Breve crítica fraternal a “Biólogos por la verdad”

En primer lugar, he de reconocerle a este colectivo su esfuerzo por desentrañar la verdad, la valentía con la que han decidido dignificar el debate libre y enfrentarse al discurso oficial, que ya ha supuesto la ruina profesional de varios disidentes con el mismo, y la buena voluntad (eso pienso) que les mueve.


Sin embargo, la crítica es oportuna y necesaria, si de lo que se trata es de avanzar hacia la comprensión y superación del fenómeno “Covid-19”.


El debate es siempre enriquecedor, y el descontento popular a raíz de la pandemia debe servir para terminar con la sociedad de las “multitudes mudas”. Para que desconectemos de los medios de comunicación, que han demostrado un flagrante desinterés por la búsqueda de la verdad, se han desvelado como inquisidores implacables y han impuesto un mensaje férreamente unilateral. Pero también para que las clases populares tomen la palabra sin la necesidad de credenciales y sin restricción en su discurso.


Debemos diferenciarnos de los poderhabientes, responsables de la situación pandémica, no solo en nuestros argumentos, sino también en nuestro escrupuloso respeto por la libertad de expresión. La voz debe volver al pueblo, y no solo para quienes disponen de formación académica, sino también para quienes se aproximan a la realidad desde la experiencia, la intuición o el ingenio, y también para quienes no.


Por esto me resulta inaceptable que este colectivo, en su “Informe de revisión científica Covid-19”, anuncie dirigirse “a las organizaciones colegiales, a las autoridades sanitarias y al público general”. Estos últimos destinatarios, las clases populares, son así rebajados a la categoría de espectadores, de silenciosos oyentes de un nuevo monopolio informativo en clave disidente.


Por si no lo dejaran suficientemente claro, continúan lamentándose de “la falta de presencia de los representantes oficiales de nuestra profesión ante la sociedad” y de “constatar que durante toda esta pandemia nuestra profesión no ha llevado el liderazgo en un asunto como ha sido esta crisis”, por lo que se marcan como objetivo “despertar a nuestra profesión para que tome ese liderazgo”.


Si bien es importante y esperanzador que el discurso oficial tenga una respuesta en términos científicos, es intolerable que se use su mismo argumento para acallar a aquellas gentes que se revuelven contra él descontentas y se las devuelva a su butaca de asistentes mudos. Este argumento al que me refiero, el de la “autoridad”, es el que han blandido medios de comunicación y parlamentarios desde el principio, para quienes no ha hecho falta más explicación para sus desmanes que la invocación a “los expertos”.


Esto, extrapolable al resto de colectivos que dicen combatir “por la verdad”, no debería aceptarse bajo ningún concepto. No, porque es contrario a toda noción de libertad, democracia y, también, de verdad, pues siempre es sacrificada cuando una minoría acapara la totalidad del discurso.


Además, pensar que la cuestión del coronavirus es exclusivamente (siquiera principalmente) biológica, es un error garrafal. Sus motivaciones son múltiples y, por tanto, debe explicarse desde todos sus componentes: demográfico, político, económico, energético, sanitario, biopolítico, etcétera. Aún con todo, comprenderlo en su totalidad es de una complejidad colosal, algo para lo que los especialistas, precisamente, están menos preparados, pues tienden a ser menos aptos para una visión de conjunto.


Desmontarla argumentalmente, como digo, no será suficiente para terminar con la “plandemia”, puesto que ha sido gestada desde una multitud de causas. Es la necesidad del sistema de poder (Estado y gran capitalismo, principalmente) la que nos ha situado en el punto actual, y por tanto este solo podrá ser sobrepasado mediante la superación de aquel y la construcción popular de una nueva realidad.


Elevar la voz con el fin de persuadir a las instituciones para que enmienden su “error” es estéril, inocente e irreal, puesto que, incluso arrinconados ideológicamente, seguirán adelante con su gestión de la pandemia. Esto es así porque no lo hacen por “ignorancia”, “corrupción” o “desorganización”, sino que es una necesidad para quienes quieren mantener el poder y tienen abiertos todos los frentes que he mencionado anteriormente (demográfico, político, económico, etc.).


Para terminar, me gustaría apuntar que la solución pasa por la organización popular, y de ello es condición, en primer lugar, construirse como sujeto apto para tal fin. Arrodillarse ante una minoría, cualquiera que sea, es indigno, antidemocrático, no libre e inútil, puesto que esperar a que alguien resuelva nuestros problemas nunca será una solución. Así pues, animo a quienes se encuentren preocupados por el momento en el que viven a que reflexionen desde sí mismos, a que convivan y se organicen y a que debatan en condiciones de igualdad y libertad de expresión.


Por lo que respecta a “Biólogos por la verdad”, agradezco la redacción del documento al que hago referencia, de gran utilidad por lo demás, y les animo a que “con” el pueblo, y no “sin” ni “para”, continúen con su muy valiosa labor didáctica.


Fdo: Un biólogo que reniega del poder y sus instituciones y apuesta por una Transformación Integral junto al pueblo.

Diego Martínez Urruchi

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