Sr. Ministro Garzón

Corría la década de los sesenta. España comenzaba  una etapa desarrollista, se iniciaba la actividad industrial, la ciudad atraía a la mano  de obra del campo, se iniciaba la construcción de grandes barriadas obreras en las afueras, también de grandes núcleos de chabolas. España era recorrida por una inmensa actividad fabril, se aumentaban los sueldos, se compraban los primeros electrodomésticos, se cogían las primeras vacaciones….y sobre todo se compraba el primer coche…..El “600”.

Entonces el nieto, se enteró de la noticia. En seguida se acordó de su abuelo. Qué feliz lo haría cuando se la contara. Le venían a la mente, esas noches en el pueblo, delante de una chimenea, toda la familia alrededor de ella. Contando historias del pasado. Añorando los viejos tiempos, todo lo que se había perdido y que ojalá volvieran.

Corriendo por la nueva barriada, con la respiración entrecortada, entrando como un vendaval en la casa ,el nieto dice: ¡Abuelo, Abuelo, los rusos están en Madrid!

El Abuelo tras el impacto emocional ,a duras penas consigue sentarse en una” butaca” para no caerse al suelo. Después de recuperarse un poco le dice a su nieto: ¡Niño¡ ve al trastero y coge la caja que hay en el fondo que hay que sacar las banderas y las ropas de miliciano que hay que ayudarles  en la toma de Madrid.

¡Abuelo, Abuelo,que no han venido a hacer la Revolución, sino a jugar un partido de futbol![1]

 Le contesta el nieto.

¡Desde aquel día el Abuelo, no volvió, a contar historias de los viejos tiempos!

Este “chascarrillo popular”, viene a cuento, es más, está de máxima actualidad, ya que muchos españoles piensan que: !Por fin los comunistas han llegado al gobierno!.Y más en concreto el Sr. Garzón! A partir de ahora se resuelven los problemas de las españoles!

Vamos a ver si los deseos coinciden con la realidad. Analicemos tres de sus actuaciones recientes:

  • Ley de Juego.
  • Nevada sobre Madrid. Barrios sin Luz.
  • Bases Norteamericanas en España.
  • Ley del Juego.

Entre los múltiples problemas que padece la sociedad española, ha aparecido uno nuevo. Como si fueran hongos, han empezado a proliferar “casas de apuestas” por todas partes, en todos los pueblos, enfrente de Colegios e Institutos, en barrios obreros….en plena crisis económica….cuando el personal es más vulnerable, pues ante la inseguridad de no saber cómo llegar a final de mes, ante la inseguridad de tu puesto de trabajo…..solución: implantación de “casas de apuestas”. Con los consiguientes efectos negativos que ello conlleva: ruina económica, destrucción familiar, ludopatía y envolviéndolo todo, haciéndole creer a la gente, que los problemas se resuelven a través de los juegos de azar (adoctrinamiento).

Esta actividad está controlada por el Ministerio de Consumo del Sr. Garzón. Y este se compromete, ante las asociaciones de barrio, a buscar una solución a este problema.

Después de un plazo prudencial, presenta sus conclusiones:

  • Ha observado que durante el covid-19,ha disminuido los clientes a las “casas de apuestas”.
  • Ha logrado que solo se haga publicidad de dichas casas a partir de las 20h.
  • !Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos.!
  • Nevada sobre Madrid.

Este invierno ha caído la mayor nevada del siglo sobre Madrid. Destapando las deficiencias que tiene una gran ciudad ante cualquier hecho inesperado. Madrid estuvo casi paralizado una semana por la gran cantidad de nieve caída. Estando barrios enteros sin luz. Sobre todo los más pobres. Durante ese tiempo  las compañías eléctricas suben el precio de la luz y ante la opinión pública se justifican que: solo aquellos que no pagan los recibos de la luz, son los que no tienen luz.

Esta actividad esta controlada, por el Ministerio de Consumo, del Sr. Garzón. Este se compromete a buscar una solución a este problema. Y después de un tiempo prudencial presenta sus conclusiones:

  • Ha puesto ante el “organismo pertinente”, si la subida de la luz es legal o no.
  • Va a obligar, a las compañías eléctricas, que redacten los recibos de la luz de forma comprensible para el común de los mortales.
  • !Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos!
  • Bases Norteamericanas en España.

Una de las características principales del Partido Comunista era: su frontal oposición a las bases Norteamericanas en territorio español. Y se realiza anualmente  un clásico: la Marcha a Rota en contra de las bases. Que hasta hace poco tiempo y de forma anual convocaba a cientos de personas por las tierras de Cádiz en protesta por dichas bases.

Pero de buenas a primeras, en una televisión de ámbito nacional, realiza unas declaraciones, en las que afirma que como andaluz y como comunista, pienso yo, es bueno mantener las bases norteamericanas en Rota y Morón debido a los “PUESTOS DE TRABAJO QUE GENERAN”.

Esto no es ya una bajada de pantalones, es un desnudarse completo, quedarte a la intemperie, ser una marioneta total….perfil idóneo a sueldo de las elites globalistas… o sea obedecer, obedecer y obedecer.

¿Que generan puestos de trabajo? Rota Y Morón están entre el 25-30%de paro, como el resto de la provincia de Cádiz.

¿Que generan riqueza?. ¿Para quién? Que los norteamericanos al manejar más dinero consumen más en Rota y Morón. Si. Pero también es verdad que un alquiler en esta zona está al mismo nivel que el de una gran ciudad. Las que entran por las que salen.

!Comprendo que desde aquel día, el abuelo, no volviera a contar historias de los viejos tiempos!

La pregunta lógica es: ¿Pero existen comunistas en la actualidad? Respondiendo honestamente puedo garantizar que: en el gobierno actual NO. En las grandes ciudades: QUIZÁS quede alguno. En los pueblos de España: ALGUNOS MÁS.

¿Qué le ha pasado al comunismo, que siendo la fuerza hegemónica en la lucha contra Franco, actualmente apenas existe.?

Nos tenemos que retrotraer a Gramsci, con su elaboración del “Compromiso Histórico”, que básicamente decía:

  • Hay que pactar con la burguesía, para llegar al Socialismo
  • Y a través de la vía parlamentaria.

El giro ideológico se concreta en un viaje de defender la Revolución Rusa  a la Socialdemocracia Actual. Incluyendo un cambio de nombre de Partido comunista Italiano a Partido Democrático de Izquierda. Pasando de ser el partido más votado en Italia en los ochenta (Berlinguer y el Eurocomunismo) a su actual desaparición o la Berlusconizacion de la política Italiana.

Este mismo proceso de degeneración le ha pasado al Partido Comunista de España. Empezó siendo la fuerza hegemónica en la lucha contra Franco. Pactó con los franquistas la Transición del 78.En las primeras elecciones le hacía sombra al partido socialista. Pero cada día, se tenía que derechizarse más y más. Y empezó a perder fuerza electoral. Se hizo eurocomunista. Más pérdida electoral. Montan Izquierda Unida. Se avergüenzan de su nombre: Comunista. Fracaso tras fracaso. Es absorbido  por Unidos(as) Podemos. En las próximas elecciones está abocado a su desaparición. En forma resumida, esta es, su triste historia.

Hay que recordar que al Partido Comunista Francés, ha recorrido el mismo camino, hasta su total desaparición o insignificancia política.

Todo esto es en función de su degradación ideológica. Pero: ¿Cómo afecta esta degradación ideológica a nivel personal?

Muy simple. Imaginemos al Sr. Garzón recién nombrado ministro. Le cambia la vida, como de la noche al día. De entrada tiene a su disposición permanente, las veinticuatro horas del día, un chófer y un coche. No se tiene que preocupar, por el trabajo del mes siguiente, pues para eso también tiene un equipo de colaboradores, las veinticuatro horas del día, que lo van llevando de la mano.

No se tiene que preocupar por las comidas, por las averías de cualquier índole, no tiene problemas para llegar a final de mes, donde va le abren la puerta, sus hijos perfectamente escolarizados y atendidos, en cualquier reunión, todo gira alrededor de él…

Su vida, se ha separado de la vida real. Su visión de la realidad está deformada. Lo han encapsulado en una burbuja. Difícilmente podrá resolver problemas reales.

Me gustaría pincharle su burbuja. Por hacerle un favor. Y la única forma que se me ocurre hacerlo es de la siguiente forma: A través de una iniciativa popular, en la que cada uno exprese su opinión sobre él, a ser posible con una o dos frases sin faltarle el respeto. Por ejemplo:

  • Sr. Garzón usted es el tonto útil del Capital.
  • Sr. Garzón, es usted fuerte con los débiles pero débil con los fuertes.
  • Sr. Garzón, es usted un esquirol de la clase obrera.
  • Sr. Garzón, los auténticos Comunistas se estarán revolviendo en sus tumbas.
  • Sr. Garzón es usted un vendido, por treinta monedas de plata.

Y así sucesivamente. Si esta iniciativa tuviera éxito y llegara a un mínimo de cien frases, me comprometo mediante carta certificada hacérsela llegar al señor Garzón para que “tome tierra” y bajarlo de su nube.

Llamadme loco. Pero que bien me he quedado al escribir todo lo anterior.

                                                                Jorge Martín González


[1] En junio del 1964 se disputó la final de Copa de Selecciones Europeas entre España y Rusia en Madrid. Ganando España con el célebre cabezazo de Marcelino.

Editorial Nº4, 25-04-2021

Este mes de Marzo de 2021, se han dado una serie de hechos, concatenados, que muestran una evidencia total y absoluta de la podredumbre de nuestro sistema de gobierno. Hemos traspasado un límite de inmoralidad en el que, aunque solo sea por higiene mental, hay que rebelarse, como mínimo, para sentirte vivo y digno. Algo hay que hacer.

 Pero vayamos primero  a los hechos:

El primer caso es la moción de censura presentada en Murcia. Para comprender este hecho, hay que partir de un hecho incuestionable. Ciudadanos  está en proceso de desaparición total, sobre todo, desde la retirada de Rivera y el fracaso en las elecciones Catalanas. Ante esta evidencia, las dos cúpulas nacionales, la del P.S.E. y Ciudadanos y por intereses diferentes, se reúnen en Madrid y acuerdan presentar una Moción de Censura en Murcia.

El P.S.E. para obtener el poder en Murcia y Ciudadanos para mantenerse un tiempo más largo en el gobierno de Murcia y tender puentes para una futura integración, individual o colectiva, de Ciudadanos en el P.S.E. Este acuerdo es presentado, a la ejecutiva murciana de Ciudadanos, y es aceptada así como firmada. En Madrid se las prometían felices.

Pero el P.P. se entera de dicho pacto secreto, por una filtración interesada o no. Se reúne con la dirección murciana de Ciudadanos, hay que recordar que varios de estos componentes, antiguamente fueron militantes del P.P, y les propone: “si el partido socialista os ha ofrecido  cien yo os doy doscientos, trescientos… o lo que pidáis.”

Inmediatamente aceptan esta nueva propuesta. Negando su firma anterior. Ciudadanos los expulsa del partido pero como, por ley, no pueden quitarle el acta de Consejero, como independientes votan a favor de P.P.

La lectura evidente y clara es: que los políticos una vez obtenido el poder, no gobiernan para el pueblo, sino para sus propios intereses. Convirtiendo la política en un mercadeo, para su máximo beneficio personal. Con unas leyes, (Estado), que permiten y potencian esta corrupción total y absoluta.

Esta corrupción tiene continuidad en Madrid. El PP viendo lo que le venía encima y para evitar que Ciudadanos le haga lo mismo que en Murcia, convoca elecciones. El Partido Socialista y Mas Madrid, viendo que el PP les va ganando la partida, a la desesperada presentan una Moción de Censura inmediatamente. Con la argumentación peregrina de que: como hasta el día siguiente no se publica en el boletín autonómico ellos pueden presentar la moción de censura. Creándose una situación de locura. Cada vez que la presidenta plantee una decisión y como eso, tarda un día en publicarse, yo inmediatamente planteo una moción de censura y anulo la decisión de la presidenta y me importa tres pepinos que produzca un bucle temporal “Ad infinitun”, pues la presidenta puede hacer lo mismo, como la moción de censura tarda un día en publicarse, la presidenta puede presentar otra convocatoria de elecciones y así…. hasta la eternidad.

Otra vez la lectura es clara y evidente, los políticos solo buscan su interés  partidario, a espaldas del pueblo. Por lo que la Política es Corrupción.

Otro caso que lleva a la misma conclusión es lo que llamaríamos Dinero Amigo. Este gobierno de coalición ha creado un fondo de diez mil millones de euros para rescatar-ayudar a empresas estratégicas y afectadas por el Covid-19.

Analizando la realidad comprueba uno que este gobierno ayuda más a las empresas que a los ciudadanos. Teóricamente ha librado más dinero para los ciudadanos, a través  de los ERTES y Salario Mínimo Vital, pero como a casi nadie le llega estas ayudas, la realidad es que las empresas van a recibir mucho más dinero.

Hay una empresa de transporte aéreo que se llama Plus Ultra. Fue creada en el 2011, nunca ha tenido beneficios y mueve menos del 1% del tráfico aéreo español. Es evidente que esta empresa no tiene un volumen de clientes a nivel nacional como para denominarla estratégica. Y su clientela es tan reducida, que en el supuesto, de que todos hubieran sido afectados por el Covid-19, el volumen total nacional de pasajeros, apenas se vería afectado.

Sin embargo se le han concedido 53 millones de euros. Hecho que no tiene explicación… a no ser que se investigue quien son los dueños de dicha compañía. El 50% del capital está en manos de empresarios afines al régimen venezolano. Esto empieza a aclararse. ¿Será esto lo que llaman economía circular? ¿Que vengan en aviones maletines llenos de oro o dinero negro? ¿Y que se les devuelve en dinero ya blanqueado, en forma de ayudas? Es posible.

Otra empresa, Mediapro. Es una empresa de audiovisual. Es un campo en el que hay demasiadas empresas. La economía del audiovisual no es economía estratégica. Es una empresa que tiene muchas pérdidas, sobre todo por el incumplimiento de contratos de transmisión de futbol con las televisiones. Lo que parece evidente que no es por el Covid-19.

Sin embargo se le han concedido 300 millones de euros. Hecho que no tiene explicación… a no ser que se investigue quiénes son sus dueños. El accionista mayoritario es Jaume Roures, dueño mayoritario de Diario Publico, Publico TV productora de la Tuerka, La Sec(x)ta… todas afines a Podemos. Teniendo Pablo Iglesias relaciones laborales profesionales con algunas de ellas. ¿Es lícito pensar que esto puede ser pago por favores prestados? Puede ser. Huele a corrupción.

Otro caso digno de estudio es el movimiento que ha hecho Pablo Iglesias, abandonando la política nacional por la política madrileña. Una de sus máximas fue “El cielo se conquista por asalto”. Consigna muy popular entre los jóvenes, pues evoca, lucha, conquista del poder, asalto al palacio de invierno, con toda la épica que ello conlleva. Pero analicemos un poco esta consigna.

Su significado es Conquistar el Poder. Apropiarse del Poder. Tener el poder. Significa que si lo tienes, otro no lo tiene. Si lo tienes es para utilizarlo. Si lo utilizas, te impones. Si te impones, dañas al otro, destruyes al otro. Entonces tener poder es perjudicial. Es antihumano. Es más, la historia lo demuestra. Nadie, ni uno, ni pocos, ni muchos, cuando han conquistado el poder lo ha destruido. Por eso el acerbo popular dice: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

En unos de sus pilares básicos, Pablo está equivocado, consciente o inconscientemente. Pues según él, cuando ha llegado al  Gobierno se ha dado cuenta que el poder no estaba allí. Y ¿que decisión ha tomado?, retroceder, huir, bajar varios escalones  y quedarse en la comunidad de Madrid.

Actitud cobarde desde todos los puntos de vista. Pues si piensas que para cambiar esta sociedad tienes que tener el poder y en el gobierno no está, pues apunta más alto, al segundo, tercer, cuarto… cielo pero no huyas con el rabo entre las piernas. O abandona la política.

Pero no, siempre tienes que estar en la cresta de la ola. Antes de irte del gobierno, su majestad, elige quien lo sustituye. ¿Pero tú no defiendes, que son los suscritos quien elige a los candidatos? Y en el poco tiempo que llevas en la política madrileña, ¿Qué has hecho?

– Polarizar, tensionar el ambiente electoral madrileño. Vas de paseo político por Vallecas, unos jóvenes te gritan que no quieren a la casta en su barrio, y tú de forma chulesca, matronil, eso sí, rodeado de varios guardaespaldas te acercas a ello, con mirada de perdonavidas le dices: ¡Populacho vulgar, como osáis criticarme a mí, a Dios!

– Tú y tu camarilla sois como Fraga Iribarne, que decía: ¡La calle es mía! Tú dices ahora Vallecas es mío. No permitamos que Vox dé un mitin en Vallecas. Calentando a la gente para que se peleen mientras que tú te has ido a vivir a Galapagar. Hay que ser hipócrita.

– Hace unos años cuando Podemos estaba en lo más alto electoralmente; cuando empezaste a sentirte Dios. En Andalucía ganó la derecha y tú con la prepotencia de quién se cree Dios, convocaste una ¡Alerta Antifascista! En la mayoría de las ciudades hubo altercados de orden público, quema de mobiliario y menos mal que no hubo muertos entre los manifestantes. Pudiste comenzar una espiral de violencia. Los extremos se tocan. Tanto uno como el otro sois totalitarios, Dictatoriales y Fascistas.

– Eso sí a tu nueva novia la has puesto de tercera o cuarta en las listas por Madrid. ¿Es que no tienes suscriptores que la elijan? ¿O es que los suscriptores no pintan nada en Podemos?

– Cuando te presentaste por Madrid, te creíste que te iban a recibir con palmas y olivo. Empezaste a decir lo que tenían que hacer todo el mundo: Al PSE que hicieran lo que tienen que hacer, a Mas Madrid que se unieran a Podemos contigo como líder. Tardaron un día en mandarte a freír espárragos.

Pablo, en Podemos todo es contradicción, no se sabe si sois tontos, si sois corruptos, si sois disidencia controlada, o vivís en una burbuja fuera de la realidad. O sois todo a la vez. Lo que está claro es que tu futuro es el mismo que el de Alexis Tsipras. Desaparición política del panorama español de forma inminente.

Otro hecho digno de estudio es la intervención de Errejón en el Parlamento Español. Dijo lo siguiente: Que con el confinamiento por el Covid-19, había aumentado de forma alarmante el número de casos de enfermos mentales, por lo que hacía falta contratar muchos sicólogos y siquiatras. Entonces desde el hemiciclo, alguien, amparándose en el anonimato y de forma cobarde le espetó: Vete al médico.

Toda la prensa puso al tal Errejón en un pedestal, que lo que había dicho era la verdad, que se preocupaba por los problemas de la gente.

Si alguien dijera: Tenemos una calle con un enorme socavón y encima esta oscuro, la gente cae continuamente en él y se rompen las piernas, entonces sería conveniente… poner muchas ambulancias para llevar a los fracturados al hospital.

Esto dicho en la vida normal, te tacharían de imbécil, te correrían a gorrazos  por la calle, hasta que te cayeras en el socavón. Esto es lo que ha dicho el tal Errejón, pero en la vida política te ensalzan y te suben a un pedestal.

Su solución es: más sicólogos, más pastillas, más anestesia, más alienación, etc. Así  nunca se arreglara nada, pues no se va a la raíz del problema, que en este caso es el fin del Confinamiento, o del socavón. Estas son las soluciones que proponen estos progres-izquierdistas. La perpetuación del problema.

Más de lo mismo. Cambiar algo para que nada cambie. Pura corrupción, eso es la política.

Otro hecho digno de análisis es la falsa Pandemia. El andamiaje en el cual se sujeta esta descomunal farsa, todo este circo, son los PCR. Herramienta para detectar el virus Sars-Cov-2  que produce la enfermedad del covid-19. Pero hay muchos científicos que dicen que todo esto es mentira por las siguientes razones:

– El virus Sars-Cov-2 nunca se ha aislado en el laboratorio, por lo que no se conoce. Por lo que es imposible afirmar su existencia. Entonces, ¿como se puede afirmar que produce una enfermedad?, si no estamos seguros que existe.

– Por lo que no es creíble que se pueda detectar con un simple PCR. Cuando ningún laboratorio con técnicas más sofisticadas lo pueden aislar.

– Cuando el inventor del PCR dijo que los PCR no eran validos para diagnosticar enfermedades. Entonces se están utilizando para un fin para el que no fueron diseñados.

– Entonces ¿que detectan los PCR? Cogen una muestra pequeña de “algo”, lo multiplican  entre 35-45 veces, y dicen que hay “algo de algo”.

– Entonces dicen que dan positivo, pero de “algo” que no saben lo que es. Pero a la vez se sabe que los PCR cuando multiplican las muestras entre 35-45 veces siempre dan positivo.

– Han creado la herramienta perfecta para manipular la supuesta pandemia. Cuando quieren que suba, hacen un gran muestreo o lo multiplican 40 veces o más. Cuando quieren que disminuya lo hacen más pequeño o lo multiplican menos veces. Y así nos tienen locos. En un día todo el mundo está contagiado y a los días siguientes desaparecen los contagios.

– Todo para mantenernos en un estado de terror para manipularnos más fácilmente.

– Es tal la aberración, de tales medidas, que la ciencia sabe, que la vitamina D, es básica para fortalecer el sistema inmunológico y que el sol es fundamental  para su producción en el cuerpo humano y sin embargo apoyan el confinamiento, que significa ausencia de sol, que debilita el sistema inmunológico. Afectando sobre todo a mayores y niños. Medida que se acerca más a terrorismo biológico, que a medida preventiva ante una posible pandemia.

– El gobierno ha declarado la guerra a su propio pueblo. Corrupción en su máxima expresión.

Mientras tanto ¿En que se entretiene nuestra ministra de Igualdad, Irene Montero? Participando en programas basura. La TV basura se dirige hacia un porcentaje alto de la población, potenciándole los sentimientos y la emocionalidad, anulándole su capacidad reflexiva, para así manipularlos mejor. Y para eso utiliza una serie de personajes, que están dispuestos a vender su vida privada, hacerla pública, a cambio de unas buenas cantidades monetarias.

Un personaje de esta farandula, Rocio Carrasco, vende su vida en la televisión y cuenta que su marido hará unos trece años la maltrató, aunque después de tres juicios el juez dictaminara que no había indicios de que eso fuera verdad, absolviendo al marido.

Entonces sale la ministra Irene en dicho programa diciendo: yo si te creo, que Rocío es un ejemplo para la mujer española. Produciéndose un juicio popular contra su marido, que a los pocos días es despedido de la empresa en la que trabaja.

¿Es este el feminismo que la ministra defiende? Lo que está claro, es que la Ministra es una marioneta de la Ideología de Género y que obedece a la elite del Feminismo creado por la elite mundial. Corrupción total y absoluta.

Ante este panorama es urgente pensar qué podemos hacer y no caer en los errores del pasado.

-Desenmascarar al máximo las mentiras de la realidad social.

– Desde los máximos puntos de vista. Con el máximo de gente posible.

– Crear entre todos el camino de una autentica Revolución Personal y Colectiva.

Las desafectaciones por la vía renovable y las luchas por la recuperación del Comunal

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Salvo honrosas excepciones, de lo que hoy aún queda de Comunal, los llamados bienes comunales o concejiles son bienes de los que se ha apropiado el Estado (ya sea mediante las categorías de “utilidad pública” o a través de los ayuntamientos mediante los bienes “patrimoniales” o “de propios”) ante la práctica disolución de los concejos, es decir, de la máxima expresión de la democracia vecinal directa, la única legitimada para la gestión del Comunal. La vecindad, el común de los vecinos reunidos en asamblea (en concejo), es quien tienen la potestad moral y legal (en base al derecho consuetudinario) para reglamentar el uso de los comunales. Sin embargo, los diferentes procesos desamortizadores, la legifilia institucional y los artefactos ideológicos modernizantes han acabado con el espíritu de comunalidad y, por ende, con los bienes concejiles. Hoy para la mayoría son solo “tierras comunales en desuso”.

Entrados como estamos en un nuevo ciclo de crisis civilizatoria, incluida la económica, junto con la oleada ecomodernizadora de la energía verde, los cerca de 7 millones de hectáreas que aun hoy quedan de Comunal están en claro riesgo de desaparición por vía de la privatización forzada por parte del Estado y la gran empresa. Por un lado, el Estado necesita sacar tajada de cualquier recurso que le ayude a elevar su caja dineraria, lo mismo que todos los estamentos que lo componen, como son comunidades autónomas, ayuntamientos y entidades menores (concejos, parroquias, etc.). Estas últimas, en gran medida gestionadas por caciques y/o representantes locales, ausente ya el espíritu de comunalidad y sobrepresente el espíritu del “sacar tajada a cualquier precio”, están desafectando grandes cantidades de comunal para la instalación de parques eólicos y solares, hipotecando esos terrenos para siempre. En la práctica, es un sistema piramidal de arriba abajo de imposición de la agenda ambientalista. Cantidades ingentes de subvenciones estatales para la instalación de infraestructuras, la creación de leyes y la instauración de estados de ánimo pro-renovables. Al parecer lLos ecologistas nada tienen que decir, de esto, cuando es de sentido común que la apropiación forzada de tierras y bienes de las comunidades rurales, producen la mayor degradación posible sobre el medio ambiente, sobre la flora y la fauna toda ella.

Los gigavatios ya instalados en molinos y placas se quedan cortos con el aluvión de peticiones que los últimos meses se han recibido para llenar campos y montes de mares de hierro y circuitos electrónicos. Todo un avance. Para muestra un botón. Otero de Toral y Toral de los Vados (pedanías en la comarca del Bierzo). Allí los caciques locales han autorizado la tala de un bosque vecinal para instalar un “huerto solar”. Lo de huerto, es porque se los han llevado al huerto. Y otro. Corella (Navarra). Allí se pretende la instalación de un macro parque fotovoltaico en terrenos comunales (o “corraliceros” como se les llama en la parte medio-sur de Navarra). La lista es interminable y todos estos huertos de la muerte se les deben sumar los miles de molinos de viento que copan montes y veredas.

La respuesta ante tal tropelía ha de ser la autoorganización popular y pasar a la gestión vecinal directa del territorio, con un mensaje claro: ¡No a las desafectaciones de comunales por la vía de las renovables!

Las comunidades que viven y gestionan el territorio, lo cuidan, establecen mecanismos participativos directos para realizar la mejor y más equitativa gestión del medio, de la vida toda ella. El Estado y la clase empresarial, la pedantocracia y los pose-ecologistas, desde sus despachos y redes sociales, solo pueden degradar y destruir el medio natural, como ya lo están haciendo, hacinándonos en ciudades mugrientas donde el espíritu de comunalidad solo se huele en determinados ambientes marginales.

Los comuneros que hoy ya son escasos, el alma viva de las vecindades, siempre fueron gentes sencillas, en su mayoría anónimas que, a las puertas de la guerra del 36 del siglo XX, reclamaban el uso vecinal del Comunal, en tanto que legítimos propietarios del mismo en calidad de vecinos.

Hace poco tiempo, en un paseo por las calles de la pequeña localidad navarra de Torres del rio, pude ver un pendón que colgaba del balcón de una vivienda, donde se exclamaba justicia para un tal Florentino. La curiosidad me llevó a consultar la historia de aquella reclamación y resultó que en otoño de 1936 Florentino Rubio Martínez (Torres del Río, 1895), por el que se reclamaba justicia, fue llevado preso, posteriormente ejecutado y finalmente arrojado a una fosa común por “haber reivindicado ante el Ayuntamiento de entonces lotes de leña y terrenos de comunal”. Como bien ha estudiado Félix Rodrigo Mora en su libro “Investigación sobre la segunda república española”, la causa primera que dio lugar a la guerra civil fue la progresiva revolucionarización de las clases populares y trabajadoras, especialmente las del mundo rural, entre las que la reivindicación del Comunal fue su máxima expresión. Miles de personas como Florentino perdieron la vida, ante la necesidad de parar a toda costa la insurrección popular y las reclamaciones comunalistas. En su nombre, una de las principales labores que podemos emprender quienes abogamos por la reinstauración del Comunal desde la base de una sociedad convivencial, debe ser la de esclarecer y sacar a la luz la reclamación popular que se tornó avalancha en la primavera de 1936 y pergeñar un retorno a la ruralidad donde la bandera de la comunalidad ondee bien alto.

Nos servirán de inspiración para ello las luchas que diferentes pueblos ibéricos han llevado a cabo para recuperar de manera efectiva su Comunal, como es el caso de los aezkoanos (en Nafarroa) en su brega por recuperar sus montes comunales usurpados por el Estado en 1784. 200 años de lucha dieron sus frutos y en 1984 los montes pasaron de nuevo a titularidad de sus legítimos propietarios, los vecinos del valle.

La aldea de Lakabe en Navarra, despoblada a inicios de la década de los sesenta del siglo XX, fue repoblada en el año 1980 por unos intrépidos pobladores. En el periodo 1986-91, como consecuencia de la Ley Foral de Administración Local, algunos pueblos pasan de ser concejos a concejos tutelados, e incluso en 1991 muchos desaparecen. Lakabe en 1986 es concejo tutelado y en 1991 se convierte de nuevo en concejo, recuperando sus nuevos pobladores la potestad sobre las tierras comunales pertenecientes al antiguo concejo.

Los vecinos de Aldán (Pontevedra, Galiza) iniciaron en 2004 una demanda para reclamar por la vía legal unos terrenos pertenecientes a los montes comunales de la parroquia. Bajo el lema “O monte é noso” los vecinos exigieron sus montes pero finalmente, tras un dilatado proceso judicial, en 2020 el Tribunal Superior de Xusticia de Galiza desestimó la reclamación.

Algo similar les sucedió a los vecinos de Los Yébenes, en Toledo, que entablan un pleito para recuperar su comunal expropiado por el Estado y finalmente lo pierden, teniendo que hacerse además cargo de las costas del juicio.

Estas dos experiencias, la de Aldán y la de Los Yébenes, ¿enseñan? que dejar los bienes comunales en manos de la justicia estatal, acérrimo enemigo del Comunal, es un acto de ingenuidad, que puede comportar consecuencias desmoralizantes y un enorme gasto de energía y dinero. Cualquier reivindicación por el Comunal debe tener un fuerte componente de autoorganización vecinal, de lucha callejera y de legitimar las reclamaciones por la vía de la acción directa, para presionar a los estamentos estatales y hacer valer los antiguos usos y costumbres.

En los últimos años ha emergido en Burgos, entorno al barrio de Gamonal, otra iniciativa de lucha por la recuperación de unos antiguos terrenos comunales adyacentes a la ciudad que se apropió el ejército, que bajo el nombre de Artillería Comunal reclama mediante una asamblea vecinal movilizada, la gestión directa del lugar. Veremos hasta donde pueden llegar.

Cada trocito de tierra defendido, parcela de comunal preservada o monte comunal repoblado con especies autóctonas; cada Comunidad de Montes Vecinales en Mano Común, asociación, asamblea vecinal o plataforma de denuncia y oposición, deben confluir en una lucha común en favor del Comunal.

Gka

90 aniversario de la II República española

Tal día como hoy 14 de abril 90 años atrás, las élites sobre todo militares instauraron la II República española. Y todavía en los tiempos hodiernos, debido a un olvido y falseamiento total de la historia, o, peor aún, a sus espurias intenciones, algunos abanderan la instauración de una III República española.

Éstos defienden aquella II República, que de facto fue oligárquica, clasista, antirural, estatal, capitalista, militarista, colonialista, nacionalista española, terrateniente, industrialista, patriarcal, demagógica, adoctrinadora, totalitaria, y, en consecuencia, represiva, torturadora, aculturadora, ecocida, policiaca, sanguinaria y genocida.

Félix Rodrigo Mora la calificó con gran sagacidad como la “república del máuser”, en alusión a su herramienta “democrática” predilecta, el fusil alemán máuser, originalmente Königliche Waffen Schmieden, también utilizado “democráticamente” por los nazis. En su profusamente documentado libro Investigación sobre la II república española, 1931-1936 expone algunas de las incontables carnicerías que se acometieron durante dicho periodo histórico.

En 1931 el nuevo Ministro de la guerra, el aciago Manuel Azaña, abalado por los principales generales del ejército, se lanzó a reformar y mejorar las imperialistas fuerzas armadas españolas. Con vistas a ello, la semana siguiente de instaurarse la República, el 22 de abril, publicó un decreto que obligaba a todos los jefes y oficiales militares a prometer fidelidad a ésta, por medio del siguiente juramento: “prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, obedecer sus leyes y defenderla con las armas”.

Y así lo hicieron. Comenzaron el mismo verano de 1931, cuando la República tenía apenas unos meses, ametrallando a cientos de trabajadores agrarios e industriales de Andalucía. Luego, en 1933 con Azaña en el gobierno, fueron cientos los asesinados y miles los torturados. El general Francisco Franco Bahamonde realizó “en servicio y fidelidad a la República” sucesivas matanzas a las órdenes de los gobiernos republicanos, tanto contra los loables revolucionarios asturianos de 1934, como en sus misiones colonialistas en Marruecos; hecho que demuestra la continuidad fáctica entre la II República y la dictadura franquista. Empero, el periodo más trágico fue el del Frente Popular (coalición de izquierdas), entre febrero y julio de 1936, cuando las fuerzas represivas, en primer lugar la militarizada Guardia civil, vejaron, lesionaron, torturaron y asesinaron a miles de personas de las clases populares. En especial machacaron a las gentes rurales, quienes intentaron, de forma loable pero desorganizada e insuficiente, recuperar algunos de los bienes comunales expoliados por el Estado desde 1812; aunque ésta práctica infame fue, desde al menos el siglo XIV, llevada a cabo por las sucesivas élites militares y políticas.

En todo este proceso terrorista-fascista republicano participó orgullosamente la izquierda (incluido el anarquismo), quien todavía reivindica la II República. Por un lado formaron parte de varios gobiernos republicanos, verbigracia el socialista Azaña o el anarquista Juan García Oliver; por otro, todos los partidos y sindicatos de izquierda (Partido Comunista de España, PSOE, CNT, UGT, etc.) apoyaron la República directa e indirectamente. Si bien es lógico, ya que en los demás países hicieron lo mismo; o, incluso genocidios aún más dramáticos, como en la Unión Soviética, Camboya, China, Argelia, etc.

En la actualidad han cambiado poco las cosas, y en ciertos aspectos a peor. Ante todo la manipulación, adoctrinamiento, aculturación y destrucción del sujeto es mucho más grave. Ahora las élites poderhabientes hacen y deshacen a su antojo, pues han constituido sociedades de seres dóciles, mansos y serviles que tragan con todo. Ergo si las élites españolas se lo proponen, lanzarán una campaña propagandística similar a la covidiana e instaurarán la III República española con mayoría absoluta.

Sin embargo, resulta perentorio recordar que alrededor de la mitad de los Estados actuales del planeta son repúblicas. Las cuales podemos dividir de la siguiente manera: repúblicas islamofascistas (Irán, Pakistán, Mauritania, etc.); repúblicas comunistas totalitarias (China, Corea del Norte, Venezuela, etc.); repúblicas imperialistas parlamentarias (con EEUU a la cabeza, más Rusia, Francia, Brasil, Alemania, etc.); y el resto son repúblicas parlamentarias de segunda y tercera fila, pero igual de tiránicas y antihumanas (México, Sudáfrica, Kazajistán, Filipinas, etc.).

De modo que mientras un Estado, sea monárquico o republicano, imponga su poder y dominio sobre una sociedad, el pueblo está perdido. Le gente está y estará en manos de los poderosos, sometidos a su capricho. Por tanto, la única vía transformadora consiste en establecer sociedades basadas en el autogobierno y autodefensa asamblearias, sin Estado, donde el poder se ejerce de abajo arriba por medio de asambleas locales omnisoberanas.

En suma, apoyar la II República española, o una futura III República, es apoyar al Estado nación militarista capitalista imperialista español. Es más de lo mismo…

José Maenza

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Libres antes que felices

La ideología de izquierda está hoy más que nunca hundida y certifica que más que un instrumento para mejorar la vida de la gente ha sido, es y será el más terrible de los artefactos ideológicos para confundir y deshumanizar a las clases populares. La bandera del eudemonismo (o el felicismo) ha sido enarbolada con orgullo durante décadas incluso siglos, bajo el pretexto de la felicidad como meta vital. Sin ir más lejos el ya caducado Arnaldo Otegi, líder de la Izquierda Abertzale, espetó hace 5 años en una conferencia que “Los seres humanos venimos al mundo a ser felices. La izquierda no puede abandonar este discurso”. Mismo mensaje que lanzara en su día el aparentemente celebre político Pepe Mújica y otros tantos adalides y salvadores de trabajadores que han querido inculcar ese horrible horizonte en las mentes de las gentes. Nada más mesiánico, religioso, que la felicidad como fin.

Debe decirse que el ser humano viene a la vida a vivir, a vivir todas las vicisitudes que la vida le interpone, la felicidad tanto como la infelicidad, el dolor tanto como el gozo, la alegría o la tristeza, la salud o la enfermedad. Recurriremos al Euskera, la patria de los vascos, esa que falsamente enarbolan cabecillas postmodernos y antivascos como Arnaldo Otegi, para realizar una aproximación etimológica a la cuestión de la felicidad. En Euskera, a la felicidad se la conoce como zorion, cuando felicitamos decimos zorionak. Zori quiere decir suerte y on significa bueno o positivo, por lo que zorion viene a ser fortuna, felicidad o buena suerte. Por el contrario zoritxar o zorigaitz significa desgracia o mala suerte, ya que txar o gaitz hacen referencia a lo malo o negativo. También contamos con la palabra zorte, que viene a significar algo similar a zori, en tanto que las escasas posibilidades de que acontezca un determinado suceso, tanto en el sentido positivo como en el negativo. Siendo esto así, la posibilidades de gozar de estados parciales de felicidad/desgracia son escasos y puntuales respecto al amplio conjunto de momentos que componen la vida del ser humano medio, independientemente de que vivamos la vida con valentía y alegría, sobreponiéndonos a las dificultades y a los quehaceres mundanos.

Por tanto, zori hace referencia a fenómenos impredecibles, los mismos que conlleva el acto de vivir. De este modo, podemos concluir que vivir es una suerte, que el vivir está impregnado del azar, de múltiples posibilidades, que la vida no está determinada y que en ella nos toparemos con la felicidad tanto como con la desgracia. Y es así porque la existencia, igual que la propia condición humana, es bipartida. Tener como meta la felicidad es una utopía irrealizable e inalcanzable ya que es ajena a la propia condición de la vida, y en las únicas condiciones en las que puede lograrse, es bajo la instauración del ganado estabulado, en un ambiente inerte, pasivo, de esclavitud del Ser e ilimitado abastecimiento de pienso. Dotar de pienso (alimentación), redil (vivienda), amaestramiento (educación) y salubridad (sanidad), es el programa político de todos los ávidos de poder.

Se le debe decir a Otegi en particular y a todos los políticos-funcionarios y demás trepas engaña-masas en general, que rechazamos su religión eudemonista, que la vida es combate y que estamos tan dispuestos al goce, a la alegría, a la salud y a la felicidad como al dolor, a la tristeza, a la enfermedad y a la infelicidad. Porque es ese el camino que nos muestra la vida y que por mucho que uno se empecine en negarla, es esta así de cruda y compleja.

Gka

Editorial Nº3, 25-03-2021

Independientemente de lo que diga Wikipedia, la guerra más larga de la historia es la que mantiene el Estado contra los pueblos y los individuos. Esta eterna guerra parece que ha entrado en una fase de ofensiva total por parte de las instituciones de poder. Frente a un adversario inerme, desmoralizado, temeroso, ignorante, confiado y colaborador, el Estado pretende establecer con premura una tiranía perfecta que habrá cercenado por completo todo atisbo de autonomía y de libertad.

Uno de las últimas embestidas llegó disfrazada con la mentira de la liberación de la mujer, puntual a su cita del 8 de marzo. El feminismo de Estado es un “movimiento” tan alejado de las preocupaciones del pueblo que necesita ser impulsado por el Gobierno mediante consignas como: ‘Con voz alta y con voz clara hay que reivindicar el feminismo’. El feminismo que recibe millones de los presupuestos del Estado, que divide a la sociedad, discrimina legalmente a los varones y considera a las mujeres menores de edad que requieren de una protección especial por parte de la ley y la “justicia”, es el mismo feminismo que se ha manifestado en las principales ciudades con sus activistas enfrentados y un evidente escaso éxito de convocatoria. Como dice la cumbia: ‘Échenle la culpa al Covid’.

Igual que los generales de las legiones romanas se enfrentaron entre sí en no pocas contiendas civiles por la disputa del botín de las guerras venideras, los diferentes lobbies de la ingeniería social fueron incapaces de ponerse de acuerdo y convocar una manifestación unitaria el 8-M. La discrepancia fue causada por la llamada Ley Trans, la misma que pretende que un adolescente de 16 años pueda cambiar de género en el registro civil porque así le viene en gana. Que esta ley se esté debatiendo demuestra que el poder ha enloquecido por completo y está perdiendo el contacto con la realidad material y nuestra propia naturaleza, al sacrificar el cuerpo humano y despreciar la vida en pos de una idea biopolítica. Demasiadas letras en las siglas LGTBIQ+, demasiadas asociaciones ansiosas de meter la cuchara en la sopa boba y una perspectiva económica a corto plazo que anuncia tiempos de escasez, incluso para los soldados del Estado. El feminismo institucional fue una bonita flor de color violeta que se ha marchitado y apesta.

En el puchero podemita del Gobierno se está cocinando otra ley que los medios presentarán como ‘progreso’, cuando es una nueva ofensiva liberticida. La llamada Ley de Vivienda pretende incrementar el gasto público con la construcción de vivienda protegida (esos pisitos infames que aseguran un infierno convivencial y generan lumpen) y exterminar por completo la libertad económica con la creación de impuestos especiales y la regulación de los precios de los alquileres, unas trabas que, a buen seguro, esquivarán las grandes fortunas y los fondos de inversión, y que caerán como una losa encima del esforzado trabajador medio.

Una de las ofensivas más despiadadas que estamos sufriendo es, sin duda, la Ley de Eutanasia, oportunamente aprobada en plena “pandemia”. Los medios de comunicación y la industria cultural llevan años generando un debate artificial sobre la supuesta necesidad de suicidarse sin dolor. La Ley de Eutanasia relativiza la muerte, así que también relativiza la vida; es, además, una ley utilitarista que instrumentaliza a los seres humanos en función de su productividad y convierte a los médicos en soldados al frente de un pelotón de fusilamiento, relegando el juramento hipocrático a trágica ironía, y transformando los hospitales en nuevos campos de exterminio.

El Estado ha situado el sistema sanitario en la primera línea de combate. Las nuevas fuerzas de seguridad uniformadas son médicos y enfermeros con bata blanca; las armas convencionales han dado paso a las llamadas “vacunas”. Miles de funcionarios ya se han puesto con orgullo la primera dosis del tratamiento génico experimental a cambio de una falsa promesa, aquella que dice que si todos nos vacunamos, volveremos a la “normalidad”. Olvidan los medios de comunicación que muchos, muchísimos, desconfían de la “vacuna” y la esquivan, pese a las amenazas de obligatoriedad o los chantajes en curso: si no te vacunas, no te vas de vacaciones a Mallorca, como están haciendo ya centenares de turistas europeos, vacunados o no.

Olvidan también los informativos que el número de reacciones adversas está siendo muy elevado,[1] centrándose la atención mediática en un único caso de fallecimiento por ictus cerebral de una profesora malagueña de 43 años que murió poco después de haber recibido la primera dosis de la “vacuna” de AstraZeneca. Como era de esperar, la muerte no tuvo relación alguna con la feliz inmunización. ¿El desprestigio mediático de este producto se debe a una sucia campaña de guerra comercial entre compañías farmacéuticas? ¿O tal vez nos estén haciendo desconfiar de la “vacuna mala”, para que reclamemos “nuestro derecho” a ser inyectados por alguna de las “vacunas buenas”, las de Pfizer o Moderna, las de ARN mensajero? Una prudente evaluación de riesgos nos lleva a pensar que los perjuicios de la vacunación son mayores que los supuestos beneficios pero, ante todo, debemos resaltar que imponer de manera coercitiva un tratamiento farmacológico, para más inri experimental, muestra hasta qué punto el Estado está anulando nuestras libertades fundamentales. ¿Dónde queda el antiguo lema feminista ‘Mi cuerpo, mi decisión’? Cada vez es más evidente que la “pandemia” de Covid-19 no es un asunto sanitario, sino político, vinculado al control social de la población en un momento de crisis generalizada de las sociedades de la modernidad.

Pese a que está demostrado que el virus SARS-CoV-2 no infecta las células de las vías respiratorias y que la OMS ha reconocido que el uso de mascarillas es inútil en la prevención del contagio de coronavirus,[2] el Congreso ha aprobado en secreto el Real Decreto de Nueva Normalidad que obliga la utilización del barbijo incluso en espacios abiertos con la llamada “distancia social” garantizada. ¡Cuánta gente desconocía que no tenía que llevar puesta la mascarilla en la calle! Y ahora resulta que sí es obligatorio. El uso de esta prenda nos degrada y estigmatiza, es una ley de sometimiento, comparable al burka o al bozal de un perro.

En esta terrible guerra contra la vida, la dignidad y la libertad, los Estados se están coordinando para hacer frente común al conjunto de seres humanos del planeta. Un buen ejemplo es el que está ofreciendo la Unión Europea, que en cuestión de unos pocos meses ha pasado de promover la libre circulación de personas a inventar el ‘pasaporte sanitario europeo’, un certificado veterinario de buen ciudadano, obediente y sumiso, que por haber sido bueno tiene derecho a coger un avión y disfrutar de sus merecidas vacaciones. Tan infames son las instituciones que promueven este salvoconducto, como las personas que obedecerán sin rechistar para agradar a sus viejos amos.

Y en medio de tanta confusión y cobardía apareció la estrella de Victoria Abril. La veterana actriz compareció en un acto público sin mascarilla y desmontando con buena disposición y discurso convincente el montaje político-sanitario del Covid-19. Victoria Abril se convirtió, por unas horas, en la voz del pueblo, la mujer valiente que se enfrentó a los poderes establecidos jugándose su carrera profesional en defensa de la verdad. La actriz madrileña recibió por su osadía tantos aplausos de su público, como palos de autoridades y medios de comunicación, así que no tardó en hacer de su capa un sayo, y donde dijo digo, digo Diego, matizó sus atrevidas palabras para dejar a sus nuevos fans desilusionados, decepcionados, como cuando Ricky Martin salió del armario, como cuando el dúo Milli Vanilli admitió que hacía playback.

¿Nos falló Victoria? En esta tecnologizada caverna de Platón, en este Imperio de la ficción (tomando prestado el concepto de Pedro Bustamante), mucha gente seguirá creyendo que el enemigo es nuestro aliado a no ser que una cara pública, una “voz autorizada”, una actriz, un político o un periodista de postín les diga que ‘hemos sido engañados’; hasta entonces seguirán esperando la llegada del Mesías de portada que les asirá de la manita para guiarles hasta la salida de la oscura cueva.

Los pueblos de la península están muertos.

El Estado está acorralado y agoniza a causa de sus múltiples contradicciones internas. El déficit presupuestario, la caída en picado de la productividad, la escasez de recursos energéticos, la ausencia de individuos de calidad, la destrucción del medio ambiente, el desplome de la natalidad… Nuestro enemigo está contra las cuerdas y, como bien apuntó Sun Tzu en El arte de la guerra, un adversario desesperado se torna peligroso, se muestra muy agresivo porque nada tiene ya que perder. Las élites han emprendido una carrera desenfrenada que solo puede conducir a la destrucción de la humanidad, salvo que nosotros, las gentes del pueblo, empecemos a plantarles cara, aceptemos el combate y derrotemos al Estado, a los Estados. No podemos seguir engañándonos y decir que la guerra no existe. Es hora de hacer frente al enemigo, con valentía, con valores y con inteligencia estratégica. Es hora de emprender la revolución integral.


[1] Se puede consultar la página adrreports.eu (European database of suspected adverse drug reaction reports).

[2] Consultar el Informe de Revisión Científica Covid-19 publicado por el colectivo ‘Biólogos por la verdad’ y disponible en biologosporlaverdad.es.

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El veganismo engaña, contamina y mata

“El paradigma que nos pide que rechacemos la muerte nos proporciona sin duda un código ético sencillo, un código que reúne a los rectos, pero que representa el pensamiento en blanco y negro de un niño pequeño.”

Lierre Keith

Voy a empezar por el final: el veganismo es la negación de todo lo que promete, ni es sostenible, ni es saludable, ni es una opción éticamente responsable. Más bien al contrario.

Hace no tantos años ser vegano suponía transitar por una senda desconocida para la mayoría, mientras que hoy día se está consolidando como una opción atractiva, por un motivo u otro, por una fracción de la población urbana. A su vez, una parte de ésta desanda el trayecto que le condujo a privarse voluntariamente de todo producto de origen animal, ya sea mediante un abandono reflexivo o, más frecuentemente, debido a problemas de salud[1].

No sería justo obviar que una parte de quienes hacen el esfuerzo de alterar sus pautas de alimentación convencionales en esta dirección lo hacen desde la buena voluntad, y es de agradecer que decidan actuar en base a sus valores. Sin ir más lejos, un servidor decidió hace años acercarse al movimiento por este motivo, y hoy pretendo que este texto sea un paso más hacia la superación del actual sistema de producción de alimentos, destructivo, insano e inmoral.

Quizá la mayor mentira vertida por el veganismo sea que es una forma sostenible de alimentar seres humanos. Esto es falso porque depende de una de las facetas más terribles que adopta la devastación ambiental: la agricultura. La agricultura (convencional o ecológica) que destripa los suelos y los abandona a la erosión; que inunda el entorno de tóxicos perniciosos para humanos, fauna y flora; que deseca los ríos, manantiales y acuíferos a la vez que demanda obras faraónicas que devastan el territorio para irrigar sus campos; que es incompatible con el bosque y necesita talarlo alterando el régimen de lluvias y destruyendo el hábitat de la mayoría de la fauna silvestre;que saliniza irreversiblemente los terrenos sobre los que se asienta; que demanda cantidades ingentes de petróleo y otras materias primas contaminantes, ya sea directamente o para la fabricación en grandes industrias de la maquinaria, las herramientas, los fertilizantes y los fitosanitarios; y, sobre todo, que concentra la propiedad en pocas manos, despoblando el medio rural, y conoce algunas de las formas más atroces de explotación laboral.

Poner en marcha un cultivo agrícola impone la necesidad de destruir el entorno antes existente, normalmente un bosque, cuyos árboles y arbustos han de ser talados, y los animales que en él se cobijaban y logran sobrevivir deben desplazarse a territorios más propicios. A continuación, es preciso roturar el suelo, acción que se repetirá año tras año, donde se acabará con la vida de cientos de roedores, conejos o liebres que habitan en las madrigueras del lugar, así como con millones de insectos y otros invertebrados. El uso de insecticidas, herbicidas, rodenticidas y otros plaguicidas se torna fundamental, ya sean convencionales o ecológicos, eliminando buena parte de la fauna del lugar ya sea directa o indirectamente. Muchos de los animales hacia quienes no se dirigen estos químicos, como jabalíes, corzos, ciervos o conejos deberán ser controlados igualmente, pues de otra manera comprometerían enormemente los cultivos. La cosecha es también un factor grande de mortalidad, y no es extraño descubrir en las lindes de los caminos amasijos de pelo y huesos de animales que han sucumbido bajo las aspas de una cosechadora.

Tampoco es inocuo para muchos animales el acto de empacar la paja en fardos una vez se ha cosechado el cereal, ya que es el lugar que perdices o codornices escogen para resguardarse.

Dicho esto, quien crea que su simple adscripción a la ideología vegana es capaz de evitar el sufrimiento animal o la devastación medioambiental yerra profundamente. Incluso en sus formas más respetuosas, la agricultura supone y demanda la eliminación de un gran número de animales (y plantas), y si quiere renunciar al empleo de combustibles fósiles (para, en este caso, fabricar fertilizantes químicos)ha de emplear estiércol, para lo que es necesario que exista la ganadería.

El veganismo no podría haber reunido seguidores de no ser por el alejamiento que se da entre quienes habitan en la urbe y el medio natural, y de esta manera ignoran la insoslayable norma que exige que para que unos vivan otros deben morir. Ignoran igualmente el funcionamiento del sistema productivo que abastece los supermercados de los que extraen sus alimentos. Por otro lado, el veganismo no es sino la forma que tiene un sector urbano de relajar su conciencia ante su indisposición a adquirir un compromiso real con los animales y el medio ambiente, ya que hacerlo supondría la renuncia a ciertas comodidades y actividades que practican cotidianamente, por ejemplo, la misma vida en las ciudades.

Adoptar un “estilo de vida” vegano es la píldora mágica que algunos urbanitas necesitan para pasar por alto lo derrochador, ineficiente, destructivo, expoliador y egoísta de su existencia en la ciudad.

El veganismo exige cumplir una simple norma, “no uses productos de origen animal”, que promete pretenciosamente a quien la obedezca la superioridad moral de quien se ha hecho un guardián del planeta y un amigo de los animales con la sencilla solución de cambiar ciertos hábitos de consumo.

No en vano, la feroz negativa de buena parte del movimiento vegano de adoptar un compromiso vivencial para la superación del actual régimen decadente de producción de alimentos lleva a acumular en sus filas un alto número de fanáticos. Así, la persecución, el enfrentamiento, el insulto, el chantaje y la amenaza son herramientas muy frecuente en la sección más degradada de esta corriente[2].

Las directrices que promulga el veganismo son a veces claramente ridículas y dañinas. La fórmula que proscribe el uso de todo producto animal exige la eliminación de, por ejemplo, todo derivado de la actividad apícola. La miel probablemente sea el edulcorante natural menos agresivo con el medio, de hecho, la apertura de una explotación apícola supone un gran beneficio para el entorno. En su lugar, el veganismo promueve el cultivo de la caña de azúcar, del ágave o de otros productos que demandan ser cultivados, con el consiguiente perjuicio que genera la actividad agrícola, además del transporte y la transformación industrial en la mayoría de casos.

Es más, si un agricultor escoge complementar su explotación con unas cuantas colmenas, deberá aplicar un gran cuidado al aplicar los pesticidas de rigor, dado que las abejas son un insecto muy susceptible a estos y los acusan especialmente.

Por otro lado, la cera o el propóleo son una atractiva alternativa a otros productos industriales y farmacológicos contaminantes, finitos y costosos energéticamente.

Tratar de comparar a una abeja con un ser humano y otorgarle su sentido del dolor, su necesidad de libertad o su conciencia como ente individual es un nefasto antropomorfismo[3]. La abeja no es comparable, en ninguna de las facetas mencionadas, con un ser humano, puesto que su realidad vital es tajantemente distinta. Ésta es la colmena, y el sentido de su vida es el de proteger, criar, pecorear o copular, según su asignación genética.

Atribuir a un animal aspiraciones humanas es una crueldad aberrante de quienes dicen amar a la naturaleza, pero no la comprenden ni en lo más básico.

No es mi intención defender la ganadería intensiva, como más adelante desarrollaré, pero es necesario comprender que no es la única alternativa a la agricultura pese al limitado espectro que esbozan quienes publicitan el veganismo. Para ellos, sirve la escueta fórmula que asegura que producir un kilo de carne animal supone un gasto de “16 kilos de cereales, 20.000 litros de agua y la energía equivalente a 8,3 litros de combustible”[4] , por lo que animan a ingerir el cereal y ahorrarse el coste de producir un nuevo alimento a partir de él.

Esta frase admite muchas variantes, pero es una constante en la justificación del modo de vida vegano. Todo lo que afirma es cierto, siempre y cuando enfrentes dos realidades que deberíamos rechazar: la agricultura convencional y la ganadería industrial. Además, obvia que es irreal que un ser humano se alimente exclusivamente de cereales, pues su salud se resentiría rápidamente, y el veganismo admite y habitualmente consume otros tantos productos mucho más exigentes en agua y abonos que el cereal[5].

Si esta misma operación sustituyese la ganadería intensiva por la extensiva, mediante la que son aprovechados los pastos, el agua de los ríos o los frutos de los árboles y arbustos, para luego ser devueltos al territorio del que salieron vía micciones y excrementos, el veganismo sufriría una dramática pérdida de seguidores.

El veganismo es bien acogido por ciertos sectores poblacionales sencillamente preocupados por la salud. Hoy es una variante dietética más que muchos “profesionales” de la nutrición venden dada la enorme demanda que tiene por los deseosos de milagros a bajo coste.

Personalmente desconfío de que haya tantos nutricionistas como dietas distintas. Hay gurús para dietas carnívoras, cetogénicas, vegetarianas, veganas, bajas en grasas, bajas en carbohidratos,frugívoras, etc.

Hay que ser muy cuidadoso y crítico a la hora de plantearse cualquiera de estas dietas, e ignorar a quienes justifican su consejo con el argumento de autoridad, esto es, poniendo por delante su interminable lista de títulos académicos y cargos profesionales. Como muchos nutricionistas plenos de diplomas y reconocimientos defienden dietas radicalmente opuestas, prefiero prestar atención a quienes basan sus propuestas en la experiencia, en vez de en teorías e hipótesis, ya sea adquirida a través de sus pacientes o del estudio antropológico.

Un libro de enorme valía es “Nutrition and Physical Degeneration. A comparison of primitive and modern diets and their effects”, del doctor Weston A. Price. El autor, odontólogo estadounidense, decide llevar a cabo una investigación alrededor del globo hacia los años 30 del siglo XX, sobrecogido por el incremento de las enfermedades dentales que observaba en su consulta. Su estudio consiste en comparar poblaciones que mantienen un estilo de alimentación premoderno con aquellas que ya ingieren alimentos procedentes de la industria moderna.

De este periplo deja constancia gráfica a través de multitud de fotografías, donde muestra una salud dental generalmente impecable para los nativos alimentados a la manera tradicional, mientras que aquellos que la habían abandonado salen bastante mal parados al ser cotejados. Se suelen considerar poblaciones genéticamente relacionadas.

Sus conclusiones llegan más allá al, por ejemplo, advertir una escasa o nula incidencia de la tuberculosis en los nativos suizos que mantenían su estilo de vida, cuando esta enfermedad mermaba poblaciones modernizadas del país. Similares son los resultados para la malaria, disentería, tifus o fiebres producidas por garrapatas en distintas poblaciones africanas.

El doctor Price prestó especial atención a la dieta, y la describió para cada una de las poblaciones. A pesar de buscarlas, fue incapaz de encontrar ninguna comunidad que se alimentara exclusivamente de plantas. De hecho, los alimentos mejor valorados por todas ellas eran los procedentes de animales y ricos en grasa, siendo muy importantes las vísceras animales.

Algunos de ellos, como los esquimales, se alimentan exclusivamente de alimentos de origen animal, exhibiendo una vigorosa salud. Para su visita al continente africano asegura que la salud es superior en las tribus pastoras o cazadoras, siendo algo inferior la de las tribus agrícolas, aun consumiendo también estos animales en su dieta.

El conocimiento adquirido es puesto a prueba en su consulta, donde alcanza muy buenos resultados.

Su investigación dio lugar a una fundación que ostenta su nombre, a partir de la que se puede seguir profundizando en el asunto.

Lierre Keith, en su imprescindible libro “El mito vegetariano”[6], relata su desgarradora experiencia, que le hizo abandonar el veganismo por una exigencia corporal. Su fanatismo había llegado a tal punto que mantuvo durante unos 20 años un estilo de alimentación que llegó a producirle daños irreversibles en su salud. En sus propias palabras: “lo que consiguió abrirse paso a través de la estructura de mi fe fueron la enfermedad y el agotamiento”.

Fueron dos décadas lo que le costó a Keith darse cuenta de que el veganismo la estaba destruyendo, y fue así porque esta ideología se convirtió para ella en una religión, situación compartido por multitud de veganos actuales: “Estos vegetarianos no buscan la verdad sobre la sostenibilidad ni la justicia. Solo buscan los hechos específicos que respaldan su ideología y sus identidades. Y aquí es donde una opinión política se convierte en religión, desde el punto de vista psicológico, donde el que investiga busca la confirmación de sus creencias en lugar de un conocimiento activo sobre el mundo”.

La reincorporación de alimentos animales fue determinante para su salud, lo que comenta en su obra, junto con una valiosa investigación dietética al respecto.

No es extraño que para mucha gente llevar una dieta vegana sea una opción razonable. Siempre se nos ha dicho, sin que comprendamos muy bien por qué, que buena parte de nuestra alimentación ha de corresponder a frutas y verduras, o que no hay que excederse con las grasas animales ni la carne roja. Los titulares de multitud de noticias anuncian que consumir carne es cancerígeno, produce diabetes, aumenta el colesterol que obstruye nuestras arterias, y un largo etcétera. Por su parte, la pirámide nutricional cada vez arrincona más los productos de origen animal.

Con este panorama, adoptar una dieta que evita todo aquello que potencialmente nos mata no es en absoluto descabellado.

Sin embargo, la experiencia vegana prueba que esto no es así, que en la mayoría de los casos quienes han sido veganos demandan en un momento u otro retornar a una alimentación que incorpore alimentos de origen animal, y en todos ellos precisa el consumo de suplementos. Una dieta basada en vegetales necesita, como poco, la suplementación con vitamina B12, y lo óptimo es añadir unas cuantas más, como las vitaminas liposolubles (A, D, E, K), difíciles o imposibles de conseguir en el mundo vegetal. Esto, que no suele ser discutido por los propios veganos, debería ser motivo de sospecha, pues supone admitir que es una dieta deficitaria.

Así las cosas, para quienes no optan por el veganismo, la carne se presenta como un veneno necesario en pequeñas proporciones, del que hay que huir cuando el colesterol asoma la patita.

No es mi intención entrar en este artículo en cuestiones técnicas, pero diré que hay una fuerte tendencia contraria a estos postulados, que arguye que el consumo de colesterol, carne roja, huevos o queso no son los causantes de las enfermedades mencionadas[7].

Por otro lado, otra cuestión que debería hacernos reflexionar es la semejanza de nuestro sistema digestivo con el de otros animales carnívoros, mucho más parecido al de, por ejemplo, un perro, que, al de un gorila, un chimpancé o, por supuesto, una vaca o una oveja[8].

Como he dicho, en la red existen múltiples testimonios de antiguos veganos que hubieron de abandonar la dieta vegana dado que su salud se resintió enormemente. Sin embargo, muchos deciden desatender las señales que les da su cuerpo y puede observarse en ellos un claro deterioro físico. Esto ha llamado la atención de toda una serie de usuarios de las redes sociales que deciden retratarlos en sus intervenciones[9].

También es interesante prestar atención a aquellos testimonios que aseguran grandes mejoras en la salud tras incorporar grandes cantidades de alimentos animales a su dieta, en ocasiones superando enfermedades crónicas graves. Tal es el caso de las YoutubersStrongSistas o EastCoastCreep. También de los personajes famosos Mikhaila Peterson o Joe Rogan.

Como he dicho anteriormente, pude experimentar por mí mismo los efectos de esta dieta en la salud. Para mí el veganismo nunca conllevó un convencimiento pleno, sin embargo, sí que adopté a rajatabla los hábitos alimenticios que propugna. Dejé atrás esta forma de alimentarme por una cuestión argumental, tras una investigación más profunda descubrí que estaba errado.

Si bien aún estaba convencido de que era una opción dietética bastante buena, también en esto estaba equivocado. Tras un mes de reintroducción de productos cárnicos adquirí unos cuantos kilos en forma de músculo sin alterar mi actividad física, gané en fuerza y resistencia, y me di cuenta de que las digestiones que realizaba durante mi etapa de alimentación exclusivamente vegetal eran pésimas.

Los testimonios de conocidos que han recorrido el mismo camino son similares o, incluso, más dramáticos.

Dicho esto, quien abrace el veganismo que sepa que no logrará con ello suprimir el sufrimiento y la muerte animal, ni alcanzar la superioridad moral, estar más saludable o terminar con el hambre en el mundo. Más bien al contrario, ahondará en un proceder que le cegará y le impedirá comprender el verdadero meollo del sistema productivo actual y, por tanto, le alejará de las posibles soluciones. Es más, les cerrará la puerta.

Quienes crean que virando la dirección de su consumo podrán hacer frente al modelo agropecuario actual y su destructividad inherente están (casi) por completo equivocados. Éste debe ser entendido en su abismal complejidad, y debe comprenderse en un sentido holístico, es decir, como parte de una realidad formada por elementos políticos, económicos, sociales, demográficos y culturales, entre otros.

Que a día de hoy la producción se realice de la manera en que lo hace, no obedece a un determinismo económico, tecnológico o social, por el que todas las sociedades tenderían a evolucionar hacia una agricultura como la actual. En realidad, este es el desenlace de un largo proceso en el que ha impuesto sus metas, estas son, la maximización de poder, el agente que principalmente regula la vida política de un país, este es, el Estado.

Paul Roberts, en su importante libro “El hambre que viene”, desgrana los muchos movimientos a través de los que los Estados regulan la actividad agraria, en función de sus intereses y en base a una estrategia interna.

A pesar del supuesto debate sobre si es apropiado un libre mercado o una intervención económica estatal, la agricultura está atada en corto por el Estado, ya sea mediante subsidios, políticas arancelarias o control indirecto sobre el mercado. La producción es controlada por el Estado enteramente, y los movimientos en pos de liberalizar o regular más el mercado agrario no son sino medidas destinadas a cumplir con los objetivos impuestos por el mismo, según sus intereses coyunturales, para cumplir su objetivo invariable, acumular mayores cotas de poder.

Y por esto es que hoy la agricultura es destructiva y augura un mal futuro, algo imposible de ocultar ya. Por eso usa masivamente la tecnología, aun cuando la eficiencia que le proporciona es escasa[10], por eso demanda cantidades ingentes de químicos y maquinarias[11] y por eso una solución eficaz demanda una transformación política y económica profundas y, por tanto, una transformación del individuo.

El veganismo, como mucho, le permitiría al Estado pertinente mejorarse y prolongar un tiempo más su decadente forma de producir alimentos, si en algún momento la producción agrícola disminuyese a un punto en que no fuera posible seguir cebando a la ganadería intensiva. Sin embargo, esto no evitaría el sufrimiento animal, pues muchos animales seguirían siendo triturados en beneficio de la producción agrícola, incluso más puesto que paulatinamente será necesario intensificarla más para obtener el mismo beneficio, tampoco supondría un mayor reparto del alimento mundial, pues esta es una decisión política[12].

Lo que sí hace el veganismo, al ocultar los principales factores de devastación ambiental, es alinearse con el poder estatuido, cercenando una posible movilización popular que fuera capaz de restaurar los ecosistemas y recuperar la soberanía política que permitiera orientar la producción hacia otros valores que no fueran la voluntad de poder, como la búsqueda de la libertad, de la verdad, de la convivencialidad o de la belleza.

El movimiento vegano, al presentarse como una iniciativa “revolucionaria”[13], que viene a liberar el planeta de la devastación ambiental, el sufrimiento animal o el hambre de otros seres humanos, miente descaradamente. Pero no sólo eso, además degrada a todo sujeto que cautiva, convenciéndole de que ha de dirigir su energía militante a esta empresa, privándole de reflexionar sobre los pasos que habrían de conducir a un movimiento revolucionario popular para la superación del actual régimen de producción de alimentos, de tiranía política, de atomización y solipsismo, de devastación ambiental generalizada o de ausencia de libertad de conciencia y debate, por citar algunas.

Si hoy el veganismo se resume en cuatro consignas refutadas y aun así está ascendiendo es por la sencilla razón de que produce cuantiosos beneficios monetarios y políticos para influencers, celebridades, periodistas, investigadores, profesores de universidad y otros agentes cercanos a las estructuras de poder y mimados por él. Además, el Estado sale beneficiado al promoverlo de distintas maneras, simplemente por tratarse de un debate que genera confrontación popular y le rodea de una horda de sujetos desconsolados que le claman mendicantes una solución al problema.

El Estado, gran promotor de la ganadería industrial, una actividad inmoral, despilfarradora, ineficiente y económicamente aberrante[14], es a la vez quien impone una normativa destinada supuestamente al “bienestar animal”. Así, crea el problema y a la vez se cubre de gloria al prometer tener la llave de su solución. Sin embrago, estas leyes lo único que logran es desplazar cada vez más a los ganaderos dedicados a las pequeñas explotaciones en extensivo, muchos verdaderamente preocupados por los animales, las montañas, los pastos, los ríos y el aire que inhalan.

La ganadería industrial surge de la necesidad de cada país de liberarse de sus excedentes agrícolas, o de controlar y supervisar escrupulosamente las actividades productivas del mismo. De esta manera, además, niega la soberanía alimentaria de los pueblos y los condena a la dependencia de la industria, asunto que el veganismo no acostumbra a considerar.

Por tanto, si el día de mañana la producción agrícola sufriera una recaída, como advierte en su libro Paul Roberts, una factible solución para soportar mejor el declive sería el animar (u obligar) a la población a consumir mucha menos carne, o ninguna. Con esto el Estado en cuestión sería capaz de competir en la escena internacional durante un tiempo más, aunque no solucionar el problema, y lo que antes usaba para cebar vacas, pollos o cerdos, lo usará para cebar mano de obra.

Así las cosas, la solución pasa por entender el lío en el que estamos metidos, y pergeñar una propuesta atractiva de superación popular del orden actual.

Para terminar, presentaré una serie de propuestas que pueden ayudarse en este cometido:

En primer lugar, es necesario abandonar las ciudades[15]. Estos son auténticos agujeros negros improductivos que demandan enormes cantidades de energía y recursos para abastecerse. La población debe dispersarse en pueblos y aldeas, conectados mediante órganos de soberanía popular (asambleas) organizados en distintos estratos. La razón de ser de la ciudad no es otra que, una vez más la voluntad de poder, puesto que es donde se concentra el artefacto estatal mediante sus múltiples instituciones, y desde donde mejor se ejerce el dominio sobre la fracción popular.

Que los alimentos silvestres vuelvan a introducirse en nuestra dieta, puesto que es la única forma en que es posible la convivencia con los bosques, montes y ríos. Así, el cereal debe reducir su importancia en beneficio de la bellota[16] o la castaña. También deben consumirse hierbas, frutos o bayas silvestres.

Promover la ganadería extensiva, imprescindible en nuestros ecosistemas, que se ven indudablemente beneficiados con su presencia[17]. El animal disfruta de una vida digna, y además reduce las probabilidades de incendios, fertiliza y da vida al entorno, y transforma las malezas, hojas y hierbas en carne, huevos o leche, de una calidad a la que no aspiran otras formas de ganadería. Además, la ganadería extensiva es garantía de la buena salud del territorio natural[18], puesto que necesita pastos vigorosos, árboles que le alimenten con hojas y frutos, y que le cobijen durante el verano y el invierno o ríos que calmen la sed de sus integrantes cuando se hallan fuera de la cuadra.

Arrinconar las actividades agrícolas allí donde su práctica no es perniciosa, dado que hay terrenos en los que puede realizarse de manera sostenible. Sin embargo, su expansión frenética actual obliga a la realización de grandes obras para asegurar el regadío, como los embalses o los trasvases o a la roturación de suelos fácilmente erosionables.

También hay que recuperar los bosques, hoy mermados y sustituidos por especies poco apropiadas, como el pino, el chopo o el eucalipto. Se tiene que dar un proceso reforestador a gran escala, que asegura una revitalización ecológica a medio/largo plazo. Es esperanzador el “Proyecto Arrendajo”, al ser una iniciativa popular que establece la necesidad de esto que expongo.

Y lo más importante, todos, individualmente, debemos realizar un profundo trabajo reflexivo que nos permita comprender el funcionamiento, a todos los niveles y con una perspectiva integral, del mundo en que vivimos.Además de trabajar por construirnos como sujetos capaces de compartir, amar, combatir, sufrir, pensar, convivir o aguantar, pues estos son los ingredientes de los que ha de rodearse quien decide de corazón comprometerse con el planeta, el ser humano (como ente no solo fisiológico), la dignidad animal o la propia salud.

Diego Martínez Urruchi


[1] Merece la pena conocer el mundo de los influencers de este “estilo de vida”. Muchos obtienen la totalidad de sus ingresos de la promoción de suplementos y otros productos de origen vegetal, además del amplio número de visualizaciones que reúnen. Todos los años un número considerable de ellos reconoce que la dieta que defienden no es tan maravillosa como aseguraban, y se ven obligados a incluir de nuevo en ella carne, pescado, huevos o lácteos. Los más inmorales, aun así, no abandonan este rentable negocio. Los youtubers que cito a continuación, cuyos testimonios pueden encontrarse en la red, son una muestra de lo que expongo: Jon Venus, Vegana Dominicana, Rawvana, Sarah Lemkus, Bobby’sPerspective, KasumiKriss, EastCoastCreep, Alyse Parker, Gastrawnomica y un largo etcétera.

Entre los personajes mediáticos más populares también se da esta situación, algunos ejemplos: Angelina Jolie, Miley Cyrus, Jaden Smith, Samuel L. Jackson, AnneHattaway, entre otros.

[2] El revuelo que se crea cuando un vegano decide claudicar, normalmente por problemas de salud, es lamentable. El abandono suele saldarse con el ostracismo y el rechazo, además de con la acusación de ignorar una planificación correcta de la dieta vegana, lo que en la comunidad anglosajona ha llevado hasta la parodia la manida frase: “You did veganism wrong”.

Más allá del espectáculo, más de una vez quienes reivindican la ganadería extensiva como solución a este problema se han topado con amenazas de todo tipo. También ha originado problemas en colectivos autoorganizados asambleariamente, donde en alguna ocasión han optado por ignorar las decisiones tomadas por la comunidad. Los centros sociales son otro de los escenarios de su fanatismo.

[3] Según la RAE: “Atribución de cualidades o rasgos humanos a un animal o a una cosa.”

[4] “20 cosas que hace un vegano para sentirse mejor que tú”, diario ABC (28/12/2018) https://www.abc.es/familia/vida-sana/abci-20-cosas-hace-vegano-para-sentirse-mejor-201812280122_noticia.html?ref=https:%2F%2Fduckduckgo.com%2F

[5] Los productos hortícolas requieren grandes cantidades de agua, y a día de hoy el grueso de su producción en el Estado español se realiza en la “utopía ecológica” del sur peninsular conocida como el “mar de plástico”. Similar ocurre con la fruta. El aguacate, el tomate, el melón o la piña no entran en la sobada ecuación.

Por supuesto no contempla los nuevos productos veganos que se asemejan a productos de origen animal, sencillamente pseudo alimentos, artefactos industriales para los que necesitas mucha paciencia para leer la lista de ingredientes, y costosísimos material y energéticamente. Más adelante me referiré a ellos.

[6] El libro de Keith desmonta por completo el veganismo, y que no haya tenido más repercusión demuestra que las razones por las que este movimiento ha saltado a la palestra son ajenas a la búsqueda de la sostenibilidad o el amor por los animales. Si estos objetivos se desearan perseguir sinceramente desde el veganismo, este tendría antes que rebatir los argumentos esgrimidos por la autora. Sin embargo, esto desbancaría a quienes hacen de esta moda un negocio, ya sea mediante la publicidad o mediante puestos institucionales para promocionarlo. A pesar de un análisis de esta tendencia exquisito, y el importante aporte de algunas soluciones para la situación actual, Keith da palos de ciego al intentar explicar el origen y fundamento del actual sistema de producción. Sobre esto se hablará más adelante.

[7] Para más información, recomiendo el libro “¿Quiero ser vegetariano?” de la Dra. Natasha Campbell McBride, el sitio web https://www.diagnosisdiet.com/ de la Dra. Ede, “Cerebro de pan” de David Perlmutter o el propio libro antes sugerido de Lierre Keith.

[8] Además de la bibliografía otorgada, es interesante el siguiente vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=Yg0Ojxyc0PI&list=PL2KYBm2SJPfZZHEMRDJekGzQZqBbb9F2_&index=34

[9] Tal es el caso de canales de Youtube como “VeganDeterioration” o “VeganPhobic”. Una reveladora compilación es la serie de vídeos “Vegans: The epitome of malnourishment” del excéntrico youtuber Sv3rige.

[10] La cantidad de energía producida en forma de alimentos es bastante baja en comparación con la energía invertida para producirlos. Esta situación es así cuando la tecnología lo es todo en la producción y la fuerza de trabajo humana (o animal) es empleada en la industria y otros sectores económicos.

[11] Las fábricas que los producen son fácilmente transformables en industrias bélicas si estallara una guerra. “En época de paz la cantidad y calidad de las industrias de un país (en tanto que Estado) susceptibles de ser reconvertidas a la elaboración de medios de guerra otorga una parte decisiva del poder negociador poseído por ese país (Estado) en la esfera internacional, y es lo que le abre la posibilidad de hacerse con más y más influencia en todos los ámbitos”, en “Naturaleza, ruralidad y civilización” de Félix Rodrigo Mora.

[12] Según Paul Roberts en el libro mencionado, casi mil millones de seres humanos “no tiene garantías de seguridad alimentaria”, aun cuando se produce alimento de sobra para ellos.

[13] Así la considera Javier Morales Ortiz en su artículo “¿De qué hablamos cuando hablamos de veganismo?” (14/3/2021), incluido en la sección el caballo de Nietzsche del periódico elDiario.es.

[14] Pero no poco rentable. Si afirmo que la ganadería industrial es económicamente aberrante es porque sin la ayuda que el Estado le presta en forma de subsidios extraídos mediante su aparato tributario, sin las políticas mediante las que se adquieren productos baratos fruto de la esclavitud laboral, a veces infantil, de terceros países, sin medios energéticos poco sostenibles a largo plazo, y sin el permiso que el ente estatal le otorga para desmadrarse con los costes ocultos o externalidades (por ejemplo, la destrucción de los ríos) sin sufragarlos, sería imposible que existiera. Por esto, su finalidad no es el beneficio económico sino la voluntad de poder.

[15] Este asunto puede estudiarse en la parte final del capítulo “Las malas hierbas y el proyecto de una nueva civilización”, de Félix Rodrigo Mora, contenido en la obra “Bienaventurada la maleza porque ella te salvará la cabeza”.

[16] Para obtener más información sobre cómo aprovechar la bellota para la alimentación humana, consultar el libro “Manual de cocina bellotera para la era post petrolera” de César Lema Costas.

[17] Al respecto, se puede consultar la obra de Allan Savory, Joel Salatin, Pedro Monserrat Recoder o Jaime Izquierdo Vallina para empezar. O, lo que es mejor, acudir a escenarios donde hay ganadería extensiva y compararlos con donde no existe, lo imprescindible de esta actividad se hace evidente.

[18] Frente a quienes aseguran sin demasiadas pruebas que fueron los campesinos, pastores y otras gentes del mundo rural quienes devastaron los bosques, hay que señalar que los acontecimientos históricos más desgraciados en materia ambiental fueron las desamortizaciones, mediante las que el Estado expolió a los pueblos de sus bienes comunales y los desvió de sus usos tradicionales, la actividad bélica o las propias ciudades (pues conllevaron vigas para casas, carbón para calentarlas, el ferrocarril para abastecerlas o los embalses para suministrarles agua e higienizarlas). Todas estas atrocidades no fueron obra de la gente común, sino de la minoría poderhabiente organizada en el Estado.