O Camiño entre bosques de paisanos

Termino el Camino, el del Norte. De Ribadeo a Santiago, ocho etapas en siete días de peregrinación por la Galicia rural. Al camino físico de esfuerzo y fatiga a cada paso, inevitablemente, se vincula otro interior, el que tiene que ver con propia conciencia y el discurrir de los pensamientos. Así, mi mente ha caminado entre pensamientos, y es que caminar incita al correr de muchas reflexiones. Algunas las asocio al paisaje, a la belleza que se contempla por aquellos lugares; otras las relaciono directamente con quienes han cuidado, habitado y dado vida a aquellos montes,y cuya historia ha sido deformada.

Los siete días he visto plantaciones de eucalipto. El primer día distinguí ese olor intenso de grandes extensiones de forestación de este árbol procedente de Oceanía. La subida al monte dejando atrás el mar Cantábrico y el ruido de talas permite levantar la vista y ver hectáreas y hectáreas de cultivo de eucalipto en las alturas y las faldas de las montañas. La especie invasiva llegó a Galicia a mediados del siglo XIX y su plantación se ha convertido en una constante de los campos gallegos, hoy constituye una inversión a corto o medio plazo y de seguro rendimiento[1], lo cual pone en riesgo la pluviosidad, amenaza fauna y flora de la región, erosiona los suelos y altera el ecosistema.

En Lourenza (Lugo) una paisana me da cobijo en su tienda con el paso de una tormenta. Pese a la lluvia torrencial,“ya no llueve como antes”, comenta; y ambos encontramos algunas razones en las explotaciones de eucalipto. Cuenta que hay quienes ven en estas forestaciones una fuente de provecho en sus propiedades de monte. Incluso hay concejos que todavía tienen monte como propiedad comunal y,en concesión a Ence (productora de celulosa de eucalipto), rentabilizan esa propiedad con beneficios que se reparten entre vecinos. La disputa medioambiental real, activa y práctica la proponen as Brigadas deseucaliptizadoras[2] que en también en el diálogo con propietarios pretenden preserva el bosque autóctono.

No hace mucho tiempo apareció la Lei de Recuperación de Terra Agraria de Galicia que puso fecha de inicio al veto de esta especie donde hasta ahora no la había. Previa a su entrada en vigor hubo gente que taló y plantó eucalipto en sus fincas para asegurarse el negocio. Ya que la ley no es la práctica, esta no asegura su efectividad. Las lógicas agrarias de hoy responden a las lógicas industriales desarrollistas y de rentabilidad, lo cual entra en conflicto con la humedad de los suelos, su biodiversidad, la permanencia de los terrenos boscosos y, por tanto, con el régimen de lluvias.

Desde un principio la plantación del eucalipto se explica por la implantación forzada de la propiedad privada en el campo y la acumulación de capital mediante la madera. Resulta paradójico que las instituciones pretendan conservar el rural gallego cuando ellas mismas lo destruyeron, como se estudia con rigor y numerosa documentación en O atraso politico do nacionalismo autonomista galego,de Félix Rodrigo Mora. El Estado liberal español, constituido en 1812, presionó para el cambio en la Galicia rural, que resistió casi 200 años más a las embestidas modernizadoras. Al despotismo estatal desarrollista se oponían las gentes con su cosmovisión de formas de organización horizontal y ayuda mutua; aunque parezca increíble,aquellas personas y, en conjunto, aquellas comunidades de montes veían en el dinero un elemento negativo.[3]

El constitucionalismo decimonónico se propuso acabar con esa cosmovisión que le impedía alcanzar sus intereses, para ello había que echar abajo las formas de propiedad comunal, la actividad silvopastoril y el concejo abierto. La Ley de Desamortización Civil de 1855 impuesta, entre otras medidas como la carga tributaria a la economía de subsistencia, creó las condiciones para la actividad mercantil y la monetización dela producción agroganadera. Todo ello supuso el declive del autoabastecimiento y la industrial rural,consecuencias que demuestran que el atraso social, político, ético, convivencial,económico y ecológico vino con el aparato estatal. La escasez solo surgió con el dominio del Estado tras las guerras carlistas (segunda mitad del s. XIX).Ya en el siglo XX, el franquismo, en su fiebre industrialista y desarrollista, aceleró el proceso de destrucción del campo gallego promoviendo su vaciamiento. El progresismo del régimen parlamentarista lo terminó de arruinar de la mano de la UE. Actualmente, las plantaciones de eucalipto son un claro efecto de ese “éxito” del Estado y capital desarrollista. Contradictoriamente, los ingresos monetarios por estas explotaciones se estiman una de las razones del menoscabo medioambiental o la escasez de recursos para el mañana.

La aridez de estas plantaciones contrasta con la fecundidad y verdor del bosque autóctono. Los caminos de Lourenza a Villalba, y también en adelante, se descubren sendas de muchísimo encanto por su vegetación y frondosidad. Donde no hay eucalipto, donde no hay molinos eólicos o donde no hay una gran autopista se contemplan imágenes de cuento con robledal o carballo, algunos fresnos y castaños majestuosos alternados conprados. También se entreven abedules y algún alcornoque. Los acebos y los helechos adornan los pasajes entre lindes, y el musgo cubre las cortezas de una verdosa capa de gran elegancia y esplendor.  A los lados de los senderos el ganado pasta o descansa disperso sobre el forraje. En el paso por las aldeas las construcciones embellecen los términos de estos concellos, las casas de piedra, casi siempre en compañía de un hórreo, componen cuadros de excelente armonía que toman vida con los lugareños en sus quehaceres.

La fascinación de estos lugares cautiva y evidencia la fealdad de la ciudad. Si tuviera que elegir un solo lugar de extraordinaria belleza por donde caminé escogería la entrada al bosque donde se halla la capilla de San Alberte, a orillas del río Parga. Recuerdo la emoción que me produjo ese lugar, lugar sagrado para los antepasados. Allí ubicaron la ermita para mayor emotividad y trascendencia del espacio en conexión con la calma y el brillo del entorno natural. Las fuentes que he consultado clasifican su construcción como gótica, fechada su inicio en el s. XIII. Sin embargo, su efecto visual equilibrado y las figuras eróticas inducen a pensar que esa nave se acerca más al románico amoroso[4]. Aunque muchos canecillos[5] que adornan la cornisa están deteriorados, en alguno se aprecia el cuerpo desnudo de una mujer que muestra sus genitales, un signo de dignificación de la sexualidad femenina. Probablemente se trate de un templo iniciado por el eremitismo popular y de continuación gótica. En cualquier caso,un monumento extraordinario construido por aquellos pobladores.

Ellos, junto a las generaciones posteriores,moldearon el paisaje y esos bosques según sus necesidades y cosmovisión, por arraigo, por saber que pertenecían a ese sitio y creían en su destino, era su camino de vida en común. Actualmente―comenta la mujer―la gente joven no tiene arraigo y pocos mozos están dispuestos a trabajar en labores agrarias o ganaderas, en el campo o en la construcción, donde se necesita gente. Pese a ello, aún hay paisanos con raíces descendientes de esa Galicia antaña y rural que por motivos de grandeza se negó a modernizarse. No es casualidad que fuera la región más tardíamente modernizada de toda Europa Occidental. Resistió por convicción con una forma de organización social, de libertad y convivencia.

A la calidad y al valor moral de esos hombres y de esas mujeres que integraban esas sociedades, hay que sumar el valor y la calidad de sus logros económicos, entre los que se encuentran la extraordinaria fertilidad de los suelos. El monte era su vida y “el monte su única fuente de recursos para su subsistencia, por ello los ancestros dejaron testimonios de su paso por el monte a través de sus lugares de enterramiento”[6]. Esos antepasados inspiran a las comunidades de monte que hoy perduran y viven de la autogestión en los montes comunales. Comunidades, con mucho en su contra,que intentan buscar un equilibrio entre tradición y modernidad[7].

Unos paisanos, generaciones de ayer y hoy, que proporcionan un ejemplo de explotación tradicional del monte comunal. Ellos demuestran que el cuidado de los bosques,cuando de este se vive, se hace con sentido común, con sentido integral, con sentido histórico y de trascendencia. Ante la gran crisis de civilización y del individuo,la degradación de los suelos y enfermedad de los árboles,una de las soluciones de futuro será habitar los bosques. Hay mucho por caminar en ese camino en común. Primero aprender de estos antepasados lo que esté al alcance y, seguidamente, recuperar el comunal y el sentido de convivencia.Unos pocos paisanos van por delante.

Javier Pérez


[1] El eucalipto genera de media unos 1000 euros por hectárea y año. Eva González (5 de agosto 2021). ElConfidencial.com. Recuperado de:https://www.elconfidencial.com/medioambiente/naturaleza/2021-08-05/eucalipto-galicia-moratoria-plantaciones_2975880/

[2] http://verdegaia.org/brigadas/as-brigadas

[3] Félix Rodrigo Mora (27 de mayo de 2011). La otra historia del mundo rural. En https://vimeo.com/24452852#_=_

[4] Félix Rodrigo Mora estudia este arte románico rural, popular y concejil en Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural. El régimen concejil, los trabajo y los meses, el románico erótico. Madrid: Potlatch, 2012.

[5] Canecillo: Miembro voladizo sobre el que se asienta una cornisa o alero. También, ménsula o modillón. Recuperado de https://www.romanicoennavarra.info/diccio123.htm  y https://josefranciscoescribanomaenza.wordpress.com/2015/09/22/elementos-principales-de-la-arquitectura-y-decoracion-romanica/

[6] Rafael Quintía. “Comuneiros. Cen anos de vida e loita polo monte de Salcedo” é unha produción da Sociedade Antropolóxica Galega (SAGA) en colaboración coa Comunidade de Montes Salcedo.https://www.youtube.com/watch?v=jz77SHB_KxA

[7] Diana Toucedo. En todas as mans. 2015 https://dianatoucedo.com/projects/en-todas-as-mans-2/Disponible: https://www.feelmakers.com/es/videos/12503/en-todas-las-manos

Editorial Nº 9, 25-09-2021

Otro mes ha transcurrido repleto de sucesos a resaltar: la salida de las potencias invasoras de Afganistán, la explosión del precio de la luz, la no-Diada en Cataluña, etc.

Aunque lo que no nos debe sorprender son las continuas mentiras y manipulaciones que inventan las minorías poderhabientes y repiten como loros sus lacayos de turno. Tanto los funcionarios y los parásitos subvencionados del Estado, como los mercenarios a sueldo de las grandes empresas y consorcios capitalistas; verbigracia periodistas, artistas, científicos, intelectuales, escritores, etc.

El tema de Afganistán es alucinante. Ahí tenemos a toda la izquierda en el poder, PSOE y Unidas Podemos, aplaudiendo a los “héroes” del Ejército español por sus acciones imperialistas. Su militarismo, igual que su amor por las policías y la guardia civil, no puede quedar más expuesto. En esto son idénticas izquierda y derecha; ambos fascismos hermanados.

Recordemos que la configuración actual de Afganistán como país es una invención del Imperio británico, lo mismo que Pakistán. Desde el siglo XIX las potencias occidentales han conseguido imponer su presencia imperialista en esa zona de Asia central, y la invasión de EEUU en 2001, con la inestimable ayuda de otras naciones de la OTAN como el Estado español, es más de lo mismo.

Empero, entre otras, existe una diferencia fundamental. En el siglo XIX las potencias europeas necesitaban Ejércitos masivos, con vistas a expandir su poder, competir entre ellas y aumentar sus colonias. Y fue el Estado republicano francés, gracias a la Revolución francesa, quien primero expandió el Estado para afrontar tales retos imperialistas.[1]

Napoleón llegó a comandar un Ejército de un millón y medio de soldados, cuando en los siglos anteriores los ejércitos monárquicos franceses no superaban los 200.000 hombres. Para lograrlo implementó la instauración del patriarcado con el llamado Código Civil Napoleónico de 1804; mediante el cual las mujeres se quedaban en casa a tener y criar a los hijos-soldado para el Imperio, mientras que los hombres tenían que ir a la guerra a morir por la “patria”.

Mas los tiempos han cambiado. En 1974 el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU a cargo de Henry Kissinger elaboró el llamado Informe Kissinger, o  Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses de ultramar. Este documento indica que en dicho contexto histórico a las élites poderhabientes les interesaba una biopolítica antinatalista, y por ende impulsar el feminismo y la ideología de género, al tiempo que alentaba la “guerra de sexos” (la vieja estrategia de divide et impera).

Así pues en 1979 la ONU realiza la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, y comienza una serie de Conferencias Mundiales sobre la Mujer, hasta llegar a la más importante en 1995, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing. Y, obviamente, como se ha comprobado con la “plandemia” del coronavirus, lo que deciden los Estados se implanta en toda la sociedad. En el Estado español se inició en 2004 con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

En consecuencia, los Estados, y sus ejércitos, patriarcales del siglo XIX han dejado paso a los Estados, y sus ejércitos, feministas o “feminazis” del siglo XXI. Quien albergue dudas al respecto puede realizar una visita turístico-cultural conjunta al Ministerio de Igualdad y al Ministerio de Defensa, que están el uno al lado del otro, en Madrid (capital del Estado).

Si bien lo más descollante de todo es que este feminismo imperialista hodierno es islamófilo; es decir, adorador del islam. El feminismo en Europa, así como la izquierda, no hace sino apoyar las estrategias geopolíticas de las potencias occidentales, aliadas con el imperialismo islámico desde inicios del siglo XX.

A dichas potencias les ha dado lo mismo aliarse y utilizar a Estados sunitas (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc.), chiitas (Irán, Irak, etc.) o a “proxis” (grupos terroristas islámicos como ISIS, Al Qaeda, etc.). De la misma forma que al feminismo no le importa que el islam sea una religión patriarcal, misógina y feminicida. Incluso se ha atrevido a comparar la situación de la mujer en el régimen musulmán talibán con la del Estado español.

Así mismo, al igual que hiciera el Imperio británico con el tráfico de opio en el siglo XIX, EEUU se lanzó a convertir Afganistán en el primer productor de opio-heroína del mundo (hoy día produce hasta el 90 por ciento). Con la excusa de la guerra contra la Unión Soviética, en 1980 se introdujo en esta región para controlarla junto a los muyahidines, predecesores de los talibanes. Más tarde, al perder el control, invadió directamente Afganistán en 2001; multiplicando cientos de veces la producción de esa terrible droga.[2]

Y dicha invasión se justificó a través de otra gran mentira, el “ataque a las Torres gemelas”, o los atentados del 11 de septiembre de 2001; de los cuales se acaba de cumplir el 20 aniversario.

Un atentado de “falsa bandera” que EEUU llevó a cabo gracias a la inestimable ayuda del imperialismo islámico personificado en la familia de los Saud. Por cierto, amigos íntimos del rey emérito Juan Carlos I; así como de Unidas Podemos, pues el régimen fascista de Arabia Saudí es el mayor comprador de armas del Estado español, de ahí que en el pasado año 2020 el gobierno conjunto de PSOE y Unidas Podemos hayan logrado el récord de autorizaciones de ventas de armas con 22.544,8 millones de euros.[3]

Empero, el 11 de septiembre también se celebra la Diada o Día Nacional de Cataluña. Los nacionalistas catalanes rememoran la derrota sufrida ante las tropas borbónicas ese mismo día de 1714; el momento en que su “independencia” desapareció. La celebración de una derrota es algo asombroso; aunque es comprensible que las élites nacionalistas catalanas celebren ese día, pues a partir de ese momento dichas élites pasarían a formar parte del Estado borbónico español, a estar a su servicio y vivir estupendamente.

En la última década de fervor nacionalista (si bien todo muy superficial y patético) las minorías poderhabientes catalanas han manipulado a quienes se han dejado embaucar por el cuento independentista. En cambio, una vez las élites estatales españolas decidieron impulsar la plandemia coronavírica, se acabó el independentismo.

Las televisiones, y en particular TV3 como instrumento encargado de movilizar a las masas indepes, dejaron el tema de lado ya que no interesaba, de momento. Así que el pasado año 2020 la Diada pasó desapercibida, cuando había llegado a juntar a millones de personas. Y este año más de lo mismo, demostrando su insignificancia.

Lo perentorio es que rechacemos el concepto de nación, dado que está casi inexorablemente ligado al Estado. La liberación de los Pueblos y las gentes no pasa por constituir una nación ni un Estado propio; esto sería más de lo mismo.

Desde Amor y falcata, y desde otros sectores (no muchos, y esperemos que sean muchos más), se apuesta por lo contrario, por la creación de sociedades horizontales, comunales, convivenciales, morales, con democracia directa y milicias concejiles. Esta sí es una verdadera solución a la aculturación y la erradicación de los Pueblos peninsulares (incluidos el Pueblo catalán y el castellano) llevada a cabo desde el Estado español y la Unión Europea.

Otra engaño similar al atentado del 11 S fue el crimen de Estado de 1981 sobre el “aceite de colza”. En torno al cual, tras cumplirse su 40 aniversario, en el último mes se han vertido gran cantidad de mentiras y tergiversaciones.

En realidad, como demostró el periodista Andreas Faber-Kaiser en su libro Pacto de silencio, lo que ocurrió fue un envenenamiento masivo que acabó con la vida de un millar de personas y afectó gravemente a otras 20.000. Y, según parece, todo tenía relación con la gran empresa farmacéutica Bayer (a las órdenes del Estado-Ejército alemán), y con las Fuerzas armadas de EEUU, bajo el paraguas cómplice del Estado español.

Tampoco las denuncias sobre la “epidemia” del doctor Antonio Muro sirvieron de nada; el Estado español las encubrió.[4] Es más, curiosamente, ambos, el doctor Muro y el periodista Faber-Kaiser que luchaban por la verdad, murieron en extrañas circunstancias.

Para concluir, hablemos acerca de otra sarta de mentiras, hipocresías y manipulaciones. Y otra vez, cómo no, PSOE y Unidas Podemos son la vanguardia de la reacción; los que realizan el trabajo sucio del Estado.

Porque la izquierda feminista en el poder se está encargando no solo de matar iatrogénicamente con esta plandemia a miles de personas, sobre todo ancianos con el fin de aliviar las arcas del Estado, sino que además están imponiendo un estado de pobreza generalizado, empezando por las innecesarias medidas “anti-covid” que implantaron.

La primera gran indecencia ha sido la explosión del precio de la luz.[5] Pero esto está provocando una escalada inflacionaria, que repercutirá tanto en los precios energéticos, de las materias primas, los préstamos y deudas hipotecarias, de la comida y los bienes de consumo básicos, de la vivienda y alquiler, y del resto de bienes de consumo.

Sin embargo, esto provocará una mayor recaudación estatal, tanto del Estado español como de la Unión Europea. De modo que la izquierda y el feminismo celebran que sus amos estén contentos; lo mismo les suben el sueldo y les conceden más privilegios si cabe.

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[1] Una expansión del Estado que sigue aumentando, para alegría del político socialista Josep Borrell: “[Esta amenaza sanitaria] pondrá de relieve el papel del Estado, que aparece no sólo como el prestamista de última instancia; ahora el Estado es el empleador de última instancia, el consumidor de última instancia, el propietario, porque habrá inevitablemente que capitalizar empresas con nacionalizaciones, aunque sean transitorias, y el asegurador de última instancia. Aumentará la presencia del Estado. Será de forma permanente.

https://www.vozpopuli.com/opinion/borell-estado-totalitario-psoe-podemos_0_1344167095.html

[2] Véase este artículo de Alfred W. Mcoy: https://www.theguardian.com/news/2018/jan/09/how-the-heroin-trade-explains-the-us-uk-failure-in-afghanistan. Lo mismo que su documentada y valiente obra The politics of heroin. CIA complicity en the global drug trade.

[3] Lo recoge por ejemplo: https://elpais.com/espana/2020-12-22/record-de-autorizaciones-de-ventas-de-armas-22545-millones-en-el-primer-semestre-de-este-ano.html.

[4] Véase El Minotauro en Alcàsser: crimen sádico, voluntad de poder y feminismo de estado, otra valiente obra, del compañero Antonio Hidalgo Diego.

[5] Así lo expresaba Alberto Garzón, actual Ministro de Consumo, hace unos años: “Miles de familias no podrán mantener sus casas a temperaturas adecuadas, lo que repercutirá gravemente en la salud de los que menos tienen. Ningún Gobierno decente debería tolerarlo.”     

https://www.elmundo.es/f5/comparte/2021/01/08/5ff83805fdddff9a2b8b462f.html

Culpa, Venganza, Perdón

El cine se ha utilizado como herramienta del poder para adoctrinar a las masas. Esta ha sido, y no otra, su principal función y razón de ser. Productores, directores, guionistas y actores han formado parte del clero adoctrinador de la modernidad, una casta sacerdotal que usaba como reclamo para atrapar a los incautos la belleza de sus imágenes y el encanto de sus historias, burda manipulación de los sentimientos del pasivo espectador que acudía al tocólogo de emociones previo pago de una entrada que le aseguraba ser sermoneado para creerse más culto y mejor ciudadano.


Hoy es prácticamente imposible ver una buena película. El cine actual se ha desprendido de su bonito envoltorio de luces de neón y belleza de postín para mostrarse tal cual es, pura propaganda. Hace ya tres décadas era casi imposible ver películas de cierta calidad como Teniente Corrupto (1992), una oscura y controvertida película dirigida por Abel Ferrara y extraordinariamente protagonizada por Harvey Keitel. Tan bueno fue el resultado del filme que la industria del celuloide tuvo que lanzar una reposición en 2009 para enterrarlo en el olvido: la película Teniente Corrupto de Werner Herzog, protagonizada por un vergonzoso Nicolas Cage, es más mala que la quina.


El cine es cosa del pasado, y en su funeral admito que soy uno de esos incautos que ha malgastado a saber cuántas horas de su vida delante de una pantalla, reducido a triste receptor de la ingeniería social de Hollywood. Hace ya un tiempo que decidí, igual que el cura del Quijote, realizar un donoso escrutinio de todas esas obras que me han secado los sesos; y si el Licenciado Pedro Pérez salvó del fuego a la novela Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, yo haré lo propio con el Teniente Corrupto de Abel Ferrara, una peli tan cruda y realista, como trascendente.


El teniente, corrupto hasta el paroxismo, no tiene nombre. Es un policía de Nueva York casado y con hijos, que se pasa el día y la noche fuera de casa, bebiendo y tomando todo tipo de drogas en compañía de prostitutas. En medio de una irreversible crisis personal, el teniente trabaja en la investigación del asalto a la iglesia católica del barrio, un acto vandálico en el que los agresores destrozaron el templo, se entregaron a todo tipo de sacrilegios y violaron y torturaron a una joven monja de origen irlandés. El policía solo necesita reunir las pruebas suficientes para incriminar a los culpables, pues todo el barrio conoce la identidad de los jóvenes autores de la brutal agresión, antiguos alumnos de la joven a la que violaron. Mientras avanza la investigación, se acelera también la caída al abismo del antihéroe, entregado en cuerpo y alma a su propia autodestrucción, un proceso aniquilador que no pasa por alto la ludopatía. En las series finales de béisbol se empaña en apostar su dinero, y el de sus colegas, a la improbable victoria de los Mets, y dobla la apuesta tras cada derrota sin disponer del capital suficiente para hacerse cargo de la enorme deuda contraída con la mafia.


La ‘culpa’, según la teología, es ‘el pecado o transgresión voluntaria de la ley de Dios’. El teniente se siente tan culpable por su vida disoluta como deberían sentirse los delincuentes a los que investiga, así que mientras se autodestruye por puro arrepentimiento poniendo en serio peligro su vida timando a la mafia y consumiendo estupefacientes, propone a la joven novicia “tomarse la justicia por su mano” y matar a los violadores, en vez de detenerlos. Pero la monja se opone a esta propuesta de venganza con gran entereza y paz de espíritu, asegurando haber perdonado ya a sus torturadores. El teniente pretendía redimirse a sí mismo cometiendo un asesinato que vengara el honor de otra persona, depositando su propia culpa en unos jóvenes camellos de poca monta que habían cometido un crimen mesurablemente más aberrante que los desmanes habituales del funcionario.


¿Cuántas ideologías líquidas y terapias modernas pretenden liberarnos de nuestra culpa encerrando nuestro ego en una burbuja solipsista y depositando la responsabilidad de nuestros actos en otras personas, desde nuestros padres a nuestra expareja, pasando por aquellos jefes y profesores que nos hicieron la vida imposible o por misteriosos traumas intergeneracionales acontecidos siglos ha? La culpa es el resultado de un yerro personal que implica una responsabilidad individual, un doloroso aviso que nos recuerda que no hemos actuado correctamente, que nos hemos equivocado, y que por nuestras decisiones hay otras personas que han salido malparadas. Así que la culpa no es buena ni es mala, convive con nosotros, y es tan humana como el dolor, la muerte, el miedo y la enfermedad. La culpa es un mecanismo necesario que ayuda a regular el comportamiento humano. Un mundo liberado de toda culpa sería muy guay y muy New age, pero también daría paso a una sociedad de psicópatas reincidentes.

Tan nocivo es renunciar a la responsabilidad de nuestros actos como asumir la culpa de los crímenes que han cometido otros. Igual que no debemos cargar con las consecuencias del comportamiento de las personas que nos rodean, tampoco debemos caer en la trampa del autoodio que tanto fomentan las instituciones de poder, sus intelectuales a sueldo, medios de comunicación y grupos de presión. Ser europeo no me convierte en imperialista; ser “blanco” no implica ser racista; vivir en el siglo XXI no me hace responsable del llamado cambio climático; y que sea hombre no significa que sea machista. La culpa no debe ser desviada a otras personas, ni diluirse en un colectivo. No soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, como aseguraba la escuela sociológica de Chicago; no vivo en un país disfuncional porque Colón descubriera América; ni soy un solitario mamarracho con baja autoestima por vivir en una sociedad homófoba y heteropatriarcal. Como dijo Karl Jaspers, ‘solo es criminal el individuo’ [1]. Que cada palo aguante su vela, y que cada hijo de vecina asuma la responsabilidad de sus malos actos tratando de no volver a cometerlos.


Pero somos humanos, imperfectos, así que cometemos errores y dañamos a otras personas. El teniente corrupto de Abel Ferrara es una exagerada caricatura de todos nosotros, el reflejo perverso que no queremos ver en el espejo. Porque no somos seres de luz, y el mal es una elección que muchas veces escogemos, por comodidad, por ignorancia, por codicia, por error, por imitación, por costumbre, por lujuria, porque obedecemos órdenes, por envidia, porque sí. El dolor que infligimos a los demás no desaparece con una disculpa, sino que es un daño irreversible que solo fingimos camuflar, como el que pone un parche en una rueda pinchada. La culpa que arrastramos será más llevadera cuando asumamos la responsabilidad de redimir nuestras faltas. La ‘redención’, según la RAE, consiste en ‘rescatar, sacar de la esclavitud al cautivo mediante precio’ (primera acepción). La culpa nos esclaviza en cumplimiento de una condena cósmica que nos recuerda a todas horas que tenemos un cadáver enterrado en el jardín de nuestra azotea. Solo la consciencia de nuestros malos actos y el compromiso personal de no volver a cometerlos puede pagar el precio de nuestra culpa y liberarnos.


Una sociedad egocéntrica, maquiavélica y desespiritualizada como la que hemos consentido edificar no favorece, precisamente, la asunción de responsabilidades. Cada día soportamos todo tipo de injusticias por las que no obtenemos ningún tipo de reparación. Recibimos los golpes, nos sentimos impotentes, nos llenamos de rabia. Friedrich Nietzsche escribió en La genealogía de la moral (1887): “Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro (…) La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción… Todo esto se vuelve contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la mala conciencia”. Muchos se deprimen, algunos se suicidan, otros se evaden de una realidad cada vez más difícil de soportar; la mayoría se rinde. Nietzsche nos propone desahogar las frustraciones que nos ocasionan los abusos que recibimos descargando nuestra ira en aquellos que son más débiles que nosotros, en nuestros iguales o en las personas con que las que convivimos. Frente a la actitud católica de la monja de poner la otra mejilla mientras estaba siendo vejada, la no menos católica respuesta del teniente: iniciar una larga marcha hacia la autodestrucción agobiado por el peso de la culpa. Todas ellas son pésimas soluciones.


El teniente, desesperado por sus patéticas circunstancias, despierta de su martirio autoimpuesto y pretende descargar su culpa vengando a una chica que representa toda la pureza de la que el policía adolece; el protagonista cree que el individuo puede vencer a la injusticia mediante la práctica de la venganza. ¿Cuántas veces habré fantaseado con matar con mis propias manos a determinados psicópatas que salen en televisión? ¿El “placer” de practicar la violencia contra los malvados nos hace libres? ¿Cuántas películas de Hollywood han glorificado la sed de venganza, como Harry el sucio, Kill Bill o Django desencadenado?


Los filósofos estoicos estaban convencidos de que la venganza nos enferma, y el perdón nos cura. Séneca abogaba por el uso de la razón y no dejarse arrastrar por la servidumbre de la ira; Epicteto rechazaba el derecho de venganza, también el de las instituciones del Estado; Marco Aurelio apostaba por la comprensión de las faltas del prójimo. Así que el perdón (la clementia latina) no es un invento judeo-cristiano, sino que estaba muy presente en la Antigüedad, tal y como ha argumentado Charles L. Griswold[2]. Entregarse a la venganza es dejarse dominar por las pasiones: perdemos el control de nuestros actos, nos rebajamos a la altura de quien nos ha ofendido y demostramos que hemos sido incapaces de asumir un dolor que nos ha acabado destruyendo, en vez de hacernos más fuertes. La venganza no enmienda el daño que nos han infligido, ni puede resucitar a los muertos. La venganza no puede reparar lo irreparable. Saber perdonar no nos convierte en personas débiles, sino en individuos autoconstruidos y seguros de nosotros mismos.


Después de tocar fondo al masturbarse en la calle delante de dos adolescentes a las que coacciona enseñando su placa, el teniente visita la destrozada iglesia y recibe la aparición de Jesucristo, al que suplica perdón por sus pecados y acaba besando los pies. Tras esta revelación, tal vez provocada por el consumo de alucinógenos, el teniente corrupto decide redimirse a sí mismo con un sorprendente acto de generosidad: se dirige al antro en el que malviven los dos jóvenes violadores y, lejos de acabar con sus vidas tal y como el espectador espera, los secuestra, les entrega una buena suma de dinero y los mete en un autocar que les va a trasladar a la otra punta del país con la condición de que no vuelvan a pisar Nueva York y empiecen una nueva vida más edificante y mejor. En la siguiente escena, el redimido policía cae abatido por los disparos de la mafia.


Nunca sabremos si los dos jóvenes violadores consiguieron redimirse y dejar atrás su vida de odio y de violencia. Probablemente se gastarían el dinero en armas, en drogas o en regresar a la ciudad para seguir haciendo de las suyas. Nunca lo sabremos, porque es un relato de ficción. En todo caso, ¿quién era el teniente corrupto para redimir a nadie? Podría haber empleado sus energías en rehabilitarse a sí mismo, enderezar su vida desnortada y dar amor a su familia. Porque el verdadero acto de amor de esta historia lo protagonizó la joven monja que tuvo la entereza de perdonar a sus agresores demostrando más valentía en otorgar el perdón que en la defensa de su integridad.


“Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica” (Lucas, 6:29). Este versículo evangélico, probablemente falseado por la Iglesia romana, es una auténtica aberración. Saber perdonar las faltas de los que nos ofenden no significa abandonarse al masoquismo. Permanecer pasivo ante las ofensas es aceptar la moral del esclavo, justificar la injusticia, colaborar con el abusador y desprenderse de la dignidad humana. La religiosa irlandesa de la película de Ferrara debió luchar con todas sus fuerzas para evitar ser violentada por los dos adolescentes, pelear hasta la muerte o hasta causar la muerte a sus agresores. Tan legítimo es el derecho de defensa, como innecesario el de venganza. Las guerras son tan despreciables como convenientes cuando estamos siendo ultrajados. “Las armas son instrumentos de mal agüero y la guerra es un asunto peligroso (…) Las armas solo deben usarse cuando no existe otro remedio”, El arte de la guerra de Sun Tzu.


A todas, todos y todes aquellos que me habéis censurado este verano por argumentar la perversidad del feminismo de Estado; a todos los libreros que no queréis vender mi libro porque molesta al poder establecido; a todos los que me habéis impedido hacer actos públicos por no ser políticamente correcto; a los que habéis censurado mis contenidos en las redes sociales; a los que han hecho libelos difamatorios contra mi persona de forma anónima; a los que me habéis insultado por no compartir vuestras ideas (que son las del poder); a los que me habéis ordenado censurar mis textos; a todos vosotros, yo os perdono. Pero tened bien presente que no soy como la monja de Teniente corrupto: sé defenderme y os haré frente. Responderé a cada una de vuestras agresiones con la contundencia de mis textos y mis argumentos, y estoy dispuesto a entablar una lucha encarnizada cada vez que no respetéis mi libertad de conciencia y de expresión.


Os comprendo. Sé que tenéis vuestras razones. Unos lo hacéis por ignorancia, otros por dinero, otros por pura intransigencia. No quiero convenceros de nada, ¡pensad como os dé la gana!, podéis seguir siendo unos fascistas posmodernos, de esos que reprimen sin dar la cara. Cuando recapacitéis y dejéis de ser censores quedaréis redimidos, y juntos podremos aprender a convivir y a trabajar por el bien común.

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[1] La pregunta por la culpa. De la responsabilidad política de Alemania (1946).

[2] Ancient Forgiveness. Classical, Judaic and Christian (2012).

La paja, el grano y la afinidad. Nuestra respuesta a la Asociación Amarauna

Tras los acontecimientos vividos con la Asociación Amarauna de Ziordia, desde el equipo de redacción Amor y Falcata lanzamos una reflexión al movimiento de Transformación Integral que invite a dar un paso más; un avance en su crecimiento, como acción-reflexión, y en pos de una evolución integral colectiva.

A toro pasado, en frío, las cosas se suelen ver con distancia y con mayor objetividad, por lo que decidimos dejar que el V Encuentro por la TI tuviera lugar; y, después, daríamos paso a un texto que pudiera ofrecer un análisis constructivo y enhebrado desde la realidad del asunto en una visión panorámica. Además, hemos de tener en cuenta que entre nuestras líneas –combativas y literarias, filosóficas y trascendentes, populares e historiológicas, periodísticas y liberadoras- contamos con Antonio Hidalgo, uno de los protagonistas del suceso que, en nuestra opinión, sirvió de excusa para establecer una fisión con el movimiento TI o RI.

Consideramos, en primer lugar, que lo ocurrido nos ha llevado a realizar una toma de conciencia muy positiva, en tanto que movimiento colectivo plural y heterogéneo, ya que nos ha obligado a revisar nuestros principios políticos, ideológicos, morales y éticos.

Hemos de decir al respecto que es lamentable la pérdida de compañeros debido a este o cualquier conflicto, y que, tal vez, era inevitable, puesto que el movimiento RI resulta incompatible con aquellos que censuran la libertad de expresión, permiten dicha censura o simplemente la obvian.

Nosotros entendemos que lo importante es ser coherentes, tanto para con uno mismo como por medio de nuestro comportamiento para con el resto de personas; y para ello hemos de establecer un único lugar de encuentro para nuestro pensamiento, nuestra palabra y nuestra obra. Si no, seríamos un grupo de personas que viajan en un barco sin rumbo, sin dirección y sin capacidad para sobrevivir.

Amarauna estableció en un comunicado[1] que no aceptaba el pensamiento esgrimido por Antonio Hidalgo en un texto y un vídeo titulados Mujeres, hombres y viceversa,[2] y proponía como condición sine qua non que nuestro colaborador asistiera al V Encuentro después de haber sustituido los fragmentos del texto que ellos habían señalado como inadecuados por otros que les resultaran menos ofensivos y acordes a su ideología. Así pues, vetaban su asistencia implícitamente, pues él nunca aceptaría ir al Encuentro sobre la base de su obligada autocensura.

Resulta incoherente que se proponga la censura como un acto de tolerancia, ya sea por una ideología afín al feminismo imperante o por cualquier otro tipo de creencia. ¿Dónde está la libertad que se defiende en una mano, si con la otra tapo la boca de aquel que expresa algo que no me gusta?

No deja de ser sorprendente cómo en ciertos chats de Telegram se diera un debate sobre algo que nos parecía evidente: el fanatismo no puede ser acogedor nunca.

Desgraciadamente, para cuando se organizó el V Encuentro en otro emplazamiento, se había separado el grano de la paja; es decir, aquellos que querían entender lo incomprensible e incoherente, acabaron desligándose del Encuentro el pasado mes de agosto.

Puede que esto sea cuestión de afinidad, o de afinar las cuerdas de quienes integran el movimiento TI, o de permitir que algunos desafinemos de vez en cuando, como seres humanos que somos. Lo que sí es evidente es que ha sido una experiencia depuradora, ya que todos hemos tenido que preguntarnos con qué estamos de acuerdo, qué estamos dispuestos a entender y tolerar desde el movimiento RI, y, por supuesto, qué precedente establecemos que sirva como referencia si nos encontramos más veces con el desencuentro vivido con Amarauna.

Obviamente, siempre estaremos abiertos a acoger a cualquier compañero que en el debate que tuvo lugar el pasado verano decidieron marcharse. Ni un chat ni una red social son los lugares adecuados para debatir, aunque sí lo son para el desencuentro.

El movimiento Revolución Integral ya sabe, ahora lo sabe, que establecerá puentes con todos aquellos que respeten la libertad del ser humano en su integridad; y, desde luego, en su libertad de expresión. Será la única manera de crecer en la afinidad, como una base nutridora que permita el entendimiento de todas las gentes populares que somos grano y paja, al mismo tiempo, y sin que eso importe demasiado, mientras haya lugar para el encuentro.

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[1] Véase: https://www.revolucionintegral.org/index.php/item/581-segundo-comunicado-de-amarauna

[2] Véase: https://amoryfalcata.com/2021/06/25/mujeres-hombres-y-viceversa/

Reflexiones sobre el comunicado de Amarauna

A principios de julio, Amarauna recibe el artículo “mujeres, hombres y viceversa” de Antonio Hidalgo publicado el 29 de junio en la web de RI. Se trata el tema en asamblea y algunas personas del grupo manifiestan su dolor ante lo expuesto en dicho artículo y vídeo. Se ven atacadas tanto ellas como un movimiento social al que están ligadas, el feminismo.

El articulo de Antonio está publicado en la web RI, en el blog Amor y Falcata y en varios sitios más, por tanto está al alcance de cualquiera. El hecho de que Amarauna “recibe el articulo”, es raro. Pues induce a pensar que alguien lo mandó con malas intenciones. Un articulo puede producir acuerdo o desacuerdo, y si es fuerte cualquiera de estas opciones: la necesidad perentoria de expresar el acuerdo o el desacuerdo, mediante un fuerte combate (debate) argumental. Por esto me sorprende que produzca dolor. Para mi es fácil comprender el dolor físico. El dolor emocional producto de una lectura me cuesta más. Se ven atacados, pero no se defienden.

La asamblea de Amarauna quiere cuidar ese dolor. Por eso, se decide solicitar a la organización del encuentro de RI ese cuidado. Primeramente, se solicita tener una reunión y desde RI se nos propone una reunión informal, ya que 2 personas de su grupo se pasan por Amarauna. Se decide hacer esa reunión, quizá luego para hacer otra formal.

Cuando uno tiene un dolor, la reacción normal es curarlo, lo más rápido posible, para que desaparezca ese dolor. Pero no, se decide solicitar de RI ese cuidado. O sea, que sea otro el que te cure el dolor. Delegar en otro tu poder. Nunca tomar las riendas de tu propia vida. Eso provoca riesgo, esfuerzo, combate, incertidumbre… mejor que lo resuelva otro. Esto se llama victimismo. En este párrafo ya empieza a aparecer el neo lenguaje.

En esa reunión informal el 17 de julio, parte de las personas de Amarauna que acuden a esa reunión lanzan posibles propuestas a título personal, entre ellas la de subir un texto de nuestra parte a la web de RI, la reescritura del artículo sin atacar a nadie, que no viniese Antonio al encuentro o juntarnos con Antonio para hablarlo. Tras la reunión, tenemos la sensación de que es muy complicado ponerse en contacto con el grupo que gestiona o decide sobre los contenidos que se publican en la web de RI y continuamos con la necesidad de sentir empatía desde RI a este dolor, causado por los insultos y desprecios de alguien que ha estado en este espacio y forma parte de RI.

Ninguna de las propuestas que llevasteis a la reunión informal la habéis realizado, y, sin embargo, hay una propuesta totalmente inaceptable, que raya la ofensa. ¿Quién es, o se cree Amarauna, para impedir, vetar, prohibir… la asistencia de una persona a una reunión de RI? Eso es censura, fascismo, no libertad de expresión… empero sentís la necesidad de nuestra empatía hacia vosotros. Otra vez de victimas. Toda victima solo quiere que le den la razón. Así no tiene que luchar y enfrentarse a la realidad. Pues eso es doloroso. Aquí también aparece el neolenguaje. Solo el espacio Amarauna no es nada. Sera más o menos bonito. Pero el valor se lo dan las personas que viven allí. Por más que leo y releo el artículo de Antonio no veo por ninguna parte los insultos o desprecios.

El 21 de julio, al continuar incomodos para realizar el encuentro y queriendo resolver cuanto antes, decidimos haceros una propuesta formal. Esta consiste en la petición de que ese artículo y video se retire de la web de RI, y se pueda transformar en otro artículo que tenga las mismas posiciones ideológicas, sin entrar en el insulto y los desprecios. De esa manera, desde Amarauna se podría sentir que RI es sensible y tiene el anhelo de cuidar nuestros valores.

Hacéis una propuesta formal. Mas todo tiene que hacerlo la RI. Vosotros no os mancháis las manos. Sois seres superiores. Sois los ofendidos, las victimas. Tenemos que retirar el artículo o transformarlo en otro que cumpla vuestras condiciones. Sois unos totalitarios. Pero con un barniz que apesta. Ya que de esta forma podríais sentir que la RI es sensible a vuestros valores. Yo, Yo, Yo… los valores de la RI os la traen floja. Hay que plegarse a vuestras ideas. Pura ideología de fascista.

Aunque en este tema, feminismo, anti-patriarcado, los discursos de RI y de la mayoría de la asamblea de Amarauna sean diferentes, respetamos vuestras ideas y desde ese respeto queremos acogeros.

Nunca se ha pretendido que ese artículo no se difunda, ahí no entramos… tan solo, que dos colectivos que desean caminar juntos en lo que coinciden, puedan sentir el respeto y el cuidado mutuo en lo que nos diferencia. De ahí esa petición.

No respetáis nuestras ideas, pues queréis que las cambiemos según vuestro criterio. A eso lo llamáis “acogeros”. Maldito neolenguaje. Solo estaba pactado la utilización del espacio Amarauna y RI, son dos colectivos diferentes con algunas cosas en común. Amarauna es un colectivo de personas que gestiona un espacio de acuerdo con sus ideas. La RI es un colectivo que intenta comprender la realidad actual desde muchos puntos de vista y desde la practica-teoría formar a las personas para un posible cambio personal y social. Nosotros nunca hemos censurado vuestro actuar. Si lo necesitáramos hacer lo debatiríamos públicamente, nunca os impondríamos nuestras condiciones. Vuestra petición es un inmenso error.

Lo más paradójico es que nadie en concreto conoce esos posibles “ataques u ofensas”, por lo menos públicamente. Con lo que no dais opción a resolverlo. Dado que todo lo tratáis a nivel “emocional”, solo queda plegarse a vuestros “sentimientos”. Habéis creado una situación muy pedagógica, para entender lo que es el Posmodernismo en su variante Feminista.

El Modernismo es la entronización de la razón ante las creencias. Muerte de Dios. El hombre les roba el fuego a los dioses y comienza el progreso de la humanidad. Prometeo. Como el sueño de la razón crea monstruos, con el paso de los tiempos quién mejor refleja la situación es Sísifo, que es condenado a subir rodando una piedra a la cumbre de una montaña y cuando estaba a punto de conseguirlo se le cae y vuelta a empezar…

Esta etapa de la Humanidad por lo menos tenía valores: esfuerzo, solidaridad, búsqueda del sentido de la vida, épica, etc.

Aunque llega la Postmodernidad y declaran: “Nuestros antepasados eran tontos, si no vamos a conseguir nunca la subida a la montaña, dejemos de intentarlo”. Vivamos solo el presente. Ni el pasado ni el futuro importan. Solo importa el aquí y el ahora. Ganemos dinero, cuida tu salud y consérvate joven. Que no te importe nada. Pensar es malo. Por lo tanto todo da igual, no hay esperanza, no hay épica ni ética… te adaptas a un ser esclavo, sin voluntad, perfecto para el Capitalismo. El Homo Sentimentalis-Egoísta-Individualista-Veleta.

Por esto, quien mejor define nuestro mundo es el mito de Narciso. El ser enamorado de sí mismo, que no mira al mundo exterior. Esto solo puede traer decadencia personal y social. Nuestro mundo actual.

De modo que aprendamos, puesto que es la única forma de avanzar.  

Jorge Martín González

Editorial Nº 8 25-08-2021

No hay duda de que nos encontramos en un punto de inflexión para la Humanidad, un lugar en el que confluyen los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, los ángeles y los demonios. Y en el medio de esa polaridad, que no es extraña pero sí explícita, nos ubicamos los seres humanos. Esa intermediación entre opuestos no se trata de una novedad, ni de un descubrimiento propio de forofos de la adrenalina, pero sí está sucediendo un acontecimiento singular, algo que caracteriza esta situación como un momento extrañamente paradójico: y es que los extremos del péndulo se tocan creando paradojas en nuestros pensamientos, en nuestras ideas, en nuestras creencias, y por qué no, también en nuestros recuerdos y proyecciones al futuro.

Los buenos pueden ser fuertes o débiles, igual que los malos que los hay feos y guapos, e incluso simpáticos, y podemos asumir que los ángeles y los demonios tienen algo en común, probablemente, que se alimentan del espíritu humano, ya sea para hacer bienes o males.

Durante este último mes tórrido y leonino donde los haya hemos observado que las paradojas se han ido aconteciendo unas entre otras, mezclándose en una barbarie de noticias que, como los coches de choque en las verbenas, se agolpan sin más intención que esa, la de golpear la tranquilidad de un mes que todavía conserva su cariz vacacional. Por ello, resulta inevitable extrapolar esos choques a nuestra burbuja personal, esa que habitamos, y que nos reconforta cuando no miramos al exterior con demasiado interés, con demasiado deseo, con un exceso por controlar la idea de que es el mundo el que debe estar equilibrado, aunque nosotros no lo estemos.

La paradoja es un concepto tanto de letras como de ciencias, ya empezamos por el lenguaje asociado, y es que viene definida como la coexistencia de dos términos o conceptos aparentemente opuestos. Ese rasgo de apariencia, esa ilusión de la realidad, es el velo que hay que rasgar entre choque y choque. No olvidemos que en la verbena sigue sonando la música y solo se detiene para descansar hasta el día siguiente, mientras la gente sigue comprando sus fichas para montar en las atracciones de la feria. Vivimos tiempos de feria, palabra que contiene dos significados compatibles: la de ser un mercado de compra-venta y la de celebración popular. Se trabaja y se festeja, qué paradoja, porque parece que no son actividades compatibles, sin embargo, cuando se crearon las ferias medievales, era lógica la celebración tras la actividad mercantil. Era un ritual que servía para cerrar el período comercial que permitía un intercambio de productos, una re-evolución de lo trabajado, invertido o cosechado.

Sin embargo, hoy en día las paradojas no tienen esa lógica ritualista de los acontecimientos naturales, no sirven para transmutar lo humano, para transitar el laberinto que acoge al héroe, tal y como expone Jaime Buhigas en su libro Laberintos.[1] Nos encontramos en un sumidero por el que se cuelan paradojas que invierten la realidad, hasta desdoblarla.

En los pasados juegos olímpicos de Tokio hemos comprobado cómo atletas transexuales competían en categorías que les correspondían por estado genérico actual pero no por la naturaleza con la que nacieron y, sin embargo, según quejas de algunas mujeres atletas no era justo[2]. ¿Será que aquello que se veía como beneficioso se tornará perjudicial?[3] Y no solo hemos asistido a esta controversia, sino que además, estos juegos de la competición en el olimpo de los dioses que descienden a la tierra nos hemos encontrado con ceremonias de inauguración sin espectadores, pero con mandatarios sospechosamente inmunes a lo que el común de los mortales parece estar expuesto; también hemos observado cómo lo normal es ser víctima y vencedor al mismo tiempo, por la proliferación de atletas que reivindican lo suyo con gestos y símbolos, como si los demás no tuvieran también sus cosas, sus peculiaridades, sus expectativas y sus pasados dolorosos.

Mientras transitamos la ilusión de la realidad, de la paradoja excesiva en los días calurosos de la feria, entre coches de choque, siempre algunos aprovechan para hacer sus compra-ventas en el mercado. Incluso establecen su chiringuito de verano, en el cual los personajes con bañador y cerveza son sustituidos por ministros con traje y carteras con doble fondo; los niños que corren entre las mesas y piden ir al agua son futuros tiburoncillos de la banca y ya apuntan maneras manejándose como peces en Benidorm, entre las instituciones internacionales y las nacionales; las mujeres que apoyan sus pies en la silla, con sombrero y gafas de sol, también se aparecen como aquellos individuos que esperan sentados su turno, su momento de gloria. En estos chiringuitos de verano de las compra-ventas de países, la modificación del clima, de ahora te atravieso un barco en un canal y ahora os toco las narices hasta que me dé la gana, no hay alegría de agosto. No tenemos más que atender a la gran proliferación de noticias que se han publicado sobre acuerdos políticos que podrían ser susceptibles de que los votantes se quejaran y pidieran la devolución de su voto. Entre decretos y acuerdos del Gobierno sobre concesiones a Cataluña[4], las zambullidas de la ideología de género en la educación -creando asignaturas adoctrinadoras o inventando unas matemáticas que deban incluir sí o sí este tema, porque el gobierno lo dice, no porque sea un tema esencialmente matemático- o permitiendo, cual cómplice deshonesto y desprovisto fríamente de una conciencia social, una subida histórica de las tasas en el recibo de la luz.

Así que mientras la realidad se distorsiona y se retuerce en un sumidero por el que se cuelan los valores más esenciales, y con ellos los derechos y deberes de todo hijo de vecino, la feria sigue con sus luces y sus sombras, con ese ruido de verbena, entre lo mecánico y la música alegre, los placeres de los dulces, pero, sobre todo, los coches de choque han aumentado sus golpes. Del mismo modo, las informaciones de unos y otros, ya sea por la verdad, por el bien común o por la libertad, se enredan en las experiencias de cada individuo, de cada lectura, de cada conversación.

Con este escenario tan ruidoso, tan perturbador, ¿cómo guiarnos para conservar la cordura y llegar a buen puerto? Esa es la pregunta cuya respuesta ha de darse en estos tiempos. Agosto es un mes sin leyes, así que hemos de acudir a algo esencial, algo que esté por encima y por debajo de todo: el sentido común. Es lo único que resuelve cualquier paradoja, esa vacuidad de la certeza. Hemos de recordar y practicar el sentido común, como el mayor de los sentidos, para el cual no hace falta tener estudios con título, ni viajar lejos para encontrar el tesoro de oriente, ni es necesario competir con nadie, solo hemos de ubicar la certeza. Y el sentido común puede instalarse en todas las parcelas vitales, desde el amor al prójimo, al intercambio de productos, la justicia interna, la medicina, el trabajo de la tierra, la relación con nosotros mismos o la educación. Abarca toda la vida, sin chiringuitos de playa malsanos, sin la ubicación del poder más allá del acto consciente de uno mismo. Eso no quita para que no haya coches de choque que a veces necesitemos para rasgar ese velo de la realidad. Podemos volver a la verbena cada noche, en el universo que queremos vivir, en el que cada uno baile con su sentido común. Y que la feria siga su curso.

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[1] Buhigas Tallón, Jaime. Laberintos. Ed. La Esfera. (2013, Madrid)

[2] Atletas transexuales en competiciones deportivas: la controversia (infowod.com)

[3] Las atletas dicen basta: no quieren competir con transexuales – Aceprensa

[4] El Gobierno pacta por sorpresa con Cataluña invertir 1.700 millones en el aeropuerto de El Prat | España (elmundo.es)

El Comunal o la Renta Básica Universal (RBU)

El progresismo estatólatra está obsesionado con que la gente común reciba una renta incondicional con la que pueda cubrir sus necesidades básicas, o en otras palabras, pueda hacer lo que le de la gana con una cantidad mensual de dinero ingresada en su cuenta bancaria. Esa es la libertad por la que abogan: la de recibir dinero y gastarlo en lo que a uno le venga en gana. Con otras palabras. Vivir del cuento. Vivir un cuento de miseria en el que quienes ostentan el poder y la riqueza lo seguirán ostentando, mientras la cultura de las migajas sirve para hacer más pasivas y dependientes a las clases populares. Más animales, menos humanos.

El liberalismo estatofílico tiene una posición contraria a esta medida, ya que según ellos, cada cual debería competir en un teórico mercado libre, con su fuerza de trabajo y creatividad, sin la caritativa renta estatal. Falacia capitalista que proporciona el mismo resultado que el anterior: sometimiento por la vía de la acumulación de unos pocos para dominar la voluntad de los muchos.

Bien, todas estas propuestas utópicas son antes que nada indeseables y después irrealizables. Son indeseables porque se implantan desde arriba, neutralizan las capacidades humanas para su libre desarrollo en el acto creativo del trabajo libre y anulan la voluntad del individuo. La RBU solo es posible con un Estado todo poderoso en el que la persona es solo un animal que debe sobrevivir materialmente al margen de su libertad, que para nada sirve. Ser sumiso y dependiente de la renta estatal, del imperio de la ley (el que algo quiere, algo le cuesta).

En lugar de entregar rentas incondicionales dinerarias (donde el uso del dinero es solo secundario), la sociedad popular altomedieval se dotó de un fantástico sistema universal de apoyo mutuo: el Comunal. Este sistema se basó en la apropiación comunitaria de las tierras y los medios de producción, instaurando el usufructo universal para todos los vecinos y vecinas de una población determinada. Es decir, la gente se entregó a sí misma un sistema de justicia redistributiva para poder garantizar la reproducción de la vida de todos los vecinos, con la condición de que debían trabajar con sus propias manos y medios para lograr su subsistencia. Se instauró así el TRABAJO LIBRE UNIVERSAL, donde nadie es más que nadie, donde el concejo de los vecinos libres establece las normas de uso de los bienes comunes que garantizan el acceso libre para todos. Propiedad comunal, trabajo universal, libertad individual.

En la sociedad tradicional, mientras ha dominado el ente popular, ha primado el Comunal junto con las instituciones de auxilio, cofradías, fraternidades y todo un conjunto de asociaciones para el socorro y el apoyo mutuo. Además, cabe reseñar que la sociedad Comunal ha sido ante todo una sociedad del amor y los cuidados, de la ayuda y el esfuerzo desinteresados, de la preservación y la sostenibilidad en actos, del conjunto de la naturaleza y de las relaciones afectivas para con los iguales. La sociedad contemporánea del mercadeo, de las pagas y subvenciones, no puede decir lo mismo: en ella todo se compra y se vende, desde los derechos de emisión de CO2 hasta los criados que “cuidan” de nuestros ancianos.

El espíritu de comunalidad ha sido la mejor garantía para que todo el mundo pudiera producir y cuidar libremente, al contrario de la RBU que pretende universalizar el consumo. Universalizar el consumo (la pasividad) frente a universalizar la producción (la actividad), esa es la gran paradoja del obrerismo contemporáneo frente al comunalismo altomedieval. En el modelo liberal, la única salida para los desposeídos es ser esclavo-salariado de quienes ostentan el poder y la riqueza, esa es su condena. Por eso frente al modelo liberal el Comunal es la garantía de que todo el mundo pueda vivir dignamente y desarrollarse económicamente, todo lo que pueda acaparar con su trabajo y el de sus iguales, nunca a costa del trabajo de los demás.

¡No a la Renta Básica Universal!
¡Sí al Comunal! ¡Sí al Trabajo Libre Universal!

Gka

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Proyecto para la formación de Comunidades Integrales Revolucionarias

Este Proyecto se publica de manera gratuita y desinteresada a conciencia. Incluso, se podría afirmar que ponerle un precio sería minusvalorarlo. Además, la intención es que este escrito llegue al máximo número de personas posible.

La naturaleza del Proyecto en sí es ante todo preparatoria. A pesar de que contiene una fracción importante de elementos prácticos, su esencia es inspiradora. Pretende estimular un nuevo movimiento histórico de carácter comunitario-colectivista. Pretende servir como fase previa necesaria, en la cual se reflexiona y planea cómo se puede materializar hoy día una revolución comunal, del amor, e integral.

En la historia universal, y en la nuestra peninsular, tenemos diversos ejemplos  de revoluciones similares; que han inspirado en parte esta obra. Ergo lo que se expone en ésta no es nada especialmente insólito ni original.

Con el propósito de analizar dichas revoluciones, así como suplementar este Proyecto, un servidor decidió elaborar un Prefacio extenso que lo complementara; el cual he elaborado junto a Félix Rodrigo Mora.

Así que de manera paralela, debido asimismo a su profusa extensión, el Prefacio y este Proyecto se han publicado conjuntamente como libro en papel bajo el título Vida comunal y transformación. La Comunidad Integral Revolucionaria.

Mas el Proyecto por sí mismo contiene numerosos ingredientes inspiradores. Suficientes para proyectar desde ya la constitución de esa vida comunitaria que tanto precisamos.

Puesto que, como se argumenta en este escrito, es la vía más factible para transformar el mundo; y, por ende, para salvarlo de la catástrofe.

José Maenza

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¡Disparen¡ ¡Es una orden¡

Unos ganaderos cántabros andan a la greña porque las instituciones del Estado han decidido cargarse un puente que para ellos es imprescindible para poder llevar a cabo su labor y mantener su sustento. El Estado evalúa una situación y dicta una orden en función de su propio interés estratégico, que siempre resulta ser inhumano, insensible y tan contrario al interés general, como al particular. Al obediente contribuyente no le queda otra que emplear la máxima del ‘ajo y agua’: a joderse y aguantarse. O no, pero pasa muy pocas veces que los damnificados se atrevan a plantar cara, como han hecho unas pocas mujeres y hombres del rural del norte de la Península, ancianos en su mayoría, que han tenido la osadía de salir al encuentro de la Benemérita armados con varas y provistos de un volquete con el que han conseguido impedir la demolición de su necesario puente. No podemos pasar por alto que el Estado da las órdenes, pero que quienes las ejecutan con frialdad y obediencia son los miembros de las fuerzas de seguridad. ¡A mandar!

Tanto me inspiró el ejemplo de dignidad y valentía de los ganaderos de Serdio por emprender una acción de resistencia tan poco común, como me indignó el comentario que escuché en televisión proferido por una psicóloga peliteñida que prestaba sus servicios como opinóloga en una de las docenas de tertulias que la televisión nos ofrece.

¿Puede haber en el siglo XXI un oficio más indigno, más grosero, más dañino, más servil, lisonjero y cobarde que el de los secuaces contertulios de la caja tonta? Ingenieros de la opinión, expertos de la nada, voceros del poder, estos inútiles bien pagados repiten como loros los dictados de sus benefactores, mientras engañan e insultan a los incautos con sus clericales sermones para el adoctrinamiento de las masas. La misión de la psicóloga oxigenada era la de dar un estirón de orejas a los vaqueros cántabros: ¿qué culpa tienen los pobres agentes de la Guardia Civil para tener que sufrir en sus carnes, uniformes y coches patrulla la furia de los iracundos montañeses?, ladraba la estúpida opinadora.

Lavrenti Beria fue jefe de la NKVD, la sanguinaria policía secreta de Stalin. Además de ordenar miles de detenciones arbitrarias, trabajos forzados en gulags, torturas y ejecuciones, Beria mató con sus propias manos a no sabemos cuántas personas, participaba activamente en las torturas de los prisioneros sospechosos de oponerse al régimen soviético y tenía como principal afición la de

ordenar el secuestro “legal” de mujeres y niñas con las que el político abjasio se encaprichaba y a las que acababa violando y golpeando en su palacio de Moscú. Beria es tristemente conocido por ordenar la Masacre de Katyn, en la que 22.ooo polacos fueron ejecutados por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la URSS en la oscuridad y el silencio de los bosques de la Rusia occidental durante la primavera de 1940. Las víctimas eran prisioneros de guerra, funcionarios del Estado polaco y civiles.

No se sabe demasiado de la vida de ‘Blojin’, solo que era el jefe de verdugos de la Lubianka, la prisión moscovita cercana al Kremlin en la que la NKVD torturaba a los prisioneros políticos. Blojin tiene el despreciable récord de haber sido la persona que ha matado a más seres humanos, uno a uno, en un menor lapso de tiempo, a lo largo de la historia. Fue enviado a Katyn para que se encargara de la ejecución de miles de prisioneros polacos. En solo 28 días, consiguió matar a

7.000 personas con una pistola Walther alemana, un arma cuya procedencia pretendía evitar que la historia responsabilizara a los soviéticos de semejante crimen contra la humanidad. Blojin ejecutó con un tiro en la nuca a unos 250 prisioneros polacos en cada una de las noches que pasó en el bosque de Katyn.

¿A santo de qué viene semejante cambio de tema? En relación a lo siguiente: ¿quién es más responsable de sus criminales actos, el que da la orden o el que la ejecuta? ¿Beria o Blojin? ¿El Ministerio de Transportes que ha ordenado el derribo del puente de Serdio sin que haya previsto su sustitución o los agentes de la Guardia Civil que cobran unos

1.500 euros al mes a cambio de hacer realidad la voluntad de poder del Estado? ¿Está justificado emprender una lucha contra la policía si los que toman las decisiones trabajan en un despacho de la capital?

La psicóloga de la tele lo tiene claro: los policías son seres de luz, inocentes y sin mácula; funcionarios profesionales que se limitan a hacer su trabajo; son solo herramientas que no piensan, no toman decisiones ni cuestionan las órdenes que deben acatar. ¿Cómo vamos a criminalizar del asesinato de Julio César a las dagas que acabaron con su vida? ¿No serían más responsables de la muerte del dictador romano los senadores que conspiraron contra César y le asestaron las 23 puñaladas? Tal vez el Ministerio se haya equivocado, admite la contertulia, pero, según ella, en ningún caso el ganadero Carlos tenía derecho a envestir con su vehículo la barricada de la Guardia Civil. Este asunto me recuerda al de todos estos criminólogos y aficionados que se lamentan de que el triple crimen de Alcàsser se cerrara en falso con la detención y condena de un chivo expiatorio, al mismo tiempo que exculpan de toda responsabilidad a la Guardia Civil, la institución que hizo posible tan abominable mentira de Estado.

Yo siempre pensé que los malos, los grandes criminales de la historia, son, efectivamente, aquellos que dan las órdenes, los que planean los crímenes, los que detentan el poder sobre los pueblos y los individuos, los Stalin, Hitler, Franco, González, Bush, Obama y compañía. Que los que las ejecutan son malos también, pero que su nivel de responsabilidad es, a la fuerza, menor. Y eso pensaba hasta que escuché en un vídeo al norteamericano Mark Passio, el de la ley natural, asegurando que no es así, que los principales responsables de cualquier crimen político son aquellos que lo cometen, los brazos ejecutores, los que terminan el día con las manos manchadas de sangre. ¿Quiénes son más responsables de lo que está ocurriendo? ¿Gobernantes, jueces y legisladores?

¿Alto Estado Mayor del Ejército? ¿Responsables de la OMS? ¿Ejecutivos de las multinacionales farmacéuticas? ¿Sus accionistas? ¿Bill Gates? Según la teoría de Passio, deberíamos culpar de lo que está ocurriendo a científicos fabuladores, médicos y sanitarios

que aconsejan y colaboran, practicantes que pinchan, periodistas que mienten, policías que multan, madres, padres y profesores que consentimos que los niños consuman sus horas respirando sus propios desechos.

Militares y guardias civiles se rigen en base al concepto de ‘obediencia debida’, así que sus acciones nunca pueden ser objeto de responsabilidad legal si han sido ordenadas por una instancia superior. Este concepto legal se basa en el ‘principio de autoridad’, propio de regímenes e instituciones jerarquizados y antidemocráticos, así que se contradice con el llamado ‘principio de juricidad’ propio del estado de derecho o imperio de la ley que debería regir los Estados pomposamente autodenominados “democráticos”: los actos tienen que ser legales en todo caso; la ‘obediencia debida’ no exime al ejecutor de sus actos criminales. Ciertamente, bloquear un puente con un coche patrulla no es un delito, pero sí asesinar a 7.000 personas en un mes o poner en práctica políticas sanitarias ordenadas por el Ministerio, aun a sabiendas de que éstas, lejos de protegernos, afectan y afectarán gravemente la salud de los pacientes. ¿El médico de cabecera debe seguir el protocolo que le dicta el Ministerio de Sanidad o debe proteger la salud de sus pacientes en base a su dignidad personal y en obediencia al juramento hipocrático que ha realizado?

La televisión apela a la ‘obediencia debida’ para eximir de toda responsabilidad a los trabajadores del Estado, todo lo contrario que hicieron en 1945 los magistrados de los juicios de Núremberg cuando decidieron anular esta argucia legal y condenar con severas penas a unos cuantos criminales de guerra nazis. Mientras que los agentes de la Guardia Civil quedan excluidos de la categoría ‘seres humanos’, en tanto que se les niega la capacidad de tomar decisiones morales por sí mismos, anulando su libre albedrío y cosificándoles como meros instrumentos, los oficiales nazis fueron elevados a la categoría de sujetos libres por los tribunales de Núremberg alegando que pudieron desobedecer las órdenes de personajes como Adolf Hitler o Reinhard Heydrich, pero no lo hicieron. El sistema de poder altera a su antojo sus propios principios jurídicos en función de sus necesidades temporales, sean éstas proteger a sus matones o escarmentar a sus enemigos.

La filósofa Hannah Arendt escribió su excelente obra Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal en 1963. Arendt nos demostró que Adolf Eichmann, el oficial de las SS que dirigió la logística del transporte de cientos de miles de judíos a los campos de concentración y exterminio alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, era responsable de este genocidio, al margen de que aludiera al ‘principio de obediencia debida’ en el tribunal de Jerusalén que le acabó condenando a la horca después de un secuestro ilegal llevado a cabo por agentes del Mossad. Eichmann afirmó en el juicio que no era racista, que no era antisemita, que no era un ferviente nacionalsocialista, que nunca había matado a una mosca, que desaprobaba la decisión final, que se limitaba a hacer su trabajo obedeciendo las órdenes de sus superiores y que si él no lo hubiera hecho, se lo hubieran encargado a otro. Y, probablemente, el miembro de las Waffen SS decía la verdad. Eichmann suplicaba por su vida alegando que no era un sujeto, sino un instrumento de la maquinaria criminal nazi, una sola pieza del siniestro engranaje. De poco le sirvió, pues si el Estado de Israel ordenó la captura en Argentina del criminal de guerra alemán, fue con la intención de acabar con su vida y vengar a sus víctimas; el veredicto del juez estaba decidido antes de que comenzara el juicio. Seguramente, Adolf Eichmann no hubiera podido detener el genocidio negándose a participar en el mismo, pero si el obersturmbannführer consiguió mantenerse sereno en el cadalso mientras le

ceñían la soga al cuello fue porque, en su fuero interno, sabía a la perfección que era responsable directo de la matanza de cientos de miles de inocentes.

En un estado de derecho, la ‘culpa’ se impone solamente a aquellos individuos que incumplen la legislación vigente, así que la culpabilidad de un sujeto se reduce a un simple elemento jurídico vinculado a los requerimientos de los Estados. Mientras el asesino que mata a cien enemigos en la guerra será considerado un héroe, un humilde trabajador que no pueda hacer frente al pago de impuestos podrá ser multado o acabará con sus huesos en la cárcel. La ley establece la culpabilidad de los actos al margen de la moral, de lo que está bien o lo que está mal. ¿Es ‘moral’ vacunar a decenas, cientos o miles de personas con un brebaje experimental que genera graves efectos adversos a corto plazo, e imprevisibles a medio y largo plazo? No, pero es legal, está remunerado y socialmente bien visto.

Antaño, la ‘moral’ estaba regida en base a criterios religiosos, distinguiéndose así de la legalidad. Actuar conforme a los principios morales impuestos por la Iglesia era hacer lo correcto, desde ‘no matar’, a no tener pensamientos impuros, pese a que los pensamientos erótico-festivos no podían ser sancionados por las leyes. La religión es el aparato ideológico que permite prevenir la transgresión de los tabúes, es un mecanismo tradicional de los poderhabientes para que las personas se comporten conforme a sus propios intereses. Al igual que ocurre con la ‘ley positiva’, los preceptos religiosos establecen la diferencia entre lo que está permitido y lo que está prohibido. Más que ser buena persona, el beato meapilas se caracterizaba por ser un individuo sumiso y obediente con el poder establecido.

John Adams ya nos advirtió que la falta de fe propia de los individuos de la modernidad occidental desencadenaría en una sociedad inmoral, como la que ha permitido y fomentado los crímenes de las dictaduras del siglo XX, como la que ha justificado el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, como la sociedad que ha olvidado ya el genocidio de miles de ancianos en las residencias dependientes del Estado español en marzo de 2020. Dos antiguos, Aristóteles y Cicerón, desvincularon el bien de los preceptos religiosos al referirse a la virtud cívica como objetivo de toda ética individual: nuestros actos siempre tienen que responder al deseo de que prevalezca el bien común, lo que es mejor para toda la comunidad. Unos siglos más tarde, el renacentista Maquiavelo separó la ‘ética’ de la ‘ciencia política’ cuando aconsejó a los príncipes de Europa que todas sus decisiones de gobierno debían responder a la satisfacción del interés individual del gobernante, centrado en la conquista y mantenimiento del poder. El fin justifica los medios.

Mucho más interesante resulta el concepto de ‘imperativo categórico’ formulado por Immanuel Kant. El ser humano solo es un sujeto libre cuando tiene la suficiente libertad de conciencia y de acción como para poder ejercer su ‘autonomía de voluntad’, es decir, el libre albedrío de toda la vida. Solo nosotros somos responsables de nuestros actos, y éstos pueden ser buenos o malos. Nosotros decidimos. Yo añadiría que son buenos cuando se hacen por amor, y no por voluntad de poder; cuando no le imponemos nada a nadie; cuando nuestro interés particular no ocasiona un perjuicio a los demás. Para Kant, la práctica del mal es una opción, pero la práctica del bien es una obligación, un ‘imperativo categórico’ decidido por uno mismo en cada una de nuestras acciones diarias. Lejos del motivante lema new age ‘puedes conseguirlo si te lo propones’ que cantaba el músico de

ska jamaicano Desmond Dekker, Kant apuesta por la frase ‘Debo porque puedo’. Es el deber moral el que debe guiar todos nuestros actos.

La práctica del mal está asociada inextricablemente al ejercicio del poder. El mal tiene como fundamento obtener ventajas personales a costa del perjuicio ajeno, así que el mal es una práctica cotidiana, necesaria y fácil para aquellos que “disfrutan” de un puesto de gran capacidad en la toma de decisiones. Mis inclinaciones pueden ser perversas, pero mi capacidad para llevarlas a cabo está seriamente limitada. En cambio, el directivo de una empresa que explota a sus asalariados, el gobernante que restringe las libertades de sus súbditos o el oficial del ejército que ordena las matanzas puede, con una simple orden, imponer su voluntad a costa del esfuerzo o de la integridad física y moral de sus víctimas; sus subordinados se encargarán de ejecutar sus deseos para que el poderoso no tenga que ensuciarse las manos; el rango en la escala jerárquica otorgará al maléfico poderhabiente la impunidad necesaria para que los damnificados desistan de ejercer su derecho de revuelta o de venganza.

Si el poder es el mal, ¿cómo es posible que obedecer sus leyes y preceptos religiosos (si los hubiere) nos convierta en bienhechores? No podemos obrar con bondad si obedecemos las órdenes o satisfacemos la voluntad de las minorías con poder. El que da la orden es tan detestable como aquél que la ejecuta.

En una sociedad vertical, estatista y capitalista como la nuestra, donde las relaciones entre los individuos son en mayor medida relaciones de poder, el mal se ha convertido en una especie de obligación cotidiana. El bien, en contra, ha pasado a ser una rareza excéntrica y contraproducente, un acto revolucionario y antisistema; la práctica del bien, igual que el lince ibérico, está en inminente peligro de extinción. ¿Qué te puede ocurrir si, a pesar de nadar contracorriente, decides haces el bien? Puedes perder tu trabajo. Puede que te pongan una multa o no puedas coger un avión. Puede que tus amigos, familiares y vecinos te den la espalda. Puedes acabar en la cárcel, en un campo de concentración o bajo tierra.

Lo más probable es que te vaya mejor si haces lo incorrecto. Hace ya muchos siglos que Sócrates nos advirtió de que el bien es el camino correcto, pero no es precisamente el camino más fácil: ‘es preferible padecer la injusticia que cometerla’, afirmó el sabio ateniense. Hay cosas que son mucho más importantes que nosotros mismos. Para los ganaderos cántabros hubiera sido más fácil resignarse y lamentar la decisión de los altos funcionarios del Ministerio de Transportes; hubieran podido implorar al Estado y a sus medios de comunicación para que les construyan un nuevo puente, a saber cuándo. Pero optaron por el combate, por asumir riesgos en defensa de su dignidad, la misma dignidad de la que adolecen las herramientas del poder que hacen realidad las consignas de los altos funcionarios del Estado, tanto los guardiaciviles que bloquearon el puente, como la colaboradora televisiva que cuestiona la acción de los valientes vaqueros de Serdio. Los guardias civiles optaron por obedecer, la contertulia por decir lo que se esperaba que dijera. Hacer el mal es tan fácil como no querer meterse en problemas.

El poder es una ficción que se representa a través de la mentira y de la coerción. ¿Unas pocas personas nos pueden dominar, a todos y cada uno de nosotros? Solo a través del engaño y, cuando éste ya no funciona porque ha sido desvelado, nos dominan por la fuerza de las armas, unas armas que empuñan seres humanos que obedecen órdenes. Si Eichmann y todos los demás se hubieran negado a colaborar en la deportación de cientos

de miles de civiles hacia los campos de exterminio, la decisión final que ordenaron Hitler y sus compinches se hubiera visto reducida a una mera anécdota de la historia. Si los soldados soviéticos hubieran dejado escapar a los polacos en los bosques de Katyn,

22.000 inocentes hubieran salvado la vida. La lucha contra el mal no puede consistir en empoderarse, en tomar el poder mediante el engaño o las armas. Sustituir un poder por otro es aceptar el mal, como cuando los soldados de Espartaco se entregaban a los lujos patricios, a la rapiña, al asesinato y a la violación, ante la desesperación del comandante tracio que perseguía el noble fin de liberarse de la esclavitud, dejando de ser un esclavo al no esclavizar a los demás. ¡Ya está bien de excusas! Votar a cualquier partido político nos convierte en cómplices. Obedecer una orden criminal o un protocolo sanitario criminal nos convierte en criminales. Ningún ejército salvador nos va a liberar del poder enloquecido. Ningún político, ningún nuevo partido va a construir una sociedad más libre. Ningún sistema que ingeniemos, por muy justo y democrático que sea, hará realidad una sociedad mejor. Solo nuestros actos dan forma al mundo, un mundo que, poco a poco, piedra a piedra, a través de nuestras decisiones, vamos construyendo. Solo a través del cultivo de la virtud personal podemos alcanzar el estado de entereza y dignidad necesario que nos permitirá enfrentarnos con valentía a las pruebas que nos depare el destino, por difíciles que éstas sean. Es nuestra decisión negarnos a apretar el gatillo. De nosotros depende plantar cara, sacar pecho, asir la vara e impedir la demolición de nuestro puente.

Antonio Hidalgo Diego

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Editorial Nº 7 25-07-2021

El DGP (Diagnóstico Genético Preimplantacional) es un método probado para determinar el sexo del futuro bebé. Si bien únicamente es legal llevarlo a cabo en EEUU y Ucrania.

Por lo visto el Gobierno de Ucrania, desde hace años, mantiene una legislación en materia de reproducción asistida muy abierta para “explorar las causas de la infertilidad”. Sin embargo, de las causas de infertilidad no se hacen estudios muy elaborados, ni tampoco se dedican grandes recursos.

En cambio, en dicho país se está promocionando, entre otros, un tipo particular de transhumanismo; uno mediante el cual los padres pueden elegir el sexo de su bebé. Una de las empresas que ofrece este “servicio” es CITIUS, donde afirman que “cumplir tu ilusión es nuestro trabajo”.[1]

Parece que hoy en día son más importantes los caprichos y deseos individuales, en este caso de los padres, que cualquier principio ético o moral. No importa el cómo ni el por qué, solo pagar dinero para conseguir lo que se desea.

Tampoco importa el verdadero problema que enfrentamos: una catástrofe demográfica que parece poner en peligro el mismo futuro de la humanidad.

Obviamente debe haber libertad de decisión para que las parejas y las mujeres que quieran traer una nueva vida al mundo puedan hacerlo, valorando su situación y sus anhelos. Pero ¿es la solución elegir al antojo de cada uno el sexo del bebé? Hay cosas que el ser humano no debería manipular ni controlar, y una de ellas es elegir a la carta el aspecto que tendrá su futuro hijo o hija.

Además, dicha empresa ucraniana se anuncia en su página web también en castellano, igual que en inglés, hecho que muestra la variedad internacional de su clientela. Aunque este capricho, y en parte el uso de la reproducción asistida convencional, sólo se lo pueden permitir aquellas personas adineradas. Con que este proceso no viene a solucionar ningún problema, sino que es un servicio de lujo más del que disfrutarán unos pocos.

Todas estas propuestas transhumanistas anuncian el mundo distópico narrado por Huxley en Un mundo feliz, donde los bebés nacen artificialmente en granjas de humanos, donde el eros y la familia han desaparecido. Donde todo es Estado y no existe el Pueblo.

Uno de los argumentos más utilizados para defender la reproducción asistida y, en consecuencia, la selección de sexo, es la excusa de luchar contra la ansiedad y la depresión de quienes no pueden tener hijos. Es cierto que no poder tenerlos destroza emocionalmente a hombres y mujeres, pero no es argumento suficiente. De hecho la depresión y la ansiedad son patologías específicas del siglo XXI. Así mismo, son padecidas principalmente por mujeres, y las causas son diversas.

Algunas de las principales causas son: el trabajo asalariado esclavista, donde las mismas empresas prohíben la maternidad; la vida urbana en las ciudades, que enferma física y psicológicamente; el sistema sanitario iatrogénico y la hipermedicalización, en especial los psicofármacos; la destructividad del sistema educativo y universitario, pues más de la mitad de las féminas acuden a la universidad; la ideología feminista y feminazi, instauradora de la guerra de sexos, etc.

Desde los medios de comunicación, desde el Estado y desde la gran empresa capitalista se nos vende que estamos asistiendo a la “revolución de las mujeres”; en el Estado español sobre todo a manos del partido fascista Podemos. En cambio, la realidad es que las mujeres están más depresivas que nunca, enganchadas a los antidepresivos, fuman y beben cada vez más, tiene menos relaciones sexuales placenteras (ya no saben si buscan un hombre, un medio-hombre, un afeminado, un macho o un corderito), se avergüenzan de su cuerpo y sus facciones femeninas, se vuelven progresivamente más reaccionarias y estatólatras, etc. Por eso las élites poderhabientes y sus aduladores aplauden que aumente el número de féminas con poder y dinero, de directivas, de altas funcionarias, de militares, de policías, de empresarias, de manipuladoras mediáticas, de deportistas de élite, etc.

Otros que están de enhorabuena son las asociaciones y fanáticos LGTBI, quienes, desde su habitual victimismo y estadolatría, celebran la aprobación del Consejo de Ministros de la próxima nueva Ley trans.[2]

Como es lógico, desde esta ideología de género se apoya la reproducción asistida, pues va en la línea de su obsesión por la manipulación y artificialización de la vida humana.

Resulta absurdo que si un niño de cuatro años un día verbaliza que es una niña, se tome en serio. Las niñas y niños no tienen lo suficientemente desarrollada su conciencia para diferenciar y juzgar sobre asuntos de sexualidad, y mucho menos de género, ya que no saben aún las diferencias entre niñas y/o niños, pene y/o vagina, masculino y/o femenino. En todo caso serían más capaces cuando maduran sexualmente, las niñas entorno a los doce años y los niños algo más tarde. Aunque con ciertas reservas, ya que la adolescencia es un periodo convulso, donde la persona empieza a ver cuál es su papel y su sitio en la vida.

Además, algo así solo se podría plantear cuando existiera de veras la libertad de conciencia; nunca en una sociedad como la actual, en la cual todo es adoctrinamiento, manipulación y amaestramiento.

Sin duda hay que tratar con amor, respeto y paciencia al niño o niña cuando expresa cualquier pensamiento o duda, pero eso no quiere decir que haya que tomarle al pie de la letra, dado que todavía no sabe explicarse. Simplemente tienen un deseo ilimitado por aprender qué es la vida, pues su camino por ella acaba de empezar.

Otro “avance” legislativo que las élites están pergeñando es la Reforma a la Ley de Seguridad Nacional de 2015. Evidentemente el Estado está sacando todo el provecho posible a esta plandemia coronavírica; está avanzado procedimientos, normas y leyes cada vez más totalitarias y aniquiladoras de lo humano.

Dicha reforma supone la implantación de medidas marciales y despóticas si el Estado español decide que es “necesario debido a una emergencia”. Por supuesto, aquel se reserva la libertad de juzgar qué es una situación de emergencia; y las medidas que se plantean van desde la confiscación forzosa de los bienes particulares hasta el reclutamiento obligatorio de los jóvenes mayores de edad. Si bien, como hemos podido observar, gracias a su gran poder y habilidad adoctrinadora, son capaces de tomar cualquier medida draconiana sobre la marcha, aunque sea inconstitucional (como el reciente confinamiento según el mismo Tribunal constitucional).

Es decir, tomarán cualquier tipo de medidas cuando convenga a sus intereses, en especial en coyunturas de crisis social. Verbigracia, crisis como las que están aconteciendo en los últimos meses en Sudamérica y el Caribe (Chile, Venezuela, Colombia, Cuba, etc.), donde Estados de izquierdas y derechas han sacado el Ejército a las calles y han realizado diversas matanzas de ciudadanos.

No obstante, mientras esos terribles sucesos acontecían allende los mares, en Europa continuaba la campaña de manipulación coronavírica y la vacunación. Eso sí, al mismo tiempo nos intentan entretener con grandes dosis de nacionalismo, esta vez por medio del deporte de masas.

Acaba de finalizar la Eurocopa de fútbol, por lo que nos hemos tenido que tragar el habitual adoctrinamiento nacionalista español. Pero resulta perentorio denunciar que esto significa una constante agresión y aculturación de todos los Pueblos ibéricos, incluido el Castellano.

Aunque también se debe destacar la presencia en dicha competición del discurso “antirracista”, o más bien racista antiblanco. Una ideología reaccionaria importada de EEUU.

Y, por si no hubiéramos tenido suficiente, justo ahora comienzan los Juegos Olímpicos. Una nueva ocasión para que nos aleccionen en el fervor por el Estado español. Mas la obra de Enrique Álvarez Carrillo Nacionalismo y revolución. El Estado nación y el Paradigma de la Revolución Integral, puede servir de remedio eficaz para inmunizarnos ante este terrible virus nacionalista. El cual, obviamente, asimismo contribuye en la artificialización de nuestra vida. Las élites se han valido del nacionalismo español para eliminar casi por completo nuestra cultura, nuestras raíces y nuestra historia, la de los Pueblos peninsulares. Ergo ahora somos seres sin identidad propia, sin alma.

Por último, es necesario denunciar el gran impulso que las minorías poderhabientes, el Estado y la gran empresa, están otorgando al deporte femenino, también en parte con fines nacionalistas. A ciertas personas ingenuas quizá les sorprenda la cantidad de horas televisivas que se le está dedicando a dicho deporte, igual que las ayudas y subvenciones que está recibiendo.

Pero dichas personas solo tienen que observar la estrategia decididamente feminista del Estado español en los últimos 20 años; propulsada tanto con gobiernos de izquierdas como de derechas. Una prueba más de que las estrategias de Estado están por encima de los partidos políticos.

Así pues, la artificialización de la vida es un hecho patente, así como las muertes silenciosas que ocurren todos los días alrededor nuestro (por ejemplo, más de 10 suicidios diarios en el Estado español). Mas en realidad todos estamos muertos, somos muertos vivientes; puesto que, como se dijo, vivimos sin alma.

Necesitamos recuperar nuestra individualidad, hombres y mujeres, a la vez que rechazar al Estado. Necesitamos rescatar nuestra historia y lo positivo de nuestra cultura, a la vez que volver a ser Pueblo.

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[1] Página web de la empresa CITIUS: https://clinicacitius.com/seleccion-de-sexo/?gclid=Cj0KCQjwwLKFBhDPARIsAPzPi-LlFJFZPUHiAi8OAbdIfZjbuJX6tatN-Hicuel_GMPs41-B-MkhSbcaAu3tEALw_wcB

[2] Véase: https://elpais.com/sociedad/2021-07-04/menores-trans-el-primer-paso-de-una-carrera-de-fondo-yo-soy-una-nina-pero-tengo-pene.html. Ana Valenzuela, presidenta de Chrysallys, Asociación de Familias de Menores Trans, explica que por un lado se sienten satisfechos por los avances y por otro consideran necesario que éstos crezcan. También es madre de una niña que ahora tiene 10 años e hizo el tránsito social a su identidad de género a los cuatro.