La creencia en las vacunas o la religión de la inoculación

Desde su inicio en 1796 la vacuna se basó en un fraude, las conclusiones acerca de la inmunidad adquirida confirmaban una hipótesis que nunca había sido demostrada. Sin embargo, Edward Jenner, su pionero, alentó la creencia de que una persona expuesta a la viruela de la vaca estaba protegida contra la viruela humana. Todos los experimentos realizados para su comprobación fracasaron o presentaron graves daños a los vacunados. Pese a todo, la corporación médica aceptó la vacuna en contra de varios informes que desmentían sus beneficios y la constatación de los fallecidos contagiados artificialmente.

La tergiversación sobre las vacunas se remonta a su mismísimo origen, 225 años después ese imaginario social sigue vigente sostenido por falsedades. La idea errada de que las vacunas disminuyen las enfermedades ha determinado los tratamientos médicos oficiales, por ello, prevalecen los costosos y iatrogénicos procedimientos por encima de medidas higiénicas y naturales. Precisamente, el pecado original antigénico (POA) se acuñó al comprobar que la inmunidad general y duradera solo se daba tras contraer la enfermedad de forma natural y no por medios artificiales. Cuando se acerca el agente infeccioso por segunda vez el cuerpo utiliza el recuerdo de la primera experiencia, que reacciona de manera eficiente por su memoria génica. Muy distintamente ocurre después de la vacunación, pues el cuerpo actúa como fue programado (Humphries y Bystrianyk, 2016, p. 280)[1].

En 1867, con el supuesto de proteger de la viruela, el Gobierno Británico impuso una nueva Ley de vacunación bajo penas de multa a los padres que no presentaran a sus hijos a su inoculación en los tres meses posteriores a su nacimiento. Pese a las altas tasas de vacunación (95%) en la década de 1870 una epidemia golpeó Inglaterra. Los estragos de la enfermedad y a la temible mortalidad comenzó a derribar la fe en la protección de la vacuna. El 23 de mayo del 1885 miles de personas salieron a las calles de Leicester a protestar y exigieron el fin de la imposición de la vacuna. Las gentes se negaron a vacunar a sus hijos y a ellos mismos. La ciudad rebelde consiguió contrarrestar la coacción de las autoridades y los vaticinios médicos. La rebeldía de estos ciudadanos, con su convencimiento de que la vacuna era contraproducente y la enfermedad podría ser superada de otra forma, puso en marcha un magnífico experimento.

Ese mismo año de 1885 en Leicester un gobierno antivacuna sustituyó al gobierno anterior, que incluso había castigado con cárcel a los objetores. En 1887 la cobertura de vacunación ya había descendido al 10% y en 1890 solo el 5% de los nacidos fueron vacunados contra la viruela. El “método Leicester” para afrontar la epidemia se basó en la cuarentena de los pacientes con viruela y la mejora en la higiene de las casas. La enfermedad se controló con casos más leves y a bajo coste, a diferencia de lo que pasó en otros lugares de Inglaterra con altas tasas de vacunación. En el brote de 1893 Leicester gozó de ese éxito que no tuvieron otras ciudades: 30 casos de fallecidos por 10.000 habitantes en Mold o 60 fallecidos en Birmingham, frente a poco más de uno en Leicester. En los siguientes brotes el éxito de la ciudad antivacuna se confirmó con un mayor descenso de la mortalidad.

‘El éxito de Leicester’ se expone en Desvaneciendo Ilusiones. Las enfermedades, las vacunas y la historia olvidada (2016). Este libro refuta que el descenso de mortalidad por viruela -y otras enfermedades- se debiera a la introducción de la vacuna. Los autores de esta investigación, Suzanne Humphries y Roman Bystrianyk, desmienten el reinante mito de las vacunas. En los 38 años posteriores al inicio de la inoculación respecto a los 38 anteriores las muertes por viruela habían aumentado casi a la mitad. Los hechos demuestran que la viruela no se erradicó gracias a la vacunación masiva, sino a pesar de ella, y gracias a los métodos replicados de cuarentenas y desinfección. Décadas después ya se podía señalar que una población no vacunada era mucho menos susceptible a contraer la viruela. A pesar de que se supo que la vacuna perjudicaba más que protegía, el fanatismo médico y el Estado insistieron en su aplicación para mantener la historia de su eficacia.

En nuestros días se mundializa lo que ya se había realizado durante el siglo XX a menor escala. Otra vez la ciencia negando su esencia, y en su nombre se impone una dogmática. Contrariamente a la creencia general la implementación masiva de las vacunas para sarampión y tos ferina llegó tras la práctica erradicación de las enfermedades. Cuando la tasa de mortalidad por sarampión se acercaba a cero se introdujo la primera vacuna en 1963, en 1967 un estudio reveló que esa vacuna de virus muerto podía causar neumonía y encelopatía; otra investigación de finales de siglo señaló que la vacuna de virus vivo -SPR- provocaba lesiones celebrares y desencadenaba autismo. La enfermedad repuntó y, como sucede hoy, los medios de comunicación culparon a los no vacunados que, curiosamente, no sumaban más que el 1%.

Cada vez más son los estudios que esclarecen los efectos perniciosos de la ciencia-negocio de la vacuna. Por ejemplo, varias evidencias desmantelan el relato oficial sobre sarampión, el POA y su tendencia inmunosupresora o inmunorreactiva. 1) Los niños que se criaban en pecho, al menos los tres primeros meses, tenían el 30% menos de probabilidad de contraer sarampión frente a los que nunca habían mamado. La leche materna servía al bebé para resistir a la enfermedad, pero 2) perdió su gran potencial inmunoprotector cuando se comenzó a vacunar a las madres. Los bebés de madres vacunadas eran más propensos a contraer la enfermedad. 3) Un estudio realizado en Sudáfrica demostró que la mortalidad se reducía hasta en el 80% cuando se administraba vitamina A, el riesgo general de muerte iba asociado a la malnutrición. Y 4) la insistencia de que merecía correr el riesgo de la vacuna para reducir la morbilidad provocó panencefalitis (PEES) (p. 338).

La vacuna contra la tos ferina también fue una estafa, su implementación supuso graves trastornos neuronales y muertes que se concentraban en los siete días posteriores a la inoculación, cuando, generalmente, los niños sin vacunar se recuperaban fácilmente y generaban inmunidad duradera. El 80% del descenso total de la mortalidad por tos ferina se produjo antes de que se dispusiera de ninguna vacuna o fármaco antimicrobiano. Con otras tantas enfermedades sucedió algo semejante… “la mortalidad por tuberculosis, la difteria, la escarlatina, la tos ferina, el sarampión, la fiebre tifoidea, la fiebre puerperal y la gastroenteritis infantil disminuyó antes de la introducción de la inmunización [por vacuna] y/o los antibióticos[2]” (200 p.).

La razón epidemiológica lleva a deducir eso: la enfermedad tiende a disminuir si se siguen métodos profilácticos de sentido común. Todas las plagas o epidemias aminoran con la limpieza de las ciudades, sus aguas, la introducción de alcantarillados, la buena alimentación, remedios naturales[3] y la medicina tradicional. Cuando se agudiza la enfermedad sucede frecuentemente por injerencia humana, como se estudia en los casos de difteria y polio. A la introducción de la vacuna (o antitoxina) contra la difteria le siguió un pico de mortalidad. La propagación de la enfermedad de la polio coincide exactamente el uso de DDT, un pesticida de alta toxicidad que envenenaba y producía parálisis. Esto se supo desde finales del siglo XIX pero no se prohibió el DDT hasta que se aceptó la vacuna contra la polio, se dijo que la vacuna era la gran salvadora. En contra de los que se hizo pensar, el fenómeno de la inoculación supuso un gran perjuicio por la cantidad de parálisis y afecciones tras la administración de la dosis.

Este último episodio global es una nueva ofensiva de la industria fármaco-iatrogénica avalada por la plutocracia[4] y las instituciones supra y estatales -OMS y demás ministerios de sanidad del planeta, con China liderando-. Con el incremento de su poder en el siglo XIX los estados fijaron la biopolítica en su agenda de control social. Desde entonces existe el deseo de implementar la vacuna por un entramado de intereses de las élites y las farmacéuticas en consonancia con objetivos eugenésicos, hoy también por el control genético. Con la vacuna COV-19 estamos más cerca de esos perversos objetivos.

Estudios actuales sobre la epidemia Covid-19 apuntan a la alteración del sistema inmunitario producto de las vacunas. Según las hipótesis de María José Martínez Albarracín[5], que comparte con numerosos científicos, los picos de mortalidad de la primavera de 2020 se correlacionan a un síndrome de ADE o enfermedad producida por la vacuna antigripal 2019. Entonces se introdujo un nuevo cultivo celular que reaccionó con el cruce de la proteína espiga de coronavirus (inoculado). La alta mortalidad también se relaciona al miedo y a los protocolos negligentes e inhumanos cuando se sedó y aisló a ancianos. Las cifras de posteriores coinciden con las muertes por gripe en años pasados, pero para redondear el relato se crearon olas con la farsa de las pruebas (PCRs), más pruebas igual a más positivos. Se desacreditaron terapias alternativas con eficacia comprobada y se desdeñó la ética médica. La población ya estaba pastoreada consecuentemente y con toda su esperanza en la vacuna.

Los medios, bien comprados, han predicado a sus fieles con el mensaje salvífico, y junto con las instituciones, han lanzado una cruzada para la inoculación mundial. Solo Telegram y algunos medios minoritarios escaparon al gran sermón y consenso del nuevo totalitarismo. Con el clima social de miedo y desconfianza la vacuna se reveló a los creyentes como la gracia divina. La gran promesa de la inmunidad iba a ser entregada por nuestro mesiánico sistema sanitario; todo orquestado para la comunión de las mayorías con el espíritu santo de la inoculación. La población se aferró al sistema de creencias del oficialismo y comulgó religiosamente con la pauta técnica beatificada. El deseo de verdad aplastado por un paradigma poshumano donde se cede el pensamiento y la voluntad;  ¿para qué preocuparnos por nuestra salud y comprender la enfermedad si ya lo hacía un funcionario por nosotros? ¿Para qué creer en la inmunidad de cada individuo si recibimos la comunión con la bendecida vacuna?

Y se ofrendó la hostia eugenésica. Hileras de fieles para someterse a un experimento… Este mes se cumple un año de su introducción y las profecías de la terapia génica se han falsado: su eficacia, su protección, su capacidad de inmunizar, de no contagiar… Peor aún, con ella se han diseminado cepas, las muertes totales se han incrementado en el 90% de los países[6] y los efectos adversos aumentan. Se ha descubierto lotes de vacunas marcados por una toxicidad variable, lo cual evidencia la clara deliberación experimental. Alguno de sus componentes solo se autoriza para investigación, no para el uso en humanos, como el lípido catiónico que forma microtrombos y causa miocarditis y pericarditis (miles de casos reportados en VAERS). Muchos más efectos adversos detectados: 1) coagulación de la sangre poco después de la vacunación (ataques cardíacos, accidente cerebrovascular y trombosis venosa); 2) daño grave a la fertilidad femenina; 3) psicosis y enfermedades neurodegenerativas; 4) autoinmunidad y 5) toxicidad acumulativa.[7]

¿Quién se traga la tercera dosis? La vacuna ya solo se sostiene por ignorancia, por censura, por coacción, por ortodoxia oficial y totalitaria. En definitiva, la vacuna solo se sostiene amén a la fe. Esa misma fe que han ido perdiendo miles de personas: padres preocupados con las consecuencias de inoculación a sus hijos y miles de disidentes a las medidas coactivas, criminales y iatrogénicas. Centenares de ciudades en todo el mundo han salido a la calle a protestar, por fin en el Estado español: Bilbao, Sevilla, Tenerife, Las Palmas, Barcelona, Cádiz, Gijón, Valencia, etc. Ciudades rebeldes que apostatan levantándose contra el despotismo. Como Liecester, son ciudades que saben que su éxito depende de su oposición, de su herejía. Ya no se tolera el fraude, el movimiento antivacuna (y ante medidas cov-19) se alza frente al gran montaje, frente a los responsables y sus estructuras de poder, porque cada vez más son conscientes: la vacuna no se creó por salud y se mantuvo por pérfidos intereses. La vacuna no es necesaria, la vacuna debilita, pone en riesgo nuestra vitalidad, provoca decenas de trastornos y patologías. La vacuna enferma, la vacuna mata.  

¡Herejes a las vacunas, alzaos!

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[1] Suzanne Humphries y Roman Bystrianyk (2016). Desvaneciendo Ilusiones. Las enfermedades, las vacunas y la historia olvidada

[2] La penicilina comenzó a fabricarse en masa a partir del 1944.

[3] Los remedios naturales son fundamento de la medicina tradicional, han tenido gran efectividad y sus riesgos han sido mínimos por el uso de la experiencia y la transmisión. No se olvide que todos los principios activos de la farmacología se hallan en la botánica.

[4] The Vanguard Group, Inc. es la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Está entre el primer y tercer inversor de todas las farmacéuticas productoras de las vacunas COV-19. Controla la mayoría de sectores de banca, restauración, comunicación, telecomunicación y cosmética, tiene conexiones con esas compañías falazmente llamadas filantrópicas que a su vez patrocinan la OMS y financia industrias médicas.

[5] https://elcorreodeespana.com/amp/salud/189016272/Como-la-gripe-se-convirtio-en-COVID-Por-Maria-Jose-Martinez-Albarracin.html

[6] https://www.mentealternativa.com/un-nuevo-estudio-muestra-un-aumento-de-las-muertes-en-145-paises-tras-la-introduccion-de-las-vacunas-covid/

[7] https://biologosporlaverdad.es/informe-pericial-corminaty-producto-inyectable-bnt162b2-de-pfizer-biontech-componentes-y-efectos-adversos-relacionados/

https://rumble.com/vrm9md-informe-realizado-pericial-de-la-vacuna-pfizer.html

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Mi experiencia con Covid

He pasado trece días de las fiestas navideñas bastante enfermo, encamado, sin probar bocado, con fiebre, dolores, diarrea, náuseas y malestar. Ya estoy recuperado, he adelgazado unos cuantos kilos y el mundo ha seguido girando al margen de mis problemas.

La Covid-19 me ha decepcionado, igual que un partido de fútbol que levanta una gran expectación en los medios y luego acaba con empate a cero. ¿Tanto hablar en televisión de la terrible pandemia para esto? El mundo se ha paralizado, la economía de las familias se ha visto comprometida y las libertades fundamentales están siendo vulneradas; ya no podemos viajar, salir a la calle, entrar en el interior de un bar a tomar un café o respirar aire fresco, y miles de personas están teniendo graves problemas de salud a causa de los efectos adversos de la llamada “vacuna”, casi obligatoria. Pero yo he tenido Covid-19 y el mundo ha seguido girando.

Cuando estás enfermo te dejas cuidar, y no sé cómo, ni porqué, acabé sentado en la poco concurrida sala de espera del ambulatorio de mi pueblo. No suelo ir al médico y enseguida recordé por qué. Me atendió “mi” médico de cabecera, a la que no conocía, me preguntó qué síntomas tenía y si estaba vacunado. No me auscultó, no me reconoció, no me tocó, apenas me miró y solo se limitó a ponerme el termómetro, uno de estos termómetros electrónicos modernos que no contienen mercurio y nunca funcionan correctamente. Me dijo que me haría una PCR. Yo me negué rotundamente. ¡Antes la muerte! Segundos después, me sometí a la prueba PCR, tan fiable como el termómetro. Estaba débil, enfermo, tenía fiebre… y cedí. La doctora se salió con la suya y consumó la violación de mis dos orificios nasales, eso sí, con la condición de que no me iba a hacer daño, que iba a penetrarme con suavidad, con cariño, con ternura. Cumplió su palabra, así que la agresión fue consumada sin dolor, pero con la desagradable sensación de notar una fina varilla penetrando en zonas tan profundas de mi cuerpo que incluso desconocía su existencia.

Unos minutos después, y con gran alegría por su parte, la doctora certificó que tenía Covid-19. ¿A santo de qué tanta alegría? El hecho de diagnosticar la enfermedad de moda parecía el único objetivo de la sanitaria, un objetivo felizmente consumado por la funcionaria.

-Tienes Covid (ya te puedes marchar de mi consulta). No salgas de casa en 7 días. ¡Estás confinado!-.

¿Consejos? Ninguno. Ningún remedio, ningún tratamiento, ni siquiera un tóxico e ineficaz medicamento de la industria química. Nada de nada. ¿Este es el papel de la tan aplaudida ciencia médica? ¿Hacer una prueba de dudosa fiabilidad para poder inscribirme en el registro de la burocracia estatal como “apestado”, como ‘paciente no vacunado que ha dado positivo’, y ya está? Me fui a casa con picor en los orificios nasales, con fiebre y con cara de tonto. Me metí en la cama y esperé a recobrar la salud, como se ha hecho toda la vida, siglos antes del nacimiento de Hipócrates, de Galeno, de Bill Gates y de la tan aclamada ciencia médica.

Durante la semana y pico que pasé en cama descubrí el escaso criterio y la gran capacidad que tengo para tragarme cualquier cosa que echen en la televisión. Pero entre programa de reformas domésticas y anuncios de perfumes, también pude comprobar que estoy vivo. La enfermedad nos conecta con la vida, con nuestra misión en este mundo, con nuestra dimensión espiritual. La enfermedad nos aleja de la rutina, de las preocupaciones vanas y superficiales y nos acerca a lo que de verdad importa.

Estaba agotado. Estresado. Mi vida se había convertido en una vorágine y mi cuerpo dijo basta. Mi cuerpo me dijo que parase, que descansara, que meditara, que empezara el año 2022 con más calma y con más criterio. Mi cuerpo se declaró en huelga y, sabiamente, me alejó del teléfono móvil, de las redes sociales y de la obsesión por hacer cosas continuamente. Disfruté del dolor, de sentir cada uno de los músculos y los órganos de mi cuerpo, disfruté de mi olor corporal y de mí mismo. La tan temida enfermedad me ha puesto en mi sitio, me ha ayudado y ha conseguido lo que yo mismo había sido incapaz de hacer: encontrarme a mí mismo. ¡Gracias, Covid! ¡Gracias, misteriosos científicos del laboratorio de Wuhan! ¡Gracias al murciélago, al pangolín y a las atrevidas recetas culinarias de la exótica China! ¡Gracias, Pfizer-BioNTech! ¡Gracias, Fernando Simón! ¡Gracias, SARS-CoV-2!

Y ahora sin sarcasmos: ¡doy gracias a la vida aunque exista la enfermedad, que es tan antigua como la vida misma!

Pero sobre todo le doy las gracias a la persona que me ha cuidado todos estos días, las 24 horas. También a la gente de mi familia y a los amigos que cada día han preguntado por mi estado de salud y me han hecho sentirme querido. Un enfermo necesita tiempo, reposo y los cuidados de las personas de su entorno. Un enfermo no necesita vacunas milagrosas, ni un costoso sistema sanitario. Un enfermo necesita el amor de sus iguales, pero las autoridades han decidido que la “pandemia” de Covid-19 se debe curar con brebajes experimentales, con soledad y con miedo, justo con todo aquello que mata y enferma.

El amor y mis defensas naturales me han sanado. El mundo ha seguido girando. Y yo seguiré dando guerra.

Antonio Hidalgo Diego

Degeneración del ser humano y de la sociedad

Estamos viviendo unos tiempos convulsos, donde todo lo que se construye hoy, mañana se destruye. Donde el sentido común brilla por su ausencia. Dónde una minoría se ha  «encaramao» en el poder mediático y está imponiendo su visión de la realidad por muy aberrante que esta resulte.

Hace 20-30 años había ideas-valores incuestionables. La Sanidad era Universal. Para todos. Aunque fueras extranjero, de Europa, América o de África. Si eras español no había ningún tipo de dudas, aunque no hubieras cotizado. ¿Cómo íbamos a permitir que una persona no tuviera asistencia médica?

Sin embargo hoy ocurre todo lo contrario. Desde todos los medios de comunicación están lanzando el mensaje: “Los no vacunados no tienen derecho a la Sanidad”. Mensaje que está calando en amplias capas de la sociedad, pero sobre todo en el sector sanitario. Espejo evidente de la baja calidad ética de la sociedad actual. Algunos escritores compararan ya nuestra situación actual con la sociedad existente en el momento del derrumbamiento del Imperio Romano. No andan desencaminados.

Esta degradación de la de la sociedad es consecuencia de un proceso envilecedor que comenzó, como mínimo, con la “caca-reada” Transición del 78. La Primera Gran Mentira. Nos hicieron creer que era modélica, incluso exportable. El pueblo español llegó al poder y trajo la democracia, y por fin estábamos en Europa.

Los primeros gobernantes: Suarez, Felipe González y Aznar se encargaron de fijar esas ideas en el pueblo, apoyándose en un relativo bienestar económico, sobre todo la década socialista en la que por fin “los nuestros habían llegado al poder”.

Los siguientes gobernantes, Zapatero, Rajoy y Sánchez-Pablo iglesias, aportan una novedad en la explotación del pueblo: La confusión de ideas (ideología). En este periodo empiezan a aparecer conceptos como: género, feminismo, Ley de Violencia de Género, pactar izquierdas con derechas el cambio de la Constitución, aborto, lucha de mujeres contra hombres, eutanasia, delitos de odio, Ley trans, cientos de formas de sexualidad, transversal, ni de izquierdas ni de derechas, los de arriba y los de abajo, casta…

Con toda esta locura de conceptos totalmente contradictorios es comprensible el bajo nivel ético de la sociedad actual. Pero con el agravante que esa falta de ética, quién más la ejerce, son los dirigentes políticos.

Como muestra un botón. Pablo Iglesias, haciendo uso de su puerta giratoria en el Grupo Prisa-Cadena Ser, hace la siguiente declaración en la radio: “los otros días llevé a mi padre a la UCI y menos mal que no estaba ocupada por pacientes no vacunados, pues de ser así, no sé lo que habría hecho”.

Declaración, inmoral, inhumana, insolidaria, prepotente, creerse estar por encima del bien y del mal e indigna de un (pretendido) dirigente político. Pues lo único que hace es provocar GUERRA. ¿Qué hubiera pasado allí si hubieran estado los familiares de los no vacunados?

¿Qué hubiera hecho, Pablo Iglesias, si los pacientes hubieran sido de tabaquismo, alcoholismo, drogadictos, etc.? ¿También hubiera intervenido? ¿Quién te crees que eres? Todo español mediante sus cotizaciones paga su Sanidad, y, por lo tanto, dicha institución está obligada a atender a cualquier paciente. Ahí no pintas nada.

Tú tan demócrata, con la “coletilla” de que ningún español podrá ser discriminado por su condición, raza… Vamos que eres un ser no creíble, ni ahora, ni ayer, ni mañana. Como es evidente que no se te ha ido la cabeza, que tú siempre has sido así, es lógico pensar que lo que te pasa es lo siguiente: que debido al peso de la medalla de Carlos III que te han concedido por los servicios a la Corona, te esté trastocando un poco la cabeza.

Te deseo una pronta recuperación, si ello es posible.

                                                   Jorge Martin González

Editorial Nº 12, 25-12-2021

‘La verdadera patria del hombre es la infancia’, afirmó el poeta austríaco Rainer María Rilke con ese tufillo machista tan de moda hace 100 años. El escritor Franz Kafka justificó su carácter mohíno y pusilánime culpando a un padre excesivamente riguroso y autoritario que llegó a dejarle encerrado en el balcón unas cuantas horas durante una dura noche de invierno en Praga. Otro escritor, el norteamericano Charles Bukowski, poema tras poema, relato tras relato, no hacía más que responsabilizar a su padre por haber elegido el alcoholismo como modus vivendi, dando por hecho que se trataba de una respuesta provocada por las palizas que recibió a diario cuando era un niño. Tal vez por esta razón el dramaturgo Osvaldo Quiroga afirmó que ‘la mayoría de nuestras desdichas provienen de esa época (la infancia) que para nadie fue un sueño dorado, pero que para cada uno fue el ensayo general de lo que sería la propia existencia del adulto que todavía somos’.

Saturno, como el padre de Bukowski o el progenitor de Kafka, devoraba a sus hijos, tal y como supo plasmar Francisco de Goya en su conmovedora pintura. Y en honor de este dios, los romanos, que no daban puntada sin hilo, celebraban en estas fechas que vivimos las saturnales, unas fiestas que los cristianos supieron despreciar para sustituirlas por la Navidad. En las saturnales se oficiaba un sacrificio en el Templo de Saturno, se intercambiaban regalos, se organizaban banquetes, se festejaba con desenfreno y la moralidad de los ciudadanos se relajaba notablemente durante las fechas en las que los romanos se entregaban a esta especie de carnaval grotesco. Unas fiestas que nacieron tarde, ya en el siglo III a.C., y por iniciativa del Senado de la República: el Estado quería que la plebe olvidase la dura derrota que les habían infligido los cartagineses. Con el transcurso de los años las saturnales se desprendieron de cualquier resquicio popular, espiritual y astrológico, a la par que iba aumentando el número de días de duración de unas celebraciones orgiásticas convertidas, ya en época imperial, en un auténtico esperpento.

Saturno, hijo del Cielo y de la Tierra, obtuvo el supuesto privilegio de ostentar el poder pese a ser menor que su hermano Titán, a cambio, eso sí, de renunciar a la descendencia. Solo una sociedad sin futuro puede entregarse al culto de una divinidad que devora a sus hijos y renuncia a la vida a cambio del poder temporal. Solo una sociedad sin futuro puede odiar a los niños, al tiempo que se entrega a las diversiones vanas, la glotonería y la embriaguez, como triste evasión de un grupo de personas que admiten que la vida se les escapa y que las riendas de la civilización se les han escurrido de las manos. Una “saturnal” especialmente bochornosa se produjo cuando los habitantes de Berlín, los mismos que habían apoyado la locura nazi hasta el final, celebraron con desesperación suicida la inminente derrota militar del Tercer Reich; mientras los berlineses se emborrachaban como piojos, los tanques del Ejército Rojo entraban en la ciudad con la única oposición de un grupo de niños con fusil y uniforme.

En los estertores de la putrefacta Roma nació la Navidad, igual que nacen algunas flores primaverales abriéndose paso bajo las últimas nieves. ‘Navidad’, no se nos olvide, es un término que significa ‘nacimiento’. ¿Qué celebramos en estas fechas? El nacimiento. No de Dios, ni siquiera de Jesús de Nazaret; ¡por supuesto que no celebramos el nacimiento del hijo de una mujer virgen!, un aditivo surgido de la imaginación de la Iglesia. El pesebre representa el nacimiento de un ser humano, hijo de su madre y de su padre. Algo tan simple, tan común, tan vulgar como el alumbramiento de un nuevo ser humano. Aunque, ¿puede haber algo más mágico y maravilloso? Y, como no podía ser de otra manera, la Navidad coincide con el solsticio de invierno, con el triunfo de la luz frente a la oscuridad, pues es justo en este punto del viaje cósmico cuando los días serán cada vez más largos, y las noches, más cortas.

Los poderes del Estado y del dinero, los señores de las tinieblas, llevan años haciéndonos creer que la Navidad se limita al consumo de objetos superfluos comprados en internet o mientras paseamos por las zonas comerciales iluminadas por las cruces invertidas que adornan las calles de ciudades como Granada o Zaragoza. La Navidad ha sido despojada de su carácter popular, familiar y amoroso para ser entregada a los mercaderes que venden juguetes transgénero, vaya a ser que éstos se declaren en huelga. ¡Ningún niñe sin juguete! Ningún niño con amor. Ningún niño en nuestras vidas. Este parece ser el lema de una sociedad que venera el aborto y considera que la maternidad esclaviza a las mujeres. Una sociedad, la nuestra, que compra niños en el tercer mundo para satisfacer el “derecho a la maternidad” de sus compradores, al tiempo que consume pornografía infantil. Una sociedad destinada a la extinción por tener un índice de fecundidad de 1,18 hijos por mujer según las cifras oficiales (las reales deben ser mucho peores).

Una sociedad, la nuestra, que ha dado luz verde a la vacunación infantil contra el Covid-19 para que todas las familias puedan comer en el McDonald’s, ir al cine para ver el último bodrio sobre Santa Claus y su reno volador o poder viajar a Disneyland París para hacerse fotos con un desgraciado disfrazado de ratón Mickey en medio de un marco arquitectónico de cartón piedra. Mientras los adultos se entregan a una saturnal autodestructiva de bebida, comida y viajes, previo escaneo del ‘Pasaporte Covid’, los pocos niños que quedan se asfixian en el colegio por llevar puesto el bozal obligatorio y están padeciendo o padecerán miocarditis, arritmias y parálisis de Bell a causa del tratamiento génico experimental al que están siendo sometidos por culpa del miedo y el egoísmo de sus progenitores, por culpa de la maldad del Estado. ¿Qué futuros adultos serán los niños de hoy si sus padres los convierten en moneda de cambio para poder seguir disfrutando de unos pequeños placeres hedonistas que jamás llenarán de plenitud sus desorientadas vidas?

Ahora, mejor que nunca, celebremos la Navidad. Celebremos la vida y la grandeza del ser humano. Celebremos el futuro, el porvenir de nuestra familia y de nuestro pueblo. Celebremos que estamos vivos, celebremos el amor a nuestros iguales. Es hora de compartir, de reír, de cantar, de abrazarse, de juntarse y de rejuntarse. ¡Incumplamos las normas y directrices que atentan contra la vida y contra el amor! DESOBEDECE. ¡Juntémonos todos! Unos cuantos, unos muchos; vacunados y sin vacunar, para dar abrazos sin mascarilla y besos sin mascarilla; para brindar por un futuro sin miedo y sin restricciones dictatoriales. Porque cuando recuperemos la alegría volverán la salud, las ganas de vivir, el anhelo de libertad y las ganas de amarnos y reproducirnos.

-¡Escucha esto, Melchor! ¡Y vosotros también, Baltasar, Papa Noel, Olentzero y toda la pandilla!- ¡A los niños no hay que regalarles juguetes, ni vacunas! A los niños hay que brindarles un futuro de valores y de libertad. En estas fiestas regalaremos a los niños y a los jóvenes conocimientos, habilidades, valores, seguridad en sí mismos, coraje, un buen ejemplo y mucho cariño, pues solo de esta manera llegarán a ser adultos funcionales y de provecho.

Ahora, mejor que nunca, celebremos la Navidad.

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Horra, horra…

Como cada año Olentzero ha llegado a muchos hogares de Euskal Herria, trayendo en su saco regalos o carbón, según se hayan portado durante el año los más pequeños de la casa. Para entonces tenemos las noches impregnadas de luces, las abarcas en los pies y los villancicos navideños no paran de sonar en las (cada vez menos) casas familiares.

Olentzero es un carbonero que baja de las montañas ataviado con la indumentaria tradicional de casero, con su boina, su pipa, su saco y su alegría. Lo conocemos de manera genérica como Olentzero aunque en algunas comarcas le dicen Olentzaro, Orentzaro, Orantzaro… incluso se utiliza el nombre Subilaro también. A la palabra Olentzero se le conocen diversos orígenes posibles.  Según parece, antiguamente la palabra Onenzaro se utilizó para hacer referencia al cambio de estación coincidente con el solsticio de invierno, acercándose los últimos días del año. Así, se conocía en los territorios vascos a este nuevo periodo que traía el sol, la época de las cosas buenas (onen + [z]aro). Según esta hipótesis, lo que sirvió para nombrar esa transición estacional tomó el nombre del citado personaje.

Según otras voces que han estudiado el tema, estaría unido a una fiesta de canto-tradición llamada Les oleries que se celebraba en navidades en algunos territorios vascofranceses. Esto es, haría referencia a la época de decir adiós (Oles egin + [z]aro). Como se ha dicho, en algunas comarcas de Euskal Herria también se le llama Subilaro, relacionándolo directamente con el fuego, en tanto que época para la búsqueda del fuego (su + bila + aro).

Todo esto nos hace indicar que Olentzero es anterior a la cosmovisión cristiana y que era una figura común para celebrar el solsticio de invierno y el cambio de estación, es decir, existía dentro de los territorios vascos una unidad etno-cosmológica con una simbología compartida por comunidades próximas a la vez que distantes en el territorio. Con diferentes expresiones étnico-culturales este tipo de celebraciones han tenido lugar en Europa desde tiempos inmemoriales. Cuando posteriormente se extendió e instauró el cristianismo a lo largo y ancho de Europa (en su versión católica, apostólica-romana y estatal), le resultó imposible al poder eclesiástico eliminar los cultos tradicionales, decidiendo fusionarlos con la nueva religión dominante. Esto permanece hoy latente todavía en las canciones que se le cantan a Olentzero, por ejemplo cuando se dice que viene a “dar la buena nueva”, en relación al nacimiento de Jesús.

En el siglo XX, durante el Franquismo, muchas expresiones culturales populares fueron prohibidas y perseguidas. Más tarde con el ocaso de la dictadura franquista, y gracias a la fuerza del ente popular y al auzolan (el trabajo vecinal desinteresado), la celebración del Olentzero se fue recuperando en muchos pueblos. Así a partir de la década de los 60-70 la versión moderna de Olentzero tomó el aspecto de otros personajes similares que se habían extendido en otras culturas occidentales. Hasta entonces había sido un personaje aterrador, borracho y con los ojos enrojecidos, que comía y bebía mucho… que se convirtió en un carbonero bueno, genuino y laico a los ojos de la gente. El personaje estaría progresivamente siendo dirigido hacia los niños, trayéndoles a estos regalos por navidad, una adaptación sustancial moderna.

Esta nueva identidad de Olentzero se extendió a los territorios vascos, reduciéndose al mínimo las especificidades que hasta entonces había tenido en las diferentes comarcas. A pesar de ello, este año volveremos a permanecer a la espera de la llegada de Olentzero. Sin quitarnos las abarcas le abriremos las puertas de nuestra casa y en voz alta le cantaremos todas las canciones que por estas fechas nos vienen a recordar que estamos en navidad.

Horra, horra….gure Olentzero! (Ese es nuestro Olentzero)

Gka

Pongamos que hablo de… Barcelona

Soy un trabajador que vive en Badalona, ciudad que ya es un barrio periférico de Barcelona. Me levanto todos los días a las seis de la mañana para poder cumplir el horario laboral de mi puesto de trabajo, que está en el extremo opuesto de la ciudad.

Estoy obligado a circular por Ronda del Litoral, pues mi coche es de gasoil, un poco viejo, y por ende no puedo conducir por dentro de la ciudad de lunes a viernes, pues no es ecológico. Ley impuesta por la señora Ada Colau.

Venía yo, el otro día, después de un mal día de currelo, “destrozao perdío”, cuando, casi llegando a Badalona, hay un atasco de “un par de cojones”, y yo deseando llegar a mi casa. Y aquello no avanzaba ni empujándole.

Se me ocurre una idea, me salgo por San Adriá del Besos, cojo el río, me bajo por su ribera y en un momento estoy en mi casa. Y así sucedió. Podía terminar bien el día. Mi familia, mi hijo, mi droga, perdón, quiero decir la televisión… dormir y mañana será otro día.

Pero no, la alegría en la casa de los pobres dura muy poco. A los pocos días me llega una multa de cien euros por haber circulado por terreno prohibido para mi coche, Zona de baja emisión la llaman, y, por tanto, prohibido también para mí.

Pero la multa también traía la trampa sicológica de toda la vida. Si la pagas antes de treinta días, sólo pagarás cincuenta euros.

Te quita toda posibilidad de reacción. Cuando empiezas a cabrearte, a reaccionar… entonces lees… si pagas antes de treinta días… se te aparece la “puñetera realidad”: con lo justo que voy este mes, mejor pagar y encima me ahorro cincuenta euros.

Y claro, una vez que has pagado, que has aceptado la multa, aceptas su autoridad, su poder sobre ti. CÓMO VAS A PROTESTAR.

De modo que yo le pregunto señora Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, ¿para esto ha llegado al gobierno de la ciudad? ¿Para hacer lo mismo o peor que la derecha en Barcelona?

Sí, he dicho peor. Se imaginan a la derecha prohibiendo que determinados coches no puedan circular por el centro de la ciudad, se armaría la “marimorena” promovida por la izquierda. Pues en realidad quien no puede circular por el centro de la ciudad son los pobres obreros y parte de clase media que no pueden comprar un coche nuevo, y mucho menos un coche eléctrico.

A los ricos esta medida no les afecta. Siempre, cualquier día, a cualquier hora, podrán circular por Barcelona.

Y todo esto basándose en que: si libero de un número de coches el centro, en éste habrá menos contaminación. A esto, yo, lo llamo: Madrid Central.

Pero esto es una aberración, a todos los niveles: científico y de sentido común…

Que alguien me lo explique. Si en una zona (varias calles) no circulan coches y éstos se van a las calles de al lado, esa zona o calles ya no van a tener contaminación. Es de locos. Es como decir: la contaminación y el aire se rigen por los bandos municipales; o esto otro: se prohíbe a la contaminación y al aire soplar hacia el centro de Barcelona-Madrid. En caso de desobedecer serán multados.

Veamos paralelismos. Si voy a un siquiatra y le digo que quiero que la contaminación y el aire me obedezcan, inmediatamente me pone una camisa de fuerza.

Si voy a un médico y le digo: ampúteme un brazo que me siento manco, inmediatamente me pone una camisa de fuerza.

Pero esto dicho como ideología política y de género está bien. Pues vale.

Señora Colau, qué fácil es ser fuerte con los débiles y débil con los fuertes. ¿Por qué no le echa ovarios y prohíbe la mayoría de cruceros que llegan al puerto de Barcelona, que uno solo de ellos, en un día, contamina un millón de veces más que un pobre currante?

Hoy en día la izquierda progre solo hace dos cosas: prohibir y recaudar.

Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

                                                                              Jorge Martin González.

Editorial Nº 11, 25-11-2021

En la época presente, el panorama internacional más que nunca está dominado por un escenario de Guerra de cuarta generación (en el que no hay un enfrentamiento directo entre potencias hegemónicas) y/o Guerra híbrida (en el que se utiliza cualquier otro medio antes de la agresión bélica) lo que hace casi imposible inteligir las verdaderas causas que acontecen a nivel geoestratégico y apenas nos queda contentarnos con analizar las consecuencias de dichos actos de guerra encubierta. Así, el tan cacareado Apagón sucederá o no sucederá, lo que está claro es que la causa última de este es la falta de soberanía, en este caso energética, de las comunidades locales, lo que las hace totalmente dependientes de las decisiones geoestratégicas de las diferentes potencias en liza. Ahora el problema de la electricidad es el gas, curiosa paradoja, el gas de Rusia, el del Magreb o el de EEUU, quien lo posee en su subsuelo gobierna las decisiones de los demás y por tanto, debe asegurarse que es el propio el que se compra y consume en los mercados en este caso Europeos.

La escasez para disponer de materias primas y energía sigue su curso, con momentos de turbulencias y reajustes que irán golpeando la cotidianidad, aunque esta es golpeada a cada momento cual rana en la olla mientras la temperatura se incrementa de a poco. La falsa ilusión de la abundancia apenas a durado 60 años y quienes no lo hemos hecho todavía, nos toca bajar al lodo, a la realidad mundana y recuperar la vida frugal que a dominado el curso de la historia de las clases populares. Vivir con poco es un acto de virtud, para con nuestros iguales y un acto para con la sostenibilidad ecológica del conjunto del planeta. Vivir con poco, es decir consumir lo mínimo indispensable y producir lo máximo que podamos sostener en nuestras manos, mediante el trabajo libre y sin explotar la fuerza de trabajo de nuestros iguales. La vida frugal es sin duda una de las elecciones individuales y colectivas estratégicas para la supervivencia de la especie y la emergencia de una sociedad comunal democrática.

Mientras tanto, la hermana mayor de las materias primas, la fuerza de trabajo humana, sigue su devenir siendo forzada a abandonar hogares y atravesar territorios y fronteras que manejan a su antojo los Estados-nación modernos. Bielorrusia, apoyada por Rusia, está lanzando a la frontera con Polonia varios miles de inmigrantes para presionar a la UE y así esta le compre el gas a Rusia, mientras Marruecos hace lo propio en el sur de la península ibérica o arriba por el sureste la inmigración Afgano-Siria. La UE es una potencia venida a menos, en plena desintegración, mientras Polonia está poniendo en jaque el poder supraestatal de la UE del que se aprovecha Rusia para el ataque a sus fronteras a cuenta del gas.

Europa necesita destrozar a su enemigo interior (sus gentes y sus pueblos) y por eso necesita empobrecerlos (con la entrada, entre otros, de inmigrantes), embrutecerlos (con las religiones políticas, el inmigracionismo entre ellas) y obligarlos a claudicar.

Los ataques van por tierra, como en la frontera Polaco-Bielorrusa, por mar como en costa de lo que es la península ibérica o Canarias y por aire, como el aterrizaje forzoso en el aeropuerto de Palma, para entrar en la UE. El movimiento de migrantes ni es súbito, ni es accidental ni es pasajero. Es una realidad que continuará hasta que todos los pueblos sean diezmados poblacionalmente y por tanto destruidos culturalmente en nombre de esa meta que llaman bienestar-felicidad. Ejemplo de esto son los significativos abusos grupales que se continúan ejerciendo contra mujeres, por individuos que principalmente tienen un rasgo común: tratan al otro como a un objeto a su servicio, al que someter para obtener el consiguiente rédito moral. Quienes principalmente comparten este amargo amoralismo son miembroas directos e indirectos de fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y las personas cuya cultura-religión consiste en someter a la mitad de la población inferiorizada y victimizada. La gran mayoría de la población reprueba este tipo de actos no así las corrientes ideologizadas ansiadas de poder que intentan evitar por todos los medios juzgar moralmente las aberrantes acciones de cierta gentuza. El racismo y la islamofobia son el disfraz tras el que se esconden la mayor y más miserable de las jaurías que se dicen defensoras de la justicia social. Sucumbiréis ante la miseria de vuestros actos, silencios cómplices y vuestras vacuas palabras. La endofobia es hoy uno de los grandes males de las sociedades contemporáneas, en las que se intenta evitar por todos los medios obcecación del ser humano por sus raíces. Porque como decía Simone Weil, “Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana”.

En estas, la dictadura del Covid sigue sin haberse rentabilizado todavía y se necesita hoy meter en cintura, es decir, hacer que se obedezca, a todos aquellos que han osado evitar ser “pinchados” con la nueva inyección milagrosa. La vacunación va a ser usada para generar campos de concentración de facto, ya que aquellos que no hayan claudicado ante el “bien común” serán enviados a la periferia, sobre todo negándoseles el pan del salario y por tanto las oportunidades de prosperar en el mundo de hoy. Los confinamientos de no-vacunados ya están a la vuelta de la esquina, con los avances realizados en Austria y que poco a poco se irán implantando en los diferentes Estados-nación mundiales. De hecho los medios ya realizan sus correspondientes encuestas para ir creando opinión pública y el estado de ánimo necesario para aceptar el encarcelamiento y el ostracismo forzado de miles de personas.

No olvidemos que las medidas “sanitarias” que se vienen tomando, reconocidas por los propios gestores en el poder, son decisiones aleatorias y sin criterio médico alguno, con la única finalidad de incrementar el control sobre la población. Esa es la lógica del poder ayer, hoy y siempre. Quienes no obedezcan deberán pasar a la semi-clandestinidad.

Desde este humilde editorial queremos hacer un elogio a la semi-clandestinidad, a la elección consciente de un modo de vida que, en la medida de lo posible, dependa lo mínimo de los artefactos con los que el sistema nos mantiene atados y siendo conscientes de que hoy día es prácticamente imposible vivir fuera del sistema, no así en la periferia: tanto material como espiritual. La censura sistemática de las ideas y de los movimientos que cuestionamos al poder se irá agravando poco a poco, lo que nos llevará (ya nos está llevando) a la semi-clandestinidad virtual (buscando canales y vías de comunicación alternativas mientras sea posible) y física, para eludir así ciertas imposiciones en el control de acceso a espacios de consumo o trabajo.

Cuando el sistema coercitivo-legal aprieta y cuando la virtud humana se presenta todavía en pie, hay esperanza para el combate. Así ha sido históricamente, así lo hicieron entre otros los Bagaudas, y así lo haremos quienes somos hoy, en pleno siglo XXI, herederos del amor por la libertad.

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Tiempo

Es maravilloso descubrir nuevas perspectivas epistemológicas, así como maneras más escépticas y realistas de conocer el mundo. En este caso me refiero al interesante libro Time Reborn, del conocido físico Lee Smolin, por desgracia únicamente disponible en inglés.

Smolin explica satisfactoriamente cómo todas las leyes o teorías son simples modelos matemáticos, esto es, simples abstracciones lógicas que se aproximan a la realidad, pero de manera parcial e imperfecta. De ahí que el escepticismo cotidiano y el gnoseológico sean cruciales.

Sin embargo, la absolutización determinista y positivista lo ha corrompido todo; la verdad no cuenta, solo importan las teorías y los intelectuales-expertos al servicio del Estado. Y esto ocurre tanto en la ciencia pura (física, biología, medicina, etc.), como en las llamadas “ciencias sociales”, las cuales han degenerado aún más si cabe con la imposición de religiones políticas como el feminismo, el inmigracionismo o los orientalismos.

Respecto al tiempo, que es el tema central de su obra, Smolin describe de qué manera ha sido desterrado de la física desde Newton, junto con otras muchas cosas. Es cierto que dicho autor asimismo peca de cientifismo, lo que resalta sobre todo en la última parte del libro, la propositiva; si bien prefiero exponer a continuación algunas reflexiones en torno a la idea de tiempo, que puedan servir para la reflexión.

Considero que todo ocurre en el tiempo, o en un tiempo. El cambio se da si se desarrolla en el tiempo, de no ser así, no es cambio. Todo proceso es cambio. El conocimiento de cualquier proceso necesita comprender el marco temporal en el que se desarrolla, además de las interrelaciones de los factores internos de ese proceso y los externos a dicho proceso.

Es decir, nuestro actuar en el ahora caracteriza y configura el pasado de mañana; y proyectando en el futuro desde el hoy, modificamos y reconfiguramos el presente por medio del análisis del pasado.

Si de manera general podemos describir al sujeto como ser particular, ser colectivo, ser biográfico y ser histórico; también se debería incluir el ser proyectado o proyección del ser.

Obviamente nada tiene que ver con Freud, y se restringe, si eso es posible, al aspecto temporal de lo humano. Sin duda, la formación de nuestro ser biográfico (experiencias vividas) e histórico (conocimientos, creaciones y experiencias de nuestros allegados o comunidades con relación al individuo, más o menos lejanas en el pasado), determina nuestro ser particular y colectivo, dependiendo la intensidad de su impronta de nuestro esfuerzo reflexivo, amor por lo nuestro y por la propia cultura, afán investigador, etc.

La proyección del ser depende de los aspectos constitutivos del sujeto, dado que en base a todas sus experiencias, circunstancias, sentimientos, reflexiones y conocimientos será capaz en cierta medida de considerar, planear, imaginar y proyectar cómo será o desea que sea su futuro. Empero, este aspecto del ser también constituye al sujeto, estando presente continuamente, y determinando su sentir, pensar y actuar.

Este ser proyectado puede tener dos rasgos fundamentales, el reflexivo y el creativo, y ambos poseen aspectos individuales y colectivos. El reflexivo se podría considerar como análisis, planificación y estrategia. Y el creativo se podría prematuramente describir como esperanza, ilusión, imaginación, grandeza y creatividad, relacionado con sueños y anhelos particulares o colectivos, capacidad de soñar, aspirar y crear estadios superiores de lo humano.

La aculturación y la degradación espiritual de la persona común han dilapidado su estructura biográfica e histórica, mas esto a la vez le impide y anula su proyección. Se produce una castración en el sujeto, se aniquila su pasado y su futuro, se disuelve su ser en un presente emocionalmente aislante, estimulante y atemporal.

En nuestros días la proyección hacia el futuro se extirpa no sólo como reflexión, sino como emoción, imaginación y creación. Se fabrican seres sin pensamiento reflexivo ni estratégico, sin sueños, esperanzas, ilusiones, aspiraciones o metas; viviendo el día a día, perdidos en lo trivial y anecdótico.

¿Dónde está la pasión de nuestros corazones? ¿Quién nos ha robado la esperanza y la épica? ¿Qué recuerdo dejaremos en las piedras de la historia? ¿Queda alguien que anhele construir un mundo nuevo?

José F.E. Maenza

El gran farsante

Después del 15-M del año 2011, por arte de magia, por generación espontánea, o vaya usted a saber, empieza a aparecer por todas las televisiones, en todos los debates políticos, a todas horas… un joven profesor universitario, de imagen atractiva, muy moderno, muy progre, con abundante pelo, recogido en una muy visible coleta y utilizando un vocabulario aparentemente nuevo, que fascina a las nuevas generaciones, con términos como “casta”, los “de arriba, los de abajo”, “transversal”, que se decía “continuador del espíritu del 15-M”.

Así comienza, desde el principio, la gran mentira de su vida política. Una trayectoria producto de una operación de marketing de las televisiones, donde, obviamente, se manejan ingentes cantidades de dinero, comprando y vendiendo todo tipo de mercancías, incluida el alma.

Evidentemente, su imagen pública la vendieron muy bien. Pero veamos si su discurso aportaba algo nuevo. La palabra “casta” simplemente significa clase social. “Los de arriba y los de abajo” simplemente significa dos clases sociales; opresores y oprimidos. “Transversal” simplemente significa interclasismo. En una sociedad de castas, nadie puede cambiarse de casta, pero él, rápidamente, sí que se ha cambiado.

Una vez el pueblo español está por completo adoctrinado y encauzado hacia Pablo Iglesias, pues lo encontraban hasta en la sopa, éste consigue su primera y única gran victoria electoral. Hablamos de las elecciones al Parlamento Europeo del año 2014, cuando el bipartidismo estaba en plena crisis.

A partir de este momento, dentro el panorama político español, consigue cierta relevancia por la radicalización de su mensaje. Al mismo tiempo se produce un hecho que marcará su trayectoria política en el futuro: abandona el Parlamento Europeo a los pocos meses de ser diputado.

Mientras vive intensamente su éxito político, de manera paralela, se va cavando su propia tumba política, pues en la medida en que se va acercando al poder va cambiando su discurso político: diciendo blanco donde meses atrás había dicho negro.

Aquí algunos ejemplos:

– La monarquía representa la corrupción. El país no se puede permitir a esta gentuza. Si el príncipe es tan bueno, tan alto, tan listo, etc., que se presente a unas elecciones. Pero cuando llega al poder le rinde pleitesía, va a sus recepciones, les regala un libro…

– Nuestra voluntad es no entrar en ningún gobierno socialista, ya que nuestro “destino” es ganarle las elecciones. Cuando no lo consiguen, se prestan a negociar un gobierno de coalición. Rechazando una primera oferta del socialismo, puesto que no le daban suficientes cargos. Metiendo al país en otras elecciones. Como no las ganan, ahora sí aceptan la oferta de gobernar con el socialismo, dado que él va de vicepresidente. Es el abrazo del “orgasmo”: Sánchez y Pablo abrazados públicamente. Por fin he llegado al poder, por fin me he metido en su cama.

– En Podemos se instaura la obligación que como máximo se gane tres veces el salario mínimo, el resto se donaría al partido. Al año se quita esta norma.

– Yo soy comunista, siempre lo he sido… y en el Foro Nueva Economía ante los empresarios se declara socialdemócrata, y su explicación es: que me he hecho mayor.

– Apoya a Syriza en Grecia, cuando ésta traiciona el mandato del pueblo griego por  un referéndum en el que no aceptaban el rescate europeo. Cuando Syriza hace todo lo contrario, aceptando el rescate, Pablo Iglesias dice: está ganando tiempo para darle la vuelta a la tortilla. Pero, ¿Cuál es la realidad? Estaba ganando tiempo para… su  destrucción.

– Hay que tragar sapos en el gobierno, hay que cabalgar las contradicciones, he descubierto que el poder no está aquí…

Ya estaba preparando su salida del gobierno. Abandona y se presenta a las Elecciones Autonómicas de Madrid, prometiendo que si pierde se mantendrá como diputado. Las pierde y lo primero que hace es abandonar la política. Nadie encuentra explicación a esta actuación autodestructiva.

Para mi tiene una muy sencilla. El poder que le compró cuerpo y alma le ha dicho: “muchacho, retírate, que ya has  hecho el trabajo para el cual te compramos y no te preocupes, dedícate a partir de ahora a ganar dinero, nosotros te apoyamos.”

Y eso es lo que está haciendo ahora. Utilizando las “puertas  giratorias”. ¿O es que acaso sólo son puertas giratorias irse a una eléctrica o a un banco? El grupo “Prisa” también es una puerta giratoria.

Pero veamos qué clase de trabajo está realizando en la SER. Para esto hay que remontarse a la transición del 78. Hubo mucha gente que no podía comprender cómo el comunismo-socialismo pactó con el franquismo, su teórico enemigo. Cuando Felipe llegó al poder era consciente de este problema . ¿Cómo lo afrontó? Dándole a Santiago Carrillo y Martín Villa un programa en la SER de una hora semanal, donde ambos con seudodebates y seudodiscusiones le transmitían a la gente: que era posible dialogar, convivir, aceptar… al enemigo. Vamos, que no era tan malos. Así se pudo amnistiar a todos los criminales franquistas sin ningún problema. Ahora hablan de perdonar a los criminales de ETA y la que se lía. Esta formula se ha demostrado bastante exitosa.

De tal forma que ahora la están repitiendo en la SER. Le han dado a Pablo Iglesias, a Carmen Calvo y a Margallo una hora semanal de seudodebates y seudodiscusiones con la misma intencionalidad. Integrar al pueblo en el Estado. Una máxima fascista.

Pablo Iglesias, con coleta y político, era mentira. Ahora, sin coleta y con un libro en las manos (intelectual), también es mentira.

Por lo que se puede concluir: Pablo Iglesias es parte del poder que nos oprime, es un neofacista y un enemigo del pueblo.

                                                                                            Jorge Martin González

Editorial Nº 10, 25-10-2021

Después de casi dos años del comienzo del COVI19, hay suficiente información como para sacar conclusiones de los hechos ocurridos.

— El confinamiento ha sido declarado inconstitucional.

—  El cierre del Parlamento igualmente.

— Todas las multas impuestas durante el confinamiento, el Estado está obligado a devolver su importe.

— Había personas que denunciaban a gente que iba sola por las calles.

—  Podías sacar a pasear a tu perro, pero no a tu abuelo.

—  Nadie conoce la composición real de las vacunas.

—  Los contratos de compra entre las farmacéuticas y los estados son secretos.

—  Las farmacéuticas están exentas de responsabilidad civil.

— Justo antes del COVID19, la OMS cambia la definición de Pandemia. Pasa de ser “enfermedad letal a nivel mundial” a solo “enfermedad mundial”.

— Los protocolos iniciales de tratamiento de la OMS estaban equivocados. Entubaban a los enfermos y les producía la muerte.

— Prohibieron las autopsias con la excusa de que los fallecidos eran excesivamente infecciosos.

— A finales del año 2019, en New York, con el EVENTO-201, se realizó un simulacro, de una posible pandemia provocada por un virus. En marzo del 2020 se hizo realidad.

— Nos contaron que el COVID19 era muy letal. Hoy ya se ha comprobado que su letalidad es muy baja. Menos del 1%. Y en personas con patologías previas.

— Y tiene tratamiento, por ejemplo: la hodroxicloroquina, la ivermectina, la vitamina D, el Zinc, CDS, etc.

— Pero los medios de (des)información, como voceros de la industria farmacéutica y el Estado, se encargaron de desacreditarlos.

— Los PCRs se utilizan como método de diagnostico. Su inventor y cada vez un número mayor de científicos afirman que los PCRs no sirven para diagnosticar enfermedades.

— El funcionamiento de los PCRs. Teóricamente cogen una pequeña muestra del virus. En el laboratorio se multiplica (ciclos) unas 25 veces, y se da un diagnostico. Cuanto más se aumenten los ciclos, más errores se comete. Falsos diagnósticos. En España se han utilizado ciclos de 35-40 repeticiones.

— Por lo que se han tenido que inventar la figura de “infectado positivo asintomático”. Concepto totalmente anticientífico, dado que asevera que eres una persona sana, que no tienes síntomas, pero estás infectado. De esta manera se justifica cualquier acción, contra toda la población.

Mas la gota que colma el vaso es la respuesta que ha dado el Ministerio de Sanidad ante la pregunta ¿me puede dar la información que tenga sobre la secuenciación genómica del virus Sarscov-2?

A lo que dicho Ministerio contesta: “El Ministerio de Sanidad no dispone de cultivo del Sarscov-2 para ensayos y no tiene un registro de los laboratorios con capacidad de cultivo y aislamiento para ensayos”.

Esta respuesta es delictiva. Ustedes no comprueban la veracidad de lo que dicen los laboratorios farmacéuticos. Ustedes tienen que velar por la salud de los ciudadanos independientemente de los intereses privados de las farmacéuticas.

Esta respuesta es negligente, por no tenerlos. Y si no los tienen registrados implicaría que no hacen bien su trabajo.

 O bien, si no los tienen registrados es porque no existen.  Y si este es  el caso, la conclusión es terrorífica. Si el virus no está aislado, no se puede afirmar su existencia. ¿Si no hay virus, en qué se han basado los laboratorios para la fabricación de las vacunas?  

Si manejamos esta visión de los hechos y datos anteriormente descritos, quizás podamos tomar conciencia del dolor, muerte y descomposición social que ha experimentado el mundo en estos últimos años.

— Cuando la gente salía aplaudiendo y cantando en los balcones, todo era ingeniería social. Consiguieron que los encarcelados estuvieran de acuerdo con sus carceleros.

— Todos aquellos bailes del personal sanitario (¿), por los pasillos de los hospitales. Cuanta insensibilidad. Hicieron que comulgáramos con ruedas de molino.

— Cerraron los Centros de Salud de los pueblos dejando sin asistencia médica a millones de ancianos sobremedicados, ya que por teléfono era imposible que les atendieran. ¿Se ha estudiado cuántos muertos se han producido por esta medida?

— Se dijo que el confinamiento iba a deteriorar la salud mental. Ahora están reconociendo el aumento de las enfermedades mentales. ¿Qué solución quieren darle estos “lumbreras”? ¡Más psicólogos y más psiquiatras! Todo un parche. Nunca se atienden las causas.

Pero aún hay más. Veamos la actualidad más reciente. Dicen que los vacunados pueden infectar o ser infectados. Si creemos lo que dicen, según sus informaciones, en las fiestas de la Merced en Barcelona unas 30.000 personas han estado toda la noche de botellón sin cumplir ninguna norma de seguridad. Y, ¿en qué hace hincapié la noticia? Pues que tuvo que intervenir la policía y que todo lo dejaron lleno de basura. El mensaje subliminal es el siguiente: que buena es la policía y que mala es la juventud.

Juventud que ha sido adoctrinada desde su adolescencia en el consumo de alcohol y drogas como signo de rebeldía. Los botellones nacieron con la “democracia”.

Sin embargo, obvian lo más importante: la salud. Según su criterio, todos los asistentes a dicha fiesta quedarían infectados, después infectarían a la familia, después a los vecinos y así sucesivamente. Al cabo de un mes toda Barcelona estaría infectada, enferma.

Ha pasado más de un mes y Barcelona está como siempre. Quizá sea como la gripe, que dicen que este año no ha existido. No será todo mentira.

Ahora mismo están diciendo que el covid-19 está casi desaparecido. A la vez dicen, a través de la televisión estatal, que es posible que este invierno padezcamos desabastecimiento, pues está colapsado el comercio marítimo, y que posiblemente suframos escasez de comida y elementos industriales.

Es lógico pensar que la pandemia depende del número de PCRs que hagas, si haces muchos, y con ciclos elevados, todos te salen positivos-infectados. Hay pandemia. Si haces pocos PCRs, y con ciclos cortos, te salen negativos. No hay pandemia.

¿Habrán pensado que si al pueblo le hacen coincidir la pandemia con escasez de alimentos puede ser demasiado peligroso? Les podría explotar en las manos, así que deciden que este invierno no haya pandemia.

Por ello si hay que…

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