La agroecología y sus criterios


Por la libertad se puede y debe aventurar la vida

Don Quijote de la Mancha

1.-LA AGROECOLOGÍA ES SOCIAL Y MORAL

La agroecología es algo integral y alberga valores medioambientales tanto como sociales y morales. Esto lo diferencia de la agricultura ecológica de sello, que no suele salirse de lo estrictamente medioambiental y acostumbra a guiarse, cada vez más, por las ansias de riqueza al ser absorbida por los grandes monopolios o transformarse en uno de ellos. La agroecología, en cambio, tiene un enfoque integral y múltiple anclado en lo local y comarcal.

Para nosotros un criterio esencial que debe seguir lo agroecológico es el combate por la libertad. La soberanía alimentaria que busca la agroecología no puede existir si no hay soberanía política. Esto es una obviedad pero a pesar de ello, la mayor parte de las propuestas van en la dirección de ignorar la cuestión de la soberanía política y entregarle más responsabilidad y poder a los organismos del Estado, lo que significa menos soberanía política. Podemos afirmar, por lo tanto, que las propuestas que buscan la soberanía alimentaria a través del reforzamiento del poder del Estado son nefastas.

La estatalización es consustancial al propósito permanente de institucionalizar la autoorganización popular y en consecuencia a su destrucción. El Estado aspira, si así lo estima útil para su legitimidad, a integrar a la agroecología en su seno. Además tiene a todo un sector del izquierdismo jaleándole para que lo haga. Esto no ayuda a la agroecología en nada, sólo supone una imposición destructora de obstáculos. La estatalización desarticula, descoyunta, desvitaliza la agroecología, cuando no la instrumentaliza. La perniciosa voluntad de poder es inherente al Estado; de modo que éste es incompatible con la soberanía política. Por consiguiente, podemos asegurar que las ansias de poder del Leviatán son antitéticas con la soberanía alimentaria. Es absurdo, incongruente, ilógico, incomprensible y disparatado buscar más Estado o un Estado fuerte a la vez que se lucha por el florecimiento de la agroecología. Las tesis del izquierdismo que idolatran al Estado son, hoy por hoy, incompatibles con el crecimiento cualitativo y cuantitativo de la agroecología.

Se demuestra una muy poca imaginación proponiendo como solución a los problemas del campo más dinero, más leyes, más normas, más regulaciones, más Estado, más funcionarios, más impuestos, más dependencia y, al fin y al cabo, más sumisión y esclavitud. Dinero, dinero y más dinero, ese es el mantra repetido para acabar con los problemas del campo, cuando es público y notorio el potentísimo efecto corruptor del dinero. La libertad ni se menciona, ni se les ocurre siquiera a los que reflexionan sobre estos temas. La democracia, la autonomía o la regeneración comunitaria ni la contemplan ni la valoran.

Queremos dejar claro que aquí no hablamos del concepto de libertad del liberalismo centrado exclusivamente en la libertad negativa para enriquecerse, explotar a otro, contaminar, destruir, mandar o acumular propiedades sin fin. Tampoco hablamos aquí del concepto de libertad del marxismo que la ve como un lujo burgués o la mira sólo desde el punto de vista fisiológico concibiendo al ser humano como únicamente un estómago con patas.
Aquí entendemos la libertad como autogobierno por asambleas y ausencia de ente estatal; como inexistencia del régimen salarial; como la incompatibilidad entre libertad y concentración de la propiedad y la riqueza; como capacidad para obrar consecuencia de la autoconstrucción de la persona; como la libertad natura y sus límites establecidos por la moral, la convivencia, el amor y la verdad; como la libertad individual; como la libertad de acción y libertad de conciencia; como necesidad primaria del ser humano; como libertad social y esfuerzo por la libertad.

El mayor inconveniente que nos encontramos actualmente para el buen desarrollo de la agroecología es la falta dramática de libertad.
Hoy existen una infinidad de normativas realizadas única y exclusivamente contra lo pequeño, lo casero, lo familiar. No hay libertad económica, no hay libertad de industria. Un intervencionismo institucional creciente, múltiple y cada día más detallista y riguroso ahoga e impide a los microproyectos productivos empezar o levantar cabeza.
A pesar de ello sabemos que con ayuda mutua, con ingenio, con creatividad, con inteligencia, con esfuerzo y resistiendo al dolor podemos implementar procedimientos para combatir esta situación.

Por otro lado, es inequívoco que la agroecología no es la agricultura ecológica industrial de sello. Ésta empezó siendo algo del pueblo pero fue fagocitada por el Estado con la aplicación del Reglamento de la UE de 1991; y con ella todas las actividades sociales antes autónomas.
Toda agricultura industrial de gran escala, como hoy es parte de la ecológica de sello, es monocultivo, erosión, pérdida de soberanía alimentaria, plagas, cáncer, contaminación, capitalismo rampante y esclavitud. Cuando hablamos de industria nos referimos a la gran industria y no a la pequeña industria familiar, cooperativista o artesanal que defendemos como una necesidad y de la que somos parte los que aquí escribimos.

La agroecología tiene como pilar maestro la artesanía o pequeña industria y no debe salirse de la escala humana, lo comarcal, lo local, lo pequeño, lo familiar, lo cooperativo.
Otro rasgo que debe dar contenido a la agroecología es su completa emancipación de los costes ocultos, daños colaterales o externalidades terribles que deja la gran industria para el mañana.

El asunto de los costes ocultos o daños colaterales es crucial para entender la diferencia entre un modelo de producción y otro.

Si a la agroindustria se la contabilizara los gastos de compensación de los daños que genera resultaría ser absolutamente inviable.
La cacareada productividad y rentabilidad de esta forma de agricultura es una mentira y un suicidio que se apoya en la conquista permanente de tierras que se calculan que en 30 años se agotarán en Australia, Siberia, Brasil, etc.

Pensar que se puede vivir fuera de “la vida”, es una ficción. En cambio, una agricultura/ganadería integrada en el ciclo de la naturaleza, es un reservorio económico para el futuro.

Por otra parte, si los costes ocultos del agronegocio no los pagásemos entre todos a través de, por un lado: nuestra libertad, nuestra salud, la de la tierra, el aire y el agua común; y por otro lado: la explotación fiscal a la que nos somete el Estado; el agronegocio sería completamente inviable.

La agroindustria es una enorme chapuza ultradestructiva y absolutamente despilfarradora que sin el apoyo constante, la intervención y la colaboración directa del Estado se derrumbaría en pocas horas. Poco o nada puede hacer sin las andaderas del Estado. Un anticapitalismo pro-estatal es un engaño; de la misma manera que un capitalismo anti-estatal es una ficción. Sin la artimaña de que sea el Estado el que financie la parte más notable de los costes de producción e inversión, la agroindustria nunca hubiera sido capaz de haber sustituido al sistema artesanal, ni a la economía casera, comunal y comarcal de nuestra (¿extinta?) ruralidad; pues ésta última es (era) más eficaz si se parte de un cálculo económico integral.

Otra mentira gorda, gorda, gorda es que la agroindustria desplazó “libremente en el mercado” a las formas anteriores de elaboración de bienes. Todo esto es fácilmente observable si se atiende al historial de leyes, normas, prohibiciones y requerimientos emitidos por el Estado que han ido limitando e impidiendo de facto la producción artesanal hasta asfixiarla.

Como ya hemos dicho, la supuesta productividad industrial es un engaño. Lo que no es sostenible ni viable a largo plazo no puede ser productivo más que a corto plazo. La maquinización y la tecnologización, a partir de un límite, no eleva la eficacia y los rendimientos sino que dispara los costes de mantenimiento e inversión, que no dejan de ser costes de producción.

La producción de la gran industria monopolista provoca perdida de calidad de los productos, además de que los banaliza y uniformiza. Esta producción es muy vulnerable frente a las crisis, siendo incapaz de adaptarse a las circunstancias particulares o autóctonas del lugar.

El Estado promueve la producción de la gran industria por cuatro motivos:
1/ Para abastecer a una sociedad concentrada y urbana, moderna e improductiva y muy especializada.
2/ Por la fiscalización del negocio. El capitalismo es una flor de invernadero del Estado. Cuanto más grande y poderosa es esta flor más grande y poderoso es el Estado. El Estado creó al capitalismo para ser más fuerte y poderoso. El capitalismo es servidor del Estado pero el Estado no es servidor de nadie.
3/ Para cubrir las necesidades de los ejércitos. Necesidades de abastecimiento rápido y masivo; necesidad de abaratamiento de costes, por ejemplo, al promover el consumo civil de ciertos materiales, productos o tecnologías; para impulsar la investigación; así como de infraestructuras que se quedan creadas para reorientar la producción en caso de una situación bélica.
4/ Para bajar la calidad media del sujeto y así poder tener cierta gobernabilidad. Se necesita que la gran industria expulse y destruya a la pequeña; porque la pequeña hace aumentar la calidad de la persona y esto es peligrosísimo para el sistema establecido. El Estado busca sujetos dóciles y sumisos; y todas sus políticas van encaminadas a este objetivo.

En la “modernización” de los sistemas agrarios, además de volverlos mas complejos y maquinizados, requieren de:
-Cantidades ingentes de funcionarios y técnicos dedicados a la gestión, las subvenciones, las normativas, etc.
-Masas de entidades gestoras y personal dedicado a asesorar, tramitar, rellenar y elaborar las megatoneladas de informes, estudios, permisos, solicitudes, memorias, peticiones y papeleo inmundo que impone el Estado para hacer legal la actividad y que todo vaya sobre ruedas, sus ruedas. Todo esta descomunal demencia recae directamente en el productor.
-Un control desacerbado del sector primario que produce una burocratización/ estatalización del sistema que, sobre todo, hace aumentar la jornada laboral y destruye al pequeño productor artesanal al obstaculizarle o prohibírsele de facto la actividad.
-Entrar en un circuito comercial donde las normas las ponen todos menos el productor, y donde hay que invertir una parte enorme del dinero que se tenga en el salvaje mundo de la distribución y la venta.
Toda esta cadena encarece los productos porque, básicamente, se mantiene a una “casta” innumerable, infinita, inmensa de personas improductivas. Como consecuencia el mundo rural se vuelve cada vez más urbano bajo la dictadura total de ingenieros y técnicos pagados por el Estado. Un lugar donde lo que piensen o digan los vecinos o los pequeños productores cuenta cero.

2.-SOBERANÍA Y LIBERTAD

No nos podemos rendir y por lo tanto hemos de pelear por una alternativa a la agroindustria. Para ello tenemos que luchar por conquistar y aumentar la libertad. Esto es impepinable. Se debe dejar claro que es el Estado el principal obstáculo para construir alternativas. El Estado justifica su opresión con argumentos sanitarios, securitarios, medioambientales o conservacionistas. Esto permite a las administraciones engañar a los urbanitas y conseguir su voto, haciéndoles creer que este despotismo sobre el campo se hace por el bien de la humanidad, de los animales y del medio ambiente. Pero lo cierto es que una maraña de leyes se cierne sobre el productor que quiera comenzar y un ejército de funcionarios le impedirán prosperar.

Por ejemplo, la Red Natura 2000 que ocupa aproximadamente un 30% del territorio del estado posee una legislación de excepción que dificulta absolutamente la creación de alternativas productivas a la agroindustria, fomentándola y beneficiándola de por lo tanto. Sí, se ha leído bien, lo volvemos a decir alto y claro: la Red Natura 2000 fomenta y beneficia a la agroindustria, al agrobusiness y todo lo que conlleva.
Además, “la protección” aplasta lugares tradicionalemente antropizados, para nada príscinos, como venden en sus campañas publicitarias. Estos lugares, en su gran mayoría, eran tradicionalmente comunales. Hoy son convertidos en tierras de “uso público” gestionados por entidades gubernamentales (al servicio, en última instancia, del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino). En estos espacios “públicos” ni que decir tiene que los vecinos no tienen ni voz ni voto.

Esta Red, que más que una red es una cadena, termina echando a los campesinos de sus tierras, arrojándolos a las ciudades. Podemos decir que la Red Natura 2000 es un nuevo expolio similar a la desamortización de Madoz. Parques Nacionales, Naturales, Reservas, LICs… estatalizan más aún si cabe el territorio, privatizándolo de facto, pues el Estado es un propietario más, el más despótico de todos. Sólo los mussolinianos de corazón pueden afirmar que el Estado somos todos. Este conservacionismo es etnocida, dictatorial y ecocida.

3-.LAS SUBVENCIONES Y LA PAC, UN LOBO CON PIEL DE CORDERO

Que la agroecología tenga como criterio esencial la lucha por la libertad implica, sí o sí, una oposición frontal a la Política Agraria Comunitaria (la PAC).

La PAC en sus 34 años que lleva activa en el estado español, no ha hecho más que destruir a los pequeños agricultores y al pastoreo extensivo. Su labor ha sido fomentar la agroindustria y el agronegocio, contaminando, desertificando, despoblando y exterminando la cultura agraria.

Los hechos están ahí para el que lo quiera observar en vez de escuchar la propaganda oficialista y gubernamental. La PAC ha sido la estocada definitiva del proyecto etnocida que ha realizado el Estado español sobre los pueblos peninsulares.
La PAC ha disciplinado, monetarizado y esclavizado el campo como nunca antes.

En el mundo rural unos y otros están de ordinario subordinados al Gobierno por fórmulas de subvenciones financieras que han aletargado su iniciativa y aniquilado su independencia a cambio de una vida cómoda y sin ambiciones. El Estado necesita untar un poco a todo el mundo para que todo fluya.

Este arte de gobernar y dominar integrando a la gente a través de las subvenciones, sinecuras y prebendas es viejo, muy viejo.

En la actualidad el Estado está logrando rotundas victorias políticas, ideológicas y mediáticas con un manejo muy astuto del dinero, que reparte con generosidad para lograr el asentimiento mental, la degradación moral y la docilidad política.

La PAC ha venido a reforzar al Estado como nunca antes y a empantanar y a destruir definitivamente lo que queda de ruralidad.

El régimen de subvenciones y “ayudas” es un modo de envenenar la conciencia popular y destruir toda la oposición política que no sea meramente nominal valiéndose del dinero. Las subvenciones demuelen las buenas relaciones entre las personas.

Al encargarse el Estado de satisfacer las necesidades de las personas, se desincentivan las relaciones de afecto y ayuda mutua que dejan de hacerse colectivamente por servicio mutuo; lo que tiene como consecuencia una pérdida de auto-respeto. La PAC promueve, por lo tanto, la soledad (que está en la raíz de la actual epidemia de depresiones). Genera más abulia, más tristeza. Por ejemplo, son los ganaderos franceses los que tienen la tasa de suicidios más elevada de todos los colectivos profesionales.
No es casual que se haya disparado en toda Europa la tenencia de mascotas; el consumo de drogas; de antidepresivos; de psicofármacos; de sedantes; de somníferos; de analgésicos; o de ansiolíticos.

Cuanto mayor es el dinero que maneja el Estado más grande es la red clientelar que despliega en torno suyo. El clientelismo político que genera la Política Agraria Comunitaria (PAC) en lo que queda de sociedad rural es asombroso. Con el clientelismo se compran votos, se soborna a la gente, se avivan las ansias bajas, se compran voluntades, fidelidades, mentes y corazones. Se nos convierte en verdaderos prostitutos.

Una de las grandes propuestas del izquierdismo (ala radical del socialismo de Estado) es crear una Renta Básica Agraria en la que el Estado español desarrolle todavía más el poder de disciplinamiento, de encuadramiento intenso, de chantaje efectivo, de dirigencia férrea o de eficaz monopolio de las decisiones u opiniones. Esto es una propuesta para hacer que el Estado sea un poco más liberticida aún si cabe. Que todos dependamos de él. La agroecología debe oponerse a esto, debe oponerse a un Estado todopoderoso. A la gente del campo ibérico que queda se la quiere hacer como a los indios americanos, los inuits canadienses o los samis suecos, darles una renta y que, hundidos en el alcohol, la depresión y el desarraigo terminen de extinguirse de una vez sin levantar mucho polvo o hacer mucho ruido.

Quien paga manda y quien manda tiende a enviciarse con esta labor. Quien obedece y es “protegido” se acostumbra cómodamente a ello con rapidez y se sumerge cada vez más en el hábito del servilismo. El servilismo es uno de los procesos más graves de deshumanización.
La actitud servil frente al poder es un abono idóneo para tiranías de todo tipo. La dependencia con el Estado termina llevando al olvido de la dignidad y a que se recrudezca las diferentes formas de esclavitud.

La PAC ha contribuido a ir creando lo que los sociólogos llaman una “sociedad granja”, donde las personas son tratadas sólo desde sus aspectos somáticos, fisiológicos, es decir, como ganado o como “animal laborans”. Con todo mi respeto y cariño hacia el ganado, no somos ganado. Tenemos otras necesidades aparte de las estrictamente materiales, y una es la libertad. Libertad política, civil y de conciencia, justo lo que un Estado, cada vez más poderoso, niega. Sin libertad se desata el desamor; y las capacidades del ser humano al no usarse, se atrofian. Además, lo que se da, sino hay libertad, se puede quitar.

Cuanto más intervenga el Estado en darnos cosas, en más necesario se convierte. La espiral creciente de dependencia que se genera con el Estado no puede tener ningún final bueno.

La sociedad granja del Estado dadivoso y asistencial debilita la comunidad, la familia, la amistad y todo tipo de vínculo interpersonal. La atomización social que genera refuerza el vínculo persona-Estado y degrada el vínculo persona-persona. Con pagar mis impuestos puedo desentenderme moralmente de los demás pues el Estado se encarga. En esta situación la envidia y el odio campa a sus anchas y la omnipresencia del Estado se hace extremadamente agobiante y lesiva. La degradación ética es el resultado de esta omnipresencia.

La PAC promueve una paz social de cementerio completamente inmoral pues este estatus quo es injusto y opresivo; y necesita una contestación rotunda. La PAC otorga una pátina de legitimidad a la explotación fiscal y abre la puerta a su recrudecimiento. Es incuestionable que siempre hay algún colectivo de trabajadores que soporta sobre sus espaldas el peso del expolio fiscal. Nunca son los ricos ni nunca lo serán, no nos engañemos más. Pedir más Estado es pedir más explotación de los trabajadores.

Sostener la PAC lleva a que el pueblo se vea sometido a un mayor sobretrabajo y sobreesfuerzo del que ya padecen y que va incrementándose año tras año. Los alimentos no sólo se pagan cuando uno pasa por la caja en la tienda sino que se pagan también con todos los innumerables impuestos que se pagan, desde el IVA a las cuotas obligatorias que representan un expolio de nada menos que unos 8.000/10.000 euros al año de media por trabajador.
Pagar a los ejércitos de funcionarios que gestionan la PAC es cada día más oneroso y sólo juegan un papel puramente parasitario.
La PAC, al igual que la sanidad universal, entra dentro de lo que los economistas llaman “costes de legitimidad del Estado”; y los militares llaman control del “frente interior”. La PAC desde la óptica militar es un pilar fundamental pues debe buscarse a toda costa una simpatía mínima por parte de la población hacia la policía y el ejército, hacia las instituciones, pues de lo contrario en los momentos críticos no se consigue una eficacia suficiente en frenar la movilización social y se puede perder terreno frente a otros Estados o venirse todo el tinglado abajo.

La PAC no sólo genera legitimidad sino que provoca movimiento de dinero y estímulo del capitalismo que es la flor de invernadero que con tanto ahínco cuida y riega el Estado porque de ella se alimenta. Nadie se atrevería a decir que la PAC no estimula el capitalismo a lo grande. Sin negocios crecientes no hay impuestos crecientes. De esto es fácil deducir que el anticapitalismo pro-estatal es falso, como ya hemos dicho. El anticapitalismo verdadero sólo puede ser antiestatal y esto es una obviedad; se pongan como se pongan los que sueñan con un Estado contrario a su esencia y a su naturaleza. El Estado es un parásito terrible que crece y crece hasta que mata a su huésped o lo deja destrozado, véase todos los ejemplos históricos de esto hasta la fecha: son inumerables.

La PAC también se alimenta de una idea limosnera que desde lo ajeno aflora cierto sentimiento de culpa al ver la ruralidad agonizando. Son migajas, limosnas que nos lanzan para tratar de ocultar una histórica realidad de hegemonía y explotación de los sistemas urbanos sobre los sistemas productivos del sector primario. Dominio organizado con numerosos mecanismos. Uno de ellos es el control de precios a la baja de lo producido en el campo que realiza el poder urbano a través de la PAC.
Se necesita un “pienso” producido de bajo coste para las masas urbanas. Un pienso que mantenga la paz social y el estatus quo. Un pienso cada día más tóxico, monótono, insípido y pobre.

Otro efecto que produce la PAC en la sociedad es el siguiente: cualquiera que estudie un poco nuestro movimiento obrero descubrirá que se ha rechazado histórica y firmemente el llamado amarillismo sindical, esto es, sindicatos subvencionados por el Estado llenos de liberados que se acostumbran malsanamente a vivir a costa del trabajo ajeno y a mandar sin limites. Nuestros abuelos sabían, y así lo escribían y denunciaban sin parar a finales del XIX y en la primera mitad del XX (hasta que fueron asesinados en masa, encarcelados o enviados al exilio tras la guerra) que las subvenciones eran una forma de domesticar. Es obvio cómo estas “ayudas” producen una pérdida clarísima de combatividad y encauzan las luchas hacia la obediencia. El amarillismo sindical ha sido hasta los años 1979 algo ajeno a nuestra cultura obrera y campesina. La PAC es algo ajeno a nuestra cosmovisión profunda centrada en el amor a la libertad. La PAC es maquivelismo orientado a dominar y destruir la ruralidad.

Es ilustrativo reflexionar un momento sobre el subsidio a los trabajadores agrarios eventuales (conocido como PER, PFEA o AEPSA), que por cada cuarenta días o dos meses trabajados (según el lugar) el Estado te paga doce meses un subsidio en los que tienes prohibido compatibilizarlo con otro trabajo.

Lejísimos de mi intención es defender o exaltar aquí el trabajo asalariado, el latifundismo o el agrobussines que para sus fabulosos negocios, necesita como agua de mayo una cantidad de mano de obra ingente en momentos muy puntuales marcados por los ciclos agrícolas.

Este tipo de capitalismo agrario tan sostenido por el Estado ayuda a que los perceptores del PER sean líderes en horas de consumo televisivo (seis horas de media por persona y día), en obesidad, en tabaquismo, en diabetes, en violencia intrafamiliar, en aculturación, en depresión, en pérdida de autoestima, desarraigo y auto-odio. No digo que el causante directo de todo esto sea solamente el PER, pues tenemos libre albedrío, voluntad y somos seres dotados de responsabilidad, sino que es un ambiente idóneo para que la población se degrade física y moralmente.

Por otro lado, el dinero en manos del Estado es como ordeñar con una cántara agujereada, al llegar a casa queda muy poco de lo recogido. El aparato burocrático y financiero se chupa una cantidad enorme de dinero y lo que finalmente llega al pueblo es menos de un 30% de lo que se le quita por la fuerza. Su elefantiasis esclerótica es todo menos eficiente y justa. El Estado sólo ha demostrado ser eficientísimo en dos cosas: la propaganda y el control policial.

El apoyo social que recibe la Política Agraria Comunitaria o “por otra PAC” implica que la situación en la que quedan los que deciden producir alimentos fuera del régimen de subsidios de la PAC sea una situación cada día más difícil puesto que se encuentra con un mercado de precios artificialmente bajos y se ven condenados a que sus proyectos sean inviables por que no se cubren los costes de producción y sus necesidades humanas.

Los agricultores o ganaderos que no se someten al Estado quedan a merced del dumping, así como los pueblos extranjeros que reciben las exportaciones subvencionadas.
Recordemos que en el caso de la ganadería, por poner un ejemplo, lo pequeño queda completamente fuera de la PAC (aunque insistimos la solución no sería subvencionar a estos pequeños con ¡otra PAC diferente!). ¡Queremos vivir de nuestro trabajo no de las subvenciones!

Estamos entrando en una crisis social enorme y el Estado se va a ver cada día más en dificultades para seguir financiando las subvenciones en general. La crisis del Estado de Bienestar y la incapacidad de financiarlo a largo plazo es una realidad. Para generar una economía resiliente a la crisis necesitamos una capacidad productiva libre de subvenciones. Por lo tanto la autoorganización, las redes de apoyo, la regeneración de la comunidad y la puesta en el centro de la mejora de los vínculos interpersonales es una necesidad acuciante.

Pedro Montserrat Recoder (1918-2017), botánico y ecólogo que siempre estudió y defendió el pastoreo y en concreto a los pastores del Pirineo, dejó escrito que

no queda otro camino que la lucha por el pastoreo, si deseamos revitalizar nuestro Pirineo, evitando las subvenciones que tanto condicionan, que tanto esclavizan”.

Lo que aquí quieremos transmitir sobre la PAC es lo que condensan las palabras de uno de los últimos pastores de los Picos de Europa llamado Nel Cañedo que se niega voluntariamente a recibir subvenciones del Estado: “mi madre no parió un esclavo”.

4.-LA LIBERTAD POLÍTICA

La libertad política significa, entre otras cosas, que la normativa es realizada por la gente al servicio de la gente y no una normativa hecha por el Estado al servicio del Estado y su hijastro el Capital.

La soberanía política, cimiento necesario e ineludible de la soberanía alimentaria, significa, en otras palabras, libertad política. ¿Que debe reivindicar la agroecología pues? ¿A que debe aspirar? Al autogobierno por asambleas, donde éstas sean completamente soberanas. La libertad política, fundamento de la soberanía alimentaria, exige una descentralización completa de la toma de decisiones.

La libertad es, a su vez, incompatible con la concentración de la propiedad y la riqueza.
Por lo tanto, la agroecología debe posicionarse a favor de la recuperación de los concejos abiertos con plena soberanía, así como con la defensa y la recuperación de los comunales.

La agroecología debe emanciparse de la visión marxista y liberal de nuestra historia que observa nuestra ruralidad popular y tradicional solamente desde criterios economicistas, ignorando casi todo de la realidad acontecida. La parte del león de nuestros comunales fueron expropiados por el Estado a partir de 1855 por la Desamortización de Madoz. Duró hasta 1926 y fue el mayor desastre ecológico y social acaecido en nuestra ruralidad. Trajo pobreza/proletarización, despoblación, deforestación masiva, erosión, extinción masiva de especies silvestres y una concentración de propiedad en pocas manos con un incremento desmedido del poder del Estado y el Capital. Estos montes, tierras y bienes deben volver a ser propiedad del común de los vecinos y esto debe ser un criterio de la agroecología actual.
La agroecología debe, a su vez, posicionarse activamente a favor de la recuperación de la comunidad popular, vecinal y comarcal para que ésta vaya asumiendo el poder autónomo de creación de normas, leyes y reglamentos al servicio de los vecinos y no al servicio de la razón de Estado y su agrobussines.

La agroecología debe oponerse a la concepción de la sociedad que dejó por escrito Benito Mussolini, fundador del fascismo: “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. El que el Estado sea el todo en el campo es un parámetro en el que no sólo se mueve el fascismo sino también los partidos políticos de izquierdas en bloque. ¿Acaso no busca la izquierda lo mismo que expresa Mussolini en la frase de arriba?

El concepto de Estado social es propio del bagaje cultural político alemán. Fue forjado por los funcionarios del canciller Bismarck para desarticular la autoorganización obrera alemana y sustituirla por un asistencialismo organizado desde arriba. Bismarck, generalísimo del Ejército alemán, buscaba dominar lo que se llama en polemología el frente interior, es decir conseguir que las clases populares se sintieran identificadas con las élites, las obedecieran y fueran a morir sumisamente por ellas. El nacionalsocialismo alemán terminó de popularizar el concepto de Estado social haciéndolo suyo. A pesar de ser un concepto nazi, hoy es usado profusamente por la extrema izquierda más radical, que busca al fin y al cabo, lo mismo que los nacionalsocialismo: un Estado todopoderoso.

Por esto y por mucho más la agroecología debe oponerse al reforzamiento, la omnipresencia y la intromisión del Estado en más y más ámbitos de la vida. La agroecología debe posicionarse contra este fascismo, tanto de derechas como de izquierdas. El argumento sanitario, medioambiental o securitario es usado sin contención y sin descanso -por la izquierda en particular- para regular, desde las sedes de los gobiernos y sus despachos delegados, la vida de las gentes que aún hoy trabajan y viven en la ruralidad. Esto provoca una falta de libertad hiperdestructiva en todos los niveles. Este hacer “bienintencionado” es generador nato de despoblación, abandono, desidia, depresión y muerte. Las políticas orientadas a una mayor estatalización sólo producen una mayor fascistización.

El jurista Santiago Araúz de Robles en su imprescindible libro “Los desiertos de la cultura, una crisis agraria” dice sobre las investigaciones que hizo sobre la ruralidad de la Comunidad de Villa y Tierra de Molina de Aragón, en 1979.

La entrada del Estado en la sociedad rural cual enfermedad letal, tiene una gran importancia para comprender el por qué del despoblamiento del medio rural. Es algo más que el enfrentamiento de un sector económico con otro, del sector rural con los sectores industrial y de servicios: es, de alguna manera, la abdicación forzada de la sociedad ante el Estado.” […] “Hablando con un vecino me dijo que el régimen de concejo abierto daba a cada vecino una sensación de protagonismo que él equiparaba a una sensación de felicidad… La felicidad sólo es posible cuando se tiene la impresión, cuanto más real, mejor, de que la vida que se vive es hechura propia y no imposición ajena. Dicho de otra manera, cuando se participa realmente o se puede participar en la configuración de esa circunstancia social que luego va a constituir el ámbito en que se mueve el propio yo. No es que sea condición suficiente, pero sí es condición inexcusable… No es retórica afirmar que cuando los pueblos dejaron de autogobernarse, porque empezaron a actuar con eficacia los cuerpos de funcionarios del Estado… los supuestos para la felicidad del grupo, las condiciones “políticas” de dicha felicidad desaparecieron en la realidad”.

Dice Araúz de Robles, por ejemplo, que la prohibición por parte del Estado de las llamadas “zofras” (acuerdos asamblearios para organizar una fiscalidad en especie basadas en obradas para ejecutar obras o prestar algún servicio de interés general del vecindario) empobrecieron sobremanera la vida rural en todos los sentidos. Habla de que fue la privatización del comunal por parte del Estado y la subida desbocada de impuestos lo que trajo la pobreza a la ruralidad.

El sistema asambleario tradicional de nuestra ruralidad se basó en el principio de que sólo la presencia activa, la responsabilidad personal y la intervención directa son democráticas, mientras que la representación no lo es. Nadie es más que nadie y por eso nadie puede ser representado y nadie está en condiciones de representar a nadie. En nuestra ruralidad se entendía que la representación negaba lo esencial de la libertad individual. Democracia y democracia directa eran sinónimos. En cambio la democracia representativa es una forma de dictadura, la dictadura de nuestros días.

En definitiva, la agroecología debe contribuir a ser libres. No permitamos que l agroecología acabe como las Organizaciones No Gubernamentales que hoy son Organizaciones Sí Gubernamentales.

María Bueno González y Enrique Bardají Cruz,

cabreros del Pirineo oscense

El ecologismo, su maldad y nuestro exterminio

Desde que fuimos expulsados de nuestras tierras, la muerte nos sigue. El poblado se está quedando vacío. Vamos hacia la extinción. Ahora murieron los ancianos. Nuestra cultura también está muriendo.”

Palabras de una indígena Twa expulsada del Parque Nacional de Kahuzi-Biega, en la República Democrática del Congo. Algo muy parecido a lo que se oirá en nuestra península a los pastores de la Cordillera Cantábrica o del Pirineo, ambas cadenas montañosas invadidas por el Estado y su Red Natura 2000 etnocida y despobladora.

El que escribe esto es cabrero de oficio y por eso a lo largo del escrito hago referencias al pastoreo y su extinción deliberada.

Heidegger el ecohéroe

El filósofo alemán Martin Heidegger es el padre intelectual, junto a Nietzsche, del izquierdismo posmoderno de nuestra época. En sus reflexiones políticas se inspirarán los filósofos posmodernos que dan vida al izquierdismo universitario urbanita de nuestros días, como Deleuze, Derrida, Foucault, Vattimo, Lyotard, Guattari, Irigaray… Este grupo de filósofos también pertenecerán a lo que se llama el nietzscheisme (seguidores de Nietzsche). El anarquismo será especialmente permeable a estos autores e ideas.

Es necesario mirar la filosofía de Heidegger para entender porqué el izquierdismo apoya tan exaltadamente el conservacionismo misántropo y antipastoril; desde la Red Natura 2000 a los Parques Nacionales, pasando por el SEPRONA y la guardería forestal. Es necesario pararse a pensar en estos grandes padres del pensamiento de nuestras élites para entender el despoblamiento y la debacle del pastoreo y la vida rural.

El ecologismo y en concreto los llamados ecologistas profundos contemporáneos elevan a Heidegger al panteón de los ecohéroes. El rechazo furibundo que este filósofo desata contra el humanismo antropocéntrico le lleva a ser uno de los principales teóricos de la ecología profunda en particular y del ecologismo en general.
En la obra más famosa de Heidegger Ser y tiempo el filósofo Dominico Losurdo ve “una ideología de guerra”. Su pesimismo antropológico y su misantropía son explicadas por Emmanuel Mounier cuando dice que: “El caballero de la muerte de Durero, símbolo predilecto de Nietzsche, es la imagen central de la antropología heidegeriana”.

Para Heidegger el ser humano es ya desde su nacimiento Sein-zum-Tode o “Ser hacia-la muerte”. Con su lenguaje oscuro intentará demoler los fundamentos de la cultura clásica occidental y desatará en muchos de sus discípulos un fuerte nihilismo. Para Heidegger el Ser debe estar subordinado a la Nada.
Ensalzará la fuerza como uno de los elementos esenciales del Ser y la identificará con la verdad, dirá: “Lo verdadero no es para todo el mundo, sino sólo para los fuertes”.
Asignará a Alemania la misión de rescatar lo auténtico.
Sobre el Estado alemán Heidegger dirá en 1933:

¡Pero que sentido tiene hablar de tiempo perdido, cuando la cuestión de que se trata es la de luchar por el Estado! El peligro no puede provenir de trabajar para el Estado nacionalsocialista. Viene solo de la indiferencia y la resistencia (Widerstand) al Estado.

El compromiso de Heidegger con el Estado nazi será activo y permanente, incluso en la posguerra. Jamás se arrepentirá de su apoyo al nazismo, al que defenderá hasta el fin de sus días. Heidegger será uno de los encargados por el III Reich de editar y reeditar las obras de Nietzsche al considerarse que éstas guardaban el meollo de la ideología nazi.

El antihumanismo

En relación directa con el antihumanismo de Heidegger tenemos a Benigno Varillas, fundador de la revista Quercus, principal heraldo del conservacionismo español. Benigno Varillas también es fundador de Greenpeace España, Rewilding Spain y Rewilding Europe, además de receptor del Premio BBVA al Conservacionismo y otros 25 premios más. Es el biógrafo de Félix Rodríguez de la Fuente, además de un colaborador asiduo del CSIC y asesor del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En sus dos últimos libros Matar lo libre y La estirpe de los libres Varillas identifica el pastoreo como el principal mal que afecta a la humanidad: lo que él llama el Neolítico pastoril. En estos libros dice:

El surgimiento del nacional socialismo en Alemania abominaba con razón de los pueblos neolíticos, en particular los del Este, que trajeron a Europa el ganado […] pastores que andan todo el día detrás de unas bestias idiotizadas […] pueblos de pastores que con su frenesí reproductor… van procreando millones de pastorcillos esclavos… responsables de la explosión demográfica […] Es una buena noticia que desde 1974 el número de pastores se haya reducido a una décima parte porque así el territorio que ocupaban puede devolverse a su estado previo […] hay que fomentar la vida salvaje y no la anacrónica ganadería […] La lógica sugiere que se devuelva el campo a su estado previo […] destinar esa mitad del Planeta que reclama el eminente ecólogo Edward O. Wilson para lo salvaje […] liberando el territorio de la ganadería con un rewilding que restaure los ecosistemas […] los pastores deben ser proscritos y asumir su destino […] la labor del Seprona en defensa de la naturaleza fue el gran avance de la política conservacionista […] también son un gran avance las ONG conservacionistas, así como los funcionarios de la naturaleza, como guardas, técnicos y científicos, que actualmente emplean su energía en intentar doblegar al mundo rural y pastoril para que no destruya la vida silvestre […] reducir la población no es ningún drama… el planeta tiene que reducir su población hasta los diez millones de personas…

El rewilding del que habla Varillas, reasilvestrar o renaturalización, es una concepción de la conservación a gran escala, destinada a restaurar y devolver a un supuesto estado cercano al original (previo a la intervención humana). Hace especial hincapié en la conectividad entre las diversas Zonas que conforman los espacios, fomentando o re-introduciendo grandes depredadores y especies claves para alcanzar la autorregulación de los ecosistemas sin humanos. Todo entendido como una política de Estado.

La idea y el término rewilding fue forjado por David Foreman, americano nacido en 1949 y muerto a finales de 1980. La “renaturalización” preconizada por Foreman propone la desaparición del 70% de la población mundial. Famosa es su petición pública de que no se interviniera humanitariamente en las hambrunas del cuerno de África para no fomentar la sobrepoblación. Afirmó que una verdadera política ecologista debería oponerse al envío de comida a zonas de catástrofes para así dejar a la naturaleza campar a sus anchas. Foreman ha sido uno de los fundadores de Earth First! (¡Primero la Tierra!) y ha sido director de la enorme organización conservacionista Sierra Club. Foreman sólo veía “zonas vírgenes” donde había indígenas, pastores, rebaños y aldeas; y esta forma de mirar el mundo que tenía Foreman, ya la tenían antes que él los liberales y los nazis; y la tienen ahora los ecologistas más izquierdistas.
Earth First es hoy una asociación internacional ecologista que suscribe la llamada “ecología profunda”. Sus principios son antihumanistas y contrarios al antropocentrismo. Este ecologismo, no renuncia al Estado como herramienta y considera al humano una plaga, un cáncer que ha de ser combatido mediante políticas antinatalistas. Propone contener la expansión de los seres humanos y vaciar de ellos cuantos más espacios mejor. Este ecologismo es 100% neomalthusiano. Foreman dirá: “Los auténticos ecologistas no tienen hijos”. Estas ideas germinarán con gran éxito entre el izquierdismo ecologista urbanita de occidente.
Al igual que Foreman, David Brower también ha sido director ejecutivo de la gigante del conservacionismo Sierra Club. Brower, que también es el fundador de la organización ecologista Amigos de la Tierra, afirma que:

La maternidad debería ser un crimen punible contra la sociedad, a menos que los padres tengan una licencia del gobierno. Todos los padres potenciales deberían ser obligados a tomar sustancias químicas anticonceptivas y el gobierno debería suministrar antídotos a los ciudadanos elegidos para la maternidad

Los principios antihumanistas del ecologismo actual hunden sus raíces en uno de los primeros ecologistas declarados, entendiendo el ecologismo como doctrina sistematizada y estructurada, más que como la práctica de “cuidar a la naturaleza”: el alemán Ernst Moritz Arndt (1769-1860). Este autor será reivindicado y estudiado a conciencia por el nazismo y dará forma a las teorías que arribaban de la Inglaterra industrial, como el malthusianismo, el darwinismo social o la misantropía. Fusionará estas ideas de origen anglosajón con el ecologismo autóctono alemán. Su lectura recordará una y otra vez al actual movimiento vegano en su oposición al antropocentrismo. Arndt dirá:

Cuando uno ve la naturaleza desde la necesaria conectividad e interrelación entre las cosas, entonces todas las cosas pasan a tener la misma importancia: los arbustos, los gusanos, las plantas, los humanos, las piedras, nada va primero o último.

Del antihumanismo ecologista anglosajón destacarán figuras como el científico y escritor James Lovelocke, inglés nacido en 1919, famoso por su obra La venganza de la Tierra (2007). La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad. Lovelocke se reivindica como muy cercano a la “ecología profunda”. Sostiene que se debe reducir la población a la fuerza y que el Estado debe tener un papel central en la ecología. Propone la dictadura estatal “dejando la democracia en espera por un momento” para aplicar biopolíticas y leyes de excepción. Lovelock arremete contra lo que él llamaecologismo humanista”. Se le considera el padre del ecofascismo. Asevera que el Estado debe reducir la población urgentemente sabiendo “que se tienen que tomar algunas decisiones difíciles”.
También Lovelock es un activista a favor de la energía nuclear que la ve como uno de los grandes remedios a la crisis mediombiental. Sin duda la Zona de Exclusión de Chernobyl es un ejemplo magnífico de despoblación y rewilding donde ya no queda nadie y la fauna silvestre prospera. 350.000 personas fueron desalojadas para siempre de su tierra y varios miles murieron o enfermaron. La ciudad de Prípiat es una ciudad fantasma colonizada hoy por lobos, bisontes, alces, linces, osos, caballos silvestres y ciervos.

Los antihijos

Pero sigamos con el ecologismo antihumanista y neomalthusiano para seguir profundizando en la comprensión del porqué de la situación actual del pastoreo, de nuestros montes y de nuestra ruralidad. El científico y naturista divulgador más famoso de los documentales de la televisión, David Attenboroug afirma que “los humanos son una plaga sobre la Tierra” y al igual que David Foreman insiste en lo absurdo de desarrollar programas contra el hambre en el cuerno de África porque “hay demasiada gente allí”. Attenboroug es un aristócrata ecologista multimillonario de la más alta alcurnia inglesa defensor a ultranza del capitalismo, del Estado y del orden jerárquico de las vida. Entre sus numerosas llamadas veladas al genocidio de los pobres todos estos años se ha visto recompensado por el Estado español con el Premio Príncipe de Asturias. Lord Attenboroug es uno de los principales miembros de la organización Population Matters que realiza campañas por la esterilización masiva de la población.
Otro miembro insigne de Population Matters es el investigador naturista y activista antinatalista Paul R. Ehrlich, exasesor del presidente Bush hijo. Afirma que el Estado debe controlar autoritariamente la libertad de tener los hijos que se quieran. Dice que: “nadie debería tener derecho a tener más de dos hijos… la solución es la reducción de población”.

Otra ecologista de renombre que ha recibido, al igual que el ya mencionado Benigno Varillas, el Premio BBVA a la Conservación y, al igual que Attenboroug, el Premio Príncipe de Asturias es la primatóloga Jane Goodall. Goodall es también miembro de Population Matters y apoya la implementación de políticas antinatalistas forzosas por parte del Estado. Ha vivido muchos años en Tanzania y junto a su marido, miembro del gobierno de Tanzania y director general de los Parques Nacionales de ese país, han implementado una política de expulsión generalizada de personas de los espacios “protegidos” apoyado por la WWF. Goodall pertenece, al igual que David Attenboroug, a la Excelentísima Orden del Imperio Británico por sus notables servicios al Estado británico.
Goodall es vegana y ha sido presidenta de la asociación animalista Advocates for Animals que pide la prohibición de, entre otras cosas, el pastoreo.

Otra personas que aboga por la prohibición total del pastoreo vía Guardia Civil, Guardería Forestal, jueces y sistema penitenciario es la periodista, escritora y vegana Ruth Toledano, premiada hace poco por el Ayuntamiento de Madrid con el cargo de Cronista Oficial de la Villa.
Toledano dirige la sección de opinión animalista, vegana y antiespecista de eldiario.es llamada El caballo de Nietzsche. Desde un antihumanismo feroz explican porque se llaman así: “Porque Nietzsche rompió para siempre con la humanidad… y como Nietzsche… el futuro pasa por luchar contra el especismo.”
Una de las organizaciones vegetarianas más prominentes y poderosas de Europa ProVeg ha lanzado recientemente una campaña mediática en contra de tener hijos. Dirán que:

comprometiéndose activamente por no tener hijos y convencer a los demás de que no los tengan, ayudamos a salvar el planeta y avanzamos hacia un mundo sin sufrimiento animal.

Peter Singer, profesor de derecho y filósofo utilitarista, es uno de los padres de la idea de la “Liberación Animal”. Es vegano y enemigo feroz de los pastores e indígenas cazadores-recolectores. Aboga por un anti-humanismo radical y por la ecología profunda. La filosofía clásica y la tradición humanística serán despreciadas por él con el distintivo de “especista”. En manos del actual izquierdismo postmoderno, que arrasa entre las clases medias-altas occidentales, el término “especista” se utiliza como estigma para perseguir, censurar y marginar. Singer afirma que la vida de un humano tiene el mismo valor que la de un perro o cualquier otro animal; por eso arremete contra toda la filosofía clásica por antropocentrista.
La corriente filosófica en la que se inspira Peter Singer es el utilitarismo del liberal Jeremy Bentham (1748-1832). Para Bentham, que es uno de los principales padres del liberalismo, el origen de la moral es el egoísmo al que hay que poner freno solamente por una razón: porque es contraproducente para la felicidad individual. Considera Bentham que lo bueno es solamente lo que nos causa placer y que lo malo es unicamente lo que nos causa dolor. El pánico al dolor y al sufrimiento que posee la vida lo tomará Peter Singer de Bentham, y de aquél, lo cogerá todo el movimiento vegano con su incomprensión radical de la muerte, el dolor o el sufrimiento.
En el libro se Singer Ética Práctica se afirma en el capítulo Ricos y Pobres que la única causa de la pobreza es el exceso de población. Afirma Singer que los ricos sólo deberían ayudar a los pobres si éstos se comprometen a esterilizarse y dejarse controlar su fecundidad. El padre de la Liberación Animal que aboga por la autonomía de los animales es incapaz de respetar la autonomía de los humanos pobres. Peter Singer se posiciona con el más desfasado malthusianismo y al lado de las élites.
La ecología profunda está calando intensamente en los sectores izquierdistas. En vez de responsabilizar al modo estatal-capitalista de producción y organización se achaca todo al “exceso de población”. Luc Ferry, profesor de la Sorbonna, explica bien de que se trata este pensamiento:

Se puede decir legítimamente que la ecología profunda hunde sus raíces en el nazismo y alza sus ramas hasta las esferas más extremas del izquierdismo cultural.

La fundadora de Planned Parenthood de la Federación Internacional de Planificación Familiar (antigua Liga Estadounidense de Control de Natalidad) fue Margaret Sanger (1879-1960). Sanger afirmaba que: “Todos nuestros problemas son el resultado de un exceso de reproducción entre la clase obrera”.
Margaret Sanger obogó siempre por implementar una rígida política de esterilización masiva de los pobres. En su artículo Control de población y Salud de las mujeres expresa su darwinismo social liberal y la necesidad de la esterilización:

Bajo la inmisericorde regla de hierro de la selección natural, sólo los más fuertes, los más valientes, podían vivir y convertirse en progenitores de la raza. Los débiles, o morían tempranamente o eran muertos. Hoy, sin embargo, la civilización ha aportado la compasión, la pena, la ternura… que interfieren con la ley de la selección natural. Nos encontramos en una situación en la que nuestras instituciones de beneficencia… tienden a mantener con vida a los enfermos y a los débiles, a los cuales se les permite que se propaguen y, así, produzcan una raza de degenerados.

Planned Parenthood es uno de los fundadores de la Federación Internacional de Planificación Familiar en Bombay, India en 1952. A partir de aquí se comenzó una política de esterilización forzosa con los pobres de la india que tuvo su auge entre 1975 y 1978 con Indira Gandhi. Esta política se ha mantenido, sino de manera forzosa, si a través del engaño, la coacción, el chantaje y las dádivas. Entre 2013 y 2014 se han llevado a cabo 4 millones de esterilizaciones en la India y la esterilización por aplicación no consentida de inyecciones anticonceptivas sigue a la orden del día.

De Planned Parenthood se ha de decir que uno de sus principales financiadores es la Fundación Bill y Melinda Gates. Además el padre de Bill Gates, William H. Gates fue el principal abogado de Planned Parenthood. Ahora se nos pide que confiemos ciegamente en la vacuna que Bill y Melinda están financiando para salvarnos del Covid-19.

Desde 1966 Planned Parenthood otorga el Premio Margaret Sanger para “honrar el reconocimiento a la excelencia y al liderazgo en la promoción de la salud reproductiva” antinatalista. El premio se le ha concedido a John D. Rockefeller III.

En 1975 el presidente de los EEUU Gerald Ford (1913-2006) llevará el malthusianismo a la práctica (como ya lo había llevado el Imperio Británico y el III Reich alemán) tras asumir los análisis del famoso Informe Kissinger. El Consejo de Seguridad Nacional de EEUU presidido por Henry Kissinger y la Comisión sobre el Crecimiento Demográfico y el Futuro de Norteamérica presidido por John D. Rockefeller III completaron el Memorando de Estudio de Seguridad Nacional n.º 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EEUU e intereses de ultramar (NSSM200). Fue adoptado como política oficial y decía: “Es de máxima importancia aplicar medidas de control poblacional en el mundo entero porque la economía de los EEUU requiere grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero”.

Los Rockefeller son uno de los conglomerados capitalistas más poderosos del planeta al que han pertenecido o pertenecen el banco de inversiones más grande del mundo J. P. Morgan o las petroleras Exxon Mobil, Chevron, Standart Oil o ConocoPhillips. La familia Rockefeller es asidua y cofundadora del Grupo Bilderberg. Este grupo fue fundado por el príncipe Bernardo de Holanda, el mismo que sería el creador del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El conservacionismo, el extractivismo y el Estado siempre han ido juntos y unidos. El WWF ha promovido como ninguna otra organización la expulsión de pastores, indígenas y campesinos de millones de hectáreas alrededor de todo el planeta.

Es importante decir que según Darrel Bricker y John Ibbitson en su obra El planeta vacío. El shock del declive de la población mundial (2019) no vamos hacia la superpoblación sino a un invierno demográfico agudo y a un planeta vacío de seres humanos. Esta es la verdad, que vamos a un planeta vacío, pero las élites seguirán diciendo que somos demasiados, que muchos sobramos.

Novios de la muerte

En el libro de Heleno Saña Antropomanía. En defensa de lo humano se describe el antihumanismo militante que hoy secunda el izquierdismo y el anarquismo. Odio y autodio a todo lo humano. Ideología trastornada que la propaganda institucional nos inocula sin piedad. Nos dicen que nuestra maldad es infinita y que lo que mejor podemos hacer es desaparecer, extinguirnos (o ser extinguidos…). Una misantropía que se está convirtiendo en misantropía de masas.
Sobre esta misantropía de masas el escritor Félix Rodrigo Mora nos habla sin pelos en la lengua en su obra Erótica creadora de vida. Propuestas ante la crisis demográfica:

Somos, se nos dice, canallescos al completo, perfectos para ser detestados, dignos de odiarnos a nosotros mismos, absolutamente ignominiosos, carroña con aspecto humano, forajidos natos. Sí, porque somos, nos repiten sin tregua los funcionarios y neo-funcionarios del progresismo institucionalizado, consumistas, machistas, racistas, varones, mujeres-macho, islamófobos, blancos, ecocidas, homófobos, especistas, occidentales… Por tanto merecemos la muerte […] Así pues, tenemos, como deber cívico: 1) no tener hijos, 2) automatarnos […] Se nos culpa para exculpar al poder constituido, se nos sugiere el suicidio de masas para que no pensemos en la revolución, se nos llama a autoexterminarnos para que no exterminemos al ente estatal/clase patronal. Ésa es su necrofilia lógica. La ideología culpabilizadora del individuo y el pueblo/pueblos es la forma más perfecta de ideología fascista, un antihumanismo que chorrea sangre. En ella, el ecologismo institucional… ocupa un lugar muy destacado […] Una pérdida del instinto de supervivencia y de la voluntad de vivir, un enamoramiento del no ser, un ansioso y goloso culto a la muerte y la nada.

Por la senda ecologista y conservacionista de Estado, el izquierdismo misántropo se termina fusionando con el darwinismo social militarizado más elitista y reaccionario. Esta fusión, este encuentro, se materializa en la necesidad de sacar a las poblaciones rurales o indígenas de las zonas ecológicamente sensibles a renaturalizar. El culto al SEPRONA y a la Guardería Forestal es en ambos casos algo estremecedor. Decir culto al Seprona es decir culto al Ejército español. Ecologismo izquierdista y derechismo fascista se acoplan y combinan para vaciar nuestras sierras y montes de pastoreo y vida humana. Anarquismo, izquierdistas y ultraderechismo unidos contra los montañeses y habitantes de la ruralidad para expulsarlos y preservar la natura. Toda dictadura es al fin y al cabo una dictadura del Estado, del Ejército.

Millones de personas bienintencionadas en todo el mundo apoyan el conservacionismo de Estado. Su candidez no las exime de la responsabilidad que todos tenemos. Nuestra posición se resume en estas sencillas palabras de Stephen Corry, nacido en 1951 en Malasia con una interesante biografía que le hace saber de lo que está hablando. Es el actual director de Survival International.

Cuando los conservacionistas de a pie articulan sus creencias suelen insistir en el enriquecimiento espiritual y en la revitalización que les proporciona estar al aire libre, en la naturaleza, y a menudo insisten en que no podrían vivir sin ella. Pero millones de otras personas (quien escribe estas palabras incluido) comparten esta experiencia con no menos intensidad, al tiempo que aman a la humanidad y se oponen a que se haga daño a otros seres humanos. Nos apasiona tanto la importancia de que se haga justicia a los vulnerables como la posibilidad de disfrutar “la naturaleza”.

El amor a la humanidad está desapareciendo y en su lugar aparece el monstruo exterminacionista misántropo cargado de odio. Iberia, una vez más, será el bastión, el rompeolas donde todas sus embestidas encuentren una resistencia letal.

El neomalthusianismo en nuestra península ibérica no sólo calará profundamente entre la aristocracia, los altos funcionarios del Estado y las élites económicas más liberales; sino que marcará con fuerza a una pequeña parte del movimiento libertario ibérico. La revista estrictamente neomalthusiana Salud y Fuerza será editada durante diez años (1904-1914) y dirigida por Luis Bulffi. El neomalthusianismo anarquista europeo estará liderado por Paul Robin y su Liga de la Regeneración Humana. Bulffi decía cosas como las siguientes, muy inspiradas por el hedonismo y el epicureismo; y no tanto por el ecologismo:

el individuo que tiene hijos no puede tener dilatación completa del espíritu, puesto que debe pasar penurias por sus chicuelos… El individuo que procrea contrae una carga… Gracias a la propaganda que realizamos podemos combatir las invitaciones y excitaciones a la repoblación y la procreación.
El neomalthusianismo sólo tiene una aspiración, la del logro de nuestro único deseo: el bienestar inmediato… si tú anhelo es tan ardiente como el nuestro de lograr el bienestar inmediato… despréndete de de las cargas de una familia… abstengámonos de poblar esta tierra.

El neomalthusianismo encontrará un rechazó enorme en amplios sectores del anarquismo ibérico. Federico Urales, fundador de La Revista Blanca (la revista con mayor tirada del estado español en los años 30 del siglo XX) y más tarde de la revista Tierra y Libertad será uno de los que más se oponga al neomalthusianismo señalando a éstos como portadores de los contravalores burgueses del hedonismo nietzscheísta dionisiaco más a ras de suelo y seguidores del individualismo aristocrático de Max Stirner.

El principal animador del neomalthusianismo ibérico y fundador de la Liga Neomalthusiana Luis Bulffi abandonará el anarquismo a partir de 1920 y se hará socialista monárquico. Este cambio lo experimentará al darse cuenta de que sus propuestas de planificación familiar, control de la natalidad (o biopolítica) y eugenesia podían llevarse a cabo mucho mejor con un Estado fuerte que las impusiera. Si hubiera visto el futuro y el auge del anarcoestatismo y su idea de un Estado fuerte libertario se hubiera llevado una alegría.

El malthusianismo es el ADN del conservacionismo ecologista actual. Malthus (1766-1834) era un lúgubre clérigo inglés que diagnosticó que los recursos crecen más lentamente que la población. Como nos cuenta el investigador Félix Rodrigo Mora, este señor no sabía nada de historia ni de economía pero la élite inglesa le pagó muy bien para que justificara con logomaquias la miseria que padecía la clase trabajadora inglesa en la revolución industrial. Ahora una mayoría del ecologismo son neomalthusianos. La teoría de Malthus nada dice del consumo de recursos masivo que supuso la descomunal flota de guerra inglesa ni el crecimiento del Estado con sus policías, militares, carceleros, funcionarios, recaudadores… que llegarán a invadir y someter a 458 millones de personas y a controlar 33 millones de km² de las tierras emergidas del planeta, sin contar las rutas de mares y océanos que dominarán. No se le ocurrió a Malthus que la escasez de subsistencias para las clases populares venía de la privatización del comunal o del crecimiento del aparato estatal.

Termino este escrito animando a repoblar el mundo rural, a tener hijos y con unas palabras de Simone Weil. Ánimo y adelante.

No hay ninguna dificultad, en el plano de la acción, en conservar intacta la esperanza incluso cuando el análisis crítico muestra la casi absoluta falta de fundamento de esa esperanza; en eso consiste la esencia misma del coraje. La sociedad actual sólo reserva desgracias y decepciones a quienes se niegan a adaptarse a la opresión y la mentira. Y tenéis que saberlo desde ahora mismo. No estamos en una de esas épocas en que lo refractario sea alentado y apoyado por grandes corrientes de opinión. Lo refractario está moral y materialmente solo. Sólo quienes son realmente fuertes, verdaderamente arrojados, aguantarán el embate. Sólo poseen la naturaleza y la tierra aquellos en cuyo cuerpo éstas han penetrado a través del diario sufrimiento de unos miembros rotos de fatiga.

Enrique Bardají Cruz.
16 de noviembre de 2020, en el Pirineo Occidental

Por la libertad en el mundo rural. Contra la Política Agraria Comunitaria, la Red Natura 2000 y el poder de los funcionarios veterinarios

El que escribe esto es cabrero de profesión y lo que escribe es fruto de la observación y no de esta u otra teoría o ismo. Lo que voy a pasar a describir es lo que se ve a simple vista desde la perspectiva reflexionada de un pequeño productor del sector primario. Los burócratas desde sus oficinas y los izquierdistas desde sus ciudades son cómplices de esta situación. Hoy todos, absolutamente todos los que orbitan en torno a la izquierda, desde los funcionarios hasta los izquierdistas radicales (en especial el inautido anarquismo de Estado) son incapaces de reconocer las verdaderas causas de la destrucción de la ruralidad ibérica; y todos, absolutamente todos, los que revolotean en torno a los movimientos sociales de izquierdas, ponen sus esperanzas en la labor de un Estado todopoderoso pilotado por alguien de su cuerda. Esperanzas vanas de un izquierdismo que nos conduce hacia un nuevo régimen esclavista. La omnipotencia del Estado es la desaparición del pueblo, un liberticidio. La verdadera causa de la debacle del mundo rural es la acción del Estado.

El Estado no es una herramienta neutra que pueda usarse para hacer el bien. Esta verdad no terminan de entenderla los izquierdistas bienintencionados, a pesar de que es observable a través de los hechos. El Estado es un parásito que le ha salido al pueblo y que amenaza con matar al huésped. Este parásito no para de engordar y la anemia que está provocando puede fulminarnos de un momento a otro. La despoblación no es más que el inicio de esta anemia. 3.589 pueblos bajo la égida del Estado español están en 2020 en riesgo altísimo de extinción completa. Que luego no se sorprendan los cándidos porque avisados están más que avisados. ¿Qué es la despoblación rural ibérica? La extinción deliberada de una sociedad, un etnocidio, que ha realizado el Estado y que trata de ocultar de todas las maneras posibles culpando a procesos naturales de un supuesto progreso social. Desde los pueblos vacíos y en extinción, y desde las ruinas de los que fueron, nos preguntamos: ¿qué progreso? ¿la extinción es un progreso? Qué engaño vendernos la desolación, la extinción y la destrucción como una mejora de la que tenemos que estar agradecidos.

Para evitar su desaparición completa e implementar la regeneración de la ruralidad se necesita una cosa: libertad. La libertad no se nos puede otorgar y hay que conquistarla junto a nuestros iguales. Hay tres factores, dentro de una multitud de factores más, que atacan la libertad en el campo. La PAC, la Red Natura 2000 y el poder funcionarial veterinario. Me voy a enfocar sólo en estas tres lacras pero está el tema de la propiedad de la tierra, el extractivismo, la agroindustria, el turismo, la desigualdad, el capitalismo, la jerarquía, la contaminación…

La Política Agraria Común

1) La Política Agraria Comunitaria (la PAC) es la política más importante de la Unión Europea. La PAC son las subvenciones que se le dan a los agricultores y ganaderos. En 2020 representa el 40% del presupuesto total.

La PAC deja al campo subordinado al Estado. Aletarga la iniciativa de los individuos, aniquila la independencia, domina a la gente integrándola en las instituciones. Genera asentimiento mental, degradación moral, docilidad política. Envenena la conciencia popular, demuele las buenas relaciones entre los individuos, desincentiva las relaciones de afecto y ayuda mutua. Promueve una pérdida de auto-respeto, la soledad, la tristeza y la abulia. Despliega una red clientelar asombrosa que compra votos, soborna a la gente, aviva las ansias bajas, compra voluntades, fidelidades, mentes y corazones. Es liberticida pues quien paga manda; y mandar mucho envicia mucho y obedecer mucho deshumaniza y te despeña en el servilismo. El servilismo lleva al olvido de la dignidad y esto hace germinar la tiranía y la esclavitud. Fomenta lo que los sociólogos llaman la sociedad granja en la que se rebaja a los individuos a ser tratados sólo desde sus aspectos somáticos o fisiológicos, como ganado. Provoca una atroz atomización social y una paz social de cementerio. Legitima el expolio fiscal que se carga sobre los riñones de una parte de la sociedad que se ve sometida a un mayor sobretrabajo y sobreesfuezo. Estimula el capitalismo a lo grande. Desacredita a las gentes del campo. Las subvenciones son una forma de domesticar y produce una clarísima pérdida de combatividad, encauzando las luchas hacia la obediencia.
Extiende una estúpida racionalidad económica del “cuanto más grande mejor”. Favorece los precios minúsculos y esto genera dumping sobre los pueblos extranjeros que reciben las exportaciones subvencionadas y sobre los productores que se niegan a recibir la PAC. Tres décadas de PAC han arrasado lo pequeño y familiar, la diversidad y la resiliencia ante las incertidumbres del futuro. La PAC está provocando una concentración de propiedad en cada vez menos manos y la concentración de propiedad es incompatible con la libertad por lo que se puede afirmar que la PAC nos conduce hacia una nueva esclavitud. No necesitamos otra PAC, como pide el izquierdismo mussoliniano, que acreciente el poder del Estado hasta nuevas cotas sino que necesitamos libertad, simple y llanamente, libertad. Y la libertad no nos la puede otorgar el Estado, esa Bestia devastadora; llamado también a lo largo de los siglos la Gran Ramera, madre de todas las abominaciones; Babilonia la Grande; la Gran Ciudad, la que actúa como si fuera Dios; el Imperio al que el diablo dio su poder, su trono y su gran autoridad; la Sombra de la desesperación; la Oscuridad Ciega… que aquí los que nos quieren engañar le llaman de forma blandita y propagandística: la Administración.

La Red Natura 2000

2)La Red Natura 2000 es un conjunto de territorios declarados por el Estado como necesitados de protección especial.
Esta “protección” supone unos grilletes de hierro para los pequeños cabreros o pastores que quieran empezar. Supone toda una jurisdicción de excepción que impide, desincentiva y sepulta el emprendimiento de pequeños proyectos pastoriles. Proyectos pastoriles de extensivo que son una alternativa muy real a la agroindustria intensiva de confinamiento animal permanente. Esta Red contranatura fruto de la despótica Directiva Hábitats ocupa el 30% del territorio estatal, coincidiendo con la mayor parte de las serranías y coordilleras donde la despoblación es catastrófica. Como ejemplo tenemos al Pirineo que con un 50% de su territorio dentro de la red natura se está hundiendo en la despoblación más imparable.

Leyes, normativas, órdenes, trámites, reglamentos y una inmensa legión de funcionarios impide que se desarrolle una alternativa agroecológica pastoril. Una alternativa que sea capaz de plantar cara a la ganadería industrial ultra, hiper, mega, superdestructiva. La Red Natura 2000 imposibilita el desarrollo de lo extensivo y agroecológico. La Red Natura 2000 fomenta, de esta manera, la ganadería industrial intensiva. Miles de millones de euros gastados en esta “protección” mientras no hay apenas recursos para la reforestación con frondosas autóctonas, que es la clave para frenar el desierto y volver a tener una península ubérrima.

Modesto Pascau, presidente del patronato del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido del Pirineo central oscense, dirá:

La burocracia prohibitiva no permite apenas el uso público, ni posibilita el desarrollo sostenible, ni sirve para la conservación y la ciencia.

Burocracia significa literalmente gobierno desde las oficinas y por los oficinistas. Así se gobierna hoy el campo.
La ley impone unos requisitos generales alejadísimos de la realidad del pastoreo, encareciendo y entorpeciendo su desarrollo, y por otra parte carga con toda la responsabilidad de su desarrollo a un individuo totalmente desposeído de herramientas de autogestión y defensa. Maniatado e hiperexigido es muy difícil que se fomente dicha actividad entre los jóvenes no herederos.

Estamos ante el fracaso del ecologismo que no es capaz de ver que al entregarlo todo a las manos del Estado, predominan los intereses de éste; que se ha de tener presente, no son los intereses de la gente común ni los de la naturaleza. La razón de Estado son también los intereses de su flor de invernadero de la que se alimenta: el capitalismo.
La idea de que el Estado somos todos es una idea nefasta y mussoliniana que nos extingue como pueblo. El ecologismo debe refundarse y separarse nítidamente del Estado porque mientras no lo haga la destrucción medioambiental sólo irá en aumento, de la mano del juego infame del doble discurso. El ecologismo no sólo debe enfrentarse a los gobiernos de turno, debe enfrentarse al Estado como corporación rechazando sus subvenciones, sus prebendas y sus sinecuras.

El Estado ha llevado al pastoreo a la casi extinción pero ha llenado el país de espacios naturales, paisajes protegidos, reservas naturales, reservas de la biosfera, parques naturales, hábitats sensibles, parques nacionales, PRUG´s, LIC´s, IGI´s, PORN´s, ZEPAS´s y cerca de 8000 agentes forestales que ostentan la condición de agentes de la autoridad, policía administrativa especial y policía judicial genérica (el Ministerio del Interior baraja armarlos en un futuro cuando la situación lo requiera). La expulsión de los pastores de montes y montañas ha sido la obsesión del Estado y sus funcionarios desde hace ya 300 años. Y hoy es más fuerte que nunca a pesar de que la propaganda diga lo contrario.

Termino compartiendo las lágrimas de este pastor de los Picos de Europa que aparece entrevistado en el documental Pastores de la niebla y que dice lo siguiente, con gran clarividencia:

Es una pena y un dolor que se están terminando todos los pastos por no hacer una limpieza en condiciones como hacían antes los pastores. Y esos trabajaban, con idea, con afición, pa´ no quemar árboles y pa´ que estuviera todo muy guapo. Iban al monte, y donde había una jae vieja, cortaban lo viejo y salía lo nuevo. Y lo mismo da que digan que esbrozar que rozar, que como el fuego para limpiar los pastos no hay. Porque prendes el fuego y al año siguiente tien comida pa´ las cabras, tien comida pa´ las ovellas, tien comida pa´ las vacas… Antiguamente los pastores quemábamos matos: uno aquí, otro allí; y nunca los pastores quemábamos árboles en ninguna parte, ni hayas, ni acebos, ni espinos, ni fresnos, ni nada… ¡Al contrario! Plantábamos los fresnos y mirábamos por los árboles; porque los árboles nos valen a nosotros para proteger a los animales: de temporales, de pedriscas, de sol y de to´. Sabrán mucho de papeles pero de ecologismo no saben nada. Somos nosotros más ecologistas que ellos, yo sí soy ecologista de verdad [se echa a llorar] que de 365 días manejo este [mostrando su vara].

El poder de los funcionarios veterinarios

3) Otro ataque devastador del Estado a la cabrería y al pastoreo ha venido de la mano de argumentos sanitarios expúreos. Los últimos rebaños de muchos de los pueblos de Iberia han sido llevados al matadero por mandato funcionarial. Este enorme poder funcionarial centralizado viene de la época franquista que veía como las exigencias veterinarias era una forma excelente de vaciar las sierras y montañas donde la resistencia siempre ha sido más dificil de domeñar. El control de los funcionarios aplasta sin lugar a dudas al pastoreo extensivo y no promueve la salud, ni muchísimo menos, pues lo que está fomentando son bolas de carne tóxicas y sufrientes encerradas a cal y canto, esto es, la ganadería industrial intensiva de confinamiento permanente, inmoral y monstruosa.

Conclusión

Tenemos que abolir el Estado y su hijastro el Capital y eso necesita un esfuerzo hercúleo de siglos. Prepararse desde ahora es fundamental. La alternativa tiene que ser regenerar la moralidad y regenerar la comunidad.

Esta forma de gobierno totalitaria debe ser sustituida por una red de concejos abiertos soberanos en cuerpo y alma, esto es, razonablemente libres. Además debemos recuperar los bienes comunales expropiados por el Estado desde el siglo XVI. Es impepinable un armamento general del pueblo y un alto porcentaje de autosuficiencia local. La persona como individuo y lo local tienen que pasar a ser los cimientos de todo un nuevo andamiaje. O acabamos con el Estado o éste nos aniquila (o nos obliga a autoaniquilarnos).
Nos encontramos ante un gran escollo: la falta de combatividad y la degradación del sujeto actual que hace que éste no sea capaz de integrar y conducir un concejo. Esto es algo inducido institucionalmente. El progreso prodigioso, espléndido, magnífico y maravilloso que hemos alcanzado con el megadesarrollo del Estado ha sido tal, que la persona media es incapaz de hacer lo que se lleva haciendo mil años.

Los considerados por el progresismo como catetos y toscos aldeanos hicieron funcionar de forma admirable los concejos abiertos. Estos supuestos zotes mantuvieron durante siglos contra las cuerdas al poder real, nobiliario y clerical. Se levantó todo un vigoroso sistema de ayuda mutua durante más de un milenio de manera sobresaliente. Pero para esta izquierda modernísima, exquisitísima, refinadísima, cultisísima, excelentisísima y fetén, a la vez que trastornadamente autoritaria; los “atónitos palurdos” rurales nada tenían que enseñar a nadie, absolutamente nada. Únicamente se les podía enviar misiones pedagógicas para sacarlos de su atraso. Para salvarlos, protegerlos y civilizarlos.

Sólo los mussolinianos fanáticos, ya sean de izquierdas o derechas, son incompetentes para ver que a más presencia y poder del Estado más degradación y merma de las capacidades del sujeto. Es urgente invertir este summun al que hemos llegado para que puedan florecer de nuevo la virtud y las facultades humanas como la convivencia o el habla. La ausencia de libertad impide a la persona realizarse, la asfixia y mutila.

Para que se pueda autogestionar algo se necesitan personas capaces de hacerlo y eso es exactamente lo que el Estado ha destruido con saña y vehemencia a través de la atomización forzosa. Al atacar con semejante intensidad los vínculos de afecto entre las personas ha roto los ligamentos que permiten el movimiento del pueblo. Ha deshecho la comunidad. La acción del Estado asistencial, adoctrinador, policial, judicial, tecnológico, mediático, pedagógico, médico, administrativo… sustituye la interdependencia humana por los gélidos nexos unipersonales y verticales de individuo-Estado.

Nos encontramos pues ante el derrumbamiento de la sociedad y la persona por liberticidio eficacísimo.

Es irrebatible que si se tiene un mínimo de amor a la libertad debemos recuperar la capacidad de convivir y relacionarnos. Ahí tenemos la excelsa sabiduría de las palabras del pastor Félix Salmuezo de Ejea de los Caballeros:

Cada uno es como es y todos tenemos virtudes y defectos. Hay que intentar por todos los medios ver las virtudes de los que nos rodean.

Este conocimiento es un contraveneno necesario para frenar la lurte de despotismo y totalitarismo cada vez más eficiente y sofisticado; que está manufacturando masas de autistas emocionales y auténticas máquinas de odiar a sus iguales.

Hubo una idea que hizo tambalearse y derrumbarse a todo un Imperio en la península Ibérica, que relanzó el comunal y las asambleas de iguales; que abolió la esclavitud y combatió el militarismo hasta la muerte, a partir del siglo V-VI. Esta idea revolucionaria fue la del amor hacia el otro que lleva necesariamente al combate contra la tiranía. Amor al igual y guerra al opresor. Debemos retomar este ideario sobreponiéndonos con valentía a los desprecios, mofas, burlas y escarnios del progresismo imperante, tan arrogante como ignaro.

Enrique Bardají Cruz

2 de diciembre de 2020