo se sentirá víctima del dolor. Tal inercia es propia “de una mente incapaz de concebir nada grande” (p. 86).De ahí que sostenga que, quien persigue el placer, lo posponga todo, empezando por su libertad.

Al inicio de su diatriba el filósofo-consejero plantea que “puede llamarse feliz aquel que, ayudado de la razón, ni teme ni desea” (p. 78). Pero, en la presente crisis, ¿quién alcanza a vivir sin miedo y sin deseo, o siquiera los aplaca? El individuo de nuestra época destaca por lo contrario, vive asustado y con insaciable apetito. Mayoritariamente se admitió el discurso pancista del Estado asistencialista y bajo el vigente régimen social de pandemia, distanciamiento y soledad se insiste en que la salvación de nuestro destino feliz depende de sus ayudas, leyes o reformas. Este discurso no solamente es una argucia, sino que es perjudicial porque incentiva a la pasividad, a no hacer nada, a no ser nada…

Por su condición idealizada, cualquier utopía es irrealizable, y, sin embargo, el poder constituido totalizó el sentido de la vida a tan bajo destino. En ese ánimo utópico el hombre contemporáneo se persuadió y se entregó a una felicidad desfigurada. Las sociedades urbanas de los últimos 60 años persiguieron un horizonte engañoso y hedonista que arrastró al individuo y le disminuyó en fuerza, voluntad y sensibilidad. De acuerdo a ello, la grotesca propaganda y la imposición de la atomización social nos acercó más a las distopías de ficción de Un Mundo feliz o de WALL·e, donde los seres humanos vegetan dóciles y perezosos, y apaciguan su miedo en la irreflexión y en el consumo.

En nuestro presente, la crisis de época coincide con el descenso del vigor del individuo, con el deterioro de su salud física y mental, y con la pérdida de entusiasmo por la vida. La actitud nihilista o la depresión generalizada se relacionan con la carencia de objetivos trascendentes, con el régimen coercitivo y con la inexistencia de afecto o de unas sólidas relaciones entre iguales. Todo lo cual es la pésima consecuencia de aquella obsesión de certidumbre y placer confiada a la suerte del Estado de ‘bienestar’. Definitivamente, hoy no distinguimos ninguna utopía en el horizonte, si acaso, un escenario devastador por el desplome del modelo vigente insuperable sin un principio de virtud. Fiel a ese principio, hallaremos contento en nuestra mejora personal y, solo así, concebimos la revolución y enfrentaremos los grandes riesgos para cambio histórico decisivo.

Javier Pérez


[1] Séneca, Tratados morales. Madrid: Austral, 2012.

[2] Juvenal, Sátiras. Madrid: Alianza Editorial, 2010, 279.

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V

El lejano 2 de febrero de 1985 se estrenó en TVE la serie de televisión ‘V Los Visitantes’, una distopía de ciencia ficción estadounidense cargada de efectos especiales y repleta de imágenes icónicas de gran impacto, como la de la gigantesca nave nodriza que levitaba sobre el cielo de Los Ángeles a pocos metros de los rascacielos, la de la bella y despiadada Diana aliviando el hambre de la tarde tragándose una cobaya viva, o la del momento en el que el protagonista desenmascara a uno de los visitantes que, bajo una falsa piel humana, ocultaba su repugnante rostro de reptil de color verde. Supongo que no seguí la serie con demasiada atención, pero sí recuerdo que causó un gran impacto en un niño de pocos años, pues uno de los pocos recuerdos que conservo de cuando tenía siete es el de patrullar por las calles de mi barrio, San Antonio de Llefiá de Badalona, en compañía de mi vecino Israel, con una gorra y un fusil de juguete en las manos. Los dos creíamos ser miembros de la Resistencia.

Tal vez ha sido ese recuerdo, y los aciagos tiempos que vivimos, lo que me ha empujado a revisitar ‘V’ unas cuantas décadas después, y tengo que reconocer que me ha sorprendido de manera muy positiva. La serie, escrita y producida por Kenneth Johnson, se inspira en las ocupaciones de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial y en los movimientos de resistencia que surgieron para combatir a los soldados de Hitler, pero en el marco de una hipotética invasión alienígena global a finales del siglo XX, y lo hace con acierto y una actitud crítica con el poder. Al inicio de cada capítulo, una voz en off explica que la ficción está dedicada a los miembros de todas las resistencias, pasadas, presentes y futuras. Aquellos que se han atrevido a hablar del fin de la historia no se han enterado de nada.

Paso a relatar una serie de aspectos que hacen de ‘V’ un producto extrañamente recomendable y, pese a sus desfasados efectos especiales, de rabiosa actualidad:

Los visitantes son extraterrestres que invaden el planeta Tierra en busca de recursos naturales. Su emblema recuerda a la esvástica nazi. La superioridad tecnológica de los visitantes les permitiría derrotar con garantías a los ejércitos terrestres, pero prefieren presentarse como seres pacíficos, sin malas intenciones, que solo necesitan agua y otras materias primas y que, cuando las consigan, se marcharán. Su voluntad de integración les ha llevado a aprender los diferentes idiomas humanos, e incluso han cambiado su verdadero nombre porque resultaría impronunciable para nosotros. Ocultan su monstruoso aspecto y solo comen alimentos vegetales crudos delante de sus huéspedes humanos. A cambio de los recursos que necesitan, los visitantes compartirán sus conocimientos científicos y tecnológicos con los terrícolas; incluso prometen curar el cáncer con una vacuna. Los visitantes son lobos con piel de cordero dotados de avanzados conocimientos científicos y tecnológicos. ¿A que les suena mucho esta situación? No hace falta decir que la intención del Comandante Supremo extraterrestre era, desde el principio, esquilmar el agua dulce del planeta, exterminar a todos los seres humanos y, ya de paso, usarlos como comida.  

¿Cómo reaccionan los seres humanos ante la llegada de sus invasores? Solo unos pocos desconfían de las aparentes buenas intenciones de los visitantes y la mayoría sigue los acontecimientos a través de las noticias, expectantes, pero pasivos. Son unos cuantos los que aprovechan la coyuntura para sacar tajada; desde el joven nini que se enrola en el cuerpo paramilitar colaboracionista para trepar socialmente y ejercer su voluntad de poder, a la empresaria que ofrece la producción de su industria química al poder alienígena para enriquecerse con el contrato y obtener inmunidad. Incluso hay una chica que se enamora de un apuesto lagarto uniformado y se queda embarazada. ¿Qué papel juegan los medios de comunicación? Se dedican a difundir los comunicados de los invasores para ayudar a que la gente los vea como amigos y benefactores, un aspecto reforzado por la propaganda que llena las paredes de las calles con carteles de uniformados visitantes vestidos de rojo, siempre sonrientes y al servicio de los ancianos y los niños. Cuando el transcurso de los acontecimientos hace evidente que las intenciones de los extraterrestres no son precisamente piadosas, y mientras miles de personas desaparecen misteriosamente después de ser detenidas por el ejército invasor, la inmensa mayoría de las personas acepta con resignación la nueva normalidad que les ha tocado vivir. Solo unos pocos se atreven a luchar con ‘la Resistencia’.

La serie no incurre en los típicos maniqueísmos que el sistema de propaganda difunde para esconder el único maniqueísmo posible y deseable: el poder es malo en todas sus formas, ergo los malos son aquellos que detentan o ansían el poder. En los productos de la industria del ocio, los “buenos” son casi siempre los policías, los negros, los judíos o las mujeres, independientemente de si toman decisiones que atentan contra la libertad y la dignidad de las personas, o no lo hacen. Hay varios visitantes que consideran una aberración el exterminio de la especie humana y se pasan a ‘la Resistencia’; no son pocos los humanos que colaboran con el enemigo.

Uno de los aspectos más asombrosos del argumento de la serie es que todos los visitantes, sin excepción, son militares, uniformados, armados y jerarquizados (el número de líneas negras del uniforme muestra el rango de cada uno). El poder se impone por la fuerza de las armas, algo que los analistas políticos y los guionistas de Hollywood suelen omitir para culpar a psicópatas, grandes empresarios y masones de todas las agresiones que recibe el pueblo. La burguesía capitalista queda retratada como colaboradora al servicio de los visitantes, pero quienes toman las decisiones, realizan el operativo de la ocupación y devoran a los terrícolas son los soldados del ejército alienígena, un cuerpo armado moderno que no distingue de razas ni de sexos. Muchas de las pieles humanas que han elegido los extraterrestres son de negros y asiáticos, y algunos de los integrantes de las fuerzas de ocupación más sanguinarios y ambiciosos son de sexo femenino, como Diana, el prototipo de mujer empoderada que pretende imponer el actual sistema de dominación.

Pero es sin duda ‘la Resistencia’ el elemento más atractivo de la serie ‘V’. Mientras el ejército estadounidense y los cuerpos de policía colaboran con los invasores poniéndose bajo sus órdenes, los políticos se mantienen al margen, los grandes empresarios hacen negocios estelares y los miembros del grupo armado de liberación son todos ellos civiles, mujeres y hombres del pueblo. Una científica dirige ‘la Resistencia’, movimiento que fue ideado por un anciano superviviente del Holocausto; el protagonista del filme es operador de cámara y entre sus compañeros de lucha se encuentran un obrero y un delincuente de poca monta. Y es que somos nosotros los que debemos dirigir cualquier Resistencia al poder establecido y no esperar a que las Fuerzas de Seguridad del Estado sean las encargadas de “defender al pueblo”. ‘La Resistencia’ consigue derrotar a los visitantes con audacia y con astucia, luchando en una guerra de guerrillas, tal y como hicieron los habitantes de la Península Ibérica para expulsar a las tropas de los ejércitos napoleónicos, la misma táctica que debieron usar los bagaudas para derrotar a los invasores romanos y visigodos.

Los nuevos “invasores” nazis que están llevando a cabo el golpe de estado global del coronavirus no son reptilianos venidos de otra galaxia, pero sí personas de gran poder, antropófagas y sin ningún escrúpulo moral. Estamos presenciando y permitiendo la pérdida de nuestras libertades civiles; estamos siendo fagocitados por unas instituciones de poder que adolecen de la misma ausencia de humanidad que los extraterrestres de ‘V’. La nave nodriza surca nuestros cielos, antaño azules.

Solo hay un camino: ¡Únete a la Resistencia!

Antonio Hidalgo Diego

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